viernes, 31 de diciembre de 2010

Motu improprio - Vladimir Koultyguin


Soñaste con unos ojos que te vigilaban. No te vigilaban; te soñaban y soñaban contigo, soñolientos y voraces de tu carne onírica. No soñaste; vigilabas aquellos ojos, en un momento precioso de temblarte las cejas, provocando un terremoto (¿diríase mejor, visiomoto?) a la meseta que no hay y nunca hubo.

Resignación - Daniel Sánchez Bonet


A Lucía le costó algunos años entender que tanto el amor como la amistad se construían con el tiempo y que, por lo tanto, era imposible que nacieran de repente. Quizá pecaba de soñadora, porque bastaba con echar un ojo a su alrededor para darse cuenta del paso del tiempo. Y es que Lucía ya no era aquella mujercita de la universidad, ni mucho menos. Por fin, aunque seriamente resignada, Lucía tuvo que admitirlo: los flechazos, las almas gemelas o eso de las medias naranjas eran una absurda bobada, una prueba más de madurez. Antes de salir a tomar el fresco, agobiada por la calurosa bienvenida al mundo real, se lo repitió un par de veces más…Segundos más tarde, un chico desconocido le salvó la vida en un cruce de peatones.

Automatismo – Sergio Gaut vel Hartman


Después de operar la máquina que puso en marcha el Apocalipsis, pensó que sería bueno crear otro universo, uno más simple, desprovisto de odiosas criaturas de carne que cuestionaban su existencia y reprobaban sus actos. Lo haré con tres elementos, pensó, bidimensional, fácil de arreglar y manejar. Fue así como creó el nuevo universo valiéndose únicamente del punto, la línea y el plano, tras lo cual se retiró satisfecho a sus aposentos. Esta vez había trabajado un día, por lo que podría descansar seis. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando al regresar, la semana siguiente, comprobó que aquellos tres elementos se habían dedicado a combinarse entre sí y que de la consiguiente proliferación se generaron varios millones de kandinskis.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Morir en el intento - Guillermo Rossini


Escapó. Una loca carrera por la calle principal del pueblo en medio de un cielo sin luna. Loco, aburrido de tanta quietud, de tanto muerto en vida en ese rejunte de casas bajas y siestas eternas. Escapó. Quería sentir el latido de la gran ciudad, aferrarse al insomnio para soñar despierto con otra vida, con otro horizonte que no fuera una línea negra detrás de los sembradíos. Llegó a la ruta y empezó a caminar en dirección norte.
Cuando despertó, supo que había soñado. Una profunda tristeza lo invadió cuando miró por la ventana y vio despertar al pueblo como todos los días. Como cada día. Un despertar lánguido, silencioso. Aterrador. Arrastró los pies hasta el armario de caza. No corrió. Abrió las puertas y cargó la escopeta de dos caños. Miró por última vez la postal de Buenos Aires que le había mandado su primo.
Escapó.

Destino - Esteban Dublín


El hombre desafortunado se ha dado a la tarea de coleccionar amuletos. Su compilación abarca patas de conejo, talismanes, aretes de plata, corbatines, librillos místicos, mierda de paloma, collarines, tréboles de cuatro hojas, monedas antiquísimas, porcelanas de bronce, notas infantiles, flautas celtas, pañolones, pergaminos, pulseras de hilo, especias, medicinas ancestrales, relojes suizos del siglo XV, estampillas, zapatos de goma, sombreros bordados, botellas de anís, porciones de arroz, flechas indias, cojines, cuerdas de lino, cuadros aztecas, fuentes de jardín, atrapasueños, bufandas orientales, cáñamo y cerraduras.
Su suerte no ha cambiado.

Penumbra - J. Ignacio Merlo


Transpiro. Cierro y abro los ojos más de dos veces. Me incorporo, busco objetos que pueda reconocer, y no puedo. Estoy en un cuarto poco iluminado. La puerta tiene una pequeña ranura, en forma de cruz. Me acerco, me asomo, y veo el corredor de un pasillo lleno de espejos. A cada lado del pasillo veo mis ojos reflejados; una suerte de caleidoscopio infinito. Parpadeo lentamente, giro sobre mi; no disfruto la experiencia.

Pienso un instante, vuelvo mis ojos al orificio y veo, ya no el reflejo de mis ojos, sino, el detalle: Mis ojos se han vuelto blancos. Por cada lugar donde miro, veo mis ojos blancos.

