domingo, 17 de junio de 2012

Microtopológico – Sergio Gaut vel Hartman




El tipo se materializó en medio de una gran tempestad de sonidos, con un volumen tan intenso, que mis huesos tuvieron que esforzarse para no escapar a través de la carne.
—¿Quién es usted, qué quiere? —logré balbucear.
—Soy el personaje central de esta microficción y vengo a buscar mis líneas.
El sonido no cesaba; mi mandíbula empezó a vibrar y los ojos buscaron fugarse por la parte posterior de mi cabeza. Aún conmocionado, logré replicar.
—¿Está loco? ¿De dónde sacó que voy a escribir una microficción? Y en el caso de que me viniera en gana hacerlo, ¿por qué lo voy a poner como personaje?
El tipo sacó un palo y lo exhibió. Era un bate de béisbol, famoso en manos de Babe Ruth o Al Capone.
—Me va a poner, no tenga la menor duda. Y si quiere, le dicto la primera frase. “El tipo se materializó…”

Acerca del autor:
SergioGaut vel Hartman

Adiós – Daniel Diez Crespo




Vomitó los ojos y ya nunca los encontró. Tiró de la cadena y alguien rió la torpeza. Le abofeteó pero nunca le golpeó. Dieron media vuelta y desaparecieron. Sus ojos, rotos como añicos de un cristal nunca más aparecieron. Nadie fue impune a los hechos maquiavélicos de aquel asalto al castillo. Ella caminó veloz con sus pies verdes descalzos. Él anduvo despacio con sus pies rojos descalzos y enormes. Nunca se dijeron adiós, lo escribieron invisible en el aire.

Sobre el autor: Daniel Diez Crespo

viernes, 15 de junio de 2012

Origen - Cristian Cano


La luz es una energía escasa que se abre paso por mi inmenso desconocimiento, emergida de explosiones y nacimientos estelares, de estrellas que se mueren y se queman como viejos girasoles. Si creo ver, sólo veo en ella y dejo de ser en la opacidad. Si veo y tengo estos ojos es porque hay un Sol que lucha en la negra bóveda de una realidad aparte. Si hablo es porque en la atmósfera viajan las vibraciones; y los postulados que me empujan: ¿En cuántas atmósferas hablarán?

¿Cuántos Soles crearan ojos con millardo de formas? En la oscuridad y la negrura la vida es como la luz, una situación que desesperadamente intenta corregir su endeble significado y su misteriosa presencia.


Sobre el autor:
Cristian Cano

jueves, 7 de junio de 2012

Grandes remedios - Vanessa Navarro Reverte




Un día llegaron, cucurrucucú, las palomas y remodelaron las fachadas de los edificios con sus excrementos.
Alguien propuso que se importara una partida de gaviotas, ya que en otros lugares éstas habían sido eficaces en cacerías de columbiformes. Todos los miembros del consejo votaron a favor.
No tardaron mucho en comprender que no había sido una gran idea, pues gaviotas y palomas descubrieron lo bien que se lo pasaban juntas moteando el cielo de máculas aladas.
Decidieron entonces comprar cóndores amaestrados a unos expertos en cetrería; cóndores que rápidamente olvidaron su misión inicial y se dedicaron a atacar a los humanos en lugar de a las otras aves.
Finalmente, los sabios vaciaron las arcas públicas para pagar a los científicos que habían conseguido clonar pterodáctilos.
Hoy por hoy, quien no tiene alas en esta ciudad es hombre muerto.

Sobre la autora: Vanessa Navarro Reverte

miércoles, 6 de junio de 2012

Telefónicamente – Sergio Gaut vel Hartman




Usted se ha comunicado con la casilla de mensajes de Ray Bradbury. En este momento no puedo atenderlo porque un marciano vengativo está tratando de tomar posesión de mi cerebro. Deja tu número de teléfono que cuando logre el control completo del terrícola me pondré en contacto contigo. Mi uhushed, las uhujires del uhumida y un uhufero de Juge’iko también desean habitar un cuerpo humano.

Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

Cuestión de perspectiva – Sergio Gaut vel Hartman



—¡Se murió Bradbury! —exclamó el joven imberbe soltando la pluma de ganso con la que trataba de escribir Guerra y paz, el regreso—. ¡Qué desgracia!
—¿Desgracia? —Theodore Sturgeon aferró al chico del cogote y Philip Dick le propinó un par de cachetadas.
—Es la mejor noticia que ha llegado a este lugar infecto desde que se cerró mi mirilla —soltó Kurt Vonnegut, sin anestesia, antes de contribuir con un sonoro puñetazo en la nariz del desubicado.
Stanislaw Lem miró a su alrededor, reparó en el desorden imperante y se acercó tanto al muchacho que le asperjó el rostro con una lluvia de saliva.
—Necesitábamos al viejo Ray —dijo finalmente—. No te das cuenta porque tus banales escritos se sustentan en la triste y prosaica realidad, no viajan a otros planetas, no maravillan ni estremecen. Desgracia para ellos, estúpido, los infelices mortales; para nosotros es como volver a vivir.

Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

El código marciano – Sergio Gaut vel Hartman





Cuando Ray Bradbury publicó sus Crónicas marcianas, Yru B’Darbyar, un dragador de canales de Sirte Major, casi se muere de envidia. Trató de refutar al californiano con sus Anacrónicas terrícolas, pero sólo logró ser el hazmerreír de los recolectores de basura de su planeta. Testarudo como buen marciano, viajó a la Tierra haciendo nave-stop y adoptó una nueva identidad que le permitió trabajar de proxeneta durante varios años, sin llamar demasiado la atención. Un día, caminando por las calles de Exeter, Nuevo Hampshire, se cruzó con un escritor principiante y le tiró un par de ideas.
—¿Le parece que el público aceptará semejante bizarría? —dijo Dan Brown abriendo los ojos desmesuradamente.
—¿Usted creería que soy marciano?
—No.
—Entonces mire esto. —B’Daryar mostró un par de cosas que ocultaba bajo la ropa—. Creer o reventar.
—Creer o reventar —aceptó Brown. Y fue corriendo a escribir la novela.


Acerca del autor:

Futuro confuso - Héctor Ranea




Laublát se levantó de su asiento en su mesa del Bar, dejando a sus amigas para venir a mi encuentro, apenas había entrado. Me sorprendió. Habíamos sido compañeros de escuela y ahora nos encontramos en la oficina de Satélites Extraviados. Siempre la más bella mujer pero nunca me dio la hora. Tanto que casi creí necesario presentarme, pero me estampó un beso y me invitó a cenar a su casa. Accedí, claro. Esa noche inolvidable en su cama, su bañera y ahora, como amantes permanentes, me dejó una lección. Su padre habrá sido un cobarde al huir ayer del Tiranosaurio Rex y pisar la famosa mariposa de Bradbury que cambió el futuro; en muchos casos habrá sido para mal, pero a mí, qué quieren que les diga, me lo cambió de forma estupenda.

Acerca del autor:
Héctor Ranea

martes, 5 de junio de 2012

La doma – Héctor Ranea


—Esta vez está poniéndose de veras fiero —dijo para sus adentros Eleuterio Barboza, montando ese parejero que, como ya era costumbre en él, había robado la noche anterior—. Esta vez estás jodido, Barboza —pensó el gaucho. Desde que recordaba su vida había robado caballos para vivir de la cuarta al pértigo, huyéndole a los milicos y sin poder hacer otra cosa que fumarse lo que ganaba en la venta de los nobles fletes que se robaba—. Esta vez sí que estás frito, negro ‘e mierda —reflexionó, aunque el huracán de las crines le recordaba tantas otras aventuras. Pero esta vez el alazán que montaba era de ajedrez y lo estaban por entregar a cambio de una torre—. Si fuera un canje por la dama, por lo menos —alcanzó apenas a murmurar.

Sobre el autor: Héctor Ranea

El núcleo - Raúl Sánchez Quiles



El profesor Lindenbrock, Axel y Hans Bjelke se han quitado la vida. Los cuerpos aparecieron despeñados en una ladera del volcán Sneffels. Cuentan las crónicas islandesas que todo ocurrió después de que decidieran reemprender su histórico viaje en el siglo XXI. Lo consiguieron, pero no pudieron soportar su nuevo descubrimiento: en el centro de la Tierra hay un centro comercial.

Acerca del autor:
Raúl Sánchez Quiles

Fin - José María López Medina




La mujer de la foto sonreía. Sonreía como él nunca supo sonreír. Sonreía feliz, luminosa, como algún día le había sonreído a él. Como ya nunca volvería a sonreír a nadie, pensó. Incluso en eso se equivocó mientras volvió a levantar el arma, esta vez con mejor criterio, apuntando hacia su propia sien.
Afuera, la tarde amanecía.

