
Amaneció lluvioso. En el aire, había una tensión solapada, una prisa casi imperceptible, como en las últimas horas del año, cuando todos corren por llegar. Con el transcurso de los minutos percibía una quietud que iba creciendo. A través de los cristales mojados solo veía desolación. Cuando aún no cesaban por completo los sonidos de la ciudad, un multitudinario goooooooool albiceleste estalló en el aire proveniente de los cuatro vientos. Ese unísono me emocionó. Entonces yo también encendí el televisor.
Tomado de: http://sanchezclaudiabe.blogspot.com/
1 comentario:
Porque hay veces en que la realidad supera a la ficción.
Gracias por la publicación gente!
Saludos!
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