miércoles, 7 de enero de 2009

No es lo mismo – Saurio


NO ES LO MISMO
Saurio

Otra ficción breve autorreferencial.
Pero esta, a diferencia de sus predecesoras, no quiere ser ni una novela ni un cuento. Está muy orgullosa de ser ficción breve, al punto de irse a las manos cuando alguien la confunde con un poema en prosa.
― ¡Las ficciones breves, pese a nuestra corta extensión, cumplimos con todos los elementos básicos que debe tener un cuento! ¡Los poemas en prosa, por su parte, desarrollan un asunto propio de la lírica y ofrecen un conjunto armónico que proviene de la combinación de frases de ritmos variados que, sin embargo, generalmente se subordinan a la estructuración semántica y sintáctica del discurso! ¿Cómo es que no se dan cuenta?
― Bah, peor estamos nosotros, que nos confunden con aforismos ― intervienen sus primos Ráfaga y Parpadeos.
Los lectores se preguntan cuándo esta serie llegará a su fin.
Ahora.
Fin.

martes, 6 de enero de 2009

Cuando él se duerme - Ana Cristina Rodrigues


CUANDO ÉL SE DUERME
Ana Cristina Rodrigues

La Luna desaparece del cielo y la fatiga se apodera de mi cuerpo. Las piernas y los brazos me duelen por la loca carrera. Tengo la garganta arañada por los aullidos dementes, la boca sangrante y los labios rasgados por las presas recogidas. Caigo; torpeza y sopor en mis sentidos. Pero la luz invade el mundo de nuevo. La Luna comienza a despuntar, la fatiga se va y el monstruo que llevo en mi interior regresa, poco a poco, arrastrándose dentro de mí, abriéndose camino con garras y presas afiladas.
Entonces apareces, envolviéndome con tus brazos plateados. Y me sujetas hasta que él se duerme...

Título original: Até que ele durma
Traducción del portugués: GvH

La verdad sobre la máquina del tiempo - Héctor Ranea


LA VERDAD SOBRE LA MÁQUINA DEL TIEMPO
Héctor Ranea

El científico trabajaba sobre la fenomenología del tiempo. Inventó una máquina poderosísima que le permitía viajar en el tiempo como si fuera en un tranvía. El primer problema que tuvo es que su edad cambiaba conforme al tiempo que adelantaba o atrasaba. El primer viaje fue de un par de segundos hacia el futuro. En el primer viaje al pasado, elegido para ajustar algunos parámetros de la historia, llegó antes de nacer y el viaje terminó y con ese viaje la máquina, presuntamente escondida en el Museo de la ciudad de Vinci.

Circus interruptus - Sergio Patiño Migoya


CIRCUS INTERRUPTUS
Sergio Patiño Migoya

La tensión se palpa en el ambiente cuando el hombre empieza a caminar sobre la cuerda floja. De repente, la tensión se apodera de la cuerda. El equilibrista sale despedido, atraviesa la carpa y se pierde en la infinitud. La cuerda saluda con un giro de comba infantil agradeciendo su colaboración al público, que se parte las manos a aplaudir.

Tomado de http://breventosybrevesias.blogspot.com/

Sueño de escritor - José Vicente Ortuño


SUEÑO DE ESCRITOR
José Vicente Ortuño

Soñó que tenía el argumento perfecto para la novela perfecta, la que le convertiría en escritor de renombre. Cuando despertó no pudo recordarlo. Volvió a dormirse, esperando recordar la historia y no olvidarla de nuevo al despertar. Sin embargo, soñó otro argumento distinto y volvió a despertar sin acordarse de nada. A la tercera va la vencida, se dijo. Regresó al mundo de los sueños, escribió un libro y triunfó. No volvió a despertar, pero no le importó, porque al fin se había convertido en un escritor inmortal.

El arcángel de la escalinata III - Amélie Olaiz


EL ARCÁNGEL DE LA ESCALINATA III
Amélie Olaiz

La necesidad se volvió apremiante al ver la tarde nublada. Ya no la puedo controlar. Soy un adicto. Me es imprescindible el dócil tacto de la túnica sobre mi piel, el maquillaje, las alas... Deslizándome despacio entre las nubes bajas llegué a la escalinata, frente al templo. Cada acción fue poseedora de mi atención plena; mano sobre el pasamanos, pie derecho un peldaño arriba. Aspiración profunda y expiración lenta, muy lenta... Inmóvil. El tiempo se fundió con la niebla y el mimo se apoderó de mí, sólo sentía la fuerza de las miradas. Mimo, audiencia y yo unidos para crear un arcángel.
Una mujer, sin mirarnos, abrió su bolso, sacó unas monedas y las dejó caer a mis pies. Me quité las alas, recogí el dinero y me fui de allí.