Acerca del autor:
José María López Medina

La venganza del oso – Sergio Gaut vel Hartman




Después de los primeros, frenéticos días de pánico, había conseguido aceptar las cosas de un modo que me permitía contemplar la situación con el indiferente fatalismo que hasta entonces reservaba para los sueños. Y aunque el desastre en ciernes era demoledor y definitivo, había conseguido inyectarle unas dosis de ironía que me permitían emparentar el final de la humanidad con la terrorífica versión cinematográfica neofreudiana de aquella leyenda griega que Orson Welles rodara en secreto en su mansión de Suipacha al 1200, en Buenos Aires, una rara venganza dirigida hacia todos los que en su momento ridiculizamos la versión radiofónica de la obra de su hermano Herbert. ¿Los marcianos? ¿Quieren que hable de ellos? De acuerdo. Son pequeños, despiadados, tremendamente efectivos a la hora de matar… y no vienen del tercer planeta del Sistema Solar, por cierto, sino de una enana oscura cercana a Rigel. ¿Supone eso alguna diferencia?

Sobre el Autor: Sergio Gaut vel Hartman



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domingo, 3 de junio de 2012

Morir de amor - Diego Martín Eguiguren



Sumerjo las manos en un recipiente con agua, bajo la mirada y percibo que el líquido se tiñe de rojo. "La llaga ha vuelto a sangrar", le cuento al reflejo y veo tu rostro flotando homicida envuelto en mis ojos. De pronto mi cuerpo se torna trémulo y el corazón se me escapa del pecho. Obnubilado decido abandonar el cuarto de aseo y termino, creo, por morir de amor en medio del suelo.

Acerca del autor:
Diego Martín Eguiguren Salazar

Biografía - José Manuel Ortiz Soto



La mañana del 23 de junio de 1959 tras la exhibición de la película Escupiré sobre vuestras tumbas (de la que era guionista), muere a los 39 años de edad en el Hospital Laennec en París, el ingeniero, trompetista y crítico de jazz, cantante, compositor, productor, traductor, actor, dramaturgo, patafísico, poeta, novelista, dibujante… Boris Vian.

―Eran demasiadas vidas para un cuerpo frágil y enfermo; y claro, su corazón no resistió ―explicó el médico de guardia a un inexpresivo Vernon Sullivan, quien, fiel a su creador, hoy sigue por el mundo con las novelas que escribían juntos.


Acerca del autor:

Infiltrado - Carmen de la Rosa




El cabo electricista leyó el parte de avería: Ruido extraño en el fluorescente del despacho del Comandante. Desplegó su escalera, subió a lo alto y destornilló el plafón. Entre la luminiscencia de los tubos, sentado en una mesa de casa de muñecas, un minúsculo oficial de las SS telegrafiaba mensajes cifrados a su Cuartel General. Cuando el espía le apuntó con su diminuta metralleta, al cabo electricista no le quedó más remedio que aplastarle la cabecita entre su índice y el pulgar.

Acerca de la autora:
Carmen de la Rosa

Como al descuido - Fernando Andrés Puga



Al terminar de leerla, la estruja y la arroja al fuego recién encendido de la chimenea. Va al dormitorio, la mira dormir, la besa en la mejilla, apaga el velador y se decide. Mientras se aleja a paso rápido por la acera, el cielo empieza a despertar.
Abrigada bajo la frazada que trajeron del norte en el último viaje que hicieron juntos, ella no se sorprenderá al encontrar vacío el lado izquierdo de la cama.

Acerca del autor: 
Fernando Puga

In memorian ALICE - Christian Lisboa




ALICE jugaba con TOTEM. A cada tirada del acelerador, ellos competían por quién contaba más partículas. Pero TOTEM hizo trampa. Confabulado con ATLAS, quien contaba todo antes que ninguno, él siempre ganaba. Indignada, ALICE generó un pequeño agujero negro que duró más de un milisegundo. Este se tragó a TOTEM, ATLAS y a todo el CERN. En un par de segundos, se tragó a toda Europa y luego al Planeta. Alice alcanzó a gritar, en su idioma de ceros y unos: "¡Yo gano esta vez!" antes de desaparecer engullida por el primer hoyo negro creado en un acelerador.

