jueves, 6 de noviembre de 2008

Con prisa y presa - Viviana Comeron


CON PRISA Y PRESA
Viviana Comeron

Sigiloso, luego de escudriñar cada rincón, atrapa una lombriz. La presa se retuerce en vano esfuerzo por sobrevivir, ya es tarde. Las garras se clavan con saña en su esquelética figura y por los aires pasea ahora protegida de otros hambrientos. El halcón no soltará su bocado. Sólo plegará las alas para saborear, complacido, un cierto gusto a tierra húmeda.
Delicioso.

Libros letales - Jordi Cebrián


LIBROS LETALES
Jordi Cebrián

Me leyeron el futuro, y me informaron de cual iba a ser el último libro que leería antes de morir. Se trataba de una obra menor de Joyce, quien nunca me había interesado. Pese a todo, me hice el firme propósito de no leer jamás, por si acaso, nada de ese autor.
Han pasado muchos años. Conocí a una mujer excepcional, de la que me enamoré. Es doctorada en literatura, especializada en Joyce, e insiste en que debo conocer toda su obra. Me avergoncé de contarle mis miedos, y, por amor, arriesgo la vida leyendo los libros que me recomienda.

Espera - María Castejón


ESPERA
María Castejón

Espero entre las flores. Espero con la lluvia en el rostro. Espero mientras el invierno me abraza. Espero con mi deseo dentro. Espero bajo el sol del estío. Espero cuando las hojas cubren los caminos. Espero con relojes ciegos. Espero con nostalgia y ansia de ti. Espero sabiendo que volverás pronto. Espero tu venganza y tu ira. Espero tu venida y mi comunión: seremos uno, seré un mártir por ti.

Luna - Walter Böhmer



—La luna ya viene.
—Ya te dije que no me importa.
—A todos nos llega la luna, a vos, a mi o a Shartak.
—¿Es que nadie entiende que yo no quiero ser como ustedes? ¿Nadie entiende que quiero poder andar con esta apariencia por los campos, poder correr libre? ¿Nadie entiende que la luna me tiene sin cuidado? Quiero quedarme así por siempre.
—¿Pero qué estás diciendo? Que no te escuchen porque vas directo a la jaula, eso que decís es blasfemia.
—Mi Señor... ¿por qué no entienden que prefiero andar como lobo y no como humano?

Parodia - Alejandro Bentivoglio


PARODIA
Alejandro Bentivoglio

Tal vez cumplía años ese día y su padre había contratado un par de payasos, pero ahora sólo uno de ellos, el alto y delgado estaba en el jardín con los otros niños, pero Lorenzo, que era él, no estaba viéndolo porque quería saber adónde estaba el otro, el torpe y maloliente. El que tenía una lágrima azul pintada en su cara blanca.
Lorenzo entró a la casa y en la cocina vio que el payaso gordo hacía el amor con su madre. La madre de Lorenzo tenía unos cuarenta años bien llevados. Él pensaba que era hermosa, pero también que había algo de grotesco en la forma en la que sus pechos regordetes se balanceaban mientras el payaso jadeaba.
No supo qué decirles y se fue. Su padre nunca entendió por qué él odiaba tanto a los payasos.

Medidas extremas - Ricardo Juan Benítez


MEDIDAS EXTREMAS
Ricardo Juan Benítez

Había planificado absolutamente todo. Sabía a que hora saldrían para la fiesta. Cronometró las rondas de vigilancia. Tenía un plano del cerco perimetral y de todas las plantas de la mansión. Incluso su informante le había dado una descripción precisa de la instalación de las alarmas. La marca y el modelo de la caja fuerte. Los perros guardianes los había neutralizado con dardos soporíferos. Además, tenía su ruta de escape.
Quién podía imaginar que aquel desgraciado dejaría una víbora yarará dentro de la caja de caudales como último recurso.

