domingo, 18 de enero de 2009

Estruendo - Edilberto Aldán


ESTRUENDO
Edilberto Aldán

Inició como un intercambio casual acerca de la naturaleza divina, ideas sueltas para llenar los huecos en que se empeña el silencio; pronto se fueron uniendo otros a la conversación con argumentos más intrincados, con opiniones que diferían apenas en un matiz pero que en la discusión relucían como hogueras altísimas.
Los escépticos fueron relegados por los inquisidores a quienes se les hacían espuma en la boca las palabras imagen y semejanza. Cuando llegaron los recién conversos envueltos en el fanatismo ya nadie escuchaba. Hasta que las palabras fueron sólo un ruido de jauría.
El estruendo de la discusión lo alcanzó todo, hasta llegar a Dios, quien cansado de escuchar las múltiples variaciones de la misma idea equivocada, mandó el diluvio, y dejó sólo a dos de cada especie, todos ellos mudos.

La señorita Macutta - José Luis Vasconcelos


LA SEÑORITA MACUTTA
José Luis Vasconcelos

La señorita Luca Macutta era lunarmente pálida, de ojeras como chicozapotes y solapas llenas de caspa. Recorría nuestras calles con un arcángel vivo atado a una correa.
Desplumaba a su mascota tan serenamente, con tal candor y destreza, que el corazón se encogía de gozo al verla.
El barrio ya no es el mismo desde que unos tronos se la llevaron acusada de plagio y abuso angelofóbico.
La señorita Luca Macutta jamás hizo daño a nadie. Era experta en despiojar querubines, coleccionaba infartos y vendía almohadas de plumas crepusculares para dar de comer a fakires.
El niño ciego cruza la avenida, lleva a su lazarillo atado a la muñeca. Con los ojos como chicozapotes y más piojos que plumas, el arcángel casposo conduce al pequeño con tal destreza y candor que cualquiera diría que la señorita Macutta regresó a las andadas...

Evidente - Arlette Luévano


EVIDENTE
Arlette Luévano

—Y ella se paseó desnuda por la ciudad.
—¿No la vieron? ¿Cómo fue que no la vieron?
—Todos la miraron, y recordarán su imagen hasta el fin de sus días.
—¿Y por qué saltó?
—Nadie le dirigió la palabra.

Avatar - Javier López


AVATAR
Javier López

Él había visitado alguna vez mi blog, dejando amables comentarios. Me pareció un tipo educado, correcto, reflexivo. Un buen tipo. Pero aquel avatar en su perfil no me resultaba agradable.
Un tiempo después, sin haberle yo contestado, dejó un nuevo comentario. Le extrañaba que no hubiera aceptado la invitación de visitar su página y que no contestara a algunas preguntas que me dejó. Le respondí:
—Hola, me gusta tu manera de escribir, compartimos muchas ideas, gustos... Pero —espero que no lo tomes como algo personal— hay algo que me incomoda en tu bitácora: siento cierto rechazo por tu avatar. No entiendo cómo has podido elegir algo así. Es desagradable, es feo, es desafortunado, es...
—Es mi fotografía —respondió al poco tiempo.

Tomado de http://www.meriendaenelparque.blogspot.com

Los años - David Lagmanovich


LOS AÑOS
David Lagmanovich

Los años te han tallado, perfilado, modificado. Tu marmórea belleza ya no es tal. Si te observo con cuidado, encuentro detalles que hace años no hubiera tenido en cuenta. Es explicable: pasaron los entusiasmos de los años jóvenes. Mis emociones de ahora no son aquéllas que nos exaltaban. Estoy harto de ti y quisiera ser capaz de arrojarte por la ventana. Tú no sufrirías. Yo sí, pero mi actitud es justificable. En un rincón del taller, aun cubierta con un lienzo, simbolizas mi mediocridad como escultor.

