
domingo, 15 de noviembre de 2009
Historia de Cecilia - Cicerón

Tranvía - Andrea Bocconi

Amor a la literatura - Luis Hervás Rodrigo

El negador de milagros - Anónimo

Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. "Oh, venerado suegro", suplicó "no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros". El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.
Citado por Giles en Confucianism and its Rivaís, Lecture VIII, 1915
viernes, 13 de noviembre de 2009
Miedo — Antonio Cruz

“El viento aúlla inmisericorde”.
“Una puerta cruje lastimera”.
“Se oyen pasos en la sala”.
Por enésima vez, el escritor retira la hoja de la máquina de escribir y la arroja al cesto con un gesto de fastidio.
En definitiva, esta noche tampoco podrá inventar el miedo
Receta contra el insomnio - Saturnino Rodríguez Riverón

Para combatir el insomnio le recomendaron contar ovejas. Y así lo hizo. Llegada la noche, se tira en la cama. Una, dos, tres ovejas. Cuatro, veinte, ochocientas, mil. Después de la mil, saltaba la oveja negra. Detrás de la oveja negra venía el lobo. Tras el lobo el cazador. Y al cazador lo perseguía su mujer. Y a la mujer el guardabosque con todas las ovejas, incluyendo la oveja negra. Y siguiendo ese círculo inacabable, no pegaba un ojo en toda la noche.
Migratorios – Héctor Ranea

En la cervecería vimos que un tipo sacaba subrepticiamente un reloj fosforescente, movía botones e hizo desaparecer a un amigo de nuestra mesa, quien un instante después volvió, algo despeinado. Entonces ya el tipo del reloj había desaparecido y también la billetera del transportado.
Raro que alguien hiciera semejante despliegue de tecnología para apoderarse de una billetera que ni dinero ni documentación importante tenía.
Al día siguiente llamaron a nuestro amigo de un circo. Habían encontrado su billetera en la piscina de las focas junto a un sombrero de cuero. Él recuperó la billetera de cuero de foca y se quedó con el sombrero, que de vez en cuando se vuela al menor atisbo de tormenta. Si vamos a creer en la deducción, concluiríamos que el sombrero es de cuero de oca, pero no daría nada por sentado.
Zapping - Martín Gardella

En apenas una hora, colmó sus ojos de imborrables imágenes televisivas, una vez más. El gol de Maradona a los ingleses en el ’86, un viaje en el tiempo a bordo de un De Lorean DMC-12, el grito de victoria de Balboa abrazado con Adrian, los desopilantes disparates de Balá, un concierto rimbombante de Madonna, la sensual apertura de piernas de Sharon, la llegada del hombre a la Luna, el vuelo en bicicleta de un niño y su extraterrestre, la ternura del Chavo y sus vecinos, y las últimas hazañas de James Bond, se mezclaban ordenadamente en la pantalla, a su gusto y demanda. Qué belleza, cuántos recuerdos, pensaba. Mientras Sam tocaba el piano en Casablanca, el televidente cerró los ojos con lentitud. La música siguió sonando por un largo rato, aunque él, desde su cama cada vez más fría, la dejó de escuchar.
Tomado de http://livingsintiempo.blogspot.com/
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Alimentos - Saturnino Rodríguez Riverón

Mi hija llora desconsoladamente, reclamando su ración nutricia. Y como lo único que tengo a mano, además de besos y mimos, son varios libros de poemas, abro uno y comienzo a leerle algunos versos. Temporalmente cesa su llanto, encantada por el ritmo y la tonalidad. Pero al cabo continúa, más allá de mi declamación exaltada.
Después llega mi mujer y la prende a sus pechos. La niña ha encontrado su lugar. De inmediato terminan sus lágrimas y se aplica disciplinadamente a succionar. De lo cual infiero que la poesía es un gran alimento, pero nada definitivo.
Vigilando – Héctor Ranea

Nadie viene, sólo la niebla y el rumor de las ratas alimentándose de los heridos. Tengo que vigilar que nadie pase.
Vienen los espectros de los niños tambor con la niebla. ¿Pasan? ¿No pasan?
Pobres niños, ni cuenta se dieron de haber sido aniquilados por la metralla y siguen tocando un tambor silenciado en la batalla. Miran al frente, miran al enemigo.
Miran al amigo, que soy yo, que les cierro el paso. ¿Les debo cerrar el paso?
¿Cuántos de nosotros somos ya fantasmas o lo seremos con el primer albor del día?
Está amaneciendo, el vigilante abandonado sigue en su puesto. Sigue la mañana tibia del otoño y el vigilante sigue en su puesto. Sólo a la noche se pregunta si dejará pasar a los espectros que vienen a pedirle compañía.
Una noche alguno le dirá que también él fue abandonado.
El congreso de Cuentolandia- Sergio Gaut vel Hartman

--¿Se puede saber por qué nos reunimos? --El ignoto personaje de un cuento desconocido contempló con envidia a los famosos. Allí estaban Blancanieves, Pinocchio, Caperucita Roja y Pulgarcito, entre muchos otros. A él, en cambio, no lo conocía ni el loro del capitán Flint.
--Hay que constituir el sindicato --respondió Hook enarbolando su garfio ante la cara del advenedizo--. ¿Y usted quién demonios es?
--Me llamo Onayom y entré a este lugar por el espejo de la alcoba de mi amiga Alicia. --Los ojos del moreno personaje se encendieron--. ¿Sindicato, dijo?
lunes, 9 de noviembre de 2009
Flor - José Luis Zárate
Estrecha vigilancia - Alejandro Ramírez Giraldo

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo
Fragmento Interrumpido - Saturnino Rodríguez Riverón

Si hemos de ubicar en el tiempo a esta pizca de infinito, acotar cronológicamente, con un desconocido y quizá inútil objetivo, el fragmento de eternidad, gota en el mar, grano de arena en la playa, en que nos fue otorgado vivir y padecer( tal vez sinónimos, reiterativos), habría que estamentarlo sin dudas en el Séptimo Día de la creación. Digan lo que digan los esperanzados apologistas de cualquier denominación, Dios no está en condiciones de escuchar nuestras voces de alabanza, lamento, o protesta. Fluye lo inconmensurable y transcurrieron ya seis jornadas, dispuestas una tras otra desde el principio. Infructuoso cualquier esfuerzo por gritar, maldecir, arrepentirse; alzar la voz de nada valdría, nadie escucha. Cualquier súplica tampoco será atendida. Estamos solos, habitando sin reclamos el Séptimo Día. Dios aún descansa.
Cada vez que llueve – Héctor Ranea

Cada vez que llueve de madrugada, él me hace el amor como si ambos fuésemos aún jóvenes. Comienza con un esbozo de sonrisa que adivino en la oscuridad y sigue deslizándose por la ropa hasta sacármela. Después de amarnos casi en silencio, se levanta sin decir nada, me da un beso y va a preparar el desayuno mientras yo quedo en el ensueño fatal. Pocos minutos de lluvia bastan para convencerme que quien está haciendo el desayuno no es él, sino su fantasma, que me visita cada vez que llueve.
sábado, 7 de noviembre de 2009
La cigarra y la hormiga - Diego Muñoz Valenzuela
La cigarra provenía de una familia aristocrática y la hormiga —como las de su especie— era sierva de la gleba. La cigarra se permitía toda clase de diversión y abusaba del alcohol, la comida y el sexo. En sus raros momentos libres, la hormiga —por lo demás talentosa— aprendió a tocar el laúd y a improvisar en décima espinela. Vistas aquellas dotes juglarescas, la cigarra se dio maña para que la hormiga amenizara sus veladas bohemias. Cobró fama y ciertas prebendas para cultivar su arte el esclavizado himenóptero. En total secreto escribió algunas esperanzadoras piezas narrativas inspiradas por su deseo de justicia; entre ellas figura la conocida fábula que usted habrá recordado. Por cierto, la presente historia carece de moraleja.
Verano de una noche soñada – Héctor Ranea
La mano que se mece en la cuna y apoya la frente de un dedo sobre la almohada que no tiene aún siestas proyectadas escucha cómo sus dedos entonan un preludio de piano en el sueño que sueñan las comadrejas alcoholizadas. El buen pastor, que cobija los lobos para que no se enfermen y puedan perseguir sus ovejas y él mantenga el puesto de trabajo. La cuna es partida al medio por la luz de una luna de mercurio en el mar de donde saqué estos versos que ahora me escondió la mano en esa lucerna que tiene un sonido escondido bajo candados que al abrirlos suenan como el preludio que tocan los dedos de mi mano que mece la cuna y entonces quiere decir que mientras me hamacan alguien abrió el último candado: escaparon los sonidos y las otras cosas guardadas.
Imagen: René Magritte, "Le chef d´oeuvre"
Editar la piel - Rafael Vázquez Suárez

La vida tiene un plazo de caducidad escrito en cada célula. Alcanzada la fecha límite, probamos con máscaras de algas, tratamientos de oxígeno, velos de colágeno, pero nada puede devolvernos al día que dimos el primer beso, que viajamos a la luna sobre otra piel.
Algunos no se resignan y malviven con células, tejidos, órganos fantasma, mientras otros, frente al espejo, con sofisticadas técnicas, incapaces de asimilarlo, no piensan en otra cosa más que en editar la luz con que nos vemos.
Deshacer el amor - Saturnino Rodríguez Riverón

Imagen: René Magritte, "Los amantes"
jueves, 5 de noviembre de 2009
A mi medida - Saturnino Rodríguez Riverón

Lo Hermoso - Jose Luis Zárate

martes, 3 de noviembre de 2009
El que es - José Luis Zárate
El que es - José Luis ZárateAprendiendo a jugar - Jorge X. Antares

Con la nariz pegada al vidrio - Antonio Cruz

Carnes I - Esther Andradi

Carnes II - Esther Andradi
domingo, 1 de noviembre de 2009
Inmortal - Héctor Ranea

Horas enteras - José Luis Zárate

Pero es que no soporto verlas, horas enteras, golpeando la cabeza contra el cristal.
Tomado de: http://zarate.blogspot.com/
Imagen: Bodegón de López Ávila
Impacto - Sergio Gaut Vel Hartman

—Ruperto —dijo ella—. Debo contarle algo, y no quiero que lo tome a mal: soy una mujer de letras, no empleada de una tienda.
—No importa —dijo él—. Podré soportarlo.
Pero no lo soportó. Verla caminar hacia él, toda jotas, haches y zetas, le produjo un infarto cardiaco y murió antes de poder estrecharle la mano.
En altamar - Alejandro Ramírez Giraldo

-¡Qué difícil, Dios mío! ¡Qué difícil!
-Sí, Capitán. Y si eso decimos nosotros, qué dirán los que sobrevivieron.
Tomado de: http://cuentominicuento.blogspot.com
Imagen: Abstract de López Ávila
Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

