martes, 31 de enero de 2012

Pesadilla - Anna Rossell Ibern


Sintió de repente una fuerte presión en la parte trasera superior del cráneo. Golpeaba una y otra vez contra una cavidad dura, pero era ella misma quien se provocaba los golpes tomando impulso, como en un arrebato incontrolable. Al dolor se sumaban gritos ensordecedores, que llegaban a sus oídos, primero amortiguados y después cada vez más agudos e insoportables. Una luz cegadora le hirió las pupilas y otros gritos, ahora los suyos propios, dieron rienda suelta al espanto que había ido acumulando. “¡Es una niña!”, informó el médico a los padres.
Acerca del autor

El miedo en casa - Sergio Cossa


Reniego sobre mi falta de inspiración para escribir un relato de terror. La trama es original, los personajes, oscuros, pero no logro plasmarlo en la hoja. Llevo todo el día y un cesto repleto de papel arrugado. Escribí, tiré, me fui, leí, volví a escribir, caminé por el bosque hasta que el frío de la noche me regresó a la cabaña.
Las historias cómicas, las anécdotas, las greguerías con poco esfuerzo dibujan una sonrisa en el lector. ¿Pero cómo logro ese rictus de miedo, esos espasmos que contraen el estómago y erizan la piel en unas pocas líneas?
Decido darme un respiro y me preparo un café. Escucho un golpe seco en la habitación contigua y cuando me acerco veo la ventana abierta. El viento helado retuerce las cortinas y un hedor suburbano y mugriento me agrede desde la oscuridad.

Un suicidio de locos – Eduardo Poggi & Guillermo Vidal


Lo había meditado durante mucho tiempo: la grave insuficiencia cardíaca no soportaría emociones fuertes. Ni mujeres, ni alcohol, ni cigarrillos, había aconsejado el médico. Y mucho menos el estrés del trabajo y el esfuerzo del deporte. Dedíquese a disfrutar de la forma de vida que nunca tuvo, insistió el médico. Viaje en las fastuosas comodidades de los cruceros de hoy, recorra el mundo, disfrute.
Una noche fue al bar que frecuentaba, donde se reunía la gente del lugar y se dejó convencer para abordar el Titanic II. El simpático capitán lo saludó y le ofreció de beber.
—Algo en las rocas —dijo él sin prestar mucha atención.
Lo que vino después fue una desgraciada actitud: el capitán llevó el barco demasiado cerca de la costa, y naufragaron.
—El lo pidió —señaló el capitán recién rescatado al cadáver que flotaba— desde la empresa me ordenaron que cumpliera su último deseo.
Acerca de los autores

Visita inesperada – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


—Se enfrió el agua del mate —dijo Robustiano Nomelacreo con gesto adusto. Era evidente que el huésped nunca iba a terminar de entender los códigos del lugar. Por eso, y fiel a su despiste, en lugar de levantarse, poner agua en la pava y arrimarla al fogón, se limitó a segregar esa baba asquerosa que le salía de uno de los tres bulbos que coronaban la segunda cabeza—. Está bien, voy yo. —Robustiano sacudió la cabeza y puteó por lo bajo. Estos bichos venían a visitarlo cada vez con mayor frecuencia. ¡Encima les gusta el mate, mecachendié!
Nunca les había hablado de las propiedades cagatíficas del ombú, así que usó unas hojitas que guardaba para ocasiones de vientre seco, las añadió al mate, ofreciéndolo al “cabeza de moco”. Después de esa mateada no volvió más; Robustiano con un mate de calambrera, calmó su diarrea.
Acerca de los autores

Amebando - Alexandra Jamieson Barreiro


En un día cálido Orlando salió a caminar aunque sentía sus cartílagos derretirse. Se hizo la película: pensó que si el día seguía así terminaría hecho una masa gelatinosa. Pésimo. Vástago de las amebas, se imaginó, con los brazos convertidos en látigos ponzoñosos. Cuando llegó a esa idea le pareció que sería mejor cambiar de temática. Pensó en algo mínimo, con lo que podría tener algún vínculo místico pero no definió ninguna idea válida. Se distrajo con una vidriera de artesanías en ébano. La tarde se le iba volviendo sórdida mirando esos íconos de alguna cultura desconocida. No encontraba ningún estímulo para distraerlo del todo del pensamiento amebístico más que las estatuas bárbaras. Caminó más rápido a pesar del calor cáustico. Se encontró con el ataque de un aroma pestífero y cambió el rumbo para empezar a volver.
Acerca de la autora

domingo, 29 de enero de 2012

Asalto al poder - Alvaro Ruiz de Mendarozqueta & Sergio Gaut vel Hartman


Se encontró rodeado antes de poder escapar; oyó las pisadas que se acercaban y un murmullo creciente que luego se fue extinguiendo. Pero no era tarde. Entre el zumbido de las abejas y el calor, como si la inminencia del final le hubiera devuelto las fuerzas, arremetió hacia delante. Y cuando lo hizo, vio con el rabillo del ojo que el mar se amotinaba contra el horizonte, escindiéndose en planos imposibles, como si el arrecife de coral flotara hacia el cielo, temblando y resbalando. El aire de la escafandra estaba enrarecido a pesar de lo que le informaban los indicadores. Siguió el impulso y la abrió respirando aire fresco con un olor dulzón. Las nubes se mezclaban con los corales y las lunas parecían hundirse en el mar. Sobre el horizonte vio unos túmulos sobre la playa y corrió hacia ellos. Oía los pasos pero ya no le importó.

Acerca de los autores:
Alvaro Ruiz de Mendarozqueta
Sergio Gaut vel Hartman

El síndrome de Blatterfly – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman



La cucaracha gigante reanudó su trabajo mortífero. Los cinco agentes del ASCO se habían dado a la fuga y las siamesas Thai'iam, indefensas y aturdidas, esperaban el remate. Sabemos que torturar a esas pobres inocentes criaturas, aunque el cuerpo sea uno y sólo dos las cabezas, es algo que únicamente puede pergeñar un monstruo. Pero la causa de todo aquel desastre debe achacarse al bramido que profirió el camión de incendios antes de ser pulverizado por el rayo desintegrador que portaba Thorvald, el guardaespaldas manco del blátido. No supieron interpretar que las acciones de Lady Blatterfly constituían un acto de amor. Separaría quirúrgicamente a las siamesas en su recientemente adquirido quirófano móvil. Nunca habían entendido a los blaberus, ¡humanos! Esta separación sería otro de esos actos de amor que las cucarachas gigantes ejecutaban silenciosamente durante su primer período, ignoradas y con mala prensa. Siempre.

Acerca de los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

Herencia – María del Pilar Jorge & Sergio Gaut vel Hartman



Ya no busco el equilibrio, la configuración exacta, un sistema que respete las proporciones de la herida en mi cabeza o el parentesco del muñón (mi pierna izquierda fue seccionada por una dentellada del maldito tiburón azul) con la oscura magnificencia del dolor, esa sensación que me llena de curiosidad y produce un fascinante hormigueo en lo que queda de mi cuerpo. ¿Dice que soy una piltrafa, que no vale la pena seguir viviendo? ¡Se equivoca, amigo! La suya es solo una versión de la realidad; hay otras. ¿Cuáles? Otras a las que accedo mientras duermo, en ésas usted es el lisiado y yo el médico que le ofrece terminar con su sufrimiento. ¿Demente? No, estoy muy cuerdo. Sí, sí, ya sé que mis parientes lloran. ¡Hipócritas! Están esperando heredarme; pero esta noche los mataré a todos en mis sueños.

Acerca de los autores:

Sandwichman contra Clostridium difficile - Esteban Moscarda & Sergio Gaut vel Hartman



Sandwichman, un superhéroe cuya habilidad era transformarse en comida y manipularla, se convirtió en la nueva sensación del mundo. Fruto de un experimento realizado por una prestigiosa cadena de comidas rápidas, de la cual era empleado, Sandwichman no tardó en percatarse de sus poderes y asumió la responsabilidad de combatir el mal. Se presentó en sociedad en ocasión de un robo bancario. Con su traje amarillo y marrón y esgrimiendo varios sándwiches, que arrojaba como si fueran shurikens, logró reducir a la peligrosa banda y salvar el día. El único problema se presentó cuando los bacilos Clostridium difficile rescatados de una caja de seguridad que los cacos estaban abriendo en el momento en que apareció nuestro héroe, se encariñaron con él y lo encadenaron al inodoro. Todavía sigue allí.

Acerca de los autores:

Cambios de tiempo – Sergio Gaut vel Hartman & Guillermo Vidal



Había un loco viajando por el tiempo. Evitaba las catástrofes, los famosos barcos no se hundían, los atentados que desataron tragedias no se producían, las guerras quedaban en meras amenazas difundidas a través de los medios y una ola de insulsa comodidad se extendió por el mundo. Todavía existían el hambre, la pobreza y la injusticia pero los reclamos de los oprimidos no alcanzaban siquiera para forzar la realización de un piquete. Solo un pequeño grupo de insurrectos buscaba una salida y su primer objetivo era encontrar al loco… Lo rastrearon por todos los divertículos del intestino temporal y no les resultó fácil hallar rastros de su presencia. Pero la diosa fortuna terminó apiadándose de ellos. El loco colgaba de una soga atada a una viga en una buhardilla y todas sus incursiones las realizaba oscilando entre el pasado y el presente durante sus últimos cinco segundos de vida.

