miércoles, 29 de abril de 2009

Suicida - Ricardo Bernal


Decido poner fin a mi vida por cansancio, hartazgo, excesivos yoes que quieren destronar al yo verdadero. Salgo al balcón: arriba hay luna, estrellas, joyas, ronroneo de aviones y nubes; abajo el ruido, las luces de los autos, muy lejos como en un inframundo inexplorado. Trepo el barandal, doy un paso, otro, sigo caminando en el aire y a cada paso cae uno de mis yoes, planea en círculos, se incorpora convertido en un ciudadano más, hormiga apurada en el callejero ruido nocturnal. Cuando llego a la mitad del trayecto soy sólo yo, sudo mucho. Alzo la cabeza y te descubro: también has caminado hasta aquí desde tu balcón, estás rejuvenecida, más transparente que nunca, y despojada ya de tus otros yoes. Me miras sonriente, frunces los labios y me plantas una sonora cachetada. Caigo.

Fucking Freud - Eduardo Gotthelf


En 1947 William B., un paciente inglés decidido a burlar la censura que el inconsciente ejerce sobre el contenido latente de los sueños, inventó el hipnógrafo. El dispositivo grababa las corrientes eléctricas que se generan al soñar, a través de un conjunto de electrodos colocados en el interior de un casco. El aparato podía luego reproducir esas mismas corrientes, lo que debía generar en el sujeto, en estado de vigilia, las mismas imágenes.
William B. nunca pudo comprobar la eficacia de su invento. Cada vez que, con el casco colocado, oprimía el botón “reproducir”, caía profundamente dormido.

Reproducido con permiso del autor de: Cuentos Pendientes. Editorial Ruedamares (2007).

Crimen de palabra - Cristian Mitelman



(Variaciones sobre una música de Marco Denevi.) 

Un hombre escribe un libro y le dice a su rival que allí encontrará la forma en que será asesinado. El lector se lanza desbocado a la lectura de la novela y al llegar a la última página no encuentra la clave. Relee el texto, coteja combinaciones de palabras, se hace cabalista de la obra y muere de agotamiento psíquico.
El arma (el libro) sigue callado en el escritorio del muerto. Finalmente, alguien lo coloca en un anaquel y no sabe que así entierra la evidencia.

En la política - Alejandro Ramírez Giraldo


He escrito un panfleto para rebatir todos los éxitos de mi rival. Lo he criticado todo y no he dejado sin análisis ni un sólo argumento en su contra. Soy consciente que he tergiversado datos, he citado profusamente a otros detractores y he recurrido a estudios de dudosa validez. No me importa.
Cualquier mella a su gestión o detrimento a su honra es un alivio para mi odio de vencido.

Tomado de: http://cuentominicuento.blogspot.com

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

Persistencia - Ana María Shua


Lo soñé de espaldas y de costado, me soñó encorvada, enmascarada. Lo soñé distinto, me soñó escondida. En el último sueño quedamos en encontrarnos, despiertos, en un bar de la calle Anchorena. Fue difícil reconocernos, hacía frío, nos aburrimos, no nos gustamos y de común acuerdo decidimos no volver a encontrarnos. Y sin embargo, ya ves.

lunes, 27 de abril de 2009

Escrito en el aire - Arantza Ruiz de Mendarozqueta, Patricia Podolyak y Alvaro Ruiz de Mendarozqueta



Pensando en cuentos se me ocurrió uno genial y como estaba apurada, lo escribí en el aire. Para no perderlo lo guardé en un globo. Se lo mandé a mi editor y, cuando abrió el globo, el cuento se escapó y quedó dando vueltas en su departamento. A la noche, cuando el editor duerme, el cuento se le mete por la nariz porque quiere estar con él. Cuentito maricón.

Fluido en la espesura - Fabián San Miguel



Desde que había entrado al bosque, sigue un itinerario preciso y heredado; repetido sobre la tierra seca. Tres vértebras de puma permanecen encerradas en su mano. Va en busca del “espejo de agua”, donde el futuro se satisface. Se apura, se siente presa; sabe que si lo sorprende el velo de la noche no regresará a la aldea. Su cuerpo es un fluido en la espesura. Reconoce en la memoria de su tribu un árbol, la piedra redondeada y el pequeño ojo de agua. También percibe los pasos animales y la caída inevitable de las sombras. Al llegar, se da vuelta y, presuroso, arroja por encima de su cabeza los tres huesos. Espera el sonido sobre el agua; pero sólo escucha el silbido doloroso del zarpazo desgarrándole la carne.
Ahora, el velo de la noche termina de caer como una mortaja.

Hambre - Esteban Dublín


Antes de empezar La conjura de los necios, Camilo Jiménez siente el deseo de ir al baño. Se pone de pie y sale de la sala. Sorpresivamente, el libro cobra vida y se mueve tembloroso en busca de un refugio. Meridiano de sangre, otro de los textos desaparramados sobre el escritorio, se lanza hacia el suelo y se esconde detrás de una repisa; Ficciones se apresura y de un salto escapa por la ventana; Hotel Amén, Los viajes de Gulliver, un compilado de cuentos de Poe y cientos de ejemplares más empiezan a huir aterrorizados, a sabiendas de lo que les espera. Cuando Camilo entra de nuevo, todas las obras quedan inmóviles. Se sienta, se saborea y devora con deleite el libro que escogió como cena.

Tomado de http://estebandublin.blogspot.com/

Tormenta - Héctor Ranea



El jinete viajaba con apuro por la pampa a pesar de la tempestad que azotaba los campos. Su caballo blanco se espantó ante los primeros refucilos, pero él lo dominó hablándole al oído, contándole las historias de rayos que sus viejos contaban. El caballo empezó a galopar tranquilo en medio de rayos y centellas mientras el jinete hablaba y le daba calma en la borrasca.
Cuando llegaron a la pulpería el dueño se pegó un susto flor al verlos llegar envueltos en unas enormes lenguas crepitantes de fuego azul que olía a lejía.

La Gracia – Cristian Mitelman



–Deben permanecer en gracia, porque nadie sabe cuándo le llegará el último momento –nos aconsejaba el padre Soler. Somos buena gente. Esperemos que la maceta que le destrozó el cráneo aquella mañana de invierno estuviera sin pecado.

sábado, 25 de abril de 2009

Maquinaciones - José Luis Vasconcelos


Y en el Principio fue el Verbo. Ésa fue la gota —para el sustantivo y el adjetivo— que derramó el vaso. Justo ahí planearon su crimen, un incalificable verbicidio, mismo que harían pasar como un simple accidente gramatical.

El que mata – Francisco Costantini


El que mata tiene que morir. No importa si se trata de un niño de catorce años que baleó a un pobre tipo, o de los culpables de que ese niño esté ya muerto, desarraigado de un mundo donde sólo es el que tiene nikes, mercedes, nokias… Un niño incapaz de acceder a esos bienes que hacen al ser que somos, que estúpidamente somos, y que obliga a quienes no pueden tenerlos, y por ende no pueden ser, a buscar la única salida que esta sociedad, a la que no pertenecen pero les gustaría pertenecer, les señala ostensivamente con un dedo bañado en sangre, tinta de billetes y polvos mágicos: condenar a muerte a aquellos que los han condenado: nosotros y nuestra apatía de imbéciles escribiendo frente a un monitor esto que no pretende ser denuncia, poema o cuento. Apenas un gesto. Verdaderamente, nada.

La realidad – Santiago Fernández Subiela


En una charla sobre la desnutrición que sufre África, un reconocido doctor —mientras una lágrima gruesa cae de sus ojos y le resbala en la mejilla— dice:—Está comprobado que la tristeza pesa veinte kilos.

Jugando a Rodin - Diego Muñoz Valenzuela


Se enamora de la estatua de mármol. Allí permanece, inmóvil, enloquecido de pasión, consumido por el deseo. Con el paso de las horas va petrificándose. Se desnuda y se aproxima a la mujer, la abraza, la anuda con sus piernas y sus brazos. Se torna blanquecino, marmóreo. Los guardias recogen las ropas abandonadas y cierran la galería.


Tomado de http://www.diegomunozvalenzuela.blogspot.com/

La tetera - Gilda Manso


El muchacho frotó la tetera y el genio acudió al llamado.
-Tienes tres deseos –le informó, como si hiciera falta.
El muchacho, ambicioso y mezquino, pensó poco.
-Quiero mil cofres repletos de oro. Quiero el secreto de la juventud eterna. Quiero que te metas en la tetera y no vuelvas a salir.
Siglos más tarde, otro muchacho frotó la tetera. Nada ocurrió.
-Papá tenía razón: los genios no existen –conjeturó, y siguió estudiando matemáticas.

jueves, 23 de abril de 2009

Beso - Héctor Ranea



El viento, pensaba un niño mirando el bosque petrificado en el Colhue Huapi, debe ser un beso. Pensaba mientras descubría de quién era el beso y para quién. Mientras eso hacía, el sol empezó a desaparecer en la eclíptica. Alguien entendió que algún secreto había sido descubierto, pero no que un niño en la Patagonia lo había hecho.

Dionisa - Lilian Elphick



Bebo. Estoy sola y me emborracho. Me han dado un picadillo de ménade que está cocido. La música es estridente, todos bailan enloquecidos, desnudos, arriba de las mesas.
El vino se acaba. Pido más de ese Xynomavro que me recuerda los frutos negros de mi bosque, donde también bailé en noches de luna, festejada de abrazos y besos.
Mi copa está llena y bebo. Con qué docilidad la memoria se me agolpa en la sangre: las horquillas las dejé arriba de la cama para tu colección de casualidades.
Soy una puta vieja que junta sus monedas para venir aquí y ver cómo fornican en mi nombre.

La señorita Macutta - José Luis Vasconcelos



La señorita Luca Macutta jamás hizo daño a nadie. