sábado, 28 de abril de 2012

Nirvana – Sergio Gaut vel Hartman


De pronto, inesperadamente, se sintió feliz. Dejaron de importarle las cuentas impagas, que su mujer lo hubiera dejado por uno veinte años más joven, que sus hijos ni lo saludaran, que su vida, en síntesis, fuera una porquería. Me siento tan raro que ya ni tengo ganas de suicidarme, reflexionó. En efecto: había alcanzado una suerte de Nirvana, una especie de estado de lasitud, tan calmo y prolongado que invitaba a pensar que duraría eternamente. Ni siquiera llegó a enterarse de que se trataba de una simple alteración perceptiva y que había durado lo que tardó en pasarle por encima un camión cisterna de treinta toneladas cargado de propileno licuado.

Acerca del autor: Sergio Gaut vel Hartman

2 comentarios:

Javier López dijo...

Wow.

El Titán dijo...

terrible: hay veces que yo me siento así pero no tengo la suerte de que me encuentre un camión cisterna...