miércoles, 6 de noviembre de 2013

Ludopatía divina - Isabel María González


No podía entender las constantes victorias de su adversario: dos milenios imbatible le habían convertido en uno de los seres más poderosos de la Tierra.
Convencido de sus trampas, Charles intentó denodadamente descubrirlas sin resultado alguno: consiguió millares de discípulos que, convencidos como él de que aquéllo no podía ser una cuestión de suerte, le apoyaron en sus pesquisas para desenmascarlo.
Su contrincante insistía en que no había trampa ni cartón: él era un dios, el único, creador del Cielo y de la Tierra, eterno ganador. Sin embargo, temeroso de ser descubierto, encomendó a un emisario de su confianza la tarea de difundir su estatus divino y contrarrestar así la fuerza que empezaban a adquirir las teorías de Darwin, cada vez más cercanas a la verdad. No lo permitiría: los hombres y mujeres que poblaban el planeta no serían fácilmente controlables y Él no podría seguir viviendo sin trabajar.

Sobre la autora: Isabel María González