miércoles, 15 de diciembre de 2010

Estos chicos - Matías Orta


Julia lavaba los platos, cuando oyó un chillido proveniente de arriba.
Laurita, pensó.
Al entrar en el cuarto de la niña, se topó con el desastre.
Laurita, arrodillada en el piso alfombrado, descargaba martillazos sobre los restos del gatito nuevo.
—¡Laura Antonia Pelletieri! ¡Me vas a enloquecer!
La nena soltó el martillo, retrocedió a gatas, puso cara de “yo no fui”.
—No lo puedo creer —gritó Julia—. ¿Otra vez lo mismo? ¿Acaso no me escuchás cuando hablo?
Laurita permaneció muda.
—No, claro. ¡Vos no ténes idea de cuánto cuestan estas alfombras! Te dije que podés asfixiarlos con bolsas de nylon.
—Eso es aburrido —dijo Laurita—. Los animales tardan en morir y no hay sangre.
Julia bufó y dijo:
—Yo, a tu edad, prefería las torturas. Y lentas. Pero ahora los chicos quieren todo rápido, y con sangre. O ustedes son muy ansiosos o yo me estoy volviendo vieja.

Día de la madre - Samanta Ortega


Feliz día mamá. ¿Qué me contás de lindo? Ya sé. Siempre te traigo lo mismo, pero esta vez son Orquídeas. No se me ocurre otra cosa. Es verdad, podría pintarte algo, pero hace tanto tiempo que no lo hago que… Ma, no me sigas dando las gracias por haber venido. ¿Cómo no voy a venir, estás loca? Es más, me traje un libro así te hago compañía todo el día. Espero que no tengas otros planes. No te preocupes, vieja, que los niños se quedaron con Elisa.

Y cuando terminó de hablar, colocó las flores sobre la tumba.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Viajero - Sergio Gaut vel Hartman


Philip K. Dick viajó al siglo I con la máquina del tiempo de Henry Hassel después de zamparse una tortilla de Amanita Muscaria y huevos de ornitorrinco. Al conocerlo, Jesús de Nazareth decidió hacerse seguidor de la nueva fe, basada en la conciencia expandida, Nerón empezó la carrera de bombero voluntario y Pablo de Tarso blanqueó sus actividades y pasó de usurero a dueño de una financiera. Todo el Mediterráneo se convirtió en vino y los Alpes, ahora pura miga de pan, se derrumbaron con las primeras lluvias de primavera. Isaac Asimov y la Patrulla Temporal salieron como saetas, pero todavía no pudieron desenredar el enredo que armó el irresponsable y aquí me tienen, escribiendo sonetos y cosiendo pantalones como mis ancestros.

Culpables - Claudia Sánchez


Están desorientados y expectantes. No saben que en unos minutos los invadirá el temor. Desde aquí puedo adivinar sus pensamientos en este instante previo: Valentín, confiado, piensa que no pasará nada. Nacho, abandonado a la última esperanza, no sabe. Mica juega a adivinar, con más certezas que dudas. Martu sospecha el desenlace. Lucho, ya experto, trata de infundirles calma. Solo una ya lo sabe. La que se tapa los ojos con las manos. La que recuerda lo que hizo en el último año y se arrepiente. Todos lo harán, es cuestión de tiempo. Uno a uno posarán sus ojos en mí y en fracciones de segundo lamentarán el pasado y temerán al futuro inminente. Y querrán destruirme, como si eso lavara las culpas y borrara la memoria colectiva. Pero no podrán. Este año, las listas finales de aplazados de matemáticas estamos tras un cristal.

Catársis- Marcos Rodríguez Leija


Cada noche tengo pesadillas en las que me acecha un dinosaurio. Aunque sé que no existen y que en su tiempo no fueron los principales depredadores de las cucarachas, siempre despierto aterrorizada. Y entonces, pienso, que me hubiera gustado ser un escritor con apellido Kafka o Monterroso, para arrancarme este miedo infundado, desbordando cada sueño oscuro en ficciones maravillosas.

Caín - Esteban Dublín


Todos lloran. Mi madre, por ejemplo, lo hace desconsolada. Se aferra al féretro como un náufrago a su veleta. Mi padre apenas la sostiene. Parece más fuerte, pero a él también se le escapan cristales de las pupilas. Mi sobrino solloza. Mi cuñada, a su lado, lo abraza. Los lentes oscuros no alcanzan a cubrirle el dolor. Yo la miro a la distancia. No me atrevo a hablarle. Han pasado diez años desde que me dejó por mi hermano. Todos lloran. Yo, sin embargo, mantengo la compostura.

Imagen de SuperGrassor en DeviantArt

Algo que puede pasar - Alejandro Bentivoglio




En la mayoría de los casos, soy un hombre pacífico. No soy de los que andan por ahí discutiendo y preocupándose por todo. Sí, de vez en cuando, me enfurezco levemente. Generalmente son estos hombrecitos que viven bajo mi cama los que logran sacarme de las casillas. Todo el día diciéndome que debo salir y matar o cosas por el estilo. Pero yo no les hago caso.

Excepto ayer, cuando salí temprano por la mañana y luego no recuerdo nada y más tarde, mi camisa manchada inexplicablemente de sangre, cerca de los puños.



tomado del blog http://memoriasdeldakota.blogspot.com/
Imagen Title self expression : mind-forg'd manacles Photographer cheeky needle

Disimulados - Carolina Fernández Gaitán


José sueña en la calidez de su lecho matrimonial con Adriana, la escribana del piso de abajo. Adriana, totalmente dormida, gira en su cama murmurando el nombre de Martín, quien descansa a dos departamentos de distancia en medio de una visión onírica con la rubia del 3º “B”. La rubia sueña con Pedro, mientras a su lado, Diego, recibe caricias oníricas de Paola, la mujer de José. En la mañana todos se encuentran en la puerta del ascensor y se saludan como si nada.


Imagen de Xxmadeinjapanxx en Deviantart

sábado, 11 de diciembre de 2010

Al pedo, pero temprano - Saurio


Al que madruga, Dios lo ayuda.
Esto le complica bastante la existencia a Dios, quien quisiera no tener que ayudar a tanto pelotudo mañanero. Dios preferiría que la gente durmiera hasta tarde y lo dejaran en paz.
Pero, lamentablemente, no es así y el pobre está obligado a darle una mano a todos los madrugadores, quieran estos o no (estos últimos son los peores, porque si bien Dios es todopoderoso, su capacidad de doblegar la tozudez es limitada, culpa de la cláusula del libre albedrío). Es más, en varias ocasiones Dios tuvo que ayudar a madrugadores con tareas que iban en contra de Sus propios intereses. Los iconoclastas, blasfemos, herejes, apóstatas y otros enemigos de la religión se sienten algo desconcertados por la asistencia divina. Sin embargo, cosa curiosa, no la rechazan. Incluso hasta les parece divertido.
Lo peor es que, ni bien termina de ayudar a todos los madrugadores, Dios tiene que ir a darle pan a los que no tienen dientes, apretar sin ahorcar y perdonar averiguando menos.
Dios está muy cansado.
Muy, muy cansado.
Y mañana tiene que levantarse temprano, para ayudar a quienes madrugan.

Imagen: DeviantArt. Autor: ElNido

jueves, 9 de diciembre de 2010

Corpulencia - Rolando Revagliatti


Con semejante físico, es lógico, se da el gustazo de trompear, de vez en cuando, a escogidos cretinos en tren de patoteros. Ha noqueado, por ejemplo, a energúmenos choferes de colectivos. ¿Por qué limitarse a una discusión estéril, pudiendo escarmentarlos? ¡Ha corregido a tantos, elevándolos con naturalidad por sobre su cabeza, agitándolos, hasta hacerles deponer actitudes necias, presuntamente arraigadas! Impuso siempre su corpulencia, y permítaseme enunciarlo así: su preclaro vigor, como factor desmoralizante frente a comportamientos repetitivos de groseros y malintencionados. Ya desde la niñez el admirable Hércules implementó los mentados recursos. Con las mujeres se contiene: se limita a la —también mentada— estéril discusión.

Ausencia de despedidas - Samanta Ortega


Cuando se despertó puso la mano sobre el lado de la cama que aún estaba tibio. ¿Marcos? Lo llamó recorriendo la casa. Al llegar a la mesa frente a la puerta, vio la carta con su nombre. Reconoció la letra. Cuando la abrió, la carta estaba en blanco, vacía. Solo la fecha y, debajo, la firma de Marcos.
No entendió qué quiso decirle. Nada. Evidentemente nada. La ausencia había llegado a su punto máximo. Ella dudo si se hubiera tomado la molestia.

Decisiones bastante sabias – Héctor Ranea


El 2004 MN4 Apophis tendrá un acercamiento a nuestro planeta en 2036. Uno muy cercano, por cierto. La colisión parece inevitable; pero un grupo de grandes ingenieros, físicos y pensadores está tratando de prevenirla.

