
Veintisiete huesos dentro de mí, un revolotear de uñas y cutículas, tu dedo índice sermoneándome mientras se deshace, el anular perdido para siempre. No estoy arrepentida, la boca está bien puesta, aunque tenga la lengua un poco ahorcada y la mandíbula como la de una boa. Quizás deba ir al dentista. Tu sangre tiñó mis muelas y se está coagulando en mis encías. Arg. Y a la jueza le diré la verdad y nada más que la verdad: que tenías la mano dura.
8 comentarios:
Excelente relato, con denuncia social incluida. ¡Bravo Lilian!
Saludos!
Impresionante, Lilian. ¿Qué más se fue con el anular?
Impresionante uso del doble sentido, Lilian. Enhorabuena.
Ufff ¡qué bueno! Impresionante.
qué lindo cuento
Me ha encantado. Breve, directo y con muchísimo contenido.
Excelente microrrelato, el final le da un giro interesante y refinado.
Muchas gracias por los comentarios.
Un abrazo,
Lilian.
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