jueves, 23 de octubre de 2008

Títulos - Javier O. Trejo


TÍTULOS
Javier O. Trejo

—Por favor, les pido que cada uno se presente y nos diga brevemente su función y responsabilidad —pidió el director.
—Soy el contador Peña y soy el gerente financiero; también soy miembro del Círculo de Contadores.
—Perdón, ¿puedo hacer una pregunta? —dijo la persona que escribía las notas: un hombre mayor. A pesar del silencio y las caras contrariadas el director le dijo que sí—. Señor, antes de ser contador ¿qué fue?
—Estudiante, ¿por?
—Si ‘es’ contador y gerente, cuando no era gerente ni contador, ¿no era?
—No le entiendo…
—Es claro, si usted es su puesto y su título y lo dejaran cesante usted dejaría de ser, y si no ‘es’, no podría estar acá.
—¿De qué habla?
—Del vacío de no ser por ser contador —dicho esto, el hombre se retiró.

Ilustración: Salvador Dalí

Yo ya no soy así - Arantza Ruiz de Mendarozqueta


YO YA NO SOY ASÍ
Arantza Ruiz de Mendarozqueta

Yo ahora soy diferente, desde que él me ha dejado. Estoy triste todo el día, y ya no me animo con nada. Desde que él me dejó sola he perdido la alegría. Mi mamá ya no sabe qué hacer conmigo, porque por mi ánimo yo no hablo más. Ya no invito a mis amigas; mucho tendré que esperar, porque mi amor fue muy verdadero, y lo extraño mucho. Ya nada me divierte. Desde que él no me volvió a sonreír, no hago nada más que escribir en mi diario. Yo ya no soy así, mi amor, desde que me abandonaste sin razón. Y en ese huequito, dejaste una plumita en mi corazón.

Ilustración: Salvador Dalí

Bosque - Héctor Ranea


BOSQUE
Héctor Ranea

En medio de una pampa rojiza, un terreno apenas ondulado y pedregoso, lleno de cantos rodados y cascotes, los ves aparecer, en tonalidades pardas, con corazones de cuarzo, apenas saliendo del terreno, hechos piedra. A veces la forma de frutos te trae reminiscencias lejanas, otras veces los cráneos te hacen volar la imaginación. Como arqueólogo te va a resultar emocionante trabajar en Marte en una aldea anterior al gran meteorito del Jurásico.

Ilustración: Salvador Dalí

miércoles, 22 de octubre de 2008

Tolerancia - Una Pérez Ruiz


TOLERANCIA
Una Pérez Ruiz

También para Balam

¿Por qué no me dejas ser? Ya no me regañes. Sé que soy un desastre, que no te digo lo que quieres oír y, en cambio, las frases torpes son un torrente de pulpos que serpentean, resbalan de mi boca. Que te beso sin gracia, que tu mamá me odia, que no sé bailar ni qué darte de regalo. ¡Pero yo te acepto como soy!

Ilustración: Salvador Dalí

Comunión - Juan Pablo Noroña



Cierto fiel de una religión cuyo dios se adoraba bajo la efigie de un gato soñó una noche que era un ratón. Alcanzó la iluminación a través de ese sueño, en el cual fue perseguido, atormentado y finalmente devorado vivo por la divinidad.


En el principio del fin - Ildiko Valeria Nassr




Y las ciudades se llenarán de mutantes. Y la luz del sol incendiará los ojos que osen posarse en ella. Y los edificios se construirán bajo la superficie, conectados por túneles oscuros, interminables. Y nuestros cuerpos adquirirán nuevas tonalidades. Y el amor nos hará cometer los mismos errores. Y no cesaremos de enamorarnos los uno de los otros.

Ilustración: Salvador Dalí

Otra cuestión de hermenéutica - Cristian Mitelman


OTRA CUESTIÓN DE HERMENÉUTICA
Cristian Mitelman

Los dos ancianos juegan al ajedrez bajo uno de los árboles de Parque Rivadavia. ¿Pero acaso juegan la misma partida? El movimiento de uno de los contrincantes, ¿guarda relación con el que previamente fue elaborado el otro? ¿Y si la partida representara dos monólogos que se disfrazan bajo un aparente diálogo de estrategias? ¿Si cada jugador en realidad jugara sólo para sí, y lo que parece que una respuesta hacia el otro no es más que una vasta casualidad de la que forman parte? ¿Si lo mismo ocurriera con estas palabras? ¿Si lo mismo ocurriera con esa extraña locura a la que hemos llamado “amor”?

