lunes, 15 de noviembre de 2010

Rutina diaria - Javier López


Como cada día, haciendo gala de una puntualidad paradigmática, el director del Museo Británico se dirige personalmente a la puerta principal para supervisar la apertura al público.
El Big Ben da el aviso. Son las diez de la mañana. Con su flema característica, abre las puertas del Museo. Utiliza una llave inglesa.

Imagen: Crow Between, de sesfitts en deviantArt

Tú - Carlos Rodríguez Arévalo


Lejana te fuiste de tu vida para volver a encontrarla, y dejaste lo bueno y lo malo, pero sobretodo, lo que te estorbaba. Después de eso te elevaste, te perdiste y te encontraste, te tomaste de la mano y aterrizaste y te fuiste caminando sin mirar atrás y lograste verte de espaldas después de darle la vuelta al mundo.

Sobre el autor: 
Carlos Rodríguez Arévalo

Imagen: Air Ship, de sesfitts en deviantArt

sábado, 13 de noviembre de 2010

Amor adolescente - Eduardo Mancilla


Ellos habían consensuado hacer el amor por primera vez tras un fogoso debate sobre intereses y prejuicios. Inmediatamente, el joven se sumergió en el mundo instantáneo de la pornografía. Su desvelo era ofrendarle una maestría de amor. Ella lo consultó con su madre. La lluvia de la siesta los acompaño hacia el lugar oportuno. Él dejó evidencias de su remolino de pasión. Ella le cobró doscientos pesos.


¡A comer! - Samanta Ortega


Como de niño no había manera de que comiera y en la casa la mayoría de las veces había puré, la madre desesperada transformaba la bola de patatas en una niña. Si hacía hamburguesas o cualquier otra cosa, también le daba la misma forma porque era la que mejor le salía: Y ahora, le comemos la pierna, ¿ves, qué rico?
El problema fue cuando empezó a manejar los cubiertos solo.

Necropsia - Alejandro Ramírez Giraldo


Entré a la sala de necropsias y el cadáver me esperaba sobre la mesa. ¡Ay!, me sobresalté al ver tanta belleza. Observé, medí y anoté los datos técnicos necesarios. Luego, cuando empezaba a quedarme perplejo sobre esos senos prominentes, firmé el informe y dije listo. Se levantó rápidamente y se encerró en el refrigerador de un portazo.


Tomado del blog: http://www.minicuento.com/

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

jueves, 11 de noviembre de 2010

Un día de pesca - María Brachetta

 
En el mar de la vida podemos pescar infinitas cosas. Pero no hay vueltas, el día que pesques una traición te ahogas. Te caes a las profundidades del océano, y sin bien muchos dicen que se puede volver a la superficie, la presión que ejerció aquella sumergida es muy difícil de curar y olvidar.

Al origen - Raúl Sánchez Quiles


Salió un día de un lugar cálido y cercano y ahora lucha cada noche por regresar, al menos en parte, a algún barranco acogedor que le resulte vagamente familiar; a alguno de esos despeñaderos que le recuerden los precipicios húmedos de su origen. Las noches en que no logra su objetivo, opta entre reencontrarse con otras cinco partes de sí mismo o cruzar la frontera, pagar el canon y recorrer con los ojos cerrados alguna de esas gargantas sin nombre que surgen en pleno corazón de las ciudades.

Tomado de Hiperbreves, S.A.

¡Clic! - Daniel Sánchez Bonet


Mi hermano es un tipo extravagante de esos que se encierran en la habitación mientras filosofean sobre nuevos conceptos. Talento tiene, de eso no hay duda y según dice, uno de sus mayores logros es un original lenguaje que permite expresar con exactitud fenómenos poéticos e indescriptibles. No suena nada mal, la verdad. Así, en su diccionario, la alegría experimentada tras una larga espera equivale a un ¡Din-don!, el paso del tiempo a un ¡Tic-tac!, un bello amanecer a un ¡Quiquirikiiii!, la muerte a un ¡Ssssss! eterno, el odio a un ¡Bum! y los orgasmos a un efusivo ¡Mmm!…
Lástima que haya olvidado incluir también el que define su triste soledad.

Tiempo perfecto - Nicolás Ferraiolo



Mi ingenuidad comenzó cuando antiquísimo estudiaba gramática en el profesorado, y me resignaba a que sí existía el contradictorio tiempo verbal “futuro perfecto”. Me invadía la idea de que si había una posibilidad mental de nombrar perfectamente lo que pasaría en el futuro, yo debía tener un proyecto armado: una esposa, amantes, hijos, muchos nietos… El sueño americano se filtraba sobre mis deseos libertarios. Conseguí una novia, nos casamos y tuve todas esas cosas.
Hoy, divorciado, viejo y arruinado, mi gran satisfacción es el Esbozo del Diccionario de la Real Academia, donde el "futuro perfecto", que me arruinó la vida, no existe. No existirá más. En consecuencia, voy todos los días a los piringundines de todo el país, tomo fernet con coca, entre otras cosas. Se preocupan por mi salud. Los muy ingenuos no saben que ya no pueden afirmar ni que vamos a morir.

Nicolás Ferraiolo

martes, 9 de noviembre de 2010

Demografía del otro lado – Sergio Gaut vel Hartman



—¡Es inadmisible! —El lujoso personaje, envuelto en una capa roja protestaba ante la taquilla de admisión.
—¿Usted o quién? —replicó, aburrido, el tipo que revisaba las credenciales—. ¿No le debo permitir el ingreso o quiere decir que es inaceptable que hayamos organizado esto?
—¿Se da cuenta? Usted no registra la realidad que lo circunda.
—¿No? ¿Usted sí?
—Yo sí. Veo a Ahab, Obama, Sandokán, Samsa, Saramago, Joe Silver, Bufalo Bill, Stallone, Raskolnikov, y ni le digo de los otros, que no conozco o no registro.
—¿Es estúpido o qué? ¿No leyó el cartel?
—¿Qué cartel? —dijo el de la capa roja.
—Ese. —El admisor apuntó con el dedo hacia arriba. Rezaba: I CONGRESO UNIVERSAL DE METAFICCIÓN.


Acerca del autor:
http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/sergio-gaut-vel-hartman.html

Morgue - Héctor Ranea


—Entendí la causa del deceso —dijo el Jefe de Terapia Intensiva Alimenticia.
—¿Sólo porque dejó esos garabatos que ella llamaba escritos? —dijo la escultura viviente que venía de Guardia e Incertidumbres del mismo Hospital.
—¡Qué generoso soy —exclamó el Jefe— que no la despido!
Todos callaron, ocultando su cobardía. El Jefe siguió: —Verán al lado del cuerpo de la difunta una bolsa de supermercado. Esa blanca de ahí —señaló—. En ella, la occisa separaba los restos para comerlos en un festejo regado con licor generoso que compraba a treinta por caja.
Maribel comentó por lo bajo al experto en Alimentación Alternativa: —Depende. Yo, por ejemplo, encuentro seductora a la persona que bebe esos licores.
—El problema —concluyó el Jefe— estribó en que, aparte de seguir la dieta antropófaga que le recetamos, comerse las uñas de sus víctimas por separado le causaba tanto placer que no pudo parar, hasta morir.


Acerca del autor:

Epicureísmo - Claudia Sánchez


El festejo estaba por comenzar. Ni bien terminó de limarse las uñas, sirvió un vaso generoso de sangría helada, encendió las velas aromáticas y puso esa música seductora que tanto le gustaba. En terapia había llegado a la conclusión que tenía que hacerse tiempo para el placer. Era difícil, porque el tiempo escaseaba. Pero ahora disponía de media hora antes de que llegaran los chicos y la aprovecharía al máximo aunque dudaba  en superar el tercero. Igualmente era un buen número. Se acomodó en el sillón, abrió su  laptop y comenzó a leer los escritos químicamente impuros. Murió de placer.

Enojo libresco - Saturnino Rodríguez Riverón


Un libro rebelde y contestatario que al abrirlo cualquier lector desaprensivo en una página determinada —digamos la 53— todas las letras le saltan a la cara y comienzan a entrarle por la nariz, los oídos, mientras otras le aprietan el cuello fuertemente y le gritan enojadas: “¿Por qué, por qué vienes a pasear tus ojos intrusos precisamente aquí en nuestro mundo?” y aprietan, aprietan hasta asfixiarlo. Después ellas mismas se encargan de cerrar el libro y borrar las huellas del crimen.

Miseria - José Luis Vasconcelos


Llevarse algo a la boca, tras días de no hacerlo, fue tan doloroso como el hambre. Los labios de la pareja estaban cuarteados. Lloraron, tal vez de gusto, rabia o resignación. La saliva era una masa espinosa que raspaba sus gargantas. Jamás olvidarían esa comida; sólo tomaron lo que estaba a su alcance. Instantes después masticaban tenazmente esa carne rancia y blanquecina. La mujer alzó los hombros, y él dijo: —Tu hija iba directo a la fosa común, qué más da; además, las ratas tienen mejor sabor.

Blanca y radiante - Víctor Lorenzo Cinca


La de hoy me recibe como todas las anteriores, seductora, desnuda, indefensa, entregada por completo a mi voluntad. La observo, la acaricio, clavo mis uñas en su pálida piel... y ella aguarda sin palabras. Me encantaría colmarla, como he hecho con otras, pero no, hoy no puedo ser generoso con ella, no puedo prodigarme. Nada de preliminares. Debo darme prisa, alcanzar rápido esa sensación de placer que siento siempre después de la descarga. La situación lo exige.
Terminada la contienda, aliviado, la dejo encima de las otras hojas, con nueve renglones escritos y el punto final colocado, y me fumo un cigarrillo a modo de festejo. La escritura es mi única terapia.

Muñeca – Fernando Puga


Dobla las rodillas con una elegancia superlativa; sin permitir que su cuerpo pierda la vertical. Un movimiento estudiado sin duda, pero tan bien aprendido que sorprende con su naturalidad a los galanes que clavan los ojos en su estilizada figura.
Con la bolsita que acaba de sacar del estuche enganchado en la correa del caniche, levanta el excremento que el can dejó sobre la acera.
El caniche es macho.
El único macho que no la abandonó luego de conocerla un poco.

La espera - Luisa María García Velasco


La mujer de la foto sonreía. Seguía siendo el amor de su vida, después de tantos años. Inconfesado siempre, oculto al mundo. Oculto incluso a los ojos de ella, que finalmente escogió a otro y fundó una familia. Pero ahora tenía su imagen, aquella foto suya que desde el papel enmarcado lo miraba a los ojos y le sonreía. A él le bastaba. Disfrutó de aquella primera experiencia de intimidad con ella, bajo el sol de mayo, con multitud de flores (lo demás no existía) rodeándoles. Decidió repetirla cada día. Le devolvió la sonrisa. 
Y después, lentamente, salió del cementerio.

Costumbre devoradora – María Fabiana Calderari


—Festejo la decisión de conservar finalmente sus escritos —anunció con voz seductora, mientras, indulgente, daba por concluida la terapia de tantos años. No es fácil superar la costumbre de devorar papeles. Ella lo comprendía mejor que nadie. Nos saludamos con un generoso quejido, ensordecedor y enigmático, moviendo apenas las rabadillas. Y  por puro placer, nos comimos las uñas.

La legendaria ciudad de los vientos - Sebastián Chilano


Las llamaban Tokio, New York, Buenos Aires. Quienes las construyeron estaban empecinados en llegar al cielo. Dicen que tienen capa sobre capa de cemento. Y de tierra también. Y que por eso colapsaron. Nadie sabe qué será de ellas en 1000 años. Hoy son inhabitables, y a la vez son las mayores atracciones turísticas. Hacia ellas parten y se pierden distintas expediciones. Viajeros de todo el mundo entrenan para soportar las inclemencias. Dicen que no se puede respirar. Que el ruido es ensordecedor. Que para dormir hay que atarse tres veces y boca abajo. Que si algo se cae o se tira puede destruir las ruinas de cualquier edificio antiguo y colapsar el santuario. Dicen que nadie ha vuelto. Dicen que los pocos que han vuelto fueron confinados. Dicen, también, que nadie quiere volver. Mañana partimos hacia Buenos Aires. Confió en regresar.  

Alturas - Javier López


La multitud, que se arremolinaba en los alrededores del edificio, comenzó a abuchear al hombre que acababa de saltar al vacío desde el piso 93.
—¡Cobarde, farsante! —gritó, con las manos haciendo de bocina, el hombre del maletín de piel.
—¿Para esto nos tienes esperando? —vociferó la mujer del caniche.
El resto de los congregados ululaba afeando la conducta del suicida arrepentido. Éste, tras saltar al vacío, había desplegado un paracaídas con la enseña de la compañía a la que representaba.
A la altura del piso 71, iban a llevarse una sorpresa. El entonces supuesto suicida pasaba las cuerdas del paracaídas alrededor de su cuello.
Poco después se posaba sobre el firme de asfalto, con la lengua colgando hacia el lado derecho entre sus labios.
—¡Bravo, bravo! —los vítores del gentío se mezclaron con aplausos.
Se dispersaron, satisfechos de que la espera había merecido la pena.

Acerca del autor:
http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/javier-lopez.html

Control de plagas - Carolina Fernández Gaitán


A pesar de que Ana se sentía afortunada, había dos cosas que la sacaban de quicio: los reclamos de Sergio y los mosquitos. Durante años aguantó los reproches por las tardanzas, los platos sucios, las visitas de sus amigas, la camisa sin planchar y la mar en coche. Sin embargo al llegar la noche, su tormento se perdía en los ojos turquesas de Sergio. Era sobre aquella piel suave y bronceada, donde Ana olvidaba los martirios. Y en el preciso instante en que escalaba los firmes pectorales de su novio, aparecían los mosquitos torturando sin clemencia.
Una noche estrellada, Ana, comenzó a poner en práctica el plan perfecto: dejó de besar a su amado. Al cabo de unas semanas, Sergio volvía a ser un gordo y verrugoso batracio.
Desde entonces, en su casa no hay mosquitos.

