lunes, 12 de noviembre de 2012

Tu música favorita – Héctor Ranea



Estábamos encerrados. Aunque algunos dijeran que no, ésa era la realidad. Ciertas noches soñábamos estar libres, que quienes decían que no era cierto que estuviéramos encerrados tuviesen razón. Pero al despertar era evidente que sí, que estábamos encerrados y lo hicieron para matarnos. De a uno, de a varios, de a multitudes. La realidad nos despertaba cada día con los sordos gritos de quienes mataban y de quienes morían. Y la música, la música cambiante, la música dolorosa que sonaba, lacerándonos.

─Elige tu música favorita ─me dijo el verdugo mi último día─. Te mataré en cuanto tus lágrimas denoten que te da placer escucharla. Y si no lloras, no importa: te mataré igual ─sonrió.

Sobre el autor: Héctor Ranea

sábado, 10 de noviembre de 2012

La invasión – Jaime Arturo Martínez


La tierra fragosa y la altísima vegetación no amilanaron a los guerreros, que en fila india invadían el territorio en el que se asentarían. Desde semanas atrás, la marcha y el posicionamiento del terreno eran constantes. Las partidas de reconocimiento guiaban a los soldados y apenas éstos aseguraban el espacio y tomaban posesión de él, los obreros emprendían la construcción de túneles y trincheras. Pero esta mañana escucharon que el enemigo se aprestaba para la resistencia. Tiempo después una lluvia tenue cayó implacable. Primero la recibieron como una bendición, luego un olor acre invadió los espacios y los soldados empezaron a caer asfixiados.
—¿Ya terminó?
—Sí, señor, después de esta fumigación no creo que quede una sola hormiga en su jardín.

El autor: Jaime Arturo Martínez Salgado

Felicidad — Cristian Cano


Fría pero condescendiente noche en el rincón del café, ese misterioso reparo desde donde puedo dominar el mundo. Alguna gente está de paso, otra, la más interesante, lucha en herméticas charlas y raras ediciones. Acá es en donde más vivo me siento y cuando mejor puedo dejar el mundo atrás, para contar mis adentros.

Acerca del autor: Cristian Cano

Peligros de la ciudad (9) - Jordi Cebrián




Abrieron el nuevo barrio, pero aún no vive casi nadie. Él se mudó por obligación, pero toda su escalera está vacía, como la escalera de al lado. Le gusta llegar pronto a casa, antes de que anochezca. Apenas dos o tres balcones brillan en toda la calle y las farolas alumbran para nadie.
Está a punto de ir a dormir cuando llaman a la puerta. Se acerca despacio a la mirilla y observa fuera, pero no hay nadie. Por instinto cierra las luces, las últimas que brillaban ya en su calle. Y cuando su puerta revienta, también las farolas se oscurecen.

Remedios - Daniel Sánchez Bonet


Remedios ya no aguantaba más. Había probado todo tipo de tratamientos y brebajes para que su marido dejara de roncar por las noches, pero no había nada que hacer: ninguno funcionó. Tampoco sirvieron de nada las indicaciones del otorrinolaringólogo y además, Remedios se resistía a costearse una operación de cirugía para su marido. Al final, se decidió por el método más manual y casero que conocía y un silencio sepulcral invadió su casa para siempre.

Sobre el autor: Daniel Sánchez Bonet

jueves, 8 de noviembre de 2012

Dios los cría y en silencio... - Héctor Luis Rivero López




Un hombre desnudo entra a un convento de monjas. GRITOS. Una mujer desnuda entra a un convento de monjes. SILENCIO. Niños salen del confesionario sin sonrisas. SILENCIO. El papa apareció muerto en su  cama, con la luz encendida, como si aún leyera. SILENCIO. Una religiosa fue quien lo encontró muerto. SILENCIO. Digan que fue su secretario. SILENCIO.

Tomado del blog SIN TON CON SON

Acerca del autor: Héctor Luis Rivero López

Mariposa Despistada -Mercedes Gómez Benet




Una Mariposa Despistada, así, con mayúsculas, cruzó por dentro, como el aire, el camión sin paredes del ejército, así, sin mayúsculas.
Era blanca y volaba con trémulos graciosos.
Serían las doce y el sol pegaba duro, aunque no tanto como los operativos militares que desmantelan barrios agujerados donde el hambre anida.
Los uniformados, en su camión sin paredes verdes, no parpadearon. Ni una sonrisa. Tampoco abrieron la boca para admirar la bendición o venerar en silencio a la mariposa nívea y despistada, que, ladrona silenciosa, le robó con sus trinos alados varios rayos al sol.