Acerca de los autores:

El salvador – Eduardo Poggi & Sergio Gaut vel Hartman



La calle estaba tan limpia que parecía un quirófano. Sobre el ancho río de cemento, el aire helado temblaba a causa del calor del cuerpo de Morrison que avanzaba con los ojos en blanco, remedando a uno de esos pistoleros que aparecían en los antiguos films del Oeste. Y del otro lado, demostrando que la temperatura podía producir vibraciones invisibles, el objetivo fosforescente, el maldito invasor extraterrestre que había llegado a la Tierra para esclavizarnos. ¿Podría salvarnos un asesino profesional? ¿Serviría de algo su capacidad para eliminar a otros seres? Imposible. Morrison terminó siendo un pistolero de juguete frente al arma del fosforescente invasor: su capacidad para que el planeta sintiera calor ante las bajas temperaturas. Las vibraciones de las ondas de frío provocaron el desenlace: la Tierra se convirtió en un extenso refrigerador, principal frigorífico del planeta Nilfheim. ¿El postre más apetecido en Nilfheim? Ojos en blanco.

Acerca de los autores:

viernes, 27 de enero de 2012

Feng Shui - Miguel Dorelo


—Papá, papá: hoy vi a un señor en la tele que decía que todos nuestros problemas se deben principalmente al mal flujo de energía debida a la mala disposición de nuestros muebles y la poco feliz elección de sus colores. ¿Y si cambiamos de lugar los colchones, corremos el brasero y pintamos el fuentón donde nos bañamos a ver qué pasa?
—Dejate de pavadas y seguí cartoneando que se nos hace de noche y tenemos como dos horas hasta la villa.

Extraído de: La Cuentoteca

Reflexión total interna - Héctor García


Lo tienen todo planeado. Se reúnen de noche, mientras dormimos. Nadie se ha dado cuenta aún, pero yo los he oído. Sus carcajadas demoníacas los delatan, y también el llanto lastimero de sus niños. Quieren hacerme creer que tanto jolgorio y tanto berrinche proviene de los jardines de mi vecindario, pero sé bien que el verdadero origen de todo ese escándalo es el espejo de mi habitación. Porque el final es inevitable: un buen día, nuestros reflejos sortearán los muros de cristal que separan nuestras realidades, tomarán nuestras vidas y regirán ambos mundos.

El autor: Héctor García

Cataclismo interior - Sergio Gaut vel Hartman & Javier López


Empezó como empiezan siempre estas cosas: demasiado asado, demasiado vino, calor, discusiones. Pero lo que siguió no fue tan rutinario. Una marea de jugos ácidos se agitó entre lábiles defensas, y un tsunami que podría haber competido con el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven inundó las cavidades y abofeteó sin piedad las protuberancias. Se tiró en la cama, pero fue peor: un vómito azul le infló las mejillas y él, incapaz de contenerlo, lo arrojó hacia el techo para recibir, a vuelta de correo, despacho preferencial, una llovizna inmunda que lo empapó. “Justo lo que necesitaba, una buena ducha”, pensó, mientras su corazón colapsaba, su estómago estallaba, y la llovizna se convirtió en chubasco, aguacero, tormenta incontrolable.
Su ex mujer lo encontró al día siguiente. Tuvo la desgracia de pisarlo. No era un hombre, ni siquiera un cadáver, era tan solo un charco extendido en el suelo.

Potencia - Carla Dulfano y Jesús Ademir Morales


Con sus nuevas prótesis el otrora insignificante sujeto caminó ansioso hasta su hogar. Daniel ahorró mucho para las costosas operaciones. No era barato el procedimiento de amputación de extremidades, y mucho menos la instalación de prótesis robóticas. Pero finalmente estaba listo para satisfacer a su ingrata esposa Marta, demostrarle que ya no sería ese debilucho que no podía corresponder a su ardor pasional. Entró en la casa silenciosa y caminó hacia la alcoba: en la penumbra había dos siluetas entrelazadas... Daniel encendió la luz, vio a su esposa con otra mujer, se puso furioso y buscó un cuchillo… Al día siguiente Daniel se insertó extremidades. Ahora era un hombre doblemente atractivo, porque además de las prótesis tenía dos brazos finos y delicados. Se transformó en un seductor y vivió feliz, rodeado de muchas mujeres. En cuanto a Marta y Telma siguen juntas, pero Telma ya no tiene brazos…

Efecto retrógrado – Sergio Gaut Vel Hartman y Guillermo Vidal


Entró a la habitación con un sentimiento de culpa instalado en lo más hondo de su alma. No había hecho nada malo o perjudicial para otros, y sin embargo, tenía la impresión de que su conducta generaba alguna suerte de efecto dominó negativo sobre lo que lo rodeaba. Desparramó las cartas sobre la mesa y empezó a leerlas en orden cronológico. La primera había sido escrita por Adolf Hitler el 29 de enero de 1933, durante la víspera de su nombramiento como canciller. Estaba dirigida a Albert Einstein, otras tres a Marlene Dietrich, y una tercera a mí: “Si me hubiera vendido su máquina del tiempo, Míster Wells, otra sería la historia…”. Recordó cuando invitó al joven Adolf a pasear por Londres, murieron destripadas varias prostitutas misteriosamente, y elogiaba obsesivamente su libro del doctor Moreau y la guerra de los mundos. Horrorizado archivó el proyecto de corregir la historia.

De perros – Mónica Cazón


Admito que esto de ser un insecto tiene sus privilegios. El médico dijo que no sufro de patologías severas; nada de depresión, ansiedad o gula. Tampoco enfermedades cardíacas ni del aparato digestivo. Y como si todo eso fuese poco, puedo copular todo el día y cuento con la absolución del Vaticano que bendice estas uniones.
Claro que el doctor se olvidó de avisarme que mis ojos poseen lágrimas; recién ahora me explico por qué, de tarde en tarde cuando la recuerdo, lloro desconsolado y nadie lo sabe.
Del libro en preparación: PLEXOS

miércoles, 25 de enero de 2012

Lapsus - Carlos Enrique Saldivar


Un hombre está solo en su casa. Es de noche, tiene miedo. Sabe que planean asesinarlo. Está condenado. Esta noche es la última para él. Alguien ha cogido un cuchillo de la cocina. Lo oye, pero ya es tarde. El arma se clava en su pecho y rostro una y otra vez. Por unos segundos logra ver una mano asesina: la suya.

A medio camino - Pablo Moreiras


Sentado ante la mesa negra el niño escribe y escribe sin mancharse las manos, dibuja con los labios mudos las palabras que van coloreando sus ojos, el niño escribe y escribe, inventa y sueña, el niño sobre la mesa negra, con viejas fotos en las paredes que la mañana ilumina más allá del cristal que las protege. Sus dedos a tientas no temen, conocen bien el camino, sin miedo se abalanzan sobre el paisaje, y suenan las teclas negras, sobre la mañana y el mundo lejos, suenan y suenan las manos del niño que ya no se mancha las manos, manos que aún recuerdan el tacto de los lápices, de las ceras y la tierra, manos viejas de un niño que se mesa la barba, y por un momento se siente perdido, a medio camino de su infancia y un poema.

Tomado de: Se vende poesía
Acerca del autor: Pablo Moreiras

Llamada - Alejandro Hugo González

—Bueno, voy para allá —dijo él.
—Te espero —le respondió ella, y cortó. Su voz era muy dulce, inquietantemente dulce.
El hombre sintió miedo. Supo que ese momento era el filo de un abismo; supo, también, que no dejaría de ir. Poniéndose el abrigo, se despidió para siempre de su casa y tomó el camino que lo conduciría al cementerio.



Acerca del autor:

Incomprensible - Paloma Hidalgo


¿Por qué me mira así? Esa sonrisa hilvanada en la tristeza de sus ojos, me deja inerme. Cuando me miran con miedo o con odio es diferente, lo mismo que cuando lloran; con levantar la voz para decirles que se callen, puedo seguir con mi trabajo; pero cuando me agradecen la toalla que les doy con una sonrisa, me dejan como si la ducha fría me la hubiera dado yo. 

Designio divino - Sergio Gaut vel Hartman



Gregor Samsa, resignado a vivir el resto de su vida como un monstruoso insecto, decidió matar las horas escribiendo microficciones. La primera de ellas empezaba así: "Un día desperté convertido en un bello escarabajo y me alegré al saber que Dios me había elegido para empujar barranca abajo a esa voluminosa bola de mierda que los arrogantes llaman 'especie humana'".

Sobre sapos y princesas - Miguel Dorelo

—¡Sapito, sapito, ven acércate, no tengas miedo; te daré un beso en la boca y te convertirás en un bello y galante príncipe! —Llamaba la voluptuosa Princesa contoneándose de aquí para allá.
—¡No le hagas caso, no le hagas caso! —Se escucharon varias voces desde la charca —La zoofílica esta ya nos hizo el mismo verso a todos y acá estamos, igualitos a como éramos.

Basado en un relato de Daniel Frini

lunes, 23 de enero de 2012

Arma secreta - David Moreno


Es la hora señalada. Mediodía, justo cuando el sol se eleva en la vertical, cuando se disputan todos los duelos.
Por un momento pienso en escapar pero aún no puedo.
Desde la zona central, sin apenas mirarnos a la cara, nos damos la vuelta y nos alejamos al ritmo de la banda sonora de la película de “El bueno, el feo y el malo”. Contamos veinte pasos y esperamos el pistoletazo de salida.
Tan pronto como se escucha, descubro que se aproximan a velocidad vertiginosa decenas de balas de distinto calibre.
Yo todavía no he reaccionado.
Pero no saben que tengo el arma más potente. Soy el protagonista y autor de este microrrelato. No puedo morir.

Tomado de No Comments

Encuentro de algún tipo - Alejandro Bentivoglio



Cuando desperté, descubrí que un hombre me observaba atentamente. De inmediato supe que era un fantasma o un sueño. La explicación del evento, en cualquiera de sus variantes, era obvia. El hombre parecía tan sereno como yo y permanecía en silencio. Quizás pensaba que yo podía ser también un espectro o alguna simple fantasía onírica.
Era temprano para ir a la oficina y supuse que tendría un tiempo para meditar sobre las implicaciones metafísicas del asunto, pero entonces mi mujer entró al cuarto y lo interrumpió todo. Supe que no sería difícil que comprendiese la fenomenología del hecho, pero sí complejo explicarle por qué aquel hombre y yo permanecíamos desnudos en la cama, tiernamente abrazados.