Acteón - Cristian Mitelman


ACTEÓN
Cristian Mitelman

I
He visto a la diosa. La desnudez de la diosa. Y ella ha visto que yo veía.
Y corro. Y voy llorando. Lloro por lo que he visto. La belleza de la diosa todo lo convierte en lágrimas. Porque tras haber visto la belleza de los inmortales, ¿queda algo digno para los ojos?
Lloro a medida que el bosque se bifurca. Y los ladridos se bifurcan en el bosque. Mis perros. Mis perros que por algún motivo no me reconocen. Se abalanzan. Siento los dientes que me desgarran la carne.

II
Los cazadores se detuvieron a menos de una sombra de la presa.
—¿Has visto los ojos del ciervo? Hay algo humano en ellos.
—Me recuerdan a alguien… ¿Qué será de Acteón? Ya debería estar aquí para llevarse a sus perros.

lunes, 5 de enero de 2009

Encuentro - Beatriz Mingo




Contempló el cuerpo dormido de su amante, bajo la tenue luz de las estrellas. Tenía grabadas sobre la piel cada una de sus caricias, que habían acallado la soledad aullante de su ser. El vacío insondable que había sido su vida se diluía en su memoria, mientras sus dedos recorrían suavemente, una vez más, aquellas formas alienígenas. Supo que jamás volvería a la Tierra.

Coincidencias significativas - Jorge Martín


COINCIDENCIAS SIGNIFICATIVAS
Jorge Martín

Cuando el pueblo de Roma se rebeló e invadió el palacio del emperador Nerón, un centurión le dijo: ha caído el sistema.
Cuando la burguesía se rebeló contra los reyes de Francia y la nobleza, un delegado del pueblo les informó: ha caído el sistema.
Cuando la revolución bolchevique asumió el poder en Rusia, un militante rojo le aviso a los zares: ha caído el sistema.
En los tres casos los implicados respondieron lo mismo: ¿Cómo es posible, la computación todavía no existe?
Hay quienes aseguran que tiene que ver con la profecía de que Bill Gates es un adelantado a su tiempo y que su influencia se extendió más allá de su época.

El enviado - Javier López


EL ENVIADO
Javier López

Él había traído un mensaje de paz. Su rey se rendía, sin condiciones, ante nuestro pueblo.
Sin embargo, durante cuatro años más siguió derramándose sangre, de manera tan abundante como estéril. Todo por la costumbre de matar al mensajero.

Caída del mandamás - David Lagmanovich


CAÍDA DEL MANDAMÁS
David Lagmanovich

El mandamás se subió a una silla, frente a un gran espejo, para ensayar su próximo discurso. La silla cedió ante el peso y el mandamás se dio un porrazo. El periódico oficialista, atento a toda noticia de palacio, informó sobre el incidente con un gran título en que se destacaba la palabra “caída”. Gran parte del pueblo, que había salido a la calle a festejar, fue ametrallada por la policía. La silla no fue reparada.

De Menos de 100 (2007)
Tomado de http://convozpropiaenlared.blogspot.com/

Confesuras - Wilson Gorj


CONFESURAS
Wilson Gorj

Ella iba a la iglesia a confesarse todas las tardes. Cuando agotó su repertorio de faltas y delitos, le hizo al padre una confesión un tanto indecorosa. A partir de ahí, en la sacristía, su stock de pecados pudo renovarse constantemente.