Sobre la autora: Mercedes Gómez Benet
De Gaviotas de Azogue número 30

Tecnología de punta – Héctor Ranea



—Mi grabadora de CD distorsiona —le dije al dependiente del negocio de computación.
—¿Mucho? —me pregunta como si uno pudiera cuantificar el mucho y el poco.
—Y… —ensayo titubeante —Mando el Ruhevoll de la Segunda de Mahler y sale Melodía Desencadenada en tiempo de Rock.
Se quedó con la boca tan abierta que daban ganas de llenársela con los CD mal grabados.

Sobre el autor: Héctor Ranea

Vaho - Raúl Sánchez Quiles



Primero un calzoncillo, luego dos calcetines. Me enfundo el pantalón y detrás viene la camiseta. En el armario busco un jersey y en el respaldo de la silla de la cocina encuentro mi cazadora de pana. Si no llego a tropezar con las botas de camino a la puerta, habría salido descalzo. En los días de frío, como éste, también cojo los guantes, la bufanda y un gorro de lana azul. La luz de la mañana me molesta y siempre me coloco unas gafas de sol enormes que alguien dijo que eran modernas. Mientras paseo por la calles y me cruzo con otros seres cubiertos, reparo en que sólo el vaho da fe de que aquí debajo existe un cuerpo.

Sobre el autor: Raúl Sánchez Quiles

martes, 6 de noviembre de 2012

Crecimiento interior – Sergio Gaut vel Hartman



En un banco del parque, Nash lee ensimismado. Chavelin se aproxima y lo contempla durante un largo rato, antes de atreverse a interrumpirlo.
—¿Puedo saber qué estás leyendo?
Nash levanta la vista, cierra al libro y señala la ilustración de la tapa.
—Es la obra maestra de Sri Rabi Tucker: Autoconocimiento.
—Lo leí. ¡Es maravilloso! Todos los autos deberían leerlo para funcionar mejor.



Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

Del cojín al sombrero – Héctor Ranea


Estoy seguro de dónde dejé mi sombrero. No fue en el perchero ni tirado en el piso. Lo dejé sobre el cojín de mi silla, frente al escritorio donde queda la computadora. Lo digo para que no digan que no sé dónde quedó. No señor, sí que lo sé. Quedó sentado, por así decir. Y frente a la computadora. Ya sé que la nota que quedó fue escrita a mano, que no tiene nada que ver la máquina. Pero lo quiero dejar expresado enfáticamente: sé dónde quedó. No importa que después todo parezca como que me olvidé dónde lo dejé, para hacerme pasar por listo. Insisto. El sombrero quedó ahí y cuando lo dejé no tenía mi cabeza puesta. Me la deben de haber cortado después, sí señor. Eso sí, no pretenderán que recuerde quién puso el sombrero a mi cabeza, mi memoria no da para tanto.

El autor: Héctor Ranea

Prioridades - David Moreno



Amanece en la sabana. Un rebaño de ñus huye de unas leonas que les persiguen buscando al más débil. No muy lejos, las jirafas se alimentan de las hojas de unas acacias descubriendo a un grupo de hienas que dan buena cuenta de los restos de un cadáver de gacela. Y en el poblado masai, los hombres parten, rungu en mano, hacia los territorios de caza.
De repente, llega un ruido ensordecedor y desconocido. Todo se paraliza.
Los ñus detienen su huida ante el desconcierto de las leonas que miran hacia el cielo, las jirafas extienden sus cuellos para mejorar la visión, las hienas atónitas suspenden su festín y los hombres masai apuntan sus armas hacia el monstruo que sobrevuela sus cabezas.
En cuestión de segundos, todo vuelve a la normalidad: el hambre puede a la curiosidad.

Tomado de No Comments

Sobre el autor: David Moreno

Por arte de magia - Daniel Sánchez Bonet



¡Tachán! Y tres nuevos desconocidos pretenden colarse en mi lista de amigos ¡Tachán! Y un chico que dice llamarse Siempretuyo69 me reclama desde el otro lado ¡Tachán! Y otros cuantos más escriben que les gustaría conocerme ¡Tachán! Y otros dos me invitan a cenar y así, sin parar durante el resto la noche. Mientras tanto, y como por arte de magia, de la parte inferior se mis fotos empiezan a brotar palabras provenientes de todos los rincones del mundo ¡Qué se habrán creído!

