
Tiene dos ojos, una nariz aguileña y delgados labios. Cuando aparece en el sueño, es él el que corre despavorido y soy yo la que tiene la llave en la mano. Él trata de abrir la puerta, mientras yo lo arrincono y le pongo la cadena al cuello. Lo llevo al sótano y ahí lo encierro. Antes de despertar, le grito: No digas que no te lo advertí.
2 comentarios:
¡Bravo!
Como mola ser el malo del sueño,jeje muy bueno!
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