
Llevaba demasiado tiempo intentando hacerlo bien. Nunca quedaba satisfecho. Analizaba concienzudamente todas las alternativas posibles: más colores, menos sombras, algo de viento, un poco de agua, un matiz alegre, una pizca de gravedad. Cada etapa era evaluada implacablemente. Y jamás alcanzó sus pretensiones.
Sin ocultar su desencanto, lamentó profundamente su mala suerte.
El libro de su vida carecía de las hojas correspondientes a las instrucciones para su correcto armado.
Tomado de: http://elhuecodetrasdelaspalabras.blogspot.com/
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