¡Tachán! Y la que os habla se esfuma para siempre entre los humos de vuestros apestosos cigarrillos.

Sobre el autor: Daniel Sánchez Bonet

domingo, 4 de noviembre de 2012

Como un panqueque – Sergio Gaut vel Hartman



Lo primero que me llamó la atención fue ver a Angelina Jolie esperando el 60 en Corrientes y Ayacucho; luego me tropecé con Berlusconi pidiendo limosna en la puerta del Ópera y más tarde creí divisar a Luis Miguel comiendo un pancho en un carrito callejero. Si estos se vinieron tan abajo, pensé, ¿quién viaja en limousine? Presté atención: el mundo se había dado vuelta como un panqueque. Los cartoneros manejaban autos último modelo, los pobres habían enriquecido de repente. Estoy soñando, me dije, pronto me voy a despertar. Pero no estaba soñando, no me desperté y, además, no tardé en comprobar que yo, Preservativo Papeluchi, último orejón del tarro del archivo de expedientes anulados del Servicio Penitenciario Federal, ubicado en el quinto subsuelo del edificio Atalaya, me había convertido en emperador del planeta Tierra gracias al capricho de unos invasores extraterrestres del planeta Adaj'acrac.

Sobre el autor: Sergio Gaut vel Hartman

Lección número 1 - David Moreno



Algunos lloran sin cesar; otros gritan desesperados. Muchos patalean; los menos, se quedan callados, haciendo pucheritos, sin entender lo que pasa.
He llegado a pensar que soy un poco malvado, pero no hay quién se resista a esta tentación.
Les agarro de un brazo, del otro, de una pierna o de las dos, e incluso si es necesario del cuello y les enrollo como una bola. Una vez que están dentro, cierro compuertas y configuro las opciones: agua más fría que caliente, quince minutos me parecen suficientes y eso sí, centrifugado al máximo. ¡O aprenden por las buenas, o por las malas!

Tomado de No Comments

Sobre el autor: David Moreno

sábado, 3 de noviembre de 2012

Puntos - Daniel Sánchez Bonet


Los puntos pueden cerrar frases o novelas. También, abrirnos la piel, avisarnos de la peligrosidad en un tramo de carretera o hacernos morir de placer. Nos podemos además apoyar sobre ellos y a veces es bueno ponerlos sobre la íes, sobre todo, si la cuestión no está del todo clara. Pero ¡cuidado! Porque si alguien descubre los nuestros, podrá conocer también nuestras debilidades. Así son los puntos, de muchos tipos y significados distintos. Depende siempre desde donde los mires. Armando, aquella tarde de gloria, los miró de frente, con precisión.

A él, los puntos le convirtieron en leyenda del baloncesto.

Sobre el autor: Daniel Sánchez Bonet

viernes, 2 de noviembre de 2012

Mancha - Pedro Peinado Galisteo



En la corbata apenas es perceptible la mancha. Sin embargo, siempre hay quien allá ve formas: de salamandra, de niño, de mamut, de corbata. En la corbata apenas es perceptible la mancha. Sin embargo, siempre hay quien allá ve formas: de salamandra, de niño, de mamut, de corbata...

Sobre el autor: Pedro Peinado Galisteo
De Gaviota de Azogue 163

Fatal lepidóptero – Héctor Ranea


—Ustedes las amantes de las mariposas son hipócritas, porque no hay duda de que aman a las que tienen todos esos colores (aunque no los tengan en realidad, pero eso lo discutimos en otro lado) maravillosos que subyugan a la vista, que los hacen amables, vistosas. Y parece, les parece, romántico. Pero bien que se cargan con chancletas, diarios, servilletas o lo que tengan a mano para reventar a las nocturnas, ésas que tienen color de ceniza de cigarros toscanos.
—¡Es que no vas a comparar!
—Todo porque no conoces la mariposa lengua de llama. Me gustaría que la tuvieras que soportar.
—Nunca oí hablar de eso. ¿Es un lepidóptero?
—Fatal, diría. Fatal. Del tamaño de una pierna. Hace sombra en la playa. Pero con la trompa te sorbe el líquido cefalorraquídeo, desde la nariz.
—¿Qué tomaste?
—Líquido cefalorraquídeo. ¿A ver esa naricita?

