viernes, 3 de abril de 2009

Noches y trasnoches - José Vicente Ortuño



El reloj señaló la medianoche, la hora en que las brujas remontan el vuelo hacia sus aquelarres, los vampiros buscan sangre fresca, los hombres lobo salen de caza, los fantasmas perturban la paz de los durmientes, los aparecidos espantan a los caminantes solitarios, los íncubos invaden lechos virginales y los súcubos provocan lascivas pesadillas.
Noctámbulos menos sobrenaturales inician también su deambular: Insomnes y trasnochadores, prostitutas y macarras, juerguistas y bebedores, jugadores y tahúres, asesinos y ladrones, golfos y mujeriegos, chulos y chaperos, truhanes y almas perdidas.
Las calles y antros de la ciudad, atestados de criaturas de la noche, se convierten en un hervidero de ruido y sensaciones. Pero alguien permanece oculto en su guarida, en silencio. Baraja ideas, hilvana palabras y las transforma en vivencias, creando universos alternativos y mundos fantásticos. Y al amanecer, el escritor duerme satisfecho de su nueva obra.

Cronos - María Elena Lorenzín


CRONOS
María Elena Lorenzín

El viejo reloj, con puntualidad, daba siempre la hora exacta sin reclamar horas extra. Un día, cansado de la rutina, se quedó dormido unos segundos. Entonces soñó con un tiempo sin relojes y se despertó aterrado. Nadie notó el pequeño retraso.

Tomado del libro Microsueños, Editorial Asterión, Santiago, Chile, 2008.

Subrreal - Sergio Gaut ver Hartman


SUBRREAL
Sergio Gaut vel Hartman

La espera es azul, suena como piedra y huele a hueco. Un nombre antiguo se agita y otro, o el mismo, atado a una promesa, destroza las palabras que lo tenían sujeto. Espeso una mujer líquida y mis manos se hunden en ella; busco el dolor descascarado. Entonces, usando la última hendidura viva del cerebro, advierto que lo subrreal subordina a lo real y lo somete. Las primeras palabras anidan en las alas de un anzuelo pescador del aire, que dibuja diez frases sin sentido en la piel de un elefante. Las siguientes le dan vida a un final apresurado.
—Necesito bajar al sótano —digo, casi sin respirar.
—Venga —responde el sótano—, tengo las palabras que busca.
—¿Las conoce?
—Como si las hubiera pensado yo: húmedo, caliente, profundo, resbaladizo, absoluto.
—El número es cinco, es cierto —digo, y me pierdo en el laberinto.

Renuncia - José Luis Vasconcelos


RENUNCIA
José Luis Vasconcelos

—Recuerda. La intriga es esa picadura de serpiente capaz de devolverte al mundo que jamás debe abandonarse por una rosa, —puntualizó Maquiavelo. Se despidió amablemente y luego firmó su renuncia irrevocable como consejero áulico del Principito.

Vía rápida - Yolanda de la Torre

Mariana cayó dormida en el autobús al dejar atrás la estación. Se alisó la falda hasta el tobillo y puso un suéter abierto sobre su blusa de cuello alto y mangas largas. Entre las cortinas se colaba la luz de las farolas. Ella recargó la cabeza en la ventana. Se dejó ir.
Apenas pudo entrever una cabeza asomada a sus pies. Debía ser un sueño. No encontró otra explicación al disfrutar tanto la manera en que aquel sujeto le alzaba la falda, hacía a un lado las bragas y sumergía la cabeza entre sus piernas. Imposible, ella jamás lo permitiría. Un sueño, sin duda. Se dejó ir.
Despertó jadeante y turbada. Miró al desconocido. Sin pensarlo, hizo a un lado el suéter. Abrió la blusa y el sostén. Se deshizo de la falda. Tomó la cabeza del hombre entre sus manos. Se dejó ir.