De Menos de 100 (2007)
Tomado de http://convozpropiaenlared.blogspot.com/

Martes Trece - María del Pilar Jorge


Emilio era muy cuidadoso. Había tomado todos los recaudos para evitar cualquiera de esas catástrofes que suelen producirse en un martes trece. Tal vez por eso, a pesar de todos los augurios nefastos, ése había sido un día tranquilo. Su jefe le ofreció un ascenso y Estela, la rubia de contaduría, le dedicó una tenue sonrisa. Al final de la jornada, después de dejar todo meticulosamente ordenado en su oficina, salió a la calle. Esquivó una escalera apoyada contra una pared (uno nunca sabe), y —con una sonrisa payasesca en su fofo rostro— encaminó su marcha rumbo a la paz hogareña. No era cuestión de andar dando vueltas por ahí, para que lo atrapara la desgracia.
Lo último que escuchó fue el repentino bocinazo del auto que dobló de contramano.

viernes, 16 de enero de 2009

Noche - Eduardo Abel Gimenez


NOCHE
Eduardo Abel Gimenez

Métrica esponjosa.
Mármol de Carrara.
Tos. Ginebra.
El sol es calculador.
No se acuerda de la estepa, no sabe dónde vive. Camina dando vueltas a la manzana y espera llegar a alguna parte. Eso cuando sale. A la mañana siguiente ya se olvida de las grandes decisiones, del potencial, de la palabra potencial, de las decisiones pequeñas. Sólo es la mañana, como antes fue la noche, y ninguna lleva a otro lado que el regreso a la misma calle, a la misma vereda, a la única ventana del edificio tras la cual hay una luz prendida.

Tomado del blog Mágica Web

Noticias de terror - Sergio Gaut vel Hartman


Terrible caos en Fantalandia. Los magos y hechiceros se tragan las fórmulas de las pociones y los conjuros y se niegan a cagar, mientras cientos de doncellas son violadas por caballeros eternamente despechados, y bandas de dragones salvajes se lanzan en picada e incendian los castillos. No obstante, todo esto resulta una bagatela ante la afirmación del sindicato de héroes en el sentido de que no actuará si a sus afiliados no se les aumenta el sueldo en un sesenta y seis por ciento y no se resuelve de in-me-dia-to el tema de la obra social.

Pediculosis - Carlos Feinstein


PEDICULOSIS
Carlos Feinstein

Otra vez llena de piojos; ya no sé qué hacer. Te das vuelta y tiene la azotea llena de paseantes. Ya está contaminada de nuevo, y son de la peor clase. Perdí la cuenta de las veces que le realicé el tratamiento contra esta plaga ¡Que desperdicio de mi tiempo!

Bueno preparemos una buena lluvia de asteroides para limpiar a la estrella amarilla de toda la inmundicia que se propaga por su sistema planetario.

Sobre el autor: Carlos Feinstein

Actos cotidianos - Lilian Elphick


ACTOS COTIDIANOS
Lilian Elphick

Vino la Muerte a verme, la dejé entrar, le serví té con galletas, después le mostré fotografías familiares. Hablamos de tantas cosas, también nos reímos de otras. Cuando oscureció, la acompañé al paradero. No pasó nunca el bus. Tuve que prestarle plata para un taxi porque ella vive muy lejos. A la vuelta, compré cigarrillos y no pude encontrar mi casa; di vueltas por calles que ya me eran desconocidas. Le pregunté a un policía pero él me miró como si hubiese sido un fantasma: salió corriendo. Lo mismo me pasó con una señora que paseaba a su perro y con los repartidores del gas. Han pasado los días y yo aún no doy con mi casa. Más encima se me quedó el horno prendido, y la reja abierta de par en par. Con la delincuencia que hay ahora… Ojalá no pase nada.

En Ojo Travieso (Santiago: Mosquito, 2007).

La moneda de hierro - Paola Cescon


LA MONEDA DE HIERRO
Paola Cescon

Los pensamientos galopan desbocados, el cuerpo, laxo, se entrega al cansancio de tanto camino. La compleja sencillez de resolver si sigo, o acabo. Lo dejo librado al azar. Ella baila mi destino por los aires, las dos contrarias caras en las que estará la respuesta, y cae. Cierro los ojos.
No fuiste el único, Borges, que cometió el peor de los pecados.