Cibercafé - Daniel Sánchez Bonet


OJOS AZUL VAQUERO- ¿Hay alguien?
RUBITA69 – Claro que sí, guapo.
RUBITA69 – Yo siempre estoy disponible. ¡Qué nick más picante!
OJOS AZUL VAQUERO - jejeje
RUBITA69 – Todo en esta vida puede ser muy picante
RUBITA69- ¿Qué dices?
OJOS AZUL VAQUERO- …
RUBITA69 – Si quieres podemos quedar en mi casa que no hay nadie.
RUBITA69 – yo no me lo pensaría…
RUBITA69 – Maestro Giner 1  4º A, quedamos abajo.
OJOS AZUL VAQUERO- ¿Papá?

Recuerdo - Esteban Dublín


El escritor se toma su tiempo, reflexiona frente al papel en blanco y detenidamente empieza a escribir sobre un personaje con la capacidad de predecir el futuro a través de certeras visiones. Una de ellas trata de un vidente que pierde la memoria y que para recuperarla se dedica irremediablemente a la literatura. De repente, el escritor suelta el bolígrafo alterado y, casi de inmediato, recuerda.

Ilustración de Macías.

El fin del mundo - Carlos Alvahuante


Ayer fue el fin del mundo. Así lo pronosticaron los científicos. Así lo vaticinaron las profecías. Hoy, al amanecer, mientras todos salimos de los refugios subterráneos, compartimos miradas, sonrisas, palmadas amistosas en la espalda. Nos sentimos exultantes. Renovados de los pies a la cabeza. Los edificios se ven más sólidos. El cielo, más hondo. No nos atrevemos a decirlo en voz alta, pero sé que todos deseamos que el próximo fin del mundo esté cerca.

Por esa palabrita - María Taltavull



La crisis fue secreta. Una ruptura tranquila y susurrada. Sin exclamaciones ni declaraciones. Fue de ausencias, de frío y un poco de azar. Partió el poeta un tanto enamorado aún, pero casi resignado. La pintora siguió acomodando sus oleos. Imperioso era, sin duda, cortar ese cordón de encuentros y lejanías incomprensibles. ¿Por qué me voy? Pensó él, si supuestamente la amo.
—Te vas —dijo ella a viva voz; además de pintora era encantadora y bruja—, por esa palabrita...

El poeta giró, la miró fijo. Y ella, sin levantar la vista de la tela, pronunció con lentitud: “supuestamente”.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Si no fuera... - Martín Gardella


–Si no fuera porque estás tan lejos, iría esta misma noche a dormir contigo –dijo la voz en el teléfono.
–Te abriría las puertas encantada –respondió la mujer–. Si no fuera porque hoy regresa a casa mi marido, tras haber cumplido la condena por tu asesinato.

Tomado de: http://livingsintiempo.blogspot.com/

Otro traje invisible – Sergio Gaut vel Hartman


El joven periodista, recién egresado del Instituto, logró aproximarse al Zar de la Tele y le preguntó a bocajarro: —¿Sabe que está haciendo unos programas de mierda?
—¿Yo? —El Zar de la Tele contempló al imprudente como un gato que tiene al ratón a su merced—. ¿Te parece, pendejo, que si llegué hasta acá fue porque tomo en consideración las pelotudeces que dice alguien como vos?
—Seguro que no —respondió el novato, muy suelto de cuerpo—. Pero el problema es que nadie, hasta ahora, se atrevió a decírselo. ¿Conoce el cuento del traje nuevo del emperador? Lo escribió Hans Christian Andersen. El inocente dijo que el emperador estaba desnudo, ¿comprende? No existen las preguntas estúpidas. 
El Zar de la Tele captó la moraleja y en el programa de aquella noche se suicidó ante las cámaras. El índice de audiencia trepó a 100… en las repeticiones, claro.

Y decirte adios - David Moreno


Los aviones, al llegar la noche cruzan el océano sin cesar, uno tras otro. También lo hacen las estrellas fugaces. Y yo, asomado en la ventana de mi habitación, intentaré no dormir. Quiero verte pasar.

Publicado en No Comments

viernes, 5 de noviembre de 2010

Clarividente - Oriana Pickmann



Entré. Allí estaba ella, sentada, haciendo lo suyo. Por un segundo cruzamos nuestras miradas, tiempo suficiente para que ella adivinara cuáles eran mis intenciones.
—Léame la fortuna —le pedí.
—Setecientos cincuenta y nueve euros —respondió.
—Gracias —le dije, y salí del banco.

Perspicacia marciana- Javier López


Al poco tiempo de nacer el pequeño Fubijiz, su padre, el señor Krenx, descubrió la infidelidad de su esposa, la señora Birgli. Las antenitas del bebé no emitían en la frecuencia familiar, sino en la del señor Zwinks, el lechero.