sábado, 28 de febrero de 2009

Abordaje - Esteban Dublín


ABORDAJE
Esteban Dublín

No crean, para mí tampoco fue fácil. Verla tan hermosa y llorando, como suplicándome un minuto más. Al menos un abrazo más. Se iba a España y sabrá Dios si algún día vuelva. Tal vez nunca la vea de nuevo. Sollozaba, como si no hubiera remedio posible, y, yo, claro, yo que no soy de palo, pues me quebré. Porque tal vez muchos crean que soy un insensible, pero no, soy un hombre de carne y hueso. Nadie sabe lo que sufro yo en momentos como esos. “Siga, señorita”, fue lo último que le dije mientras le devolvía el pasaporte para atender al siguiente pasajero.

Tomado de http://estebandublin.blogspot.com/

Sorpresa - José Luis Zárate


SORPRESA
José Luis Zárate

La máquina del tiempo se podía hacer con elementos caseros, era barata y sencilla. E inútil. El pasado era inamovible. Sólo podía documentarse y nada más. Todo viaje se hacía por nostalgia. De esos tiempos, del ayer personal: infancia, adolescencia, primeros amores. Sobre todo eso: amores perdidos. Una oportunidad de verlos de nuevo, de hablar con ellos antes del fin. Por que el pasado no podía transformarse y los adioses eran para siempre.
Fue una amarga sorpresa abrir la puerta y encontrarse consigo mismo, con ella tomándolo de la mano. Se miraron los tres, sabiendo qué significaba eso.

Complejos - José Luis Vasconcelos


COMPLEJOS
José Luis Vasconcelos

Desde la cúspide, ambos veían con orgullo sus enormes complejos.
—Cómo hemos crecido, dijo él.
—Tú, mucho más, respondió ella.
—Exageras; vamos a la par. Qué te parece un brindis.
—Brindo por ti, Edipo.
—A tu salud, Elektra.

Tomado de http://rojanota.blogspot.com/

No me dijiste... - Newton Stone


NO ME DIJISTE...
Newton Stone

Hoy al cruzar de una torre a otra, vi a dos hermanas caminar sobre la cornisa. Saque mi manual de emergencias y leí lo siguiente: “cruce a la izquierda y siga por el pasillo abovedado”. Instantáneamente, el camino sobre el puente se convirtió en una especie de curvatura difícil de explicar donde se atravesó una mujer de cabello muy negro, no muy hermosa, no tan dulce, que me acompañó hasta el otro lado del camino.
Al llegar, descendí por una escalera de caracol y me encontré con un gran vitral que iluminaba la amplísima estancia. Al fondo, una puerta decorada por mosaicos me indico algo que yo empezaba a sospechar: ¡no estoy en mi colegio!
Camine hasta el fondo, gire la manija y lo único que hice fue enmudecer ante el paisaje…
Verde fosforescente, rocas altas…
Creo que no estoy equivocado al pensarlo…

La señal - Carmen Rosa Signes Urrea


LA SEÑAL
Carmen Rosa Signes Urrea

Rebuscó ansioso entre las cenizas y nada. Cerró la portezuela de la vetusta estufa y regresó con un nuevo cargamento de leña.
La habitación parecía resistirse al efecto calorífico de aquel artilugio, tal vez por que en las ventanas el vidrio inexistente —sustituido por pequeños trozos de hojas de prensa— favorecía la salida del calor.
Con acelerados pasos, en un constante ir y venir, se le veía desde la calle. Nadie se atrevía a decirle nada, todos conocían su alterada mente.
Rebuscando entre las cenizas las señales que, según decía, le hablaban, transcurrían sus días.
Se precipitaron hacia la vivienda. Tarde le bajaron de la cuerda amarrada al cuello que colgaba desde el techo.
Junto a la estufa de leña aún humeante, inusualmente revuelta, el trozo carbonizado de un leño que asemejaba un ataúd.