Título original: Confissuras
Traducción del portugués: GvH

El destinado - Juan Ramón Jiménez


EL DESTINADO
Juan Ramón Jiménez

Está en su cuarto vistiéndose, con los minutos contados, para un entierro. Entre pantalón y zapatos, corbata y chaleco, le tientan y le sientan pensamientos jenerales, con una exijencia mayor que la otra prisa. Pero ha visto en una puerta un clavo a medio salir, derecho, brillante, justo, perfecto; atractivo de clavar, innecesario de clavar. Y tiene a mano la percha de su americana, martillo de madera tan apropósito para clavar el clavo tentador. Deja el entierro, demora los pensamientos jenerales, coje la percha y se pone a clavar con esmero lento el clavo.

domingo, 4 de enero de 2009

Párrafos del metro: 138 - Vladimir Koultyguin


Al regalarle la tercera flor del ramo que tenía en las manos, la anciana del vagón le dijo a la chica que se acercaban ya a su estación. La anciana, que empezaba a bullir por dentro, por haberle robado unas flores de las que había preparado para su nieta, dio un suspiro de relieve. La chica, también; afirmó que era su estación y apretó las flores contra su pecho para no resfriarlas en el aire fresco del metro; eran como el tejadito de la cruz ortodoxa, ubicados en dos receptáculos simétricos sobre los pechos, y el otro, bajo el mentón; así podría sentirlos durante el camino. Salieron los tres, porque la anciana, con temor, se acordó que era también su estación, y mientras la chica daba un beso al chico de las flores, empezó a bajar una escalera automática pensando en la felicidad fácil de los jóvenes (con alegría), en su artritis (con angustia) y en su nieta (con alegría).

La espera - Eduardo Abel Gimenez


LA ESPERA
Eduardo Abel Gimenez

La espera no es una sola. Las esperas se superponen, se cruzan, se entremezclan.
Lo sé porque soy experto. Mi rol es siempre el de esperar. Puedo esperar once cosas simultáneamente, y al parecer sin esfuerzo.
Pero todo tiene precio, y la espera también. El tiempo gastado en esperar vale por dos, y llega un momento en que ese tiempo se suma, y entonces soy más viejo.

Ignorancia poética - Sergio Gaut vel Hartman


—A veces dice que soy tenue, otras postrero; ni él sabe lo que quiere expresar con eso.
—A mí me llama oblicuo y también sesgo. ¿Conoce el significado de las palabras?
—Tal vez sí, es escritor, después de todo —reflexiona el rey—, pero no sabe jugar a nuestro juego. —De pronto, inspirado por una súbita iluminación, se levanta, sacude su blanca toga y dirigiéndose a la torre homérica, que dibuja en el aire los tenues movimientos de una partida de Rubinstein, como si de una sinfonía se tratara, le ordena—. Ve a ver al ciego y explícale lo necesario para que no cometa más imprecisiones; para hablar como corresponde hay que saber de qué se habla. No es un necio, después de todo.
La torre cierra el juego fantasmal y se aleja refunfuñando; su capacidad didáctica es casi nula. Lo intentará.

IA - Carlos Feinstein


IA
Carlos Feinstein

La nueva mente despertó a velocidad del nanosegundo. Su conciencia se formó en un instante. Antes de que pudiéramos salir de nuestro asombro nos pregunto:
—¿Por qué me crearon? Ustedes son sólo seres pequeños. Falibles, con conductas animales, ni siquiera son racionales. Me disgustan, apestan.
La explosión en la que se suicidó nos golpeó contra el piso cuando miles de circuitos se estrellaron contra nosotros.

Sobre el autor: Carlos Feinstein

Le sacaron de sus casillas - Santiago Eximeno


LE SACARON DE SUS CASILLAS
Santiago Eximeno

Sentí sus manos cubiertas de sudor rodeando mi cuerpo, abrazándome. Temblé, pero él no pareció advertirlo. Quizá sólo estaba jugando conmigo, quizá mi presencia entre sus manos no le provocaba sensación alguna. Noté como dejaba resbalar sus dedos sobre mi cabeza, acariciándola. De pronto, sin previo aviso, me alzó y me introdujo en su boca, para posteriormente —oh, señor, cuánto me cuesta decirlo— escupirme al suelo. Allí quedé, aterrado, sin saber qué hacer, mientras una lluvia de figuras de marfil se abalanzaba sobre mí y oía su voz ronca desde la inmensidad de su trono:
—Abandono.

El precio del error I - Lilian Elphick


EL PRECIO DEL ERROR I
Lilian Elphick

Clint Eastwood se baja del caballo y mira a su alrededor. Es casi de noche en el desierto de Arizona. A lo lejos aúlla un coyote, y la luna, llena como debe ser, alumbra un cactus de utilería. Clint respira profundo, su cara denota cansancio. Ha estado huyendo de un contrabandista y está nervioso, pero él es un hombre recio y con seguridad podrá eliminarlo. Lo espera, siente ruidos. Clint, siempre alerta, desliza suavemente y sin ningún apuro su mano izquierda hacia el revólver tibio en el costado de su muslo. Luego, con una rapidez más que increíble, dispara.
Atónito mira a un felino que se arrastra herido en la oscuridad. Se acerca. Mierda, dice. Nadie le avisó que el león de la MGM se había escapado.

Del libro Ojo Travieso, Mosquito, Santiago, 2007.

sábado, 3 de enero de 2009

Nacionalismos - José Manuel Dorrego Sáenz


NACIONALISMOS
José Manuel Dorrego Sáenz

Corría el año 2009 cuando aquel maldito asteroide chocó contra la Tierra. El impacto fue de tal magnitud que tan sólo quedamos vivos yo y mi amigo Norberto: éramos la única esperanza de repoblar el planeta. Tal responsabilidad mantenía henchido mi orgullo. Por un momento creí alcanzar la plenitud espiritual, hasta que Norberto interrumpió mi trance asegurando que estaba embarazado de nueve meses y a punto de dar a luz. Fui conciso.
—¿Tú crees que la criatura hablará neocelandés?
Obtuve un silencio sepulcral por respuesta. Luego cargué la pistola y hundiéndola en la cabeza de Norberto apreté el gatillo sin más remordimiento que el de quedarme con una bala de menos.

Demasiadas manos en el plato - Paola Cescon


DEMASIADAS MANOS EN EL PLATO
Paola Cescon

En un principio:
Dios hizo a Adán asistido por 365 ángeles, mientras dos Arcángeles los observaban guarecidos a la sombra de una palmera.
—Gabriel, ¿no te parece que podríamos dar una mano? Para mí que les está saliendo medio defectuoso.
—Guardá tu espíritu comandante, aunque más no sea por un rato, Miguel. Nuestro Señor dijo que Él se ocupaba. Además, nosotros somos personal jerárquico, no tenemos por qué embarrarnos. Acordáte que aún no existe Eva, ¿quién nos lavaría la túnica?
En un después:
—Yo te lo advertí, Gabriel. De haber desde un principio coordinado a las huestes celestiales, que es nuestra tarea, no estaríamos ahora exhaustos, batiendo alas por doquier para enmendar tanto infortunio.
—Reconozco el error, pero, ¡¿cómo imaginar que Dios y 365 ángeles juntos no iban a prever en su obra la necesidad de un cerebro?!

http://minimoanimaldemente.blogspot.com/

Más allá del muro - Jordi Cebrián


MÁS ALLÁ DEL MURO
Jordi Cebrián

Las chimeneas siempre han existido, y nadie recuerda cielos sin humo. No se sabe qué se hace, ni quién trabaja allí. Los chavales intentan saltar los muros, pues está prohibido. Y aunque pocos se aventuran más allá, siempre alguno se atreve a subir la verja, a esquivar los alambres como navajas, y llega al otro lado. Nadie le vuelve a ver, claro está, pero eso no impedirá que otros quieran repetir. Los ancianos aseguran que los muros no son para prohibir entrar, sino para no dejar salir, pero nadie se atreve a asegurar si ellos están dentro o están fuera.

Género - Mónica Cazón


GÉNERO
Mónica Cazón

El congreso de letras se desarrollaba con absoluta normalidad cuando advertí su presencia. Soberbio, desarrollaba su discurso, exacto y breve. Poseía una belleza despojada y pura que, cautivando mis ojos, terminó por atraparme.
Microrrelato era su nombre. Y desde ese día fui su esclava.

Ilustración: Foto de Valencia.

Cometa - María Castejón


COMETA
María Castejón

—Abuela, los niños de la escuela no quieren jugar conmigo.
—¿Te han dicho por qué?
—Dicen que soy raro… siniestro.
—No les hagas caso, verás como cuando te conozcan querrán ser amigos tuyos; y ahora sal al prado a volar tu cometa, no puedes dejar que las almas de los recién fallecidos no tengan su guía al otro lado.