Tomado de http://minimoanimaldemente.blogspot.com/

miércoles, 14 de enero de 2009

El agujero - Jordi Cebrián


EL AGUJERO
Jordi Cebrián

Él y su mujer fueron a vivir a la montaña hacía un par de años, y no volverían a la ciudad por nada. Una casa de madera en medio del bosque, cerca de un lago precioso, y mucho tiempo libre para dedicarlo a sus aficiones. Mientras paseaba solo, oyó unos gritos de auxilio, y corrió hacia allí. Un excursionista había caído en un agujero profundo, medio oculto entre hierbas, y no podía salir. "Espere", le dijo, "voy a buscar ayuda."
Al verle llegar, su mujer vio la alegría en su rostro, y sonrió. "Otro más", dijo él, cogiendo la escopeta.

Tomado de http://cienpalabras.blogspot.com/

C. Guera - Mónica Cazón


C. GUERA
Mónica Cazón

Observas. No preguntas. Te vuelves amable y servil. Prefieres ignorar las evidencias. Mantienes la razón virgen y la arrogancia intacta. Encontraste la fórmula perfecta para negar la infidelidad.

Misterio - Miguel Carqueija


MISTERIO
Miguel Carqueija

(Inspirado en el cuento de Malba Tahan)

Los científicos —los físicos y matemáticos— llegaron a la conclusión irrefutable de que el escarabajo no puede volar. No es aerodinámico sino pesado; sus alas son débiles, su cuerpo está lleno de apéndices que estorban. Científicamente es imposible que la criatura vuele. Pero como no sabe nada de estas cosas, el escarabajo sigue volando tranquilamente.

Título original: Mistério
Traducción del portugués: GvH

El escape - Nicolás Blanco


EL ESCAPE
Nicolás Blanco

Debo llegar, no puedo parar ahora; si me importa mi vida tengo que seguir corriendo, no puedo, no debo dejar que me alcance, pensaba Sebastián mientras no le daba descanso a su corazón ni física, ni emocionalmente. Las piernas empezaban a flaquear, el aliento a entrecortarse, el corazón parecía querer salirse de su pecho y descansar en paz; poco a poco se enfrentaba a su peor pesadilla: el cansancio. Él no le temía al cansancio, le temía a lo que le sucedería si su cuerpo lo sufriese y fuera alcanzado por esa cosa que alguna vez tuvo nombre y vida humana.

Aprisionados - Ricardo Juan Benítez


APRISIONADOS
Ricardo Juan Benítez

La misma angustiante rutina. Las rejas se abren siempre a la misma hora. Los paseos en el patio, vueltas y más vueltas, como un ritual. La visitas de los familiares los mismos días de cada semana. Las tareas repetitivas y alienantes. Las peleas para disputar el liderazgo del pabellón. Las duchas escasas. Los piojos, la espera y la angustia.
Las rejas también se cierran a cierta hora. Hasta un nuevo maldito día.
Por lo menos, para él, una vez apagadas las luces termina su tarea en ese infierno.

Golpe - Pía Barros


GOLPE
Pía Barros

Mamá, dijo el niño, ¿qué es un golpe? Algo que duele muchísimo y deja amoratado el lugar donde te dio. El niño fue hasta la puerta de casa. Todo el país que le cupo en la mirada tenía un tinte violáceo.

Tomado de http://www.letrasdechile.cl/

Silencio - Olga A. de Linares



—¡O el chico está loco de remate o no sabe más que decir macanas! Pero yo voy a enseñarle lo que es bueno.
Eso repite el tipo cada vez que pongo en palabras lo que mis visiones cuentan.
Mamá no se atreve a contradecirlo ni a defenderme, el miedo siempre es más fuerte.
Para no lastimarla más, aprieto los labios y, como siempre, aguanto los correazos sin quejidos. Aunque sé que eso lo enfurece más.
Él, en cambio, ignora muchas cosas.
Una es que, al menos por ahora, ha logrado su propósito.
Ya no hablaré del futuro que, a veces, veo tan claramente.
Nada diré, entonces, de lo que le espera mañana cuando, en la taberna, un puñal le borde el pecho con sangre.
Y tampoco sabrá nunca por qué, a pesar del odio, del dolor, del castigo implacable, sonrío.