Ilustración: Salvador Dalí

Un Aptenodytes con baño - José Vicente Ortuño


UN APTENODYTES CON BAÑO
José Vicente Ortuño

Salí de la ducha en el momento en que una arruga espacio-temporal atravesaba mi casa. Cuando me recuperé del vértigo y las náuseas, que provocaban las sacudidas en el tejido de la realidad, el baño estaba a oscuras. Todavía aturdido llegué a tientas hasta la puerta y la abrí. Me deslumbró una luz cegadora. El Sol casi rozaba el horizonte, pero su luz anaranjada reverberaba en una infinita planicie de hielo. Aunque continuaba desnudo no sentí frío.
Me di cuenta de que se escuchaba un gran alboroto de voces. Rodeé mi baño, una estructura anacrónica en medio del páramo helado, y busqué su origen.
Comprendí lo que había sucedido. Al principio me alarmé, luego lo medité bien y reparé en que no era tan grave. Además, soy afortunado, por ser el único pingüino emperador de toda la Antártida que tiene baño privado.

Ilustración: Salvador Dalí

Contestador automático inteligente - Jorge Martín


CONTESTADOR AUTOMÁTICO INTELIGENTE
Jorge Martín

Parecía una buena idea; yo permanecía mucho tiempo fuera de casa y los contestadores comunes eran muy impersonales. Este era mucho más que un sólo responder si quiere dejar su mensaje espere la señal. Tenía una voz cálida y daba la impresión que escuchaba. Estaba programado para resolver situaciones y actuar ante variantes progresivas de manera coherente. Podía inclusive atender llamadas de urgencias, aconsejar en situaciones de riesgo. Después de un tiempo nadie quería hablar conmigo; cuando atendía el teléfono me pedían por favor que les pasara con el contestador. Hasta los mensajes empezaron a dejarlos para él. Después de un tiempo no me dejaba escucharlos porque eran sobre temas privados.

Ilustración: Salvador Dalí

Gusanoides - Jorge Márquez Flores


GUSANOIDES
Jorge Márquez Flores

Somos como gusanos, cuya sección trasversal es nuestra forma tridimensional... “¿cómo?”, preguntabas, porque el sueño era preciso, mas su recuerdo era incoherente. Volteaste al pasado: percibiste tu cauda iniciar al nacer y serpear el espaciotiempo hasta el presente. Supiste la verdad: no soñabas. Percibías todo como criaturas tubulares o filamentos cuyas sinuosidades iban y venían por el mundo -simultáneamente, manzana y gusano-, por una cuarta dimensión: el Tiempo, hecho distancia. Pero... entonces... éste no existe, o percibes únicamente el pasado. El presente: la punta del gusanoide. Recordar, es contemplar secciones; recorrer su trayectoria congelada, inmutable. No puedes cambiar su forma, como no cambiarías el pasado. ¿Por qué percibes esto ahora?, porque saliste de ese Tiempo, tu gusaneidad no crece más. Moriste. Tu conciencia regresó a un dueño desconocido. Y nuevas manzanas habrás de surcar.

Ilustración: Salvador Dalí

La muerte de un Samurai - ‘Ezz Eddine El Ma‘izi


LA MUERTE DE UN SAMURAI
‘Ezz Eddine El Ma‘izi

El pequeño dibujó un rectángulo, un triángulo, una chimenea y un hilo largo y alto, con una red en el extremo. Diseñó ventanas con cristales cuadrados, una puerta de madera, una escalera, el cuadro de un bello jardín en flor, con un árbol bien verde y erguido. Dibujó también un niño que era él, y que contemplaba una gran nube negra muy alta en el cielo que se vertía... Y las enormes lágrimas celestes borraron el dibujo.

Traducción del árabe al francés: Essia Skhiri
Traducción del francés al español: Olga A. de Linares
Ilustración: Salvador Dalí

La herencia - María del Pilar Jorge


Cuando murió la anciana no hubo expresiones de tristeza, sólo la calificaron de “tacaña” y “miserable”.
Mientras la familia discutía por sus magros bienes, Susana se apoderó de la llave del desván. Siempre había sospechado que era allí donde la abuela ocultaba sus riquezas.
Con esfuerzo, abrió la puerta. Para su desilusión, sólo halló una marmita, un revoltijo de libros, cuadernos y una innumerable cantidad de frascos que parecían estar vacíos. Abrió uno, y el olor rancio que salió del interior la impulsó a tirarlo, ignorando la gastada etiqueta en la que aún podía leerse: “tratar con cuidado”.
Esa noche, durmió presa de una gran desazón.
Al día siguiente, se levantó torpemente. Fue al baño e intentado despejarse, se mojó la cara.
Fue entonces cuando las vio reflejadas en el espejo. Criaturas amorfas, vestidas con la ropa de sus parientes, recorrían la casa.

Ilustración: Salvador Dalí

martes, 21 de octubre de 2008

Una mudanza - Sergio Gaut vel Hartman


En el sueño, yo viajaba a una localidad distante, el único lugar en el que se proyectaba Los hijos de Abraham, un filme maldito e inconcluso de Orson Welles o alguien por el estilo, una rara joya nunca antes vista. Los personajes de la película salían a recibirme y se mezclaban con los del sueño; todos juntos trataban de convencerme de que el rodaje nunca iba a terminar si yo no aceptaba el rol protagónico. Me pareció una desmesura, algo ridículo, puesto que no soy actor, pero me gustó que me adularan, me gustó ser el centro de atracción de la fiesta. Acepté la oferta y no volví a despertar.

Ilustración: Salvador Dalí

No confiar ni en los scouts – Daniel Frini


NO CONFIAR NI EN LOS SCOUTS
Daniel Frini

Deambuló dos días por la montaña. Cansado, con hambre y frío, lo encontró una patrulla de boy-scouts, en cuyo estandarte se leía “los lobos”.
—¡Benditos sean! ¡Gracias al cielo me encontraron! Ya estaba perdiendo toda esperanza.
Uno de ellos respondió, mientras le crecían rápidamente los colmillos
—En realidad ya la perdió, señor. No somos scouts, somos hombres-lobos, o niños-lobos, si le parece mejor, y usted es nuestra comida. Tenga la amabilidad de desvestirse así empezamos la carnicería.

Ilustración: Salvador Dalí

En médium - Jacinto Deleble Garea


EN MÉDIUM
Jacinto Deleble Garea

No encontró manera de superar su dislexia, que la obligaba a enredar, no ya una o dos palabras, sino textos enteros. Acabó escribiendo de modo tan tortuoso, que ni ella misma entendía sus escritos.
Aquella noche en la feria, la médium entró en trance incluso antes que ella hiciera pregunta alguna y poseída por el espíritu del difunto la abrazó emocionad@. En ese instante no ella, pero sí su mano, comenzó a responder a la caricia. Tomó un lápiz allí mismo y escribió sin pensar, con letra perfectamente legible: "¡Querido, por fin te encuentro!".

Ilustración: Salvador Dalí

Estrategias - Paola Cescon


ESTRATEGIAS
Paola Cescon

—Soldado que huye... —A lo lejos, disparos y bombas de Iraq. —Sirve para otra guerra... —A lo lejos, el ruido del horror en la selva colombiana.
Soldado que huyó de innumerables batallas regresa ileso a su hogar, cargando con orgullo un iris de condecoraciones al mérito.
La gorda lo recibe, brazos en jarra y un pie dando golpecitos histéricos en el piso: —¿Querés decirme por qué te tardaste tanto?, ¡Ahora vamos a ver qué valores demostrás acá!
Y la obesa mandona, a la cual siente como el peso de tanque encima de él; y él, que se arrepiente de tanta corrida para terminar en esta guerra de táctica grasosa. Y la gorda que duerme a sus anchas muy anchas; y él, que mira su uniforme lleno de medallitas. Y la noche, y ella exhausta, rendida, y soldado que huyó...

Ilustración: Salvador Dalí

Depósito municipal - Jordi Cebrián

DEPÓSITO MUNICIPAL
Jordi Cebrián

Se me llevó el coche la grúa por estar mal aparcado. Tardé dos días en ir a retirarlo del depósito municipal, y ya había una familia viviendo dentro. Me explicaron que el ayuntamiento utiliza los coches como albergues provisionales para refugiados de distintos países, acogidos en el nuestro. Mientras pagaba la tasa de la grúa, la multa y diez arbitrios, vi que en el asiento de detrás de mi coche dormían un niño y una niña. También su padre dormía, en el asiento del conductor. La mujer, despierta, me miraba con ojos tristes a través del cristal. Volví en taxi.

Ilustración: Salvador Dalí

Prosas de otoño en Gerona - Roberto Bolaño


PROSAS DE OTOÑO EN GERONA
Roberto Bolaño

El paraíso, por momentos, aparece en la concepción general del caleidoscopio. Una estructura vertical llena de manchas grises. Si cierro los ojos, bailarán dentro de mi cabeza los reflejos de los cascos, el temblor de una llanura de lanzas, aquello que tú llamabas el azabache. También, si quito los efectos dramáticos, me veré a mí mismo caminando por la plaza de los cines en dirección al correo, en donde no encontraré ninguna carta.