Hay preparado, por supuesto, un Plan B. Éste quedó a cargo de botánicos, biólogos y médicos. Se dejará sembrada la Tierra con cubos que serán apenas fisurados por la gran explosión y así liberarán las especies contenidas. Su propósito es que, ante la eventualidad del colapso total de la vida en la Tierra tal como la conocemos, quede al menos un par de especies que puedan evolucionar a pesar de todo.
Es obvio que las cucarachas se pueden cuidar solas pero, por las dudas, las recomendarán. La otra especie será de algo que haya tenido éxito y demostrado haber sobrevivido a todo intento de destruirlo. Dejarán, por ende, muestras del virus de la gripe.


Héctor Ranea

Collage - Laura Ramírez Vides


¿Renacimiento o desintegración? ¿Dolor o éxtasis?
Agonía. Presagio.
Veo a todas las que fui, las que seré, las que jamás llegarán a ser. ¿Y la que soy? La encuentro en un laboratorio que abruptamente aparece delante de mí. Claramente aquí todo comienza y termina; nada perdura, sólo se cocina. Transmutación. Sí, renacimiento. Sí. Bulbos de humanidad en un útero desgarrado. Me despierto. Mi alma llora, mi cuerpo sangra; como todos los meses.

Laura Ramírez Vives
Extraído de El patio de la morocha

Come Lunas - Sergio Astorga


Cada vez que el infinito se abre como un mineral y la noche enseña una cordillera de puntitos luminosos de oriente a poniente, el come lunas, con un apetito redondo y un paso intensivo, sale de su cáscara, se le olvida el habla y con sufrida sagacidad persigue el haz de luz que danza entre los híbridos verdes del bosque.
Al llegar al estanque, el corazón del sapo comienza su latido de agua; un montón de luciérnagas se marchan y el come lunas, con dos palomas como manos, abre la boca y su aliento de rama machacada, inunda de hechizos atmosféricos las diferentes fases de la luna.
Cuando veas una senda de alfalfa en la cintura de los cielos y diagramas de plata en tus papeles, recuerda que el come lunas esta inflamando sus pulmones.



Tomado del blog Antojos

Acerca del autor:
Sergio Astorga

martes, 7 de diciembre de 2010

Exceso – Sergio Gaut vel Hartman



—¡Ustedes son insaciables! —exclamó Jesús fuera de sí—. Ya les multipliqué los panes, el vino y los peces. Ahora quieren que les multiplique las sillas, los saladitos, las minas, que son pocas en el casorio, y hasta piden que les multiplique los discos, creando temas que los Beatles, Freddy Mercury, Gardel, Rodrigo y Elvis nunca grabaron. ¡Ya me tienen podrido!

Decisiones - Daniel Sánchez Bonet

Leocadio nunca decidió venir a este mundo aquella madrugada de septiembre. La comunión la tomó porque así lo marcaba la tradición familiar. Sus sobresalientes en la escuela llenaron durante mucho tiempo el orgullo maltrecho de su padre. Su primer y único amor, Lucía, le traía en mente una foto en blanco y negro de su madre. Su boda, fue el día más importante para sus familiares más cercanos. De su trabajo, siempre le dijeron que dignificaría su alma. La hipoteca logró por fin pagarla después de 35 años…
Una noche, Leocadio apareció colgado de una cuerda en la cocina de su apartamento recién costeado. Ese mismo día, nadie supo a dónde se dirigía, ni siquiera sus padres.
La longitud y grosor de la cuerda las eligió él mismo.

Romeo – Ruy Feben


Un tocadiscos revoluciona lento en sentido contrario: se convulsiona, intenta palabras, tropieza. Lo demás es oscuro: nicho de velas rojas, pentagrama de piso, libros negros, pócimas: todo navega en silencio nocturno.
El teléfono repica a las doce. Una y otra vez. De la contestadora emerge ella. En llanto. Le ruega desistir de conquistarla; se está volviendo loca: sueña con él muriendo en garras de cancerberos. Tres minutos de explicaciones. Termina: “deja ya la brujería, no te llevará a ningún lado”.
Un beep entrecortado como respiración de moribundo. Él en el piso, inconsciente, con cientos de pastillas verdes lo rodean: náufrago en un mar de antidepresivos.

Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/

Container - Frank Hebben


Bajo la lluvia, las máquinas trepan por los edificios, piso a piso. Bloques de seis por cinco por dos metros y medio. Las latas de sopa son vitales para mí, las cacerolas y un anotador en los estantes vacíos. Gotea aceite de las palancas hidráulicas. Algo sisea. Un tirón. Luego, las arañas llevan mi container-residencial desde Colonia hasta Berlín (la Catedral queda atrás, calles y campos alrededor, arriba nubes, un arcoiris químico. Luego, la Columna de la Victoria y la Puerta de Brandeburgo bajo una cúpula de vidrio.)

Alzo el brazo para observar mi mano; piel de gallina sobre el acero gélido, sordo, inquebrantable. Siento que me fusiono, soy igual, me desvanezco, me incorporo a los dígitos y las cifras y los números. Mi trama de almacenaje se agranda, célula a célula, tal como las ciudades se multiplican y cierran. Datos y acero; 1 y 0; metal negro. Me congelo.


Título original: "Container".

Traducción del alemán: Gustavo Fernández Riva.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Un final es un final - José Vicente Ortuño

Un chirrido de bisagras oxidadas precedió a una corriente de aire gélido. La vela que iluminaba el escritorio se apagó. El hombre dejó la pluma y fue a cerrar la ventana. El viento gélido lo azotó con el olor putrefacto del bosque. Cerró la ventana y observó la oscuridad a través de los cristales. Imaginó ser el protagonista de su novela y ver los ojos de la bestia mirándolo desde la tenebrosa negrura. Escuchó su respiración, un jadeo largo y ronco como el de un enorme fuelle. Incluso percibió su olor acre, mezcla de sudor animal, sangre de sus víctimas y carne descompuesta. Se estremeció. Aseguró las contraventanas y se giró. Allí estaba la bestia, con los ojos inyectados en sangre y las fauces babeando ante el festín que le esperaba. Es un buen final para mi novela, pensó el novelista.

Defasaje – Sergio Gaut vel Hartman

—¿Se da cuenta de que esto es imposible? No pertenecemos a la misma época —dijo Genghis Kahn mirando con severidad al guerrero galo que lo apuntaba con un extraño falo metálico.
—Eso no tiene importancia —respondió Asterix—. Lo más grave es que soy un personaje de historieta dibujado por el novato que reemplazó a Uderzo y no estoy acostumbrado a vérmelas con personas de carne y hueso. Y a propósito —agregó sacudiendo el falo—, ¿usted sabe cómo se maneja esto? —De pronto, hubo un fogonazo y el mongol cayó como fulminado por un rayo. Asterix arrojó el artefacto a un lado y exclamó consternado—: ¡Como extraño a Goscinny!

A puro cerebro – Héctor Ranea

El zombi jugaba con las blancas y tenía una ventaja material importante, de modo que me contempló con suficiencia. Íbamos por la decimocuarta jugada y el trofeo de mi cerebro sería suyo en seis jugadas más, salvo que lograra distraerlo con mi torre en la columna abierta. Todo era resultado de mi desastrosa defensa siciliana, que él había refutado con su ataque Podolski. No me amilané: le presenté un peón lateral comisionado a convertirse en dama. Confieso que me subió la tensión arterial al verlo titubear pero sólo fue un segundo así que, con una sonrisa, dejó al peón seguir su curso huero. Con la decimonovena jugada llegó, entonces, su implacable grito:
–¡Jaque Mate! –exclamó, para luego abalanzarse sin miramientos ni demora alguna sobre mi cráneo para arrancar el seso.
No me importó demasiado. Perder era humillante, pero que me comieran el cerebro era lo de menos, es para eso que nos lo hacen de silicio.

Tiempos violentos – María del Pilar Jorge

—Doctor, estoy muy angustiado, siento que la gente me ignora o se burla de mí. El otro día traté de ayudar a una anciana a cruzar la calle, le juro que sólo quería ayudarla, y la vieja me corrió a bastonazos. Sólo puedo pensar en la muerte.
El psicólogo encendió un cigarrillo y dejó que su mirada se perdiera siguiendo la voluta de humo. Luego se enfocó en su paciente: el decrépito zombi lo miraba con sus grandes ojos azorados.
—A ver —murmuró, por fín, el terapeuta—, hábleme de su madre…

El que espera - Olga Appiani de Linares


En un andén, entre otra gente sola alguien, desde hace mucho, espera. Mira una vez más los relojes inmóviles, suspira; de improviso, una sombra difusa le rueda por el rostro, se sobresalta. Nervioso, da vuelta sus bolsillos: busca una foto, un nombre, algo; sólo encuentra cientos de hojas de almanaques ya vencidos, mohosos o amarillentos. Resignado, descubre que ya no sabe qué o a quién estaba esperando. Entonces alza los hombros, mete las manos en los bolsillos ahora vacíos, y se aleja silbando.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Estampa - Jesus Esnaola Moraza


Seguro que a vosotros se os ocurren un montón de motivos por los que un hombre puede decidir saltar desde la azotea de un edificio de cristal de cuarenta plantas. No os aburriré con eso.
Lo que me importa es que salta, que comienza un vuelo desgarbado, picado con la vida, convertido en una lágrima de carne y hueso que recorre la fachada del edificio.
Lo que me asombra es el público expectante que aguarda el desenlace, no por conocido menos hipnótico, señalando la trayectoria con el dedo para que ni los más miopes se pierdan el descenso.
Lo que me sorprende es que el suicida desaparezca a la altura de la ausente planta trece, residuo supersticioso del dueño del monstruo de cristal.
Lo que me aturde es el sentimiento general de decepción.

Noche confusa – Héctor Ranea

Se levantó confundido. Fue al baño y ahí comprendió que no podría dormir en toda la noche. Se vistió, fue a su escritorio y puso música. Eligió Mahler. El gato, amante de Mahler, se le subió a la falda y él lo acarició distraído. Tenía en la mano la taza de café, había dejado un libro a medio leer. En el Vals distorsionado tomó nota de cada paso posible de los bailarines para una nueva coreografía futura, cuando se dio cuenta, en medio de un fugaz estremecimiento, de que su gato había muerto hace años. Entonces se desvaneció en la música, otra vez, casi bailando.

Triángulo equilátero - Víctor Lorenzo Cinca

El mudo intenta inútilmente seducir al sordo con dulces palabras que jamás llega a pronunciar, mientras éste, de espaldas al mudo y perdido en su silencio, pretende hechizar con sus sensuales miradas al ciego, que a su vez permanece absorto en su oscuridad, ajeno al estéril flirteo de su alrededor.

El amor es ciego. Y sordo. Y mudo.


Tomado de Realidades para Lelos

Impresión preterintencional agravada - Fabian César Casas

El pibe se levanta y dice: hoy escribiré poesía. Se sienta a la computadora y tipea sobre el amor, la guerra y el universo. Imprime, pero no imprime. La Epson le dice "Usted está intentando imprimir poesía que deja bastante que desear. Revise y vuelva a intentar". El pibe, crispado, corrige, pone algunas tildes olvidadas y mejora la puntuación. La Epson, nuevamente, se niega "Peor. Vuelva a intentarlo". Los intentos siguientes son merecedores de diverso mensajes, todos ellos negativos "Ud. está usando oraciones no originales. Deje de copiar e invente algo propio"; "Si cree que por ser mi dueño podrá imprimir cualquier basura conmigo, ud está muy equivocado". Ya desalentado, el pibe decide suicidarse. Se baja de internet la receta de un veneno para poetas suicidas. La impresora, esta vez, no tiene nada para decir.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

No hay peor cuña que la del propio palo – Sergio Gaut vel Hartman


Es lícito que el lector suponga que Amadeo Amador Amor era el hombre más amado del planeta, pero no. Lo odiaban todos los humanos, la mayoría de los animales, miles de vegetales y hasta las piedras, que no vacilaban a la hora de arrojarse como kamikazes contra su cabeza cada vez que este patético sujeto se ponía a tiro. La máxima ocurrió una tarde de noviembre, a las diecinueve, para ser más preciso, cuando obedeciendo a un impulso tan extravagante como incomprensible, las propias manos de Amadeo procedieron a estrangularlo.

Círculo vicioso - Rita Vicencio


Madre mía, que estoy cansado. No se en qué se me ha ido el día, pero estoy cansado. Cansado y harto. Todos los días la misma rutina, como loco, esforzándome sin avanzar. De la mañana a la noche lo mismo, y lo único que cambia es la luz que poco a poco va menguando, como mis fuerzas y mi motivación.
Pero mañana no será igual, estoy decidido a cambiar, mañana iré en contra del destino, cambiaré todos mis patrones de comportamiento. ¡Mañana, ya lo verán!
.....¡Mira, por fin, el Hamster está corriendo para el otro lado!

Tomado del blog:http://saborajenjo.blogspot.com/">http://saborajenjo.blogspot.com/

No es fácil decir te amo - Fernando Puga


Empezó a escribir cuando se enamoró. Llenó un cuaderno de pretenciosos poemas románticos. Miel pura. Copió a Benedetti, a Becquer, a Neruda. Quería que notara su presencia, que viera más allá de la tartamudez; esa trampa en su boca. No era feliz y la esperanza que viajaba en cada cartita hasta los ojos de la amada lo mantuvo en pie hasta hoy.
Empezó a escribir para encontrar el modo de decirle que la amaba y en este refugio junto al fuego, con todos los achaques de los años sobre el alma, aún lo intenta.