Tomado del blog: http://memoriasdeldakota.blogspot.com/

Camino de regreso - Jaime Arturo Martínez Salgado


A punto de ingresar a la celda a purgar su larga pena, el reo hizo un alto. Desanduvo sus pasos, caminó hacia el despacho del juez, luego cruzó frente al cuartel de la policía y desde allí siguió hasta la ominosa calle de las dos de la mañana. No desenfundó el puñal y se tragó la ofensa. Las hojas caídas volvieron a ser mecidas por la brisa, en lo alto del árbol.

sábado, 21 de enero de 2012

Cosas de niños - Xavier Blanco


No he sido capaz de olvidar aquella imagen de Papa Noel agonizando en el salón; ni la mirada de mi hermana observando impasible la escena. Sus ojos ardían y en esas llamas resplandecía humeante la pistola que aferraba entre sus manos. Su voz cándida todavía martillea en mi cerebro: “ese gordo existe, pero yo no he pedido una muñeca”. Para no disgustarla, lo enterramos con el disfraz, el relleno y la barba de algodón; hasta el cura se reía. Ella, ingenua, espera que los Reyes Magos le traigan la bicicleta, pero sigue preguntando insistentemente donde está papá.

© Xavier Blanco 2011.
Tomado del blog Caleidoscopio 
Ilustración: Paul Klee "The Mask" (fragmento)

La promotora – Esteban Moscarda & Sergio Gaut vel Hartman


Trabajaba en una concesionaria de avenida del Libertador. Vestida con su trajecito gris, portando unos ojos del color de la demencia y unas curvas que provocaban fiebre, vendía autos como pan caliente. Más de un empresario buen mozo la invitó a salir, pero ella nunca accedió. Pero una tarde, todo cambiaría para peor. El hombre que entró a la concesionaria parecía un piloto de avión de la Primera Guerra Mundial; estaba vestido con una cazadora de cuero, pantalones color caqui y un pañuelo lila al cuello. Le habló en italiano, tan seductoramente que ella no pudo menos que enamorarse al instante. Él le dio el brazo, ella lo aceptó, y juntos salieron a la calle. Jamás volvieron, y solo un demente que conocía toda la historia de la Fórmula 1 descubrió que el caballero era Alberto Ascari, muerto en Monza en 1955, ahora empleado de planta de Death Inc.


Sobre los autores: Esteban Moscarda y Sergio Gaut vel Hartman

Ilustración: "Celdas difíciles", de Xul Solar

La loba - Sergio Cossa


La madre loba se quejaba:

–¡Demasiadas actividades para una sola noche! Mantengo limpia la madriguera, educo a mis lobeznos, los alimento cuando regresa mi esposo con algunos conejos del bosque… Con suerte me quedarán unos minutos para aullarle a esta fantástica luna llena, antes de que volvamos a ser una común y rutinaria familia de humanos.

Ilustración: "Los Cuatro", de Xul Solar

No será el fin del mundo - Claudio G. del Castillo


–Oye, Fu.
–Di… Dime, Fa.
–¿Me acompañas a destruir la Tierra?
–No jodas. ¿No ves que estoy mirando el fútbol?
–Tú te lo pierdes. ¿Dónde pusiste la bomba de kavrones?
–¿Qué? ¡Ah, sí! En el sótano... Despeja. ¡Despeja!
–Hasta ahorita, Fu.
–¡¿Para qué quieres el tercer brazo, idiota?! No. ¡No! ¡Nooo! –“¡Gol! ¡Gooooool, de Xzotr, marcando de birloro a un segundo del final!”– Mierda. ¡Mmmierda! –“Y Marte, señores, vuelve a quedarse con las ganas ante un Mercurio que supo...”– Supo un carajo. ¡Un ca-ra-jo!... Al demonio. ¡Espérame, Fa!


Ilustración: "Windows walk", de Rob Gonsalves



Acerca del autor:

Colección de monedas - Ana Casale


Dentro del cajón, una caja, dentro de la caja, un cofre de ébano. Espero con ansias. Tus manos de papel, temblorosas, abren el tesoro. Redondas, desgastadas algunas y otras refulgentes. Rescatadas con  palabras para que el olvido no las vuelva a enterrar. Una cascada musical sobre las baldosas en ajedrez negro y blanco. Cada cual encierra un secreto. 1820 es la favorita.  Una mujer la entrega por una cesta con pasteles dorados. Vestidos de muselina y lazo de seda color punzó. Juntos caminamos por esas calles de barro. Buenos Aires de tambores negros. Cada día historias diferentes. Tintinean y caen. Quiero escucharte una y otra vez. Aire de provincia. Tu cuidado amoroso al sacarles brillo y  hacerlas girar en el aire. Cada una tiene tu voz y tu recuerdo. Tus paisajes inventados.
Pero alguien se las llevó creyendo que eran dinero.

Ilustración: "Vuelos mágicos", de Remedios Varo

jueves, 19 de enero de 2012

Ícaro y Dédalo, el regreso – Esteban Moscarda & Sergio Gaut vel Hartman



Asegura el mitólogo tebano Escardamos, que Ícaro y Dédalo fueron los primeros hombres en el espacio, que usando alas de metal y propulsores nucleares se burlaron del Sol y tocaron la cara de las estrellas. Pero lo que no dice Escardamos es que las estrellas, dignas hijas de Max Factor, respondieron a ese toque del peor modo posible y no solo corrieron a los atrevidos a cachetazos, sino que los confinaron a las butacas de los cines, para que pudieran verlas sin tocarlas por el resto de la Eternidad.

Esteban Moscarda
Sergio Gaut vel Hartman

Media naranja - Alejandro Hugo González



—A veces yo también peleo con mi mujer -me dijo el policía con una sonrisa cómplice-. Pero no se preocupe, hombre: siempre vuelven.
Iba a encogerme de hombros cuando se abrió la puerta. Era ella. Entrando a la jefatura, el cuchillo surgiendo de su espalda como una cruel aleta, mirándome con horrible malignidad con su único ojo sobreviviente, serpenteando hacia mí, lanzando sus postreros estertores en medio del asombro de todas las miradas.

Acerca del autor:
Alejandro Hugo González

El encerado - Luisa Hurtado González



La pizarra, completamente llena de letras y números, se extendía ante sus ojos como un universo lleno de promesas, mágico. Y ella, sentada en su pequeño pupitre, esperaba que la profesora señalase a aquél que haría el trabajo que tanto deseaban: borrar el encerado.
Un instante se extendió sobre sus cabezas, un segundo eterno que se repetía todas las mañanas antes de que se iniciase la clase, un momento que siempre terminaba cuando aquel dedo poderoso señalaba a alguien, el mismo índice que la eligió a ella aquella mañana de lunes.



Luisa Hurtado González

La Hormiga - Alejandro Jomar



Hubo una hormiga que conoció la escritura; pero su colonia lo rechazó por no ser un trabajador como los demás. Empezó a escribir epopeyas, novelas y teatros hasta que un día renovó su escritura haciéndola tan diminuta como su tamaño creando así un nuevo estilo. En su nostalgia antes de morir pensó que era la única diferente; pero al día siguiente de su deceso, aunque le hubiese gustado saberlo, la colonia decreta dos horas diarias para leer y escribir. La hormiga cansada de todo tocó el acordeón y expiró.

martes, 17 de enero de 2012

Sobrepeso - Fernando Puga


"¡No deje pasar más tiempo! Con nuestro método baje hasta diez kilos por semana. ¡Inigualable! Llame ya y recibirá un descuento especial. No lo deje pasar. ¡Esta es su oportunidad! ¡¡Llame ya!!"
Cuando la soga se cortó al patear la silla el mensaje publicitario resonó en mi cabeza amoratada. Llamé al cero ochocientos.

El poder de los sueños – Guillermo Vidal


Soy feo, enorme y estoy solo. De todos los seres que yo puedo ver, los pájaros son mis favoritos pero debido a mi condición no se me acercan.
Si me quedo en la ventana el tiempo suficiente y mi mano extendida tal vez algún pájaro compasivo se detenga un momento para comer de mi mano y de esta manera alegre mis días y yo pueda completar mi sueño. Es todo lo que pido.
Una diosa enternecida se compadeció y envió a un ave a deleitarlo. Y mientras el pájaro con el filoso pico escarbaba en su palma rasgó con saña la carne para beber de su sangre. El gigante cerró la mano instintivamente aplastándolo.
—Vaya que crueles y frágiles son los sueños, después de todo no es tan malo ser un ogro —agradeció él, que siempre se lamentaba por ser un monstruo.

El que avisa no es traidor – Sergio Gaut vel Hartman


EMPRESA EXTERMINADORA ZABÍT CHYBY S.A. Eliminamos todo tipo de insectos, incluyendo especies mutantes. Atención especializada a todos aquellos hogares interesados en nuestros servicios que carecen de las correspondientes alimañas. Disponemos de un amplio surtido de artrópodos, odonatos, ortópteros, lepidópteros, dípteros, hemípteros, coleópteros, himenópteros y blátidos. Abierto las 24 horas los 365 días del año. Socio Gerente: Gregor Samsa.

Viaje interplanetario - Eduardo Poggi


Las instrucciones escritas colgadas atrás del escritorio del general anticipaban la tragedia: “El viaje a Marte resultará un fracaso desesperante si, por causa de los marcianos, perdemos el orden de las palabras. Ni siquiera servirá una segunda expedición”.
—¿Por razón qué, general —dijo el astronauta recién llegado de Marte—, dice no serviría que volver?
— ¡Y de qué serviría, Lerchundi! ¿Para que se desordene aún más el idioma? ¿Usted es estúpido?
—¡Sí, general señor! Pero insisto: de volver tratemos.
—¡Imbécil! ¿Para qué quiere volver, Lerchundi? ¿No se da cuenta de lo que ocurre? Al menos: ¿sabe si esto es contagioso?
—¡No señor lo sé, General!
—¡Cómo que no lo sabe, idiota! ¡Fusílenlo a este, antes contagie de que me!

domingo, 15 de enero de 2012

¿Por qué ahora? - Sergio Gaut vel Hartman

Se arrastraba buscando comida entre las ruinas de lo que en otros tiempos fue un lujoso centro comercial. La vida se había puesto imposible después del ataque viral masivo de los iraníes y la consiguiente epidemia de peste bubónica mutada de 2012, calamidades seguidas por el descongelamiento de los casquetes polares, el terremoto grado nueve y el devastador tsunami de 2013, a lo que se sumó la sequía global de 2015. Ni siquiera sabía qué lo impulsaba a sobrevivir o qué sentido tenía esforzarse por hacerlo. Ese día estaba hurgando una vez más en el boquete que comunicaba con el depósito de alimentos envasados cuando un ruido espantoso rasgó el silencio sepulcral. Alzó la vista y lo que vio en el cielo lo dejó pasmado.
—¿Por qué ahora? —musitó al contemplar la enorme mole de la nave que flotaba sobre su cabeza.

Medicina alternativa – Héctor Ranea

—La era de excelencia en medicina humana está apenas empezando —dijo Wald—. ¿Le paso vino, Gurz?
—Sí; gracias.
—Como decía, hace poco logramos la lobotomía no invasiva con aspiración de determinados vehículos.
—Sí; ¡esto está delicioso! Realmente, cocina todo muy bien, Wald.
—Claro, por cierto. Después, la reproducción de piernas, manos y diversos otros apéndices.
—Sin comparación con los naturales, diría yo.
—Bueno, pero cumplen sus funciones. Y ahora, este logro decisivo: el hígado sintético humano. ¡Casi diría que llegamos al apogeo, si eso no sonara pesimista!
—Todo lo que quiera Wald, —dijo Gurz—. Pero así como los apéndices humanos naturales tienen mejor sabor, el hígado sintético es demasiado grasoso, qué quiere que le diga.
—Sí. Pero bien que se está comiendo el guiso ahora, ¿no?
—Para el hambre, estimado amigo, no hay pan duro.

Sombra - Jaime Arturo Martínez Salgado

Había jugado de todo… y todo. Pero con aquellas cartas que apretaba en su mano, de seguro ganaría la partida. Frente al hecho de que ya nada tenía, jugó su sombra…y la perdió. Ésta acostumbrada a la luz de los garitos, al aroma del ron y los cigarros decidió ahorcarse junto a su viejo dueño, cuandose enteró que pasaría a manos de un herrero.

Recambio tecnológico – Guillermo Vidal


—Mutila a sus víctimas reemplazando las partes cortadas por piezas tecnológicas —dijo el inspector leyendo el informe.
─Con tecnología de punta es más exacto. Mi intención era mejorarlos y si mueren es por la baja calidad del material original, las fallas no tienen nada que ver conmigo. Yo sobreviví a los cambios y estoy cada vez mejor ─dijo mostrando sus extremidades y cuerpo─ solo restan cambiarme unas pocas piezas. El sustrato biológico es muy frágil, se corrompe con facilidad, muere pronto, huele mal. Las virtudes no pueden arraigar en un material tan espurio, es la razón de tantos males en el mundo; la materia biológica con sus urgencias es la que impide que no focalicemos y mata antes de que alcancemos nuestro potencial.
─Su lógica parece impecable —dijo el inspector sacó el arma y disparó hasta que dejó de moverse—pero tampoco sus repuestos son tan buenos.

El circo Ítaca - Xavier Blanco


Emerge majestuoso, como una nube sin forma definida. Su sombra de palisandro avanza calmosa eclipsando el pueblo. El sol del austro centellea en su lomo. Es el mítico caballo de Troya, único carromato del Circo Ítaca, que penetra fastuoso en la ciudad. De sus entrañas descienden artistas y animales: el adivino Calcante, Penélope - que teje incansable la carpa infinita de colores mágicos-, el Ave Fénix, la lira de Orfeo, la Maga Circe y la Hidra, el monstruo de cincuenta cabezas. Los niños aplauden el vuelo majestuoso de Ícaro y al forzudo Hércules mientras los Centauros disparan sus flechas. Al finalizar la función, Caronte, que realiza las tareas de acomodador, acompaña a los presentes a la salida mientras los niños corretean por el laberinto. Todos saben que siete mancebos y siete doncellas perecerán bajo las fauces del Minotauro. Resuena un tenue canto de sirenas, de color blanco incierto; se desvanece el caballo metamorfoseado monte. En la lejanía anida lo enigmático, la infinitud, tal vez el miedo. Ahí, en el límite de la fantasía, llueven pompas de jabón.

