sábado, 28 de abril de 2012

Para escuchar el tren nocturno – Héctor Ranea


Escucho el silbato lejano del tren de carga. Se le oye solitario. Todas las semanas, alrededor de la medianoche, pasa por una ciudad poblada sólo de fantasmas, porque todos casi están durmiendo. Están los que duermen solos, como yo, los que duermen acompañados del misterio de su cárcel cotidiana. Las mujeres no duermen: preparan pan, unas, otras aflojan las sábanas de las camas. Cuando reciben a los fantasmas allí, tienen que dejarlas en el piso. Nosotros sólo escuchamos, primero el pitido del tren, luego a las mujeres gimiendo. Puede ser que el tren tenga pasajeros pero nosotros, en el cementerio ya no vemos, no caminamos. A nuestra muerte no le escapamos como los fantasmas. Será el tren o la falta de memoria o que tal vez nuestros fantasmas nos abandonan en la tumba, durmiendo o escuchando inmóviles.

Acerca del autor: Héctor Ranea