
—¡Ya van a ver cuando sea grande, manga de pelandrunes! ―decía el Patito Feo, llorando, ante las carcajadas de sus hermanos. Ya se sabe lo crueles que pueden ser los niños.
Al crecer, todos dejaron la laguna materna para conocer otras; con buena suerte algunos, mejor los demás.
El Patito Feo no. El se quedó en su «terruño», donde al menos lo conocían. Ya no se burlan de su aspecto y, por cansancio, se ganó cierto respeto. Sólo de tanto en tanto algún patito nuevo se asusta. Quedó pato, quedó feo. Jamás fue bello, jamás fue cisne.
Sobre el autor: Daniel Frini
5 comentarios:
¿Este narrador me está nombrando? ja já
Saludos!
Me gusta eso de relacionar la belleza con el abandono del nido. Pero, mirá qué osadía la mía... me hubiera gustado que terminara en "quedó pato, quedó feo".
Saludos!
Y ésa
Es la verdader historia...
del Patito Feo!!!!
Siempre lo supeeeeeeee
uy,a mi me gustan más los patos que los cisnes, bueno, dicen que sobre gustos...Bien por el patito que siguió siendo pato de principio a fin.
buen cuento, sisi.
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