sábado, 27 de abril de 2013

Madrugada en Mirlo Herido – Sergio Gaut vel Hartman


—El servicio de cafetería ha sido desactivado —dijo Luther contemplando a Macro King con su expresión más sardónica—. Son más de las tres
—No quiero café —replicó el sepulturero—. Solo quiero que me regales a tu mujer.
—¿Solo eso? Acepto… con la condición de que te lleves también a mi suegro, el viejo Cuernavaca.
—De acuerdo. Supongo que no objetarás que lo cenemos durante las celebraciones de Lázaro Mamón.
—No solo eso. Cebra estará encantada de comerse al padre. Hace años que…
—¿Cebra, dijiste? ¿Tu esposa se llama Cebra?
—Sí. ¿Qué tiene de raro?
—Mi primera mujer se llamaba Cebra. Era una harpía. Me asesinó por lo menos trece veces.
—¡Qué tipo quisquilloso! Entonces, ¿te sirvo un café?
—Sin azúcar, por favor.


Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

2 comentarios:

Carlos de la Parra dijo...

Ultra moderno y ultra fronterizo.
Traspasa dimensiones en un derroche de humor vestido de sarcasmo.
Nos recuerda que hay muertes que son de celebrarse.
Bravo maestro.

El Titán dijo...

Cada vez más delirante. Me encanta...