Acerca del autor:
Christian Lisboa

viernes, 1 de junio de 2012

Tres son multitud - Fernando Andrés Puga



Cuando estoy solo somos dos y vos llegás a interrumpir. Terminarás enamorándote. No resistiré y juntos nos encerraremos. Nos recorreremos como si fuéramos caminos vírgenes en lo más enmarañado de la selva. Nos abandonaremos detrás de la puerta. No puede ser. Yo de él no puedo deshacerme sin acabar conmigo ¿entendés? Será mejor que vuelvas por donde viniste. Realmente lo siento, pero no te hará bien mi compañía. Aunque parezca, no estoy solo. No me obligues a cerrarte la puerta en la cara.

Sobre el autor: Fernando Andrés Puga

El silencio- Ana Caliyuri



El silencio que quiebra el alma, es ese espacio que huye de las palabras, de los gestos, de la memoria, de los fantasmas, de la noche, de los eslabones que unen los tiempos y hasta de la niebla baja; porque su alba es la consciencia de saberse silencio aún en la boca de las lágrimas.


La autora: Ana Caliyuri

Familia - Claudio Leonel Siadore Gut


Osiris despertó en su camastro cuando Isis le llevó el desayuno. Leche, pan caliente y dátiles. Horus jugaba afuera entre las flores, su madre lo veía desde la ventana y suspiraba.
Osiris se limpió las migas de la boca y miró la mancha de humedad en forma de pez del cielorraso.
—Mañana me subo al techo y lo arreglo.
Isis dio media vuelta con la cabeza gacha.
—¿Cómo nos convertimos en esto, Ricardo?

Acerca del autor:
Claudio Leonel Siadore Gut

miércoles, 30 de mayo de 2012

Informe tendencioso – Claudio G. del Castillo



No bien llegamos a Kandahar nos atacaron quince talibanes, a los que despachamos tras una hora de enfrentamiento. Al tomar la carretera que conducía al refugio del objetivo, caímos en una emboscada preparada por media treintena de esos asesinos. Y aunque nos costó un huevo eliminarlos, lo peor nos aguardaba en el mismísimo cubil de la fiera, custodiado por la quincuagésima parte de 750 miembros de Al-Qaeda. Sin embargo, también ellos fueron víctima de nuestras balas, a pesar de contar mi unidad con solo diez pares de marines.

Acerca del autor:
Claudio G. del Castillo

Suspenso en geografía - Anna Rossell Ibern


Sabían aún muy poco uno de otro. Él le había escrito que trabajaba como guía turístico en una importante agencia de viajes. “Soy de un castillo”, le había dicho ella con ufana seguridad en la voz, la primera vez ...que habían hablado por teléfono. “Pues yo de un palacio”, había replicado él siguiendo con aquel inesperado sentido del humor. No comprendía por qué le había insultado y le había colgado. Después de todo era ella quien había empezado con la broma. No volvió a tener noticias suyas hasta pasadas dos semanas cuando recibió un sobre sin remite, que contenía únicamente un detallado mapa de Aragón. Un castillo estaba señalado con un círculo rojo y cuatro signos de admiración que delataban un trazo enérgico y furibundo. Y encima venía recomendado como lugar de gran interés para el turismo: “Importante conjunto histórico-artístico y centro del románico”, rezaba la leyenda.

Acerca de la autora:
Anna Rossell Ibern

Strike - William E. Fleming



Cansada de tanto trabajar, decidió que no sería más un peón en la baja jerarquía de esa sociedad. Lanzó al suelo lo que estaba portando y con un grito de ira empezó a corear algunas frases rimadas. Pronto, muchas compañeras se unieron a su canto. Fue la primera de las epidemias de rebelión en los hormigueros cercanos.


Sobre el autor: William E. Fleming

lunes, 28 de mayo de 2012

El arte de la tortura - Víctor Lorenzo Cinca



Las escenas iniciales son de gran crudeza y el trato siempre inhumano. Los métodos, de lo más variopintos; existen incluso manuales y videos explicativos, muy didácticos. Nos atan, nos queman con sopletes, nos arrancan la piel a tiras, nos arrojan productos que irritan las zonas sensibles, nos clavan objetos punzantes, nos rocían con líquidos inflamables y nos prenden fuego, nos sumergen en agua hirviendo, nos meten en hornos... La tortura, en cualquier caso, acaba con la muerte.
Pese a todo, nadie denuncia estas prácticas y cada vez son más quienes lo consideran un arte. Desgraciadamente, los amantes de la gastronomía proliferan deprisa, sin nada que los detenga.


