jueves, 8 de agosto de 2013

Contingencia simbólica o el capricho de los dioses - Julieta Lazzini

   

Dicen que un Dios orgulloso, un día descendió a la tierra, sobre el territorio de la India, vio que los terráqueos adoraban a las vacas, y que no había ninguna figura que lo representara a él en ese lugar de la tierra. Con resentimiento se acercó personificado en anciano a un niño descalzo, que observaba fascinado, un ritual por el nacimiento de un becerro.
Le preguntó al niño hindú:
—¿En qué te gustaría reencarnar en tu próxima vida?
El niño respondió: —Me gustaría ser una vaca.
—¿Una vaca? ¿Estas seguro?
—Sí, las vacas son sagradas, deambulan en libertad, son adoradas por todos, brindan su leche y nutren a la humanidad, además son muy resistentes a las condiciones de sequía y son fuertes.
El Dios orgulloso le cumplió el deseo al niño hindú que reencarnó en vaca pero nació en la Argentina.


Acerca de la autora:
Julieta Lazzini