Intento volver a la silla donde desperté. Tropiezo una, dos, tal vez tres veces. De pronto, siento una voz, que susurrando me dice “¿Lo ayudo?”

En tal momento, comprendo todo. Mis ojos no son blancos. Mis ojos ya no ven.


domingo, 26 de diciembre de 2010

Espanto - Alejandro Bentivoglio


Me la paso soñando conmigo. Sé que no es agradable, pero no puedo evitarlo. Me han recomendado toda clase de remedios caseros e incluso fui al médico para que me recete algo. El galeno me dio unas pastillas. Ahora dejé de soñar conmigo pero ya no puedo dormir.
Tras largos días insomnes, comienzo a tener terribles alucinaciones en las que me veo mirándome.

Sobre el autor: Alejandro Bentivoglio

Imagen: Devision of Field, de Kinglemon en deviantArt

La lluvia - Alicia Fernández de Polido


Extrañada observó sus manos entrelazadas sobre el regazo. Pequeñas gotas salpicaban lunares transparentes en la pálida piel.
Por un instante sacó su mirada afuera y la dirigió al cielo. Lo vio diáfano y azul.
Entonces comprendió que las nubes habían encontrado refugio en sus pupilas una vez más.

Tomado del blog de autores santiagueños En Los Esteros

Imagen: Take me to your Bleeder, de Kinglemon en deviantArt

Paz y música - Héctor Ranea


Emocionado con la compra de un nuevo grabador de discos compactos, lo probé pero (¡Ay!) distorsionaba. En efecto, traté de grabar el Ruhevoll de la Cuarta Sinfonía de Mahler y me salió “Melodía Desencadenada” en tiempo de Rock and Roll. El vendedor aceptó mi queja e hizo el cambio por otro. Éste también distorsiona, pero fue peor. Toda la música que intento grabar la convierte en “Los Sonidos del Silencio”, pero en silencio.

Sobre el autor: Héctor Ranea

Imagen: A Recent Purchase, de Kinglemon en deviantArt

sábado, 25 de diciembre de 2010

Disyuntiva Divina - Héctor Luis Rivero López


En una segunda oportunidad el creador arrojó a Adán y a Eva a un planeta terciario con un solo sol y una sola luna. Al salir de la cápsula, Eva, hambrienta, lo primero que vio fue una uva y sin pensarlo dos veces la desgarró. Bajo sus pies se produjo un jugo morado y la magia del amor prohibido los rondaba. Adán bebió del vino, lo saboreó en repetidos sorbos y lo compartió con ella. Dulcemente se adormecieron apaciguados.
No han despertado. Nosotros somos sus sueños y pesadillas.


Tomado del blog SIN TON CON SON


Acerca del autor:
Héctor Luis Rivero López

Los pastorcillos - Serafín Gimeno


Una vez acabé en el “trullo” condenado por atraco a mano armada sin violencia. Siempre fui cortés con mis víctimas. En navidad, los presos convencimos a las autoridades penitenciarias para representar una obra teatral adecuada a las fechas: “Los pastorcillos”. Durante los ensayos y en el transcurso de la representación de la misma, construimos un túnel por el que nos fugamos. Nuestra huida desembocó en otro teatro donde también se escenificaba la mencionada obra navideña. Cuando quisimos salir del recinto, nos dimos cuenta que, de igual modo, estaba ubicado en una prisión. Estamos atrapados en el bucle consumista de la navidad, dijo un carterista con dedos de filósofo. Pero si nosotros no hemos consumido nada, le repliqué. Una fuga, me respondió.

La Salvación - Saturnino Rodríguez Riverón


Gordos, altos, flacos, bajitos, al menor síntoma de sismo espiritual corren atropelladamente, disputándose lugar, hacia los templos de la fe. Se arraciman a sus puertas, se amontonan frente a las estatuas y oran, elevan preces, reclaman pedidos urgentes y antes que nada, quieren a ultranza salvar su alma. Pero muchos no alcanzarán la meta. Porque la condición primaria para salvar el alma es tenerla, y falsarios, mentirosos, ruines, traidores, ladrones y semiladrones, hipócritas, alcahuetas, y otros, ¿tendrán realmente alma que salvar?...