Tomado de Realidades para Lelos
Acerca del autor: Víctor Lorenzo Cinca

El valiente más cobarde del mundo - Daniel Diez Crespo


El valiente más cobarde del mundo tenía una corbata amarilla demasiado prieta y corta, una copa tiritando ya vacía sujeta por tres dedos y los cordones desatados para caer si hubiera tentación de huir. El cobarde más valiente del mundo tenía lágrimas y mocos hasta las rodillas, palabras ‘rompidas’ en su cabeza y frases sin verbo en el corazón. El cobarde más valiente del mundo no supo degollar de un mordisco el cuello del pollito cuando su plumaje amarillo caminó gracioso y descalzo ante sus ojos. Lo escondió en sus manos, diminuto, tembloroso, y besó su pico.

Tomado del blog El País de la Gominola
Sobre el autor: Daniel Diez Crespo

Premonición cumplida – Sergio Gaut vel Hartman


Cuando el inspector Gabardine inspeccionó la habitación advirtió que la señora Plumetti, que yacía desparramada sobre la cama, había sido tajeada de arriba abajo y que las manchas oscuras indicaban a las claras que el agresor no ahorró saña a la hora de acabar con ella. Gabardine sabía que el esposo de la señora Plumetti, el ingeniero Yacard, era un sádico, y el final preanunciado de aquella relación no hacía más que confirmar lo que él sostuviera cada vez que se producía un crimen en Villa Retazo:
—¡Otro caso de violencia de género!

Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

Desde la barra del bar – Héctor Ranea


Los Mogotes, bar bastante de avería, tenía, eso sí, una excelente vista al cerro de Los Desbocados. En el bar convivían, como clientes permanentes, dos gatos, uno gris casi celeste, otro de ojos amarillos y un guacamayo de gran tono de voz, aunque con plumas descoloridas por el consumo de alcohol. Los Desbocados venía a ser un mogote, también, pero los del pueblo preferían distinguirlo porque de ahí llegaban, a intervalos irregulares, gentes sin boca ni otro orificio visible, que les aportaban buenos licores, excelentes almanaques y una serie de parafernalia con la cual podían trocar y transar con turistas. A cambio, Los Desbocados sólo pedían ser alimentados debidamente, lo cual no era sencillo ya que los alimentos debían serle untados por el cuerpo. Una inquietante práctica alimentaría, por cierto.

Acerca del autor:
Héctor Ranea

sábado, 26 de mayo de 2012

Plaga celestial - Carmen de la Rosa


En primavera una bandada de ángeles exterminadores anidó en los tejados del Vaticano. Armados con espadas de fuego, los ángeles combatían día y noche en feroces batallas aéreas, rociando de sangre, guano y plumas chamuscadas a los peregrinos que transitaban por la Plaza de San Pedro. De cuando en cuando de lanzaban en picado sobre un guardia suizo, lo abrían en canal y devoraban sus vísceras.
De nada sirvieron las púas de acero que se instalaron en las fachadas de los edificios, los ángeles las achicharraron con los rayos que emiten sus ojos azul cobalto. Cuando el Papa decidió, al fin, trasladarse a Castelgandolfo, bajó súbitamente la temperatura y cayó sobre Roma una tromba de agua. Los ángeles se guarecieron en sus nidos, inmóviles como gárgolas, y cuando escampó, fueron levantando el vuelo. Formados en escuadrón emigraron, gracias a Dios, a países más cálidos.

Acerca de la autora:
Carmen de la Rosa

Tribulaciones de una madre de familia - Patricia Nelli


—Anoche soñé con la mujer de tu padre —le dije—. Y que volaba en el cielorraso y me decía que te cuidaras la salud... y que yo iba a morir joven, como ella...
—Si la primera mujer de mi padre no hubiera muerto, yo no hubiera nacido... y además, vos no estás a tiempo de morir joven —me dijo mientras esquivaba un zapatillazo.

Acerca de la autora:
Patricia Nelli

Extraño en su Tierra - Cristian Cano



Se reunieron alrededor de la pirámide ancestral. Por un lado, los respiradores de nitrógeno que protestaban por no poder quitarse los trajes interdimensionales. A su manera, los que respiraban dióxido de carbono vieron alguna buena posibilidad de acomodarse mejor. Los que vivían del azufre directamente se retiraron a sus naves sin saludar a nadie. No obstante, la nota pintoresca de la reunión la dieron los más extraños y conflictivos, los que pataleaban por todo, los que disfrutaban, todavía, del abundante oxígeno.

Acerca del autor:
Cristian Cano