Ilustración: Salvador Dalí

El origen - Sebastián Camiletti


EL ORIGEN
Sebastián Camiletti

Soñaba despierto y vivía dormido, viajaba sin moverse y envejecía sin crecer. Atemorizado por él mismo, logró escaparse de su cuerpo. Una vez libre, decidió aislarse en una montaña. Nunca amanecía. El frío era su fogata. El vacío su compañía. La búsqueda su razón. Sabía que un día lo encontraría. Su fuga no iba ser en vano. Aunque costara la locura, su tortura tenía sentido. Y en un pensar, lo diferenció entre la oscuridad. Era un viejo austero, mendigo de su aspecto. Parecía un anciano sufrido, quizás sus años padecieron eternidades. Nunca pronunció ni una sola palabra. Las interminables noches continuaron con el viejo a su lado. Decidió que era el momento de abandonar al senil. Se marchó sin nunca haber escuchado un sonido en el abismo. Alejándose, desertó su exento y volvió a oprimirse en mí.

Ilustración: Salvador Dalí

Lo que dejo atrás - Alejandro Bentivoglio



A veces me detengo y me doy vuelta. Intento rastrear mis pasos, el camino que dejé atrás. Encuentro zapatos, cenizas, pequeños huesos, extrañas piedras con forma de lágrima, medias que no combinan el color.

Ilustración: Salvador Dalí

La comida del distraído - René Avilés Fabila


LA COMIDA DEL DISTRAÍDO
René Avilés Fabila

Llegó al lujoso restaurante y el mesero, por descuido, en lugar de ofrecerle la carta, le entregó la cuenta. El cliente vio la abultada suma y, sin más, pagó añadiendo una generosa propina.
Salió a la calle sintiéndose terriblemente satisfecho: la comida había sido magnífica, los vinos también y el postre insuperable; caminaría un poco para ayudar a la digestión.

Ilustración: Salvador Dalí

Muñecos divinos - Olga A. de Linares


La impía dureza del mercado forzó a buscar otras alternativas para reavivar los buenos valores cristianos. No sirvió de nada dotar con músculos de inspiración austriaca a Jesús, y el incómodo parecido de Sansón con un famoso terrorista de Medio Oriente obligó a retirar al muñeco de las estanterías. Las perfectas proporciones de Esther perdieron frente a las medidas imposibles de Barbie y el cortesano encanto de las Princesas Disney. Los chicos siguieron prefiriendo al Hombre Araña, no a Moisés. Un éxito moderado tuvieron David y Goliat; pero pronto se descubrió que los pequeños pintaban de verde al filisteo y machacaban hasta la extinción al israelita.
El broche final fue el barbudo que apareció gritando “dejen de comerciar con lo que pertenece a mi padre”. ¡Orate! No había dudas sobre los derechos en juego y nadie, en toda la congregación, lo conocía.

Ilustración: Salvador Dalí

jueves, 16 de octubre de 2008

La pirámide de Giza - José Luis Zárate


LA PIRÁMIDE DE GIZA
José Luis Zárate

Marco Licinio Craso averiguó, discretamente, cuanto costaba matar un poeta. Así aprendería Antipatro de Sidón a hacer listas de maravillas del mundo, a mencionar la Pirámide.
Habló de la afilada punta en lo alto para que las nubes se partieran en dos. De su innatural color blanco: como si hubieran pretendido construir una nueva luna y la hubieran dejado ahí un segundo, antes de que remontara el vuelo.
Craso sintió un temor reverencial al comprender que su fortuna no era ni un miserable sestercio comparado con eso. El poder que ostentaba al financiar a políticos tampoco valía.
Ignoraba que, con unas líneas, el poeta lo había mandado a la muerte.
Futuras espadas enemigas lo esperaban a él y a su hijo porque decidió en ese instante que sólo la gloria militar personal podría competir con esa Maravilla.
Craso error.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Tattoo's killer - Juan Yanes


TATTOO'S KILLER
Juan Yanes

Me tatué una serpiente en la espalda. El dibujo del ofidio reptaba por mi cuerpo describiendo un sinuoso recorrido. Salía del coxis, bordeaba las pozas de Venus y se enroscaba, atravesando el frío de las vértebras con la arista de sus escamas, hasta lo más alto de la columna vertebral. Su cabeza terminaba en mi cuello y a esa altura abría su monstruosa boca, enseñando, amenazante, sus cuatro incisivos. Algunas noches oía el sonido de sus crótalos, sentía sus movimientos en mi espalda y un dulce dolor me invadía, cuando clavaba sus dientes en mi nuca para inocularme el veneno. Un día, cuando desperté y toqué con mis dedos la boca de las heridas que habían dejado en mi cuello, vi cómo yacía enroscada entre las sábanas, rígida, con el rictus de la muerte en sus ojos de tinta azul.

