sábado, 15 de octubre de 2011

El hilo - Mónica Ortelli


Créanme que es extraño y fascinante a la vez. Mi cabeza es un globo. No hay cuello, apenas, una cuerda delgada que se alarga.
Conocí a una mujer a la que le pasaba lo mismo: la cabeza le subía por encima de las de los demás; caminaba, comía, atendía a sus pacientes –era médica-, con esa sensación. A veces —me contaba— temía que se le escapara por la fragilidad que adivinaba en lo que ya no percibía como cuello. Sólo estando en la cama todo volvía a su sitio, hasta que se levantaba otra vez. El marido, médico también, le decía que era cansancio; el psiquiatra, depresión. Dejé de verla por las vacaciones. Al regresar, supe que había fallecido. Algo súbito, dijeron.
¿Comprenden ahora por qué hace días que estoy acostada, verdad?

Sobre la autora: Mónica Ortelli
Tomado del blog Ni vara ni cuchillo

Sátiro – Lucía Amanda Coria



Se desnudó con movimientos provocativos. Exhibiéndose sin pudor alguno. Espiando el estupor en los ojos desorbitados, fijos en su cuerpo.
—Te doy lo que querías maldito sátiro —dijo en voz alta—. Mira todo lo que quieras. Estoy harta de que me espíes todas las noches.
Se demoró ante el espejo, acariciándose. El hombre seguía  en la ventana, con la cara pegada a las rejas. Aferrado a los hierros con ambas manos, el rostro enrojecido, la expresión extraviada.
 Al fin, cansada de su propio juego, ella  se calzó sus primorosas chinelas. Desnuda cruzó la  habitación y fue hasta el enchufe. Desde allí miró con ojos seductores al intruso y luego desconectó el cable que electrificaba el hierro de las rejas.

Lucía Coria

Sin viernes – María Pía Danielsen



Eligieron un día de la semana. Fue el de Venus, diosa de la belleza y el amor. Viernes de almas y cuerpos desnudos. De confidencias largas, musas inquietas y labios fundidos sin tregua. De eternidad revestida de sueño, toalla, peine y cepillo.
Venus fue vertiente, acorde, puente.
Su ausencia mutó a pasión crucificada en el calvario del viernes santo.
La semana, huera de viernes, cubrió de añoranzas la figura de los amantes descarriados.

María Pía Danielsen

Tomado de: http://elhuecodetrasdelaspalabras.blogspot.com/

Inevitable - Claudia Sánchez



Sigue teniendo esa cara de buena gente con la que me conquistó. No es que esté mal, pero a veces no se puede complacer a todos.
Él no podía resistirse. Lo supe cuando, después de decirle que había leído su intercambio de correos con Lucía, con su mejor cara de cordero degollado y muy convencido, me dijo “no lo pude evitar”.
Estuve ensayando esa misma expresión para cuando la policía baje de la terraza y me pregunte por qué se suicidó.

Claudia Sánchez

jueves, 13 de octubre de 2011

Tedio - Rafael Blanco Vázquez


Nunca le pasaba nada.
Vivió en ciudades varias, países diversos, continentes dos. Trabajó de profesor, de traductor, de intérprete. Frecuentó a cineastas, escritores, músicos, escribió libros, cine, teatro, actuaba, producía, posaba para fotógrafos. Conoció el bullicio de la ciudad y la calma del campo. Tuvo épocas de mucho éxito con las mujeres y épocas de fracaso total. Conoció la brutalidad del deseo y la tristeza de su ausencia. Pero nunca le pasó nada.
¿Cómo quitarse de encima la plomiza sensación de que no pasa absolutamente nada?

Rafael Blanco Vázquez

Cambios en la programación – Fabián García


Lo aplastó un auto: el chofer iba mandando mensajitos de texto. Él, que iba hacia el supermercado, quedo abierto sobre la avenida. Temblaba. Abría y cerraba la boca, como los pescados. La sangre que perdía iba hacia el cordón de la vereda, y la gente la seguía con los ojos. ¡Era tan roja! Les pareció mas divertida que la tele, que el tipo que en el suelo se moría, apretando en la mano la lista de las compras.

Fabián García

Regresión - Federico Demarchi


Has entrado al laberinto, aunque no recordás en qué momento. Estás dispuesto a perderte por mil senderos distintos hasta dar con el monstruo. Sin embargo, conforme avanzás, las paredes ralean. Finalmente llegás a un descampado. Bajo el tibio sol caminás sin rumbo fijo. Cuando tu buen olfato te pone sobre aviso, te plantás en medio del valle y bajás la cabeza buscando tu espada. Pero no hay tal espada. Te dejás caer de rodillas. Se te hace agua la boca. El pasto tierno entre los dientes te enseña la libertad.

Tomado del blog Poesía y Microficción

martes, 11 de octubre de 2011

Welcome to wherever you are - Alejandro Bentivoglio


No tengo más que estos acertijos, este caminar por bosques que dan su aliento después del mar. Busco las palabras que no fallen, mis pasos que se quedan en equipajes de vuelos alrededor de mapas sin nombre.
No tengo más que estas cruces que marcan tesoros de leyenda, aventuras sin héroes que pilotean sus desgracias haciéndose paisaje de ceniza.
No tengo más que este buscar el oxígeno de la montaña más lejana, la más alta, allí donde cierro mis ojos y recuerdo, con el fervor de los devotos, tu sonrisa.
Alejandro Bentivoglio

La tarea de Anita - Andrea González

En la noche, Anita anda de puntillas en la alfombra. Atraviesa la habitación. Cruza la puerta. Sale al corredor. Cruza otra puerta. Sale a otro corredor. Cruza otra puerta. Sale a otro corredor. Cruza otra puerta. Cae en la palma de la mano de un palíndromo y se va a lavar la tina antes de que todos despierten.

Apocalipsis - Patricia K. Olivera

El servidor de la bestia espera, se acerca el momento; los acontecimientos se precipitaron, ésa maldita cruz caerá por fin y las puertas del paraíso quedaran abiertas.
Se hinca al notar la sombra de su amo merodeando, la bestia está impaciente; deseosa de arrasar con la hueste celestial, dejará su marca mientras arranca alas.
Patricia K. Olivera

Mimetismo - David Moreno


Pablo es un niño al que le gusta jugar con los árboles. Observa sus troncos, huele sus hojas, toca sus raíces. Aprende a imitarlos, incluso consigue mimetizarse con ellos. Su técnica es tan perfecta que ni sus padres le encuentran, aunque termina por aparecer cuando escucha las amenazas de ser castigado a su habitación. Un día, temeroso por haber cateado varias asignaturas, no lo hace y permanece escondido como él sabe. Sus padres buscan y buscan. Sin conseguir nada. Piden ayuda y toda la familia, todo el barrio y toda la ciudad escudriñan el bosque. Parece misión imposible. Un voluntario se cuelga de una rama y accidentalmente, la rompe. Pablo, cae al suelo con el codo roto.
David Moreno
Tomado de No Comments

domingo, 9 de octubre de 2011

Babel - Jesús Ademir Morales Rojas


K deambula por el Castillo, confundido y desorientado. Se acerca a un guardia a preguntar por la oficina de los trámites. Pero el guardia le responde en un lenguaje desconocido. K desesperado, intenta hacerse entender gesticulando el rostro y agitando las manos. El guardia parece sorprendido. Pero luego asiente y busca que K lo acompañe. El joven le sigue. Está satisfecho de finalmente haberse hecho entender. El guardia conduce a K a un cuarto. Oscuro, silencioso. K se consterna. Allí varios guardias le derriban. Le someten. Poco antes de ser ejecutado, K les maldice. Los verdugos sonríen, como si comprendieran.


Jesús Ademir Rojas

Sábado a la noche – Sergio Gaut vel Hartman



La cucaracha pasó junto a Gregor Samsa y escupió de costado. —¡Impostor! —murmuró.
—Kafka nunca dice que soy un blatodeo —respondió el infortunado ser—. Dice “monstruoso insecto” y lo más probable es que haya querido sugerir que me convertí en escarabajo.
La cucaracha se detuvo en seco. —¿Tiene algún compromiso para esta noche? Podríamos ir al Hnízdo švábů a tomar una Pilsen. ¿Qué me dice?
Samsa reflexionó un momento y descartó de inmediato a Claudia Schiffer, Angelina Jolie y Julia Roberts. Después descartó muchas otras alternativas.
—Acepto —dijo finalmente.


Sergio Gaut vel Hartman

La sopresa de K - Nana Rodríguez Romero



Franz Kafka al golpear la puerta del castillo de la Ley y al ver cómo una muralla infranqueable se levanta ante sus ojos, se transforma en cucaracha ante la mirada aterrorizada del centinela. Se escurre presuroso por una de las ranuras de la puerta.
¿Qué encontraría el gran escritor al atravesar el umbral y enfrentar el oscuro rostro de la Ley?


Nana Rodríguez Romero

K, el mar y los sueños IV - Jesús Ademir Morales Rojas




Naufrago de soledad, K decide encerrarse en una botella y aventurarse al capricho del mar. El mensajero anduvo errabundo hasta que fue depositado en las soleadas playas de Ítaca. Allí Penélope y Frieda lamentan a sus ausentes amados. Para suavizar la espera, Frieda descorcha una botella que las olas han dejado en la arena. La bebe entera. Alguien Llora. En el horizonte, las naves de Ulises.


Jesús Ademir Morales Rojas

viernes, 7 de octubre de 2011

Receta para entender el mundo - Flor Marina Yáñez


Nos valdremos del aprendizaje metafórico. Tome usted una cebolla, esférica como la Tierra. Que no lo deslumbre la frágil película dorada que la recubre. Remuévala y comience a desgajar la blanda redondez capa por capa. A la mitad del viaje estará lagrimeando, continúe, obtener la comprensión del mundo no es fácil tarea. Pasa, en iguales cuotas, por el llanto y la paciencia. Al llegar adonde debería estar el corazón siga pelando, hasta desnudar la cebolla por completo. Entonces, habrá arribado a la verdad: tal es el mundo, ‘una nada bien envuelta’.

Demasiado tiempo - Laura Ramírez Vides


Sí, hace demasiado tiempo que estamos juntos. Muy juntos. Siempre, en las buenas y en las malas. Callado, silencioso, simplemente ahí, cerca, siempre cerca.
Me hacés mal. Lo sé, siempre lo supe y ya no puedo engañarme más, el velo se corrió y es tan claro… Y sufro, te extraño, me desespero, me ataco y estoy a punto de ir a buscarte… pero me acuerdo y me odio por necesitarte tanto y entonces aguanto; me resisto a volver, tengo que poder distanciarme, alejarte; dejarte.
Hoy, hace un mes que no estamos juntos. Hoy, ya un mes que te extraño.
Te dejé para siempre. No fumo más.

Tomado de El patio de la morocha

miércoles, 5 de octubre de 2011

El árbitro complaciente - Carla Dulfano


Gómez, el árbitro de fútbol, de chico era muy complaciente, le gustaba dar la razón a todos. Cuando sus padres se separaron les dijo que ambos tenían razón en detestarse. Lo desheredaron inmediatamente.
De joven lo contrataron para arbitrar entre dos clubes barriales.
—Pujol tocó la pelota con la mano —dijo Ramírez, un jugador.
—Tiene razón —dictaminó el árbitro Gómez.
—No la toqué —replicó Pujol con una voz profunda y gutural.
—Usted también tiene razón —aseguró Gómez.
Ramírez y Pujol se arrojaron sobre el árbitro con furia.
Un enfermero vino con la camilla para auxiliarlo. Le dijo:
—Pero Gómez, no puede darle la razón a todo el mundo.
—¿Sabe una cosa? Usted también tiene razón.
Ese fue el fin de su carrera. Tiempo después, alguien lo encontró viviendo en una plaza. Mediaba entre dos palomas que se disputaban una miga de pan, hasta que una le picoteó un ojo…


Acerca de Carla Dulfano

Mudanza - Anna Rossell Ibern


De su nueva ubicación le sorprendía el eterno silencio, roto sólo por esporádicos golpes de martillo y algún ruido poco duradero de pico y pala trabajando la tierra. Después reinaba otra vez la calma más absoluta, a pesar de la elevada densidad de población. Aún no había podido acostumbrarse a ello desde que había muerto.


Como te lo digo - Rafael Blanco Vázquez


—Mi hijo se llama Jacinto y es un mastuerzo. Mi hija se llama Rosa y es un cardo borriquero. Mi marido es un alcornoque se llame como se llame, que por cierto se llama Acacio. Y aquí me tienes, perdida como una niña en medio del bosque.
—Pues mi hijo se llama Perfecto y es un perfecto imbécil. Mi hija se llama Inmaculada y es más puta que las gallinas. Y mi marido, que me odia, se llama Amador.
—Ay, Angustias, de verdad. Qué vida ésta.
—Fíjate que la Consuelo no para de llorar porque su hija le ha puesto a su bebé Iluminado y ahora resulta que el pobre es ciego.
—Yo es que vamos.

Sobre el autor: Rafael Blanco Vázquez

lunes, 3 de octubre de 2011

Sobreviví - Andrea González


Feroz, aterrador, enorme. Su pelaje era negro, grueso y revuelto, como un montón de alambres enredados. Su hocico expedía un vaho oscuro, sin duda fragmentos del alma que intentaban huir de la prisión bestial y licántropa que yo, valeroso a pesar de todo, tenía delante. Sus ojos brillaban como si el demonio los alumbrara por dentro con mil lunas. Sus garras preparaban un ataque que los afilados colmillos iniciaron. Se comió mi tarea y a mi abuelita… afortunadamente yo no sufrí ni un rasguño.

El cuerpo – Héctor Ranea


Francamente, los bichos de ocho patas me asquean. No sé cómo hacer para evitar las arcadas. Es como si fueran alienígenas, encima: artrópodos. No hay uno que tenga, como a mí me gustan, las piernas contorneadas por músculos. Si por lo menos tuvieran… pero no… no hay. Revisé todas las enciclopedias, incluso las medievales, revisé todo libro, abierto o cerrado, leído o sin leer por siglos y no. No existen, con alas no existen. Así que ahora, frente a esa araña hembra, no me queda más que cumplir mi destino, acoplarme a ella, para eso se supone que estoy, por más que me rebele. Ser una mariposa en el cuerpo de una araña es demasiado duro para mí, tengo que disimular.

Ovejas eléctricas - Luciano Doti


El androide se acostó a dormir, y pasó un largo tiempo sin poder conciliar el sueño. Era la nueva versión de persona artificial, tan perfecta ésta, que había emulado a sus modelos humanos en el estrés diurno e insomnio nocturno. Entonces, comenzó a contar ovejas, todas ellas tan artificiales como él. Y ya dormido, soñó con ovejas eléctricas.

Almuerzo de hoy: Pollo arvejado – Lilian Elphick


Salga al campo. Elija un pollo gordo. Juegue con él un rato. Sin miedo, retuérzale el cogote. En casa, desplúmelo. Las vísceras las deja en una olla aparte. Cercene las presas con un hacha mediana. Destruya las arvejas, aniquile cebolla, ajo. Fulmine con sal, pimienta, laurel. Ahogue con el caldo colado de las vísceras y un vasito de vino blanco. Rellene un cojín con el cabello previamente lavado y perfumado. Duerma, sin soñar con aquél que le hincó el colmillo del adiós.

Mayúsculas habitadas – Héctor Ranea


El Jefe Arrebato se perdió en una voluta de humo de un mensaje cifrado. Del castillo Arrabal salieron mensajes en forma de humo de paloma hacia el castillo Florido, en todos pedíamos mapas, pues desde que nos mudaron a la S, acostumbrados a la seguridad de la O, envidiamos incluso a los de la G, que tiene cierto secreto. Habitar las letras trae disgustos, pero lo de Arrebato fue un golpe durísimo, porque dicen que se fue al sector privado de la A. Si así fuera, esperamos secretamente que sea una a minúscula, aunque sepamos que sólo las mayúsculas son habitadas en este incunable olvidado de la mano de su creador, monje irlandés con olor a whisky, que día tras día inventa letras, poblándolas de personajes fantásticos; no como nosotros, tan reales como la J donde aparecemos escalando las montañas que apenas se insinúan en la M.

sábado, 1 de octubre de 2011

Unum - Sandra López Paz


Volvió al jardín después de la sequía. Derramó lágrimas de estrellas. El azul cae miedosamente sobre las hojas, desde la cuenca gastada de los ojos, sobre la superficie del silencio.
El suelo se abrió en marrones desesperados, en borbotones de sangre vertiginosa. De la misma tierra, la raíz oscura, la fue devorando. "Dar es morir" Intentó sublimar, mientras iba desapareciendo entre el fango.


Extraido del blog Ninfotéricas

El mendigo - Eduardo Albarracín


El pórtico del templo luce su arte sacro. Las imágenes celestiales muestran sus figuras desgastadas por las innumerables “tomas de gracias” del maremágnum incesante, que traspone sus umbrales en busca de un pedacito de cielo que lo trasponga aunque sea por un instante.
Sentado en el piso, con su barba enmarañada y sucia, y las manos llagadas, estiradas suplicantes ante el gentío que pasa, el mendigo desangra su impotencia y bebe el trago amargo de la indiferencia de sus hermanos.
A la tarde, cada tarde, cuando el templo cierra sus puertas, él regresa manso a la cruz que se alza sobre la roca. Desde lo alto la visión del mundo es diferente.
Entonces vuelve a perdonarlos.

Parricidio - Fernando Puga


Aquella madrugada me despierta ese llanto que no puedes contener por más que quieras. La puerta entreabierta deja ver la imagen en la luna del espejo y reparo en las marcas de tu espalda, en él que levanta el puño y su cara desfigurada, él que golpeará de nuevo. Lo maté tantas veces desde entonces, pero no muere ese cuarto donde empezó mi vida y terminó la tuya.

Isate - Martín Maggi


Dicen las lenguas (malas o buenas) que una noche justo para el día de su cumpleaños al Isaac sus amigos le hicieron un festejo en la propia casa. Le compraron alcohol a morir, sí, mucho, demasiado, como pa quedar tirado en un zanjón y cuando el alcohol se hubo terminado, al susodicho ya casi dormido, estupefacto, lo golpearon sus propios amigos, sí, lo mearon, lo engarrotaron, lo amordazaron, lo empelotaron, sí, lo deshidrataron, lo esquilaron, y después lo quemaron vivo, en el jardín de su propia casa, en el fondo donde la rosa afloraba, lo enterraron, jadeando, en su último aliento, ya sin fuerzas pa gritar, allí mismo quedó por decenios jubilado de por vida, mirando desde abajo las flores, los cardos y sus amigos esa noche festejaron, brindaron con la última cajita de blanco descartable.
Y así dicen las malas lenguas, "con los amigos no se juega ni jadeando..."

Estatua – María Pía Danielsen


—¿Es que no me vas a socorrer? —preguntó la mujer.
—¿Accederás a mi súplica? —requirió el hombre.
—¿Puedes ayudarme?- inquirió el niño.
La estatua de ojos vacuos siguió mirando el destello de las lágrimas.
Si pudiera, invocaría. Si pudiera, lloraría sangre. Si pudiera, se reconocería un instrumento. Si pudiera, ella también blandiría el látigo contra los mercaderes de los falsos dioses.

Tomado del blog: El hueco detrás de las palabras