martes, 30 de julio de 2013

Reacción en cadena - Isabel María González


Después de varios días caminando a trompicones, se detuvo. Ese ritmo frenético y constante, ese círculo vicioso inacabable, un día y otro día, habían acabado con sus fuerzas. Sabía muy bien lo que eso significaba para sus seguidores que dependían de su ritmo acelerado y de su fuerza para seguir existiendo: se rendirían también. Esa sensación de ser imprescindible le había agobiado toda su vida, demasiada responsabilidad.
¡Se acabó! pensó, abatido, el segundero viendo con impotencia cómo, inevitablemente, se paraban también las otras manecillas.

Sobre la autora: Isabel María González