Sobre el autor: Héctor Ranea

Una de personajes y autores – Sergio Gaut vel Hartman



—Póngame de personaje en su obra.
El anciano levanto la vista, pero no vio al que le estaba hablando porque era ciego.
—¿Por qué habría de hacerlo?
—Soy fuerte, valeroso, manejo la espada como nadie y mi ingenio no tiene parangón.
—No tiene parangón —repitió el anciano meneando la cabeza.
—Una historia no funciona si no hay un héroe en ella.
—Ya hay un héroe en ella —refutó el anciano.
—Pero muere al promediar la trama. Eso no le va a gustar a los lectores. En cambio yo le aseguraría un buen final y hasta una continuación.
—¿Estás proponiendo que escriba una saga? —el anciano sonrió por primera vez, y en sus ojos sin luz chispeó el interés.
—No sé qué es eso, pero sí, si usted desea llamarlo saga…
—¿Cuál es tu nombre, forastero?
—Odiseo, señor.

Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

miércoles, 31 de octubre de 2012

Los extranjeros - Nicolás Ferraiolo


Dos extranjeros iban por Villa Lugano buscando el centro de Buenos Aires. "Al final no es tan parisino...", dijo uno. Con cámaras en mano buscaban la Casa Rosada; mientras, por hacer algo, sacaban fotos a la entrada de La Oculta. Quisieron preguntarles a unos muchachos de anchas ropas y espaldas, y estos, cordialmente, los invitaron a dar las cámaras. Que para entrar tienen que pagar comisión. Que para volver atrás también, que (acá fueron buenos) si no pagan algo puede pasarles, que "ésta" dice que paguen (ojo, mostrando un arma). Meursault se encogió de hombros, Camus lo miró, volvió la vista a sus interlocutores y dijo: "me tiene sin cuidado". Los muchachos se miraron y no entendieron bien el porqué de esa frase. Por las dudas los mataron. Y sus cuerpos inertes quedaron tirados en la puerta de La Oculta. Los transeúntes pasan. Indiferentes.

Sobre el autor: Nicolás Ferraiolo

Cuestión de gustos - David Moreno


Al comienzo todo era muy fácil. Cedíamos en nuestras pretensiones alternativa y sucesivamente. Pero el paso de los años enturbió nuestra relación y ya no nos poníamos de acuerdo ni para elegir el destino de las vacaciones.
Ella siempre prefirió el mar, a mí me gustó desde niño la montaña.
Este verano, decidimos separarnos.
Ella, embarcaría su equipaje en un avión para sobrevolar el océano Atlántico, rumbo al Caribe; a mí me esperarían las cumbres alpinas.
Lo peor es que mientras yo me quedé colgado de una soga, mi sombra en libertad, huyó con gran celeridad.


Tomado de No Comments

Sobre el autor: David Moreno

La sonrisa - Raúl Sánchez Quiles



Aquel hombre me prometía un futuro mejor desde su cartel. Me sonreía y parecía sincero. Por eso le di mi último voto de confianza y puse en sus manos libres de callos e impurezas los restos agonizantes de mis esperanzas. Con ese apoyo personal, sumado al de otros muchos ciudadanos ingenuos, salió al balcón henchido de gloria y celebró su triunfo alzando los brazos y enseñando los empastes negros. De eso hace ya seis meses. Ahora no quiere recibirme porque está muy ocupado. Yo sigo sin casa y sin trabajo en el mismo barrio patético de siempre. Sus carteles han perdido ya el color, pero a este sinvergüenza no se le ha borrado la sonrisa. Que se ría, que yo tengo cuatro años para meditar mi venganza.

Sobre el autor: Raúl Sánchez Quiles

sábado, 27 de octubre de 2012

Vacaciones I – Raúl Sánchez Quiles



No respondía al teléfono, ni a los correos electrónicos. No actualizó su blog, tampoco su web. Además, no se registraron movimientos en su cartera bursátil. Por supuesto, lo dieron por muerto. Y en realidad lo había secuestrado su familia.

