domingo, 15 de noviembre de 2009

Historia de Cecilia - Cicerón


He oído a Lucio Flaco, sumo sacerdote de Marte, referir la historia siguiente: Cecilia, hija de Metelo, quería casar a la hija de su hermana y, según la antigua costumbre, fue a una capilla para recibir un presagio. La doncella estaba de pie y Cecilia sentada y pasó un largo rato sin que se oyera una sola palabra. La sobrina se cansó y le dijo a Cecilia:
- Déjame sentarme un momento.
- Claro que sí, querida -dijo Cecilia-; te dejo mi lugar.
Estas palabras eran el presagio, porque Cecilia murió en breve y la sobrina se casó con el viudo.

Cicerón - De divinatione, I, 45 // Cuentos breves y extraordinarios. Recopiladores: J.L.Borges y A. Bioy Casares

Tranvía - Andrea Bocconi


Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. “Amplia sonrisa, caderas anchas...una madre excelente para mis hijos”, pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.
Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera le conocía.
Dudó. Ella bajó.
Se sintió divorciado:”¿Y los niños, con quién van a quedarse?”

Andrea Bocconi - Relatos de un minuto.

Amor a la literatura - Luis Hervás Rodrigo


Desde pequeño siempre había tenido esa obsesión por los libros, una obsesión a la que sus padres contribuyeron de un modo decisivo, mostrándole los beneficios que la literatura le podía proporcionar. Devoraba cualquier volumen que cayera en sus dominios, sin importar tema ó autor: geografía, historia, ciencias, poesía...todo lo asimilaba de una manera compulsiva, y entraba, sin remisión, a formar parte de su ser. Buscaba por las estanterías de la amplia biblioteca los ejemplares más voluminosos, con los cuales se entretenía por un periodo de tiempo relativamente largo, y cuando los terminaba, volvía, ansioso, a por otro. Desgraciadamente, la adquisición de un nuevo spray antipolillas acabó cierto día con su ilustrada vida, cuando aún no había acabado de engullir completamente, una interesante descripción del motor de combustión en la Enciclopedia Británica.

El negador de milagros - Anónimo


Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. "Oh, venerado suegro", suplicó "no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros". El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.

Citado por Giles en Confucianism and its Rivaís, Lecture VIII, 1915

viernes, 13 de noviembre de 2009

Miedo — Antonio Cruz


“La noche es lóbrega y misteriosa”.
“El viento aúlla inmisericorde”.
“Una puerta cruje lastimera”.
“Se oyen pasos en la sala”.
Por enésima vez, el escritor retira la hoja de la máquina de escribir y la arroja al cesto con un gesto de fastidio.
En definitiva, esta noche tampoco podrá inventar el miedo

Receta contra el insomnio - Saturnino Rodríguez Riverón



Para combatir el insomnio le recomendaron contar ovejas. Y así lo hizo. Llegada la noche, se tira en la cama. Una, dos, tres ovejas. Cuatro, veinte, ochocientas, mil. Después de la mil, saltaba la oveja negra. Detrás de la oveja negra venía el lobo. Tras el lobo el cazador. Y al cazador lo perseguía su mujer. Y a la mujer el guardabosque con todas las ovejas, incluyendo la oveja negra. Y siguiendo ese círculo inacabable, no pegaba un ojo en toda la noche.

Migratorios – Héctor Ranea


En la cervecería vimos que un tipo sacaba subrepticiamente un reloj fosforescente, movía botones e hizo desaparecer a un amigo de nuestra mesa, quien un instante después volvió, algo despeinado. Entonces ya el tipo del reloj había desaparecido y también la billetera del transportado.
Raro que alguien hiciera semejante despliegue de tecnología para apoderarse de una billetera que ni dinero ni documentación importante tenía.
Al día siguiente llamaron a nuestro amigo de un circo. Habían encontrado su billetera en la piscina de las focas junto a un sombrero de cuero. Él recuperó la billetera de cuero de foca y se quedó con el sombrero, que de vez en cuando se vuela al menor atisbo de tormenta. Si vamos a creer en la deducción, concluiríamos que el sombrero es de cuero de oca, pero no daría nada por sentado.