Error de cálculo - Jorge X. Antares


ERROR DE CÁLCULO
Jorge X. Antares

Chupó su alma como el tuétano de un hueso. Durante mil años había hecho lo mismo y seguiría haciéndolo otros mil años más, y otros, y otros... El cuerpo del hombre se marchitó como un jardín de margaritas en el desierto. De pronto, sintió una punzada en el estómago, y después más dolor. Encorvado, con un rictus en sus labios, no llegó a alcanzar una silla cercana. ¿Qué estaba pasando? Un demonio sólo moría si se comía a otro. No había explicación. A menos... A menos que este Papa...

martes, 13 de enero de 2009

Lego - José Luis Zárate


LEGO
José Luis Zárate

Cuando el castillo Eberhard fue trasladado piedra a piedra, también lo fueron sus fantasmas. Cuando le reconstruyeron, las formas espectrales fueron apareciendo. El que Sir George no tenga cabeza se lo achacan a su muerte y no a un deficiente armado de las piezas.

Matar rojos - Juan Yanes


MATAR ROJOS
Juan Yanes

Era policía. Tenía periódicos accesos de locura durante la noche. Se despertaba cogía la pistola, le metía el cargador y empezaba a gritar y a registrar la casa para matar a todos los rojos de la tierra. Mi madre, mis hermanas y yo salíamos corriendo y nos encerrábamos en una habitación de la azotea, tiritando de miedo, a esperar.

Tomado de http://mquinadecoserpalabras.blogspot.com/

Su monstruo, al fin - David Vivancos Allepuz


SU MONSTRUO, AL FIN
David Vivancos Allepuz

Los diarios devorados en busca de inspiración se amontonaban junto a la papelera, llena de arrugadas cuartillas desechadas. Un tipo de Louisiana se había comido a su compañera, previa sazón de sus partes más insípidas, mientras un duque alcoholizado fotografiaba niñas ajenas en sus nobles dependencias, y un cantante negro, que ni siquiera cantaba ya, se metamorfoseaba en hembra caucásica ante la indiferencia de la opinión pública. Le sacó de su ensimismamiento una enorme mancha de tinta en el papel, incapaz de perfilar el monstruo que debía protagonizar su próximo relato por encargo. El escritor deslizó con mimo infantil la pluma estilográfica, demasiado sucia o rota, sobre el borrón fresco, y le añadió grandes ojos, afilados colmillos y doce patitas peludas. Su monstruo, al fin.

Gentilhombre - José Luis Vasconcelos


GENTILHOMBRE
José Luis Vasconcelos

—Que le vaya bien, señor —dijo la anciana. El hidalgo la vio como si nada y siguió su camino, sin inmutarse.
—Por qué le hablas, madre —preguntó la hija—. Nunca responde ni saluda. Es petulante como todos los aristócratas.
—Las apariencias engañan, querida —respondió la vieja—. No hables así del señor Alzheimer. Recuerda que los caballeros no tienen memoria.

Tomado de http://rojanota.blogspot.com/

Nosotros y la vecina - Álvaro Valderas


NOSOTROS Y LA VECINA
Álvaro Valderas

Laura, exuberante y ciega, dejaba la ventana abierta y entrábamos a disfrutarla; ella creía que era el diablo. Luego limpiaba el pecado con agua bendita. Se mudó a un piso 20, y a nuestro amor le faltó altura.

Ruptura - Ariel Torres


RUPTURA
Ariel Torres

Federica: las razones por las que me he ido a vivir a otro país con la amante que tuve durante los últimos siete años —y su hija Mechi y su perro pequinés Esteban— no tienen que ver contigo ni con nuestra relación, de la que guardo el más dulce de los recuerdos. No te abandono por hastío o falta de cariño. De verdad, te quiero mucho; incluso Josefina te guarda un gran afecto, lo que, por otro lado, reconozcámoslo, es natural. Y hasta Mechi, fruto de su primer matrimonio, agradece los regalos que le hiciste para sus dos últimos cumpleaños. Esteban, incluso, mueve la cola alegremente cuando tu nombre sale en las conversaciones. No es tampoco una cuestión sexual, económica, gastronómica, religiosa, política o kármica. Sinceramente, no sabría explicar por qué te he dejado. Yo mismo me lo pregunto. Que estés bien. Baudelio

lunes, 12 de enero de 2009

Una vida de terror - Angela Schnoor


UNA VIDA DE TERROR
Angela Schnoor

Fea y esquelética, después de la muerte súbita de la hija un cáncer en el intestino debilitó aún más sus fuerzas y las quemaduras de la terapia con radio la obligaron a usar una bolsa coletora externa. Después fue la quimioterapia, las náuseas y la caída del cabello y, cuando el gobierno se atrasó en el pago de la pensión, el hijo la abandonó. La apariencia terrible sólo atraía rechazo y mofa. Se arrastraba por los rincones, casi invisible, evitando enfrentamientos hasta que fue atropellada en la carretera por un camión de basura. Los perros vagabundos dejaron sólo algunos trapos y la bolsa llena de heces.

Título original: Uma Vida em Terror
Traducción del portugués: GvH

El ser y la nada - Saurio


EL SER Y LA NADA
Saurio

—¡Hay vida después de la muerte!
—¡Después de la muerte no hay nada!
—¡Te digo que sí hay vida después de la muerte!
—¡Y yo te digo que no hay vida después de la muerte!
—¡Que sí!
—¡Que no!
—¡Que sí!
—¡Que no!
—Suicidémonos, a ver quién tiene razón.
—Dale.
—Bang.
—Bang.
—¿Viste? ¡Yo te dije!
—
—¿Eh? ¿Dónde estás?
—
—¡Hooooooooolaaaaaaaaa! ¿Hay alguien aquí? ¡Hoooooooooolaaaaaaa...!

Espiando - Héctor Ranea


ESPIANDO
Héctor Ranea

Los rastros que seguía eran claros sólo para él. Como buen baqueano de Gastre, se movía en el terreno de manera que sólo percibía su presencia algún choike pero sin sentirlo como amenaza, porque olía como ellos. Así, la presa no tenía escapatoria.
La mujer lavaba las ropas del herido sin advertir que su perro se había puesto en posición de alerta un par de segundos. Cuando quiso entender qué se movía, vio el paisaje distorsionado por un ala transparente que la inmovilizó. A esta altura el fugitivo era prisionero del espía antes de saberlo. Como corresponde, lo mató. A la mujer la dejó vivir en tanto no lo había visto. El hombre invisible dejó el lugar con un regusto amargo. Haber aceptado el conchabo por la obra social pareció buena idea, pero esto de andar en pelotas por la pampa le estaba haciendo cambiar de parecer.

Con certeza, certero - Sergio Patiño Migoya


CON CERTEZA, CERTERO
Sergio Patiño Migoya

Cuando Tell acertó, el pueblo entero prorrumpió en una ovación que hizo que el gobernador de Altdorf se removiera en su asiento. Eso no era bueno, nada bueno. Levantó una mano para ordenar silencio:
—Wilhem Tell, buen ballestero eres. Demuestra que en vez de bueno eres el mejor. ¡Vendadle los ojos!
La segunda manzana saltó de la cabeza del hijo de Tell destrozada por otra certera flecha. El gobernador, rojo de ira, gritó trampa, gritó engaño, gritó venda movida, gritó sacadle los ojos a ver si la gracia divina guía su ballesta entonces.
Después de cumplida la orden, una tercera flecha voló silbando libertad por el aire y, esta vez, la manzana se mantuvo intacta.
—¡Ha fallado! —dijo el gentío.
—Tal vez —dijo Tell.
La garganta atravesada del gobernador no dijo nada.

Tomado de http://breventosybrevesias.blogspot.com/

El instante siguiente - Almir Pascale


EL INSTANTE SIGUIENTE
Almir Pascale

Siempre me pregunté cómo sería el instante posterior a la muerte —qué sentiría, lo que vería y adónde iría—, y ahora conozco y experimento ese momento. Una impresión de paz, tranquilidad, levedad... e, inmediatamente, a continuación, un bulto negro que golpea violentamente mi cabeza. Otros llegan, juegan, y entre carcajadas, insultos y patadas puedo entender que cada uno tiene su “instante después de la muerte”. El mío, después de todo el odio y dolor que sembré, no podría ser diferente de lo que ahora vivencio. Una especie de portal se abre, ¡todo es oscuridad! Los bultos, después de agarrarme las piernas, me arrastran hacia el portal. Ahora, dentro de él, siento que se mezclan el olor a cloaca y de algo que se quema; de pronto, dolorosamente, percibo que lo que se quema es mi carne, o mejor, ¡mi alma!

Título original: O Instante Seguinte!
Traducción del portugués: GvH