Tomado de: http://hiperbreve.blogspot.com/

Sobre el autor. Raúl Sánchez Quiles

Los decidores (El hablar compulsivo) - Ana María Grandoso



Hay personas que arremeten los temas de conversación saturando de datos. A ésos los interrumpo introduciéndoles otro tema y obligándolos a hablar, compulsivos, tratando de secar, de dejar sin una gota el vertedero de informes, o sea despojando de forma la comunicación humana, aplastada por su verborragia.
Mientras esto sucede, pienso en otra cosa y busco una noticia para importunar, porque me aburro hasta el deseo de agredir.
Y el dijo, por decir, sabiendo que tapaba con palabras el intersticio entre un decir y otro decir, un agujero de silencio que hubiera deslizado su capacidad asociativa a un pensamiento difícil, esquivo, comprometedor- y siguió enumerando…

Sobre la autor: Ana María Grandoso

La noción del espacio – Ruy Feben


Crash (parece lejano: “la sorpresa”, se dijo): sintió un mínimo temblor, un descontrol minúsculo antes de perder noción del espacio y estrellarse con una camioneta. El sol no le daba de frente; no hubo humo cegador. Sólo un rasguño en la defensa y el tedio por los gastos imprevistos: el íntimo apocalipsis citadino reptando por la avenida a diez cuadras por hora.
Baja del auto consternada, con el celular en mano. En cuanto el tacón toca el suelo, otro temblor. Mínimo. Crash (un poco más cerca, trepidando). La calle desierta y, sobre el rascacielos que corona su pequeña tragedia, una nave inmensa levitando, un enorme cañón que justo ahora le apunta a la cabeza.

*Nota: Este cuento, de 666 caracteres exactos, tuvo en su primer draft 777 caracteres exactos. Ahí otra noción de otro espacio.

Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/

Sobre el autor: Ruy Feben

jueves, 25 de octubre de 2012

La salida - Rafael Blanco Vázquez


Al salir de su casa, sabía que no le pasaría nada. En efecto, nada le pasó, y regresó a su casa sin que nada le hubiera pasado. Pero en cuanto entró por la puerta, algo le pasó: un pájaro, en efecto, le cagó encima.
–Mierda –maldijo–, si es que no se puede salir de casa.

El autor: Rafael Blanco Vázquez

Grandes emperadores – Héctor Ranea


—Están los emperadores que nacen con el signo del dragón, y eso es bueno —dictó el sabio y todos asintieron.
—Están los emperadores que nacen sin él, y también eso es bueno —dictó el conformista y todos asintieron.
—Y están los emperadores que nacen con el código de barras. Eso es mejor —enunció la voz sintetizada por una computadora y todos corrieron para aprovechar la liquidación de emperadores de esa temporada.

Acerca del autor:
Héctor Ranea

Pas de deux – Sergio Gaut vel Hartman

—Me sentí como una ráfaga, un parpadeo —dijo Robustiano Apicciafuocco, carnicero, ciento treinta y siete kilos en cueros, luego de su primera clase en el estudio de danzas de Madame Olga Alexandrovna Bolshovskaia.
—El ballet no es para usted —respondió la profesora pronunciando las palabras con su pedregoso acento adquirido en Kazán—, dedíquese a la ópera, pero jamás abra la boca sobre el escenario. Le recomiendo Aída…
—¿Aída es su amiga? —dijo Robustiano, recuperando las ilusiones.
—No, no es mi amiga. —La rusa dio media vuelta y al exponer sus cuartos traseros desencadenó la tragedia.
Al día siguiente, de las gancheras del mercadito “El lago de los cisnes”, colgaban unas piezas que Robustiano ofrecía como “delicada carne del Volga”.
—¿Será tierna? —preguntó doña Eulalia.
—Cuando la coma —contestó el carnicero— sentirá que una bailarina clásica danza en punta de pies sobre su lengua y le acaricia el paladar.

Sobre el autor:  Sergio Gaut vel Hartman

domingo, 21 de octubre de 2012

El lago - Joaquín Curti


Corría el rumor entre la gente del pueblo que en el lago habitaba algo feroz desde tiempos inmemoriales. Todos aquellos que habían intentado darle caza no habían regresado y no se supo más de ellos. Por las noches una bruma blanquecina cubría la totalidad del espejo de agua, una cortina que impedía ver más allá.
Y debajo del agua existía la certeza que del otro lado vivían seres feroces que incursionaban en el lago por el solo hecho de dar muerte a los habitantes del agua. Por eso cuando se aventuraban al lago los atrapaban y no los dejaban regresar más a la superficie.

Responso - Fernando Andrés Puga


El cura dice que descansarás en paz, que ahora sos verdaderamente libre.
No sé.
No puedo negar que la cadena con la que te tenía atada a la pata de la cama no permitía que te alejaras mucho y también es cierto que, cuando dormías, tu respiración se agitaba y pataleabas y dabas unos alaridos que ¡mama mía! Si hasta tuve que taparte la boca con una buena cinta de embalar.
Sin embargo, no sé si creerle.
A mí me parece que estás muerta.

Sobre el autor: Fernando Andrés Puga