Publicado en: http://mquinadecoserpalabras.blogspot.com/

Último deseo - José Luis Vasconcelos


ÚLTIMO DESEO
José Luis Vasconcelos

—¿Aún vive papá?, ¿vive?, preguntó el niño. Luego mostró a su padre la masa gelatinosa que escurría de su mano.
—Ya está muerto, hijo, respondió el hombre. Creo que no debiste apretarlo tan fuerte. Los escarabajos son muy proclives a fantasear con eso de que un día dominarán el mundo. En fin... Anda, a lavar esas manos; sabes que los insectos transmiten muchas enfermedades.
—Sí papi —contestó el pequeño—. Pero antes lo enterraré. Gregorio me dijo que cuando muriera quería ser sepultado en el jardín de la tía Milena.

Propiedad - Eduardo Abel Gimenez


PROPIEDAD
Eduardo Abel Gimenez

No lo agites. No dejes que se caiga. No lo mires tanto. No lo aprietes, no lo acaricies, no lo sueltes nunca. No le hables, no le grites, no lo mojes, no lo seques, no lo alises, no lo arrugues. No lo apures, no lo esperes, no lo tientes, no lo ignores. Ahora que está en tus manos, le pertenecés.

La Navaja de Occam - Daniel Santos


LA NAVAJA DE OCCAM
Daniel Santos

Algún día se enterarían de quién era el que movía el espejito. Y seguramente sería pronto ya que no había ningún chico en todo el Orfanato que no se hubiera sumado a la investigación, tampoco es cómo si tuviéramos algo mejor que hacer. Fantasmas, energía psíquica, fenómenos electromagnéticos desconocidos... cualquier teoría, por disparatada que fuera, servía para explicar por qué cada día el espejo del baño amanecía ladeado ligeramente. Por supuesto, nadie tuvo en cuenta la explicación más sencilla. Y como cada mañana, yo me seguía riendo de todos ellos.

La figura - Héctor Ranea


LA FIGURA
Héctor Ranea

Frente a una figura en el Museo, el que la estudia ve que algo se mueve desde donde están las jóvenes a donde posa el perro. Al principio piensa en una sombra de un turista. Después, y a pesar suyo, debe admitir que ha sido una mano desde dentro. Mirando atentamente, entre la figura de un supuesto Rey y las Meninas, distingue muy nítida la figura del pintor que se pasea en ese espacio como si fuera un fantasma.

Biógrafo infernal - José Vicente Ortuño


BIÓGRAFO INFERNAL
José Vicente Ortuño

—Quiero pedirle que sea usted mi biógrafo —dijo Lucifer.
—¡Pero si fui el peor escritor de mi época! —exclamó el escritor.
—Bueno, no soy el “viejo” —dijo señalando arriba—, pero puedo hacer algunos “milagritos”.
—¿Quiere que le venda mi alma a cambio de ser un buen escritor?
—¡En absoluto! —rió Lucifer—. Su alma ya es mía.
—Entonces, ¿qué salgo yo ganando?
—Mientras se encuentre en el purgatorio, y me temo que va ser muchísimo tiempo, estará exento de cualquier otro “trabajo”.
El escritor meditó unos instantes.
—Está bien, acepto. ¿Cuándo empezamos?
—Enseguida.
—¿Dónde está el ordenador? —dijo mirando alrededor.
—¿Ordenador para qué? Tome el cincel y el martillo que hay sobre la mesa y comience a tallar el texto allá.
—¡Pero si es una montaña de granito!
—Nadie dijo que fuera a ser fácil —dijo Lucifer y estalló en carcajadas.

El llanto - Ildiko Valeria Nassr


EL LLANTO
Ildiko Valeria Nassr

Mi mamá lloraba a la orilla de la cama mientras yo tenía que conjurar el sueño y dormir. No sabía, entonces, las palabras de consuelo y ella dejaba que las lágrimas le cayeran por la cara y le mojaran las piernas.
Ella permanecía mansa ante lo salvaje del llanto. Y yo oscilaba entre la vigilia y la pena.
Así crecimos.