sábado, 10 de agosto de 2013

Errabundos en los desiertos dejados por Homero – Héctor Ranea



En sus múltiples intentos por llegar a Ítaca, Odiseo se topó, cuándo no, con varios personajes, el mayor de los cuales resultó ser el Judío Errante, quien le inventó un nombre que Odiseo olvidó prolijamente. Pero cuando el más famoso de todos los errabundos encontró a Teseo, se espantó, pues creyó llegada su hora para el Tártaro. El héroe del Laberinto le confirmó que seguía vivo por haber vuelto a Naxos a tiempo con Ariadna, pero que desde aquella memorable batalla contra el toro demediado, había quedado sordo.
—El laberinto es confusión acústica, hermano de Ítaca —explicó.
Sordo, pero venerable viejo, el hijo de Egeo caminaba con el paso de los que han perdido su amor para la eternidad.
—¿Acaso has visto a Ariadna? —preguntó con desconsuelo.
Odiseo con premura alzó la vela y dejó esa playa. La cercanía de los muertos lo angustiaba demasiado.

Sobre el autor: Héctor Ranea