jueves, 23 de diciembre de 2010

La salida conduce adentro – Sergio Gaut vel Hartman


Había sido un día duro. Ninguno de sus pacientes lograba resolver los conflictos en los que estaban involucrados. Adoro mi trabajo, pensó, pero a veces absorbe mis fuerzas de tal modo que sólo ansío escaparme, dejar la profesión, vivir en una isla solitaria, alejado de todo. Cerró los ojos y se deslizó hacia un sueño tibio, de arena fina y mar turquesa; el sol estaba bajo en el cielo y la brisa soplaba mansa e indolente, haciendo contrapunto con las olas. Deseó una cerveza bien fría y la tuvo en la mano. Tengo todo lo que necesito, reflexionó. Pero, de pronto, lo sobresaltó una sombra despegándose de las palmeras. Dejó la botella en el suelo a tiempo para ver que cientos de obsesivos compulsivos, ludópatas y drogadictos dejaban su escondite y empezaban a cercarlo. Retrocedió hasta la orilla del agua, pero una idea espantosa lo estranguló: no sabía nadar.

Sobre el autor: Sergio Gaut vel Hartman

Ilustración: "La encantadora de serpientes", de Henri Rousseau

Convivencia - David Moreno


Esta mañana he vuelto a encontrar la tapa del váter levantada. Su excusa es que a esas horas tiene prisa y no se da cuenta.
Claro que debe ser por eso que también deja la pasta de dientes sin tapar, el albornoz sin colgar en la percha, el pijama con las zapatillas esparcidas en el suelo del pasillo camino a la cocina, el tetrabrik de leche fuera del frigorífico, el bote de mermelada sin cerrar y la taza del café, lejos del lavavajillas.
¡Qué desastre!
Esta mañana, además, en la puerta cuelga una nota:
“Cariño, se me acabó el tabaco. Te tomé prestados tus dos últimos cigarrillos. Te quiero.”

Tomado de No Comments

Ilustración: "La gitana dormida", de Henri Rousseau

Partidas frustradas - Luis María Rojas


Hacia veinte años que su vida de extranjero le parecía un espejismo, los paisajes apagados, la música monótona, las mujeres extrañamente ajenas. Cuando regresó después de mucho tiempo se dio cuenta que, en realidad, nunca había partido.

Tomado del blog de autores santiagueños En Los Esteros

Ilustración: "Jardines de Luxemburgo. Monumento a Chopin", de Henri Rousseau

Amor Hi-tech - Eduardo Mancilla


Tenía perfectos pechos redondos. Piernas suaves y largas, perfectas. Su boca era la entrada al cosmos rojo de sus labios perfectos. Sus ojos abiertos al asombro, eran perfectos y su cintura era perfectamente pequeña. Sus contorsiones y movimientos perfectos nacían en mis deseos y vibrábamos hasta el amanecer. No necesitamos amoldarnos a ningún preconcepto porque estaba diseñada para mí, así de perfecta era. Una noche de amor irrefrenable y entregado a ciertos excesos, decidí experimentar con helio y escapó por la ventana. Por la mañana, un vecino me aviso que estaba enroscada en los cables de alta tensión. Lucía perfecta, delgada pero perfecta.

Ilustración: "El sueño", de Henri Rousseau

Demonios - Fernando Puga


Ni la más desmesurada de las fiestas, ni el más placentero viaje alrededor del mundo, ni la refacción integral de la casa, ni una abultada cuenta bancaria, ni el éxito artístico de mis esmeros. Con todo eso: nada.
Nada que detenga la queja.
Y a continuación pretendes que te defienda. ¿Qué te defienda? ¿De qué? ¿De un pobre mozo agobiado de trabajo por falta de personal que se demora en atendernos? Tendrás que cultivar un poco la paciencia… y la confianza. No hay momento en que yo no esté luchando contra tus demonios. Y a veces los espanto; cuando los míos se pierden en el brillo de tus ojos.

Ilustración: "Paisaje exótico", de Henri Rousseau

martes, 21 de diciembre de 2010

Refutación filosófica – Betina Goransky & Sergio Gaut vel Hartman


El doctor Josef Breuer, contemporáneo, maestro y amigo de Sigmund Freud, intentó utilizar una estrategia ajedrecística para desentrañar la patología que aquejaba a Friedrich Nietzsche y, de ser posible, curarlo. Pero no resultó: el filósofo, que era el ser menos lúdico que pueda imaginarse, bloqueó la intentona del medico con el único método infalible: pateó el tablero.

Realidad virtual - Javier López


Su entorno se había convertido en el de un videojuego. Un mundo lleno de seres peligrosos que lo amenazaban desde cada rincón. Por eso Marcos tomó el mando, apuntó a los objetivos con precisión, y jugó su partida definitiva. Los informes policiales hablaron de once víctimas mortales y otros tantos heridos.

Drácula solarizado – Héctor Ranea


Drácula se sentó en el Bar El Castillo en la Plaza Franz Kafka. Su garganta estaba reseca y caliente, tanto que cuando le trajeron su litro de Pilsener al acercársela a los labios evaporó la mitad con su aliento; el fluido fue una mezcla viscosa y salobre que sólo él podía disfrutar. Comenzó la lectura del itinerario kafkiano en Praga. La sed lo estaba matando. No estaba acostumbrado, aunque usaba ropa ligera y de colores claros. Tomó tres litros, así que estaba alegre cuando comenzó la caminata. Pronto estuvo frente a la Sinagoga española. Al ver la estatua que representaba a Kafka no pudo contenerse y se abalanzó contra ese cuello. Tan caliente estaba el vampiro que lo fundió bebiéndose algo más de tres litros de bronce. Sintiéndose mejor, y ante la mirada atónita de los paseantes, se perdió entre los turistas que entraban en el Barrio Viejo.

Problema de comunicación – Sergio Gaut vel Hartman


El Primer Congreso Pangaláctico de Escritores Muertos estaba en su apogeo. De pronto, Ernest Hemingway se calentó por algo que dijo (o pareció decir) O’Lopoliwik, un oscuro poeta de Hu’lilim, el cuarto planeta de Lalande 34534. Del dicho se pasó al hecho. El autor de Adiós a las armas le concedió la palabra a una AK 49 y convirtió a O’Lopoliwik en un montón de átomos dispersos. El Primer Congreso Pangaláctico de Escritores Muertos se fue de cabeza al perigeo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

El alimento espiritual – Sergio Gaut vel Hartman


La visita que le hice a mi amigo, el astrónomo Charles Pheinstberg, especialista en pulsares, casi termina en un desastre. Por lo pronto, no imaginé que el perro de la familia, Sirio, me haría ver las estrellas al arrojarse sobre mí para morderme en los gemelos, ni que me caería en el agujero negro del jardín cuando, con un par de litros de Castel Leverrier, cosecha 98, entre pecho y espalda, quedé más obnubilado que si me hubiera estallado una supernova en la cara. Por fortuna, entre los invitados estaban Ares, el periodista, y Antares, el escritor e ilustrador, quienes me reanimaron leyéndome pasajes del Libro de Urantia. ¡Fue milagroso! No sólo me recuperé de inmediato sino que pude llamar telepáticamente a un par de alienígenas que merodeaban el Sistema Solar para que se unieran a la fiesta. Monx y Minx son divertidísimos. Pero eso lo contaré otro día.

Lobo – María del Pilar Jorge


El lobo, disfrazado de abuela, llamó a Caperucita desde la cama. La niña avanzó con una sonrisa; en la canasta llevaba frutas y golosinas, pero en el fondo, oculto, guardaba un cuchillo.
La descarada bestia no lo sabía, como tampoco que la abuela ya hacía un mes que se había muerto.

Liquidación Navideña - Claudia Sánchez


Un hastío visceral la llevó a vagar aquella Nochebuena con la esperanza de encontrar algún cliente solitario. Las últimas luces se hacían acuosas en la noche londinense, a la hora en que ratas y cucarachas corren libremente por las calles. El aroma a galletas de jengibre brotaba de los hogares envolviéndola con recuerdos de una niñez para olvidar. No podía llorar, se correría su maquillaje. Debía apresurarse si quería encontrar algún rezagado de los bares que le diera un poco de olvido. Retocaba el bermellón de sus labios cuando lo vio en el espejo. El taciturno Jack caminaba a pocos pasos detrás de ella. Se sintió dadivosa. Pensó en ofrecerle compañía al costo de una sangría.
- Hola Jack... tengo un obsequio de Navidad para ti.
- Yo también Polly.


Norte vs Sur - David Moreno


En algún lugar del mundo, atraídas por el inicio de unas suculentas rebajas, corren cientos de personas, para lograr ser las primeras en alcanzar el ofertón, la ganga o el 2x1. Incluso, llegado el caso, si es menester, aplastarán al vigilante jurado de los almacenes.
En algún lugar del mundo, atraídas por un suculento trozo de pan que llevarse a la boca, cientos de personas, trabajan de sol a sol en condiciones inhumanas. Incluso, llegado el caso, si es menester, serán aplastadas por la avaricia del mundo desarrollado.


Tomado de No Comments

viernes, 17 de diciembre de 2010

Promesas- Héctor Ranea



Cuando se me apareció en el estudio, me caí de culo. Alto, trigueño, manazas de gigante, semidesnudo y, sobre todo, color dinosaurio. El tipo, sin decir agua va, me dice, muy suelto de cuerpo:
—Ahora me tiene que satisfacer los tres deseos
—¿De qué carajo hablás? ¿Quién carajo sos? ¡Rajá de acá marioneta de Jalouín o llamo a la cana!
—No. Usted tiene que satisfacerme. Eso dice la tapa del recipiente.
Amagué llamar a la policía pero ¡qué podía hacer yo! pequeña y menuda frente a ese hombrón tremendo. Grité, pero no pude zafar de sus brazos.
—¡Soltame, salame podrido!
El tipo me arrastró afuera y me sacó del departamento. Yo gritaba desesperada pero nadie parecía oírme. Por fin, me sacó del recipiente. Efectivamente, afuera decía: “Genia adentro, sus 3 deseos 3 serán satisfechos. Frote y entre.”
Hacía mucho que no salía de mi hermetismo. Lastimó cumplir, pero poco.

A boca de jarro - Saurio


Tanto va el cántaro a la fuente que al final la gente comienza a tejer todo tipo de conjeturas.
Las viejas chismosas están completamente seguras que el cántaro y la fuente tienen un affaire en el cual el cornudo es el manantial, el marido de ella. Las preocupadas madres de familia, por el contrario, afirman que el cántaro es el dealer de las ninfas de la fuente, las cuales pagan la droga con las monedas que la gente arroja. Los teóricos de la conspiración, por su lado, publican libros en los que se demuestra que el cántaro, la fuente y unos extraterrestres pisciformes de la constelación de Acuario planean derrocar al gran tanque que suministra con agua potable al pueblo.
Pero la verdad es muy distinta.
La verdad es que el cántaro quiere suicidarse, yendo repetidamente a la fuente para ver si finalmente se rompe, tal como lo augura la profecía.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Estos chicos - Matías Orta


Julia lavaba los platos, cuando oyó un chillido proveniente de arriba.
Laurita, pensó.
Al entrar en el cuarto de la niña, se topó con el desastre.
Laurita, arrodillada en el piso alfombrado, descargaba martillazos sobre los restos del gatito nuevo.
—¡Laura Antonia Pelletieri! ¡Me vas a enloquecer!
La nena soltó el martillo, retrocedió a gatas, puso cara de “yo no fui”.
—No lo puedo creer —gritó Julia—. ¿Otra vez lo mismo? ¿Acaso no me escuchás cuando hablo?
Laurita permaneció muda.
—No, claro. ¡Vos no ténes idea de cuánto cuestan estas alfombras! Te dije que podés asfixiarlos con bolsas de nylon.
—Eso es aburrido —dijo Laurita—. Los animales tardan en morir y no hay sangre.
Julia bufó y dijo:
—Yo, a tu edad, prefería las torturas. Y lentas. Pero ahora los chicos quieren todo rápido, y con sangre. O ustedes son muy ansiosos o yo me estoy volviendo vieja.

Día de la madre - Samanta Ortega


Feliz día mamá. ¿Qué me contás de lindo? Ya sé. Siempre te traigo lo mismo, pero esta vez son Orquídeas. No se me ocurre otra cosa. Es verdad, podría pintarte algo, pero hace tanto tiempo que no lo hago que… Ma, no me sigas dando las gracias por haber venido. ¿Cómo no voy a venir, estás loca? Es más, me traje un libro así te hago compañía todo el día. Espero que no tengas otros planes. No te preocupes, vieja, que los niños se quedaron con Elisa.

Y cuando terminó de hablar, colocó las flores sobre la tumba.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Viajero - Sergio Gaut vel Hartman


Philip K. Dick viajó al siglo I con la máquina del tiempo de Henry Hassel después de zamparse una tortilla de Amanita Muscaria y huevos de ornitorrinco. Al conocerlo, Jesús de Nazareth decidió hacerse seguidor de la nueva fe, basada en la conciencia expandida, Nerón empezó la carrera de bombero voluntario y Pablo de Tarso blanqueó sus actividades y pasó de usurero a dueño de una financiera. Todo el Mediterráneo se convirtió en vino y los Alpes, ahora pura miga de pan, se derrumbaron con las primeras lluvias de primavera. Isaac Asimov y la Patrulla Temporal salieron como saetas, pero todavía no pudieron desenredar el enredo que armó el irresponsable y aquí me tienen, escribiendo sonetos y cosiendo pantalones como mis ancestros.