Tomado del blog: Caleidoscopio

viernes, 13 de enero de 2012

El universo conspira – Sergio Gaut vel Hartman & Esteban Moscarda




"Cuando tú quieres una cosa, todo el universo conspira para que realices tu deseo”, dijo el filósofo. Por ese motivo, Aparicio da Fonseca se apareció en la puerta de la casa de Paulo Coelho, dispuesto a asesinarlo, envidioso de los millones de libros vendidos por el escritor.
—Buenos días —dijo Aparicio, que ponía la buena educación por delante de todo.
—Buenos días —respondió Paulo limpiándose la boca con una página arrancada de El Código da Vinci.
—Vengo a matarlo.
—No creo.
—¿No cree? Crea. Pero mi odio es de tal magnitud que antes quiero verlo sufrir un poco. Así que lo voy a torturar, de la peor manera: lo haré protagonista de mis espantosos libros futuros, semejantes a los suyos, llenos de frases robadas a las galletas de la fortuna. Seré rico, mediocre, pero rico. No me lo agradezca: agradézcale al universo…

Amor sangriento – Christian Lisboa & Sergio Gaut vel Hartman



La encontraba todas las madrugadas comprando mawinkles para alimentar a los kiwels, sus mascotas aladas, en el pequeño strakws de la calle Diamante. Él sabía que los monstruos debían ingerir sus mawinkles antes del amanecer, a la luz de las cuatro lunas, pero no lograba acostumbrarse a las manchas de sangre y las huellas del maltrato al que la sometían las bestias. Era tímido y tardó en atreverse a intervenir. Cuando finalmente lo hizo y se dirigió a ella respetuosamente, tratando de que no tomara su advertencia como una intrusión, se llevó una doble sorpresa. La primera cuando la muchacha pareció recibir sus comentarios con simpatía, como si realmente estuviera cargando con un peso excesivo y apreciara lo que él decía; la segunda cuando ella soltó a los exóticos animales para que le arrancaran los ojos, porque en ese momento tuvo que admitir, finalmente, que no lo amaba.

Los autores:
Cristian Lisboa
Sergio Gaut vel Hartman

No asistiré al funeral – Gabriela Baade



El día de mi boda, una nube oscureció el sendero de hierba por el que mi vida había transitado hasta ese momento.
Mientras bailaba el vals con mi padre, un temblor súbito, tenue como el aleteo de una mosca antes de posarse en la letrina, me distrajo de la situación. Lo vi y grité: ¡basta!
Mi esposo, peinado a la gomina y con un clavel en el ojal, se atragantó con un chorizo. Mi tío Ernesto, en un intento de salvar a mi marido, le dio una patada en el medio de la panza. Mi tía Carmela se enganchó una uña en el mantel cuando quiso correr para evitar el crimen.
Abandoné la pista, el salón, la ciudad y partí con él, mi nuevo amor.
Y aquí estoy, en esta vasta habitación, jugando al fideo fino con mi amante imaginario hasta el fin de mis días.

La autora: Gabriela Baade

Matte Kudasai – Héctor Ranea


Escuchábamos Matte Kudasai por un trío de Jazz cuando comenzó la lluvia, que cada vez se hizo más intensa. Venía la sección que corresponde a “pain, like the rain that´s falling” “el dolor de cómo está cayendo la lluvia”. Ella me dijo: “tengo que irme.” No le contesté, la música me decía todo lo que debía decirle, pero no podía decírselo. En su cara una sonrisa triste me anticipaba que su partida era forzosa, ya no podía impedirla aunque yo supiera que si de mí salían las palabras que tenía en mis poemas, ella se quedaría. Matte Kudasai. Pero no pude decirlas. Prendimos el último cigarrillo y antes de darle una pitada, ella salió. Llovía: pero la lluvia, por supuesto, no la mojaba.

El autor: Héctor Ranea

miércoles, 11 de enero de 2012

Traición - Carlos Rodríguez Arévalo


Más allá de lo que había pasado, lo que no le pasaba por la cabeza era cómo esa persona lo había traicionado. Entendía los motivos, entendía los incentivos, entendía el plan, el proceso y el resultado, pero no entendía por qué ella, por qué su propia persona, por qué habría ella de haberle tendido esa trampa.

Tomado de Microtexteando

Sobre el autor:
Carlos Rodríguez Arévalo

Variaciones sobre el arte de no decir nada - Alejandro Bentivoglio


La resistencia inútil de pensarse en la flor de lo pretensioso. Creer de algún modo que juntar palabras tiene efectos irrevocables. Pero no, no los tiene. Existen efectos de causas demasiado previsibles. Está la posibilidad de hacerlo todo mal y después fingir premeditación.
Porque aunque el tiro se nos no haya escapado accidentalmente, aún así existe la posibilidad de haber cometido el crimen perfecto.


Tomado del blog: Memorias Del Dakota

Alejandro Bentivoglio