Campamento - Liliana Savoia


CAMPAMENTO
Liliana Savoia

Acampar había resultado desalentador. El paraje era un desierto, no precisamente de arenas, sino de un desolador cemento. Improvisamos como pudimos un reparo en ese lugar abandonado de Dios y del mundo. Solo las espesas y grises nubes nos acompañaban. Por suerte era evidente, por los restos que encontramos, que algún otro u otros viajeros habían pasado por lo mismo. Utilizamos todo lo encontrado: caños, rayos de bicicletas, baldes, tarros, chatarra. Con ello nos resguardamos de la luna que nos molestaba con su curiosidad. Margarita llevaba consigo, como siempre, nuestras sábanas blancas de hilo, aunque ello no hizo más confortable nuestro descanso, interrumpido por esos estruendos que destrozaron nuestros oídos. Manchas rojas lucen hoy en cada una de las improvisadas camas, Quizás en uno de estos días algún turista desorientado las halle y se pregunte que fue de sus dueños.

jueves, 26 de febrero de 2009

Metempsicosis - Héctor Ranea


METEMPSICOSIS
Héctor Ranea

Cuando comenzó a escribir esos cuentos, en cada oración le aparecía un nombre. Finalmente se enamoró de ella más de lo que las normas del buen escritor recomiendan acerca de relacionarse así con un personaje. Decidió no matarla, como haría un Conan Doyle o un Simenon, sino echarla de sus cuentos, de sus sueños, de sus fracasos. Días después, cuando estaba revisando su correspondencia y navegando por sus páginas favoritas, encontró un cuento escrito por uno de sus amigos, en el que ella gozaba del amor que le daba un escritor más dado a enamorarse y, se podía intuir, se reía de él, tan perdido en su práctica de escritor apenas mediocre. Él la había bautizado Valeria.

Enfermedad de transmisión genial - Sergio Patiño Migoya


ENFERMEDAD DE TRANSMISIÓN GENIAL
Sergio Patiño Migoya

Un genio estornudó una bolsa de monedas infinitas, un reino y la mujer más bella, para el hombre que había frotado la lámpara. Curado de ambiciones, el genio se marchó feliz, no sin antes contagiar la enfermedad al hombre, que fue absorbido por la lámpara. Desde entonces permanece a la espera de que otro desdichado lo libere. Llevará su tiempo porque, tanto o más que hermosa, la mujer resultó inteligente: con la bolsa y una loable habilidad para la intriga, llegó a ser soberana del reino. En el rincón más profundo de Palacio permanece la lámpara, a salvo de manos avariciosas.

Tomado de http://breventosybrevesias.blogspot.com/

Medianoche 3 - José Vicente Ortuño


MEDIANOCHE 3
José Vicente Ortuño

El reloj señaló la medianoche. Fue la señal para que el asesino que habita en esa zona, entre la vigilia y el sueño, en la que la realidad ondula y se retuerce, diese tres golpes en la puerta. Ésta se abrió con un chirrido de bisagras oxidadas. Entró deslizándose en la oscuridad. Olió el miedo de su víctima. Escuchó los latidos apresurados de su corazón y su respiración entrecortada. Sintió el aura espesa de pánico que llenaba la habitación. Avanzó cauteloso, en silencio como una sombra. Desenvainó la hoja. Olió la sangre de pasadas víctimas. Contuvo la respiración para mantener el pulso firme. Escuchó el filo hender el aire. Gorgoteo. Estertor. Éxtasis.

Mutatis mutandi - Diego Muñoz Valenzuela


MUTATIS MUTANDI
Diego Muñoz Valenzuela

La chica se empeñó en cambiar su nariz: quería una más pequeña y respingada. Sus abnegados padres se lo concedieron. Hay que decir que antes ella se había teñido el pelo de rojo e insertado siete piercing en aquellas escasas partes de su cuerpo todavía no cubiertas por un tatuaje. Tras sucesivas pataletas convenció a sus progenitores para realizar nuevos cambios. Se agrandó los senos, aplanó su barriga, estilizó sus piernas y afirmó sus nalgas. Y muchas otras cirugías. Dos años después poco quedaba de ella misma. Sufrió una crisis identitaria que agravó su bulimia y la depresión endógena que la afectaban. Desesperada, se arrojó desde la terraza de un edificio. Nadie reconoció sus restos.