Últimos - Nicolás Bal


ÚLTIMOS
Nicolás Bal

—Vamos a salvar a la humanidad —dijo el último hombre sobre la Tierra.
Y le hizo el amor, por última vez, a la última mujer.
—Cuídate —le dijo antes de morir—, porque en ti dejé una semilla.
—Hemos perpetuado la especie —ella lo miraba, imaginando el futuro.
Faltaba agua.
El mundo se secaba.
El viento se llevaba todo.
Pocos árboles y plantas resistían tal sequedad. Lo único que abundaba eran las manzanas. Manzanas verdes. Manzanas rojas. Manzanas que una voz oculta y admonitoria le ordenó al niño, mil veces, que no comiera.

martes, 4 de noviembre de 2008

Josafat - José Luis Zárate


JOSAFAT
José Luis Zárate

Josafat está harto. Sabe lo gris de su vida y lo acepta sin rechistar. O al menos eso se dice mientras deja pasar las horas por los rieles de la rutina: "Soy como todos". Eso es su sustento. Pero no lo es. Está planeando un asesinato. Josafat no tiene conciencia, los seres como él únicamente poseen costumbres y estas se han roto. Alguien las ha roto, con sus juicios tajantes. Josafat no puede soportar ver su faz insignificante. Es por eso el arma extraña en sus manos, la decisión que ha juntado a lo largo de los días, el cuarto cerrado a la hora señalada para el crimen. El apuntar cuidadosamente. El disparo...
¡El disparo! ¡maldición! ¡me ha dado!... Carajo... quiere... matar... al... al... narrador... omnisciente...
... yo...

Como una colilla - Juan Antonio Fernández Madrigal


COMO UNA COLILLA
Juan Antonio Fernández Madrigal

Hoy descubrí que soy una colilla apagada. Aún humeo, pero nadie me quiso usar, así que dejé de hacerles el favor de arder: no habrá más energía malgastada. Aunque si me apago del todo tendré un problema: puede que me pisen.

Halloween - Nina Femat


HALLOWEEN
Nina Femat

Entre niños disfrazados de fantasmas, esqueletos y vampiros, camino por las calles ruidosas de mi ciudad. Yo voy normal, vestida de negro, pelo largo, tal vez la boca muy roja y las ojeras muy oscuras pero nada que llame demasiado la atención en estas fechas. Los niños me rodean y comienzan a cantar una canción de brujas. Se ríen y tratan de provocarme para que los persiga. Divertida, busco en mi bolso algo para obsequiarles; chicle o unas monedas. Pero lo que encuentro es un cristal extraño que hasta donde yo recuerdo no estaba ahí. Sacudo el cristal frente a mis ojos, los niños desaparecen como tragados por una aspiradora y la ciudad se transforma en un silencioso cementerio. Arriba, la luna llena sigue brillando.

Castigo - Marc R. Soto


CASTIGO
Marc R. Soto

Consciente de que su alumno jamás olvidaría aquella lección, el profesor admiró complacido el encerado. En él se podía leer la frase "haber va con hache y con be" escrita veinte veces con grandes letras de tiza.
Que era roja.
Y no era tiza.

Amén - María Castejón


AMÉN
María Castejón

Me condenaron a cuarenta años de aburrimiento por un delito que no cometí. Mañana estaré de nuevo en la calle, esperándote. Sé que tienes una vida nueva, un hombre nuevo y hasta un crío. Es una lástima reducir todo esto a la nada, pero ¿no se suponía que habías muerto en mis manos? Entonces a lo que ellos dijeron, sólo diré una palabra: amén.

La mano - Armando Rosselot


LA MANO
Armando Rosselot

Una mano brotó de la tierra, quiso ser larga y barroca. Se jactaba de tener los mejores colores y la palma más fina y delicada de la creación. Sus uñas brillaban a la luz del sol y las estrellas. Creció y creció. Un buen día, fue rota por sus dedos. Algo juguetones, algo independientes.

El desembarco de los dioses - Juan Torchiaro


EL DESEMBARCO DE LOS DIOSES
Juan Torchiaro

Ellos vieron con asombro arribar a los dioses. Las profecías ya los habían descrito con infalible certeza. Pronto conocerían el gran secreto que no habían logrado desentrañar los antiguos. Por eso no dudaron en hincarse de rodillas, sumisas sus cabezas y mansos los corazones, esperando la revelación.
Los dioses pasaron, soberbios, rozándolos apenas. Por el rabillo de los ojos vieron con espanto el saqueo, la violación de las hijas, el desenfreno y la depredación. Ahora ya lo saben, pero no les quedan motivos para volver a erguirse.

lunes, 3 de noviembre de 2008

En el camino - José Luis Vasconcelos


EN EL CAMINO
José Luis Vasconcelos

El viejo arrastraba una bolsa de piel. El niño apretaba su mano por temor a que el anciano fuera levantado por el viento.
—Abuelo —dijo el pequeño—, ¿por qué mientras más cerca parece todo tenemos que caminar más?
—Así es la vida, hijo. Esto no se acaba hasta que se acaba. Recuerda que todos confundimos el humo con la llama.
—Lo sé, siempre me dices eso. ¿Crees que algún día jugaremos con la luz que nos espera al final del camino?
—No sé, todo depende.
—De qué...
—De que tan atento hayas estado a la voz del silencio.
—Cierto, me olvidaba…
—Por ejemplo, qué te dice ahora.
—Que bese tu frente, antes de arrojarte al precipicio.

El viaje de Cristóbal - Javier O. Trejo


EL VIAJE DE CRISTÓBAL
Javier O. Trejo

Cristóbal decidió pasar sus vacaciones en una isla del Caribe. Viajar en ese barco hacia la playa fue como volver a verlo al almirante igual que en los libros escolares: peinado, con sombrero y botas, hincado y enarbolando el estandarte con un grupo de soldados, casi feligreses, parados en el bote y adorando al nuevo santo que cumplió con la promesa del huevo, y algunos indios asomando que esperan los espejitos de colores, tremenda falacia, indios que con total tranquilidad y sin sorpresa esperan que el almirante los bautice con la secreta promesa, pastiche al fin, de crearlos hombres.
Cuando Cristóbal baja del barco es acosado por taxistas, ofertas de hoteles, de mujeres, de alojamientos, de restaurantes.
Sonriendo, saca dólares y billetes de la moneda local, que son de colores.

Desvío de patrón - Angela Schnoor


DESVÍO DE PATRÓN
Angela Schnoor

Escondidos bajo sábanas y toallas de la lavandería, pacientes dopados y semi muertos eran desviados para experiencias fuera del hospital. Después de algún tiempo, las galerías de arte comenzaron a exponer obras de creciente valor y prestigio, para éxito y riqueza de los curadores. Nadie podría suponer que fueran creaciones de personas que la ciencia consideraba enfermos mentales irrecuperables.

Título original: Desvio de padrão
Traducción del portugués: GvH

Droga - Fernando Remitente


DROGA
Fernando Remitente

No sé si tus besos saben a serotonina o es el éxtasis que tomamos anoche. Si estremeces mis ojos o es el flujo y reflujo del LSD. Si impulsas este arrebato o es la onda expansiva de las anfetaminas.
Y el dulce sueño postcoital: ¿follamos así de bien o es que fumé demasiado?

El bondi - Héctor Ranea


EL BONDI
Héctor Ranea

El niño esperaba una vez más el bondi en el que viaja esa amiga hecha de días de verse a través de la ventanilla: ella viajando, él esperando. Esta vez tomaría el colectivo aunque se perdiera el día de clase. Había esperado demasiadas lluvias, demasiadas mañanas oscuras de invierno para decidirse. Ahora, finalmente, subiría.
Vio al bondi a través de la niebla y así terminó su espera. Parecía más decorado esta vez, con los fileteados de hojas de falso acanto lustrosos y los números de su suerte bordeados de dorado. Cuando entró, ella estaba ahí sonriéndole como todos los días, pero esta vez cara a cara. El tiempo se detuvo para el pibe.
Para los padres y la policía la explicación de los vecinos no era coherente: hablaban disparates sobre un colectivo fantasma que pasa por el camino los días de niebla.

Los guardados - Alberto Paz


LOS GUARDADOS
Alberto Paz

Se levantó temprano. Se vistió pantalón y camisa. De la pared descolgó su sombrero y salió de la casa. Al cruzar el patio, de reojo contempló el sol que nacía sobre el sembradío de maíz. Llegó a la bodega, tomó la hoz y regresó.
Primero fue al cuarto de su hermano, luego al de su hermana y los dos sobrinos, al final al de su madre. Una vez terminado se sentó en un costal a limpiar la sangre de la cuchilla. Se sintió tranquilo, la muerte podría guardar por siempre a la familia, ahora sólo bastaba esperar que aquella enfermedad terminara con él.

Quinto mandamiento - Roberto Ortiz


QUINTO MANDAMIENTO
Roberto Ortiz

Cuando Utópico pensó que la historia no daba para más, se encontró con Don Conejo que acababa de asesinar a sus seis mujeres. Ojo: mujeres de verdad, traídas especialmente de Sonora, Méjico. Tres días se dedicaron a recolectar firmas para poder postular al título extinto de Rey de la Selva. No está demás decir que Don Conejo fue el único candidato. Por lo bajo recibieron dólares del narcotráfico y de la prostitución de menores en el África y en la Casa Blanca. Y por si fuera poco, se aliaron secretamente con la CIA y el Pentágono en aras de esterilizar a las conejas (a las verdaderas, no a las de Playboy).
Vanas maniobras, sin embargo. Aquellas liebres de marzo murieron con los primeros escopetazos. Y como suele suceder, sólo escapó Utópico… ay… la perniciosa falsa utopía.

Polvo serán, mas polvo enamorado - Cristian Mitelman


Supe que no vendrías cuando se fue el último parroquiano y luego se marchó el dueño del bar; cuando todos volvieron al otro día, y al otro, y al otro, y al otro; cuando el café cerró definitivamente y me quedé en un rincón; cuando las paredes se humedecieron y la penumbra se convirtió en refugio de gatos; cuando demolieron la construcción; cuando encontraron mi cuerpo en el mismo sitio, aguardándote, todavía con un leve temblor en los huesos.

Naturaleza sabia - Jorge Martín


NATURALEZA SABIA
Jorge Martín

Trabajaba de adivino, le habían aconsejado beber savia, una receta especial, para adquirir mayor conocimiento sobre el futuro. Ahora, cuando le venían a consultar, respondía por el destino de las plantas, cuando florecerían las rosas, las penas de la enamorada del muro, la nostalgia de los pinos, el aroma ceniciento de las calas. También le empezaron a crecer ramas, hojas en vez de pelo. Le salieron raíces en los pies, se veía obligado a limpiarlas para poder moverse. La gente se enojaba e insistía que les hablara sobre sus vidas.
—Poco importarían sus vidas si no existieran las plantas —les respondía. Ellos se marchaban dando un portazo, hasta que dejaron de ir a verlo. Se quedó sentado esperando que las raíces se hundieron en la tierra. Las ramas y las hojas lo cubrieron por completo. Al año siguiente estaba feliz, había dado sus primeros frutos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Tortura - María del Pilar Jorge


Lo sintió hurgar en él, con tenacidad brutal. Un malestar difuso comenzó a transitar sus entrañas. Con los ojos vueltos hacia arriba, se retorció una y otra vez, en un vano intento de desasirse. Pero no logró ahuyentar a su enemigo. Aulló. Sintió frío, un frío que brotaba de la oquedad abierta en su pecho. Poco a poco, comenzó a perder las fuerzas. El cansancio amortiguó la sensación ominosa. Se desvaneció.
Sumergido en un sueño confuso, en el que siluetas y colores se deslizaban en una bruma incierta, sólo lograba despertar por breves momentos. Cuando lo hacía, el dolor punzante retornaba. Por fin, amaneció. La herida se había cerrado, pero las cadenas le impedían moverse. Transcurrieron inútiles horas, hasta que la noche regresó, y con ella, el águila. Prometeo se agitó una vez más.

El mensaje - Sergio Gaut vel Hartman


Sentado en el inodoro, sin nada mejor que hacer que buscarle significados a las manchas claras de las baldosas negras, vio un insecto de esos que tienen muchas patas, pero no necesariamente cien, desplazándose del canasto de la ropa a la bañera. Cambió el objeto de su observación y detectó que el bichito seguía un complicado itinerario de idas y vueltas, nudos, giros y entrelazados, no una línea recta. Eso no podía ser casual, por lo que sacó la cámara y filmó toda la secuencia hasta que el insecto desapareció por un agujero del zócalo. Terminó su faena y descargó las imágenes, que descifró sin dificultad. El mensaje era una plegaria dirigida al dios del inodoro en la que se rogaba su misericordia y se le pedía que no volviera a responder con despiadados pisotones a la devoción que se le profesaba.

Cuentos misóginos con moraleja. Hoy: el soldadito de plomo – Daniel Frini


CUENTOS MISÓGINOS CON MORALEJA
HOY: EL SOLDADITO DE PLOMO
Daniel Frini

Había una vez un soldadito de plomo sin una pierna, y una bella bailarinita de juguete. Entre ellos nació una profunda simpatía. Un día de tormenta él cayó por la ventana, unos niños lo pusieron en un botecito de estrasa que llegó al mar, se hundió; lo comió un pez al que pescaron y vendieron a la cocinera de la familia del niño dueño de los juguetes. Y todo para que cuando el soldadito se reencontró con la bailarina, esta le dijera:
—Milico de porquería. ¿Todo rotoso volvés? ¿Te creés que una va a estar esperado hasta que al señorito se le ocurra? Tomátelas, rengo gilún.
El soldadito, umbrío por la pena, se arrojó al fuego. Hoy es plomada para mojarritas.
Moraleja: Amiguitos, nunca confiéis en las damitas, por más cándidas que parezcan. Son malas, muy malas.

Fuego - Jacinto Deleble Garea


FUEGO
Jacinto Deleble Garea

Veinte hombres preparados para el fusilamiento, veinte hermanos, veinte amigos somos.
—Apunten a la cabeza o al corazón —había recomendado nuestro capitán.
Veinte disparos resonaron en el patio a la voz de "fuego", y diecinueve fueron las balas que se incrustaron en la tapia tras el supuesto criminal. Sólo una le reventó la frente. Justo donde tú apuntaste.
Diecinueve desconocidos rompen filas silenciosos después de la orden. Quedas tú, vomitando miedo.

Contrainformación - Jordi Cebrián


CONTRAINFORMACIÓN
Jordi Cebrián

Me hice policía para que mi patria fuera más segura, y enseguida me pidieron de infiltrarme en un grupo subversivo para investigar sus actividades. Tras meses con ellos, me convencieron de que su causa era justa, y yo empecé a pasar información errónea a mis jefes. Desgraciadamente me descubrieron, y bajo la amenaza de ser fusilado, me pidieron que hiciera creer a los subversivos que seguía con ellos, pero les traicionara informándoles falsamente acerca de las mentiras que contaba a mis jefes referentes a las falsedades que ellos me confiaban. Acabé hecho un lío, sin saber ya para quien trabajo.

Glamour - Alejandro Bentivoglio



El edificio se derrumbó en un abismo de polvo. Todos lo miramos como si agazapado en las sombras hubiese algo más que ese desplomarse en medio de la ciudad. Pero no pasó nada y el tráfico siguió igual y la policía no nos pidió que nos fuéramos porque ya nos habíamos ido diciéndonos que no había sido tan espectacular, tan inolvidable.
No falto mucho para que piso a piso, el edificio volviera a recomponerse, frustrado y de una pieza. Rojo ladrillo de vergüenza.

Goteras - Ricardo Juan Benítez


GOTERAS
Ricardo Juan Benitez

Las gotas golpeaban constantes e implacables en su frente
Una vez. Dos veces. Tres veces. Ya había perdido la cuenta. En algún momento, entre la caída de una y otra, había quedado adormecido. Pero inmediatamente el golpe del líquido lo había despabilado. Confiaba que en algún momento el cansancio lo vencería y pudiera abstraerse de aquella sensación alienante. Como le había dicho:
—A la larga morirás, pero primero sabrás lo que es la locura…