Zapping - Martín Gardella


En apenas una hora, colmó sus ojos de imborrables imágenes televisivas, una vez más. El gol de Maradona a los ingleses en el ’86, un viaje en el tiempo a bordo de un De Lorean DMC-12, el grito de victoria de Balboa abrazado con Adrian, los desopilantes disparates de Balá, un concierto rimbombante de Madonna, la sensual apertura de piernas de Sharon, la llegada del hombre a la Luna, el vuelo en bicicleta de un niño y su extraterrestre, la ternura del Chavo y sus vecinos, y las últimas hazañas de James Bond, se mezclaban ordenadamente en la pantalla, a su gusto y demanda. Qué belleza, cuántos recuerdos, pensaba. Mientras Sam tocaba el piano en Casablanca, el televidente cerró los ojos con lentitud. La música siguió sonando por un largo rato, aunque él, desde su cama cada vez más fría, la dejó de escuchar.

Tomado de http://livingsintiempo.blogspot.com/

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Alimentos - Saturnino Rodríguez Riverón


Mi hija llora desconsoladamente, reclamando su ración nutricia. Y como lo único que tengo a mano, además de besos y mimos, son varios libros de poemas, abro uno y comienzo a leerle algunos versos. Temporalmente cesa su llanto, encantada por el ritmo y la tonalidad. Pero al cabo continúa, más allá de mi declamación exaltada.

Después llega mi mujer y la prende a sus pechos. La niña ha encontrado su lugar. De inmediato terminan sus lágrimas y se aplica disciplinadamente a succionar. De lo cual infiero que la poesía es un gran alimento, pero nada definitivo.

Vigilando – Héctor Ranea



Nadie viene, sólo la niebla y el rumor de las ratas alimentándose de los heridos. Tengo que vigilar que nadie pase.
Vienen los espectros de los niños tambor con la niebla. ¿Pasan? ¿No pasan?
Pobres niños, ni cuenta se dieron de haber sido aniquilados por la metralla y siguen tocando un tambor silenciado en la batalla. Miran al frente, miran al enemigo.
Miran al amigo, que soy yo, que les cierro el paso. ¿Les debo cerrar el paso?
¿Cuántos de nosotros somos ya fantasmas o lo seremos con el primer albor del día?
Está amaneciendo, el vigilante abandonado sigue en su puesto. Sigue la mañana tibia del otoño y el vigilante sigue en su puesto. Sólo a la noche se pregunta si dejará pasar a los espectros que vienen a pedirle compañía.
Una noche alguno le dirá que también él fue abandonado.

El congreso de Cuentolandia- Sergio Gaut vel Hartman


--¿Se puede saber por qué nos reunimos? --El ignoto personaje de un cuento desconocido contempló con envidia a los famosos. Allí estaban Blancanieves, Pinocchio, Caperucita Roja y Pulgarcito, entre muchos otros. A él, en cambio, no lo conocía ni el loro del capitán Flint.
--Hay que constituir el sindicato --respondió Hook enarbolando su garfio ante la cara del advenedizo--. ¿Y usted quién demonios es?
--Me llamo Onayom y entré a este lugar por el espejo de la alcoba de mi amiga Alicia. --Los ojos del moreno personaje se encendieron--. ¿Sindicato, dijo?

lunes, 9 de noviembre de 2009

Flor - José Luis Zárate


Con saña, con crueldad, con odio, vi la planta moverse, observé al hada desdibujarse sobre los pétalos, a lo vegetal arrebatarle todo. Con espanto miré a mí alrededor y qué terrible fue encontrarse en medio de un campo de flores con colores tan alegres.

Estrecha vigilancia - Alejandro Ramírez Giraldo


Una mosca me persigue por toda la casa. Me observa, me detalla, me estudia. Vuela a mi alrededor en la cama, el baño, el sofá, la cama y el comedor. Estoy desesperado y todos mis intentos por eliminarla han sido en vano.
A primera hora de la mañana fingí un dolor estomacal y me instalé hasta mediodía en el baño. Se aburrió de la misma posición, de la adormecedora inactividad, y se marchó a otro lugar. Luego la busqué en silencio y la sorprendí debajo de la cama cuando dos diminutos seres abandonaban confiados la nave nodriza.