Tomado de http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

Cuando los dinosaurios poblaban la tierra - Jorge Martín


CUANDO LOS DINOSAURIOS POBLABAN LA TIERRA
Jorge Martín

Éramos nosotros, todavía inocentes, ni enterados que íbamos camino a la extinción. Corríamos detrás del carro de la leche y las tortas negras, azúcar y grasa del tamaño de una pizza chica.
Las arduas negociaciones para conseguir los largos antes que los pelos incipientes de las piernas. Apenas me doy vuelta y ya no hay rastros del gallego Francisco, ni Miguel el hijo del carnicero. Donde estaba mi casa hay un edificio de seis pisos y la calle polvorienta se ha convertido en duro asfalto. Parece ayer que perdí mi caballo atropellado por la camioneta de Daer, sÍ, muy parecido al libro. Solo que yo no supe que algo estaba terminando hasta mucho después que pasó. Esta especie que se adueñó del planeta no se parece a nosotros. ¿Seguro que no hubo una invasión alienígena?

Colores - Javier López


COLORES
Javier López

—Vístete y prepárate para salir.
—Pero papá si todavía queda un rato, ¿no ves lo que está lloviendo?
—Hijo deberías confiar en la experiencia de tu padre —intervino la madre—. Haz lo que te dice.
—Pero mamá, estoy cansado, y también nervioso. Va a ser mi primera aparición en público —protestó de nuevo el jovencito.
—Precisamente por eso, ya deberías estar preparado.

Cuando de repente las nubes parecieron abrirse y asomó un rayo de sol. Aunque seguía lloviendo, ahí debería haber estado el arcoiris.
Muchas personas lo echaron de menos, y se extrañaron del raro fenómeno meteorológico. Para otros, su ausencia pasó desapercibida.
El joven arcoiris se llevó una buena reprimenda de sus padres, por no haber hecho su trabajo a su debido tiempo, tal como le habían advertido.
Y todos los que no lo vieron, recordaran aquel día por su inexplicable ausencia.

Tomado de http://www.meriendaenelparque.blogspot.com/

Sino - Sergio Gaut vel Hartman


SINO
Sergio Gaut vel Hartman

Acababa de regresar de una fiesta y estaba bastante borracho. Pero necesitaba escribir un cuento breve para el concurso y enviarlo antes de las ocho de la mañana. Tomó una novela al azar y copió un párrafo. La ventana se abrió; en ella apareció un hombre apoyándose esforzadamente en el vano. Temblaba y se sacudía, dando la sensación de que se hallaba enfermo. Casi de inmediato, produjo un ruido insólito al raspar la lengua contra los labios y la palabra “sino” surgió de su boca. Pareció forcejear con un fantasma y trató de inhalar pero cayó hacia atrás y se precipitó al vacío. El escritor se levantó de un salto y miró por la ventana; en la calle, siete pisos más abajo, su cuerpo se desangraba, reventado contra el pavimento. ¡Qué pena!, murmuró. Aunque gane el concurso no podré disfrutar del dinero del premio.

Vulcana - Lilian Elphick


VULCANA
Lilian Elphick

La pistola Zeus tiene una empuñadura labrada y disparador suave, especial para principiantes; el rifle Minerva, calibre 308 con visor Circe, es para expertos. Este lanzamisil Ítaca es portátil, y la escopeta lanzagranadas sin retroceso Medusa 79 es un arma antiemboscadas. La metralleta NN-47 era de un presidente. No se vende. Cascos antidisturbios y grilletes para rótulas, pulgares y cuello, están en oferta: lleva tres, paga dos. Lo mismo para el gas de mostaza y el aerosol de pimienta. ¿Machetes? Varios. ¿Quiere verlos? También hay cuchillos cortahueso, desolladores, y mi creación más nueva: el hacha Troya, con mango odiseo. Una obra de arte. Es cara, eso sí.
Lo veo confundido; piense qué es lo que quiere comprar y para qué. Mañana vuelve. Cuál es el apuro. Tome: una bala expansiva. Gentileza de la casa.

Tomado de http://lilielphick.blogspot.com/

martes, 24 de febrero de 2009

El óbolo - Jacinto Deleble Garea


EL ÓBOLO
Jacinto Deleble Garea

—No es con monedas que pagarás el viaje.
—Pero tenía entendido que…
—Sandeces de rapsodas borrachos. ¡Qué sabrán ellos! ¿Conservas la llave? —El soldado le miró perplejo—. La llave que cerró tu alma.
—¿Te refieres a… esto? —Sostenía en alto su amuleto, el casquillo de la primera bala que disparó.
—Sube.

La sombría multitud comenzó a registrar sus vestiduras.
Por las callosas manos de Caronte fueron pasando abalorios de todas clases: anillos, talonarios, diversas prendas de ropa, martillos de juez, plumas, escalpelos, viejas fotos… e incluso alguna moneda.
—Yo no traje nada —dijo un hombre elegante de cara de hurón.
La incandescente mirada del anciano le acuchilló hasta lo más hondo.
—Hiciste carrera política. —No era una pregunta.
—Sí, yo…
—Promete que me pagarás.
—¡Juro que lo haré! —mintió.
—Sube.

Ramera del sol - Luis Tomás Cucuzza


RAMERA DEL SOL
Luis Tomás Cucuzza

Justo en el momento bestial, en ese punto límite y fatal, la huella me abandona y decide ser su propio camino; segura de sí misma detesta las sendas mal trazadas que otros rumbearon a la deriva: aborrece de los llanos desvirgados; peor aún: mi sombra —eterna fámula hasta hoy, falsa y servil— prefiere el horizonte incierto y sigue incondicional a esa huella traidora: me abandona sin mirar atrás: ramera del sol. Un eje partido, una esperanza desvanecida: aún de pie e inmóvil, me condeno porque estoy convencido de que pereceré cuando agonice el crepúsculo; perdido, abandonado sin mi sombra y sin mi huella: putas de otra vida.

Apuestas con mi mujer - Jordi Cebrián


APUESTAS CON MI MUJER
Jordi Cebrián

Aposté con mi mujer a que era capaz de escribir veinte cuentos de cien palabras en tres horas. La cosa parecía una insensatez, pues el simple hecho de contar cuantas palabras hay en un cuento, y hacerlas cuadrar, ya supone un buen rato. Además, hay que contar con que todo funcione, que el ordenador no se estropee, ni que uno se distraiga: todo ese porno colgado de Intenet que no se baja sólo, esos correos cadena a los que hay que contestar para evitar males terribles. Pero la cuestión es que, a lo tonto a lo tonto, ya tengo uno.

Tomado de http://cienpalabras.blogspot.com/

Melodía encadenada - Jorge X. Antares


MELODÍA ENCADENADA
Jorge X. Antares

La canción de éxito se difundió por la Red como la pólvora. Ladinamente, la discográfica había metido en ella un mensaje subliminal suicida para librarse de los piratas. Un escarmiento estéril que terminó por destruir toda la industria de la música y, de paso, medio planeta.

Metamorfosis doméstica III - Mónica Angelino


METAMORFOSIS DOMÉSTICA III
Mónica Angelino

Mi perro juega con un ovillo de hilo. Mi gato gruñe mientras mordisquea un hueso. Lo extraño, realmente, es que la carnívora mariposa disecada que tengo en casa, a empezado a comerse mis plantas y ella sabe ¡como quiero a mis plantas! Lo más raro, es que mi canario, en un ataque de bondad me ha reprochado, mientras masticaba una zanahoria, que yo estuviera comiéndome todo el alpiste de las cucarachas.

Trucos - Ricardo Acevedo Esplugas


TRUCOS
Ricardo Acevedo Esplugas

El hechicero chasqueó los dedos; un viento suave sacudió la pradera, las plantas nacieron instantáneamente, una nube de mariposas se transformó en soberbio castillo blanco...
—¡Corten!
El hombre del megáfono se acercó al set mientras conversaba con un técnico.
—Esos efectos especiales te quedaron magníficos. —Saludó con gesto de aprobación al actor y se retiraron a un camerino.
En la soledad de la pradera el hechicero se entretiene apagando las estrellas.

domingo, 22 de febrero de 2009

Medianoche 2 - José Vicente Ortuño


MEDIANOCHE 2
José Vicente Ortuño

El reloj señaló la medianoche. El lector se encontraba en esa zona, entre la vigilia y el sueño, en la que la realidad ondula y se retuerce. “Tres golpes estremecieron la puerta”, leyó en el libro. Un escalofrío recorrió su espalda. “Una corriente de aire gélido apagó la vela”, continuaba el texto. “Viento agitando los árboles. Crujido de tablas. Una respiración a su espalda”, siguió leyendo. De pronto se apagó la luz. Retuvo la respiración, escuchando los sonidos de la noche. Una alarma lejana. El camión de la basura. Un ciclomotor con el escape libre. El deslizar de una hoja afilada en su yugular. La sangre saliendo a borbotones con cada latido de su corazón… Lástima, no podré terminar el libro, pensó.

Do de pecho - José Luis Vasconcelos


DO DE PECHO
José Luis Vasconcelos

El tenor selló su actuación con un impresionante Do de pecho. Apenas entró al camerino, extrajo de su boca un enorme sapo y lo puso sobre el tocador. El batracio saltó hacia el interior del espejo y, al instante, se convirtió en un apuesto príncipe.
La mujer arrojó a un lado el disfraz de cantante obeso y, muy feliz, fue a reunirse con su amado.

Tomado de http://rojanota.blogspot.com/

Ying Yang - Javier O. Trejo


YING YANG
Javier O. Trejo

Prosa limpia y concisa, una historia con gracia y entretenida. Personajes que se pueden creer y querer y odiar. Agudeza e ingenio. Belleza suficiente y un toque de exotismo. Soltura en los diálogos y destreza en el argumento. Enroques pocos, elocuencia y cierto desparpajo. Agilidad en la trama y en los diálogos, presencia y cuidado.
Ponga de esto.
Maledicencia súbita. Diálogos barrocos. Personajes chabacanos y soberbios. Prosa recargada y altanera con retruécanos innecesarios. Abuso de los largamente cuestionados adjetivos. Petulancia y ese tufo que detenta la pobreza narrativa. Campos en flor, corazones valientes, amores puros, amistades eternas, familias perfectas, nobles caballeros y oscuros dragones en dosis suficiente. Imposturas varias.
Saque de esto.
Vaya y pruebe, a ver cómo le va. Es fácil, le cedo la receta.

Insepulto - Angela Schnoor


INSEPULTO
Angela Schnoor

No tenía conciencia de ello, pero estaba muerto. El cuello apretado, los zapatos duros y el eterno paletó oscuro traducían la prisión en la que vivía. En su realidad no había espacio para alegría, color o movimiento. Una noche soñó que algo lo elevaba salvándolo del túmulo donde se había confinado. Dormía relajado como nunca, apoyado en ramas delicadas, aparentemente tan frágiles y débiles como, imaginaba, todos aquellos que soñaban y buscaban las alturas.

Título original: Insepulto
Traducción del portugués: GvH