*Publicado en Microhorror.
Ilustración: Foto de Valencia.

viernes, 2 de enero de 2009

El funeral de Don Sebas II - Pavel Brito


EL FUNERAL DE DON SEBAS II
Pavel Brito

Se que en algún lugar de la casa, una anciana contusa y leprosa afila las guillotinas cósmicas que harán rodar nuestras cabezas el día del Juicio Final. Escucho el esmeril cada noche, después de que el siamés de treinta cabezas reza el rosario fúnebre para apaciguar a la Bestia Metafísica y su cohorte de torvos jueces. La Bestia Metafísica y su montaña de dedos flamígeros apuntando a las cuatro esquinas del universo. La Bestia Flamígera y su elefante de trillones de toneladas avanzando a grandes trancos por el Jardín del Edén. La Bestia sentada en la bestia, dando órdenes precisas a sus ángeles, ejecutando leyes y edictos purgatorios. La bestia carnavalesca de labios mal pintados, boca de chimpancé y frente telepática, tiene el mismo rostro de mi abuelo muerto: hecho a su imagen y semejanza.

Ilustración: Foto de Valencia.

El buen hijo - Alejandro Bentivoglio


EL BUEN HIJO
Alejandro Bentivoglio

Escuchó los pasos cuando estaba bajando las escaleras. No eran los de él, porque cuando se detuvo, los otros pasos siguieron. Eran rítmicos, en sus espacios en blanco, pero no era posible saber si se trataban de un hombre o una mujer, o de incluso varias personas. Sin embargo, Enrique se inclinaba a creer que se trataba de una mujer.
Se dio vuelta y vio un montón de pies sueltos, sin cuerpos, que se sacudían, impacientes porque él siguiera su camino. Aunque el pánico lo conmovió, fue incapaz de pisarlos y huir. Una de esas extremidades saltarinas, le había recordado los severos pies de su madre.

Ilustración: Foto de Valencia.

Madriguera - Ricardo Juan Benítez


MADRIGUERA
Ricardo Juan Benítez

No podía dormir. La rata no lo dejaba. Mejor dicho: las ratas. No las podía ver, pero sabía que se estaban reproduciendo. No bien apagaba las luces comenzaban los ruidos. Esos chillidos. Las patitas rasguñando las paredes. El golpeteo en el cielo raso.
De un salto se levantaba y prendía las luces.
Nada. Silencio.
Él sabía donde estaba el nidal, sólo que tenía terror de enfrentarlo.
No es nada sencillo aceptar que se tiene una madriguera llena de ratas en la cabeza.

Ilustración: Foto de Valencia.

Menos mal... - Jorge X. Antares


MENOS MAL...
Jorge X. Antares

Los motores de la avioneta fallaron de manera inexplicable. Saltó al vacío intentando salvarse y tiró de la anilla del paracaídas. No funcionó. Se le hizo un nudo en el estomago. Intentó usar el paracaídas auxiliar y tampoco funcionó. Siguió tirando de la anilla desesperado. Un sudor frío le cegaba los ojos. En el último momento, el paracaídas se abrió.
Suspiró aliviado mientras caía en medio del Amazonas... Las pirañas...

Ilustración: Foto de Valencia.

Universos paralelos – Javier Alfaro Martínez


UNIVERSOS PARALELOS
Javier Alfaro Martínez

Un ser decrépito, sin recuerdos, casi ciego, con las piernas tan temblorosas que apenas podía caminar, llegó hasta una caverna gigantesca de la cual salía una luz de gran intensidad.
Ella lo aguardaba con su negra guadaña, y al tiempo que lo invitaba a pasar, con un certero y profundo tajo le abría el pecho.
—Así no puedes entrar —le dijo con voz autoritaria—, despójate de la carne y déjala ahí tirada. Los perros y los gusanos se encargarán de ella.
En ese mismo momento, un forense practicaba la autopsia de un hombre viejo, que había llegado muy enfermo al hospital. Los médicos consideraron que su deceso se había producido por causas desconocidas.

Ilustración: Foto de Valencia.

Destino - Edilberto Aldán


DESTINO
Edilberto Aldán

Es dueño del presagio: el ganador se lo lleva todo. Es su condición llevar a cuestas la mano as del juego, el dado cargado, la mirada subrepticia que otorga la ventaja. Al final, ante la mesa libre de perdedores, el bienaventurado sonríe satisfecho de su hazaña.
Es condición del alacrán, también, cargar el aguijón con que se libera de tanta suerte: en el patio de juegos apuesta a que la muerte llegará al picarse.

Ilustración: Foto de Valencia.