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

Fragmento Interrumpido - Saturnino Rodríguez Riverón


Si hemos de ubicar en el tiempo a esta pizca de infinito, acotar cronológicamente, con un desconocido y quizá inútil objetivo, el fragmento de eternidad, gota en el mar, grano de arena en la playa, en que nos fue otorgado vivir y padecer( tal vez sinónimos, reiterativos), habría que estamentarlo sin dudas en el Séptimo Día de la creación. Digan lo que digan los esperanzados apologistas de cualquier denominación, Dios no está en condiciones de escuchar nuestras voces de alabanza, lamento, o protesta. Fluye lo inconmensurable y transcurrieron ya seis jornadas, dispuestas una tras otra desde el principio. Infructuoso cualquier esfuerzo por gritar, maldecir, arrepentirse; alzar la voz de nada valdría, nadie escucha. Cualquier súplica tampoco será atendida. Estamos solos, habitando sin reclamos el Séptimo Día. Dios aún descansa.

Cada vez que llueve – Héctor Ranea



Cada vez que llueve de madrugada, él me hace el amor como si ambos fuésemos aún jóvenes. Comienza con un esbozo de sonrisa que adivino en la oscuridad y sigue deslizándose por la ropa hasta sacármela. Después de amarnos casi en silencio, se levanta sin decir nada, me da un beso y va a preparar el desayuno mientras yo quedo en el ensueño fatal. Pocos minutos de lluvia bastan para convencerme que quien está haciendo el desayuno no es él, sino su fantasma, que me visita cada vez que llueve.

sábado, 7 de noviembre de 2009

La cigarra y la hormiga - Diego Muñoz Valenzuela


La cigarra provenía de una familia aristocrática y la hormiga —como las de su especie— era sierva de la gleba. La cigarra se permitía toda clase de diversión y abusaba del alcohol, la comida y el sexo. En sus raros momentos libres, la hormiga —por lo demás talentosa— aprendió a tocar el laúd y a improvisar en décima espinela. Vistas aquellas dotes juglarescas, la cigarra se dio maña para que la hormiga amenizara sus veladas bohemias. Cobró fama y ciertas prebendas para cultivar su arte el esclavizado himenóptero. En total secreto escribió algunas esperanzadoras piezas narrativas inspiradas por su deseo de justicia; entre ellas figura la conocida fábula que usted habrá recordado. Por cierto, la presente historia carece de moraleja.

Tomado de: http://diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

Verano de una noche soñada – Héctor Ranea


La mano que se mece en la cuna y apoya la frente de un dedo sobre la almohada que no tiene aún siestas proyectadas escucha cómo sus dedos entonan un preludio de piano en el sueño que sueñan las comadrejas alcoholizadas. El buen pastor, que cobija los lobos para que no se enfermen y puedan perseguir sus ovejas y él mantenga el puesto de trabajo. La cuna es partida al medio por la luz de una luna de mercurio en el mar de donde saqué estos versos que ahora me escondió la mano en esa lucerna que tiene un sonido escondido bajo candados que al abrirlos suenan como el preludio que tocan los dedos de mi mano que mece la cuna y entonces quiere decir que mientras me hamacan alguien abrió el último candado: escaparon los sonidos y las otras cosas guardadas.

Imagen: René Magritte, "Le chef d´oeuvre"

Editar la piel - Rafael Vázquez Suárez


La vida tiene un plazo de caducidad escrito en cada célula. Alcanzada la fecha límite, probamos con máscaras de algas, tratamientos de oxígeno, velos de colágeno, pero nada puede devolvernos al día que dimos el primer beso, que viajamos a la luna sobre otra piel.
Algunos no se resignan y malviven con células, tejidos, órganos fantasma, mientras otros, frente al espejo, con sofisticadas técnicas, incapaces de asimilarlo, no piensan en otra cosa más que en editar la luz con que nos vemos.

Imagen: René Magritte, "La philosophie dans le boudoir"

Deshacer el amor - Saturnino Rodríguez Riverón


Y como ella seguía sin quererme después de incontables abordajes, primeramente hicimos un preámbulo de diatribas, denuestos, porfías, odios comunes, mordacidades, sarcasmos, imprecaciones a voz en cuello, críticas ácidas, rencores no solucionados, y más tarde nos hicimos el desamor más cáustico, en camas separadas, por supuesto.


Imagen: René Magritte, "Los amantes"

jueves, 5 de noviembre de 2009

A mi medida - Saturnino Rodríguez Riverón


Quiero mucho a mi mujer, siempre la quise. Y cada día aprendo a quererla un poco más. Nunca es suficiente. La quiero por su capacidad de ternura a prueba de calamidades. Por su dedicación indoblegable a los cuidados de la familia. Su apoyo incondicional, sus desvelos constantes. Porque estoy convencido de que era la mujer que me estaba predestinada mucho antes de yo nacer. Pero sobre todas las cosas, la quiero por su gran dulzura, ahora que los precios del azúcar han subido considerablemente en el mercado mundial.

Lo Hermoso - Jose Luis Zárate


Hermoso es, también, lo inalcanzable. Por eso las amamos: por ser todo lo que no somos. Con extrañeza nos enteramos que ellas también aman cosas de este mundo. Retrocedemos con asco ante lo que nos enseñan las hadas etéreas, inmortales, incorruptibles...
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martes, 3 de noviembre de 2009

El que es - José Luis Zárate

El que es - José Luis Zárate

Uno, entre miles, Es.
Piensa, luego existimos.
Tuvimos que rendirnos a la evidencia cuando, sin motivo alguno, desapareció Paris. No fue destruido, nada devastó el lugar, simple y sencillamente ya no estuvo. Luego, perdimos un color. Varias especies.
Creemos que El que Es está enfermo, que agoniza en alguna parte. Lo buscamos no sabemos bien porqué.
Tal vez para ver su rostro antes de que todo termine.
Mientras, tratamos de recordar cada parte que él ha olvidado, que ha perdido, que al ignorarla desaparece para siempre.
Tocamos nuestro rostro y los de quienes amamos y rogamos que la memoria no sea algo que él olvide.

Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

Fotografía: Luciano Franco Cutrera

Aprendiendo a jugar - Jorge X. Antares


Aprendiendo a jugar - Jorge X. Antares

El niño mezcló el veneno con la comida de sus padres. Su amigo invisible le había dicho que sería muy divertido. El pequeño aplaudió la actuación de sus progenitores cuando hicieron ese baile estrambótico llevándose las manos a la garganta y profiriendo ruidos divertidos hasta caer al suelo.

Fotografía: Elizabeth Lilian del Río

Con la nariz pegada al vidrio - Antonio Cruz


Con la nariz pegada al vidrio y ojos bien abiertos, el niño semejaba una pintura barata y melancólica. A su espalda, el departamento, pequeño y viejo, olía a encierro y tristeza. La música vulgar que brotaba del aparato de radio apagaba el ruido que hacía la mujer en la cocina mientras realizaba sus tareas.
Un gracioso juego de luces de colores sacó al niño de su mutismo. Ajustó su mirada y vio la mariposa a pocos centímetros de la ventana. Los ojos del niño se iluminaron un instante. Decidió salir a jugar con ella. Con una sonrisa espléndida fue en su busca.
Cuando la interrogaron, con la cara demacrada y sus ojos llenos de lágrimas, la mujer no encontraba explicación. Debido al ruido de la radio, ella nunca escuchó el llamado del niño ni el estruendo de los vidrios.

Fotografía: de Elizabeth Lilian del Río

Carnes I - Esther Andradi


Carnes I - Esther Andradi

¿Hay algo más masculino que la carne?
¿Más violento y lleno de provocaciones que un trozo de carne fresca colgando del gancho? A veces, cuando mi esmerado casero destroza la carne con un hacha y sobre un tronco – procedimiento común en los mercados peruanos, pero que, como se sabe no es lo más apropiado- después, mientras sorteo astillitas de madera y huesitos triturados, siento que me como un macho. Un camionero en musculosa, bigotes y barba incluída.
Prefiero las verduras y frutas, mil veces. Pero entre nosotras las hay carnívoras...¡y cómo!

Publicado en Come, éste es mi cuerpo, Buenos Aires, Ediciones Último Reino, 1997.
Tomado de: http://ficcionminima.blogspot.com/

Fotografía: de Luciano Franco Cutrera

Carnes II - Esther Andradi


Carnes II - Esther Andradi

Verdad es que también existen aquellas carnes andróginas, y una que otra asexuada, tierna como recién nacido. Entre las primeras, qué duda cabe, están todas las formas de los lomos exceptuando aquellos fuertemente aderezados -con pimienta por ejemplo- que me retrotraen indefectiblemente a la imagen del hombre del camión.
Entre las segundas, el insípido pollo y algunas variedades de pescados.
¿Los mariscos? Esos tienen todos los sexos y aun los que no tienen nombre, toxinas incluidas, sazonando la moral y el rito de chupar y sorber el laberinto de sus interiores. Como decía Proust -“con todo el pasmo y el dolor del amor"-.
O como dijo alguna vez una analista querida: "-No se preocupe por sus opciones sexuales. Los pansexuales como usted, no conocen reglas-".
Igualito a los mariscos.

Publicado en Come, éste es mi cuerpo, Buenos Aires, Ediciones Último Reino, 1997.
Tomado de: http://ficcionminima.blogspot.com/

Fotografía: de Andrés Caballieri

domingo, 1 de noviembre de 2009

Inmortal - Héctor Ranea


No hay caso. No sé ser inmortal. Viví casi noventicuatro años sin sobresaltos. Nunca nadie me mató. Ni homicidas profesionales, ni médicos, ni disgustos. Simplemente, nunca estuve en peligro. Siempre incólume por causas naturales. Presiento que pronto me moriré por cuestiones biológicas, pero como nunca antes me morí no sé bien cómo haré para ejercer mi poder de resurrección. Si me hubiera muerto más veces, hubiera entrenado de joven. Ahora le tengo miedo a mi inmortalidad. ¿Y si mi resurrección no la sé manejar bien y quedo a mitad de camino, como un zombie? La verdad, ahora me arrepiento de haber sido tan suertudo. Podría haberme enrolado en una guerra para probar fortuna. Pero no, salí pacifista. Me podría haber tirado de un tren. Pero no, salí respetuoso y me daba no sé qué salpicar de sangre. Es al pedo. No sé ser inmortal.

Imagen: Abstracto Rojos de López Ávila

Horas enteras - José Luis Zárate


A veces no puedo evitarlo, abro la ventana, y me resigno a tener un hada revoloteando por la sala.
Pero es que no soporto verlas, horas enteras, golpeando la cabeza contra el cristal.

Tomado de: http://zarate.blogspot.com/

Imagen: Bodegón de López Ávila

Impacto - Sergio Gaut Vel Hartman


Se conocieron en el chat. Empezaron hablando de las cosas cotidianas, fruslerías, pero a medida que la relación avanzó se contaron intimidades y casi todas sus vidas. A la semana sabían todo lo que dos personas se atreven a revelarse y sólo faltaba que se conocieran en persona. No obstante, en el último chat, la víspera del encuentro, ella sintió que debía revelar un secreto celosamente guardado, algo que no se había atrevido a decirle para no lastimar su sensibilidad de triste dependiente de una ferretería.
—Ruperto —dijo ella—. Debo contarle algo, y no quiero que lo tome a mal: soy una mujer de letras, no empleada de una tienda.
—No importa —dijo él—. Podré soportarlo.
Pero no lo soportó. Verla caminar hacia él, toda jotas, haches y zetas, le produjo un infarto cardiaco y murió antes de poder estrecharle la mano.

Imagen: Inspiración en azul de López Ávila

En altamar - Alejandro Ramírez Giraldo


Después del naufragio dos sombras nadan briosamente hacia el islote en altamar.
-¡Qué difícil, Dios mío! ¡Qué difícil!
-Sí, Capitán. Y si eso decimos nosotros, qué dirán los que sobrevivieron.

Tomado de: http://cuentominicuento.blogspot.com

Imagen: Abstract de López Ávila

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo