martes, 31 de agosto de 2010

La otra cara del Prêt-à-porter - Claudia Sánchez


Las persianas bajaban a las nueve de la noche, ocultando el interior de las curiosas miradas callejeras. Entonces, cuando se quedaba sola en la tienda tras una interminable jornada laboral, se desvestía -falda, blusa, zapatos y bolso prestados- y se enfundaba en el uniforme de supervisora, paseándose por los vestidores, revisando planillas, controlando escaparates aquí y allá, soñando con una vida real, en libertad. Al amanecer, radiante de alegría, volvía a vestirse con la ropa que se había sacado y se ubicaba en la vidriera, adoptando la rígida postura forzada de cada día, esperando que las persianas volvieran a subir.

4 comentarios:

Claudia Sánchez dijo...

Gracias gente por la elección. Debo reconocer que la idea original es de Víctor Cinca; yo solo puse a su mannequin a trabajar.
Saludos a todos!

Patricia dijo...

Esforzada vida la de tu personaje, aunque no triste. ¿Quién puede asegurar que pasa la mitad del día haciedo lo que le gusta?

Saludos

Ceci dijo...

Es que los maniquíes tienen vida propia, aunque no se sepa, los de pasarela, y fotografía, también.

Víctor dijo...

Gracias por este texto, Claudia, y por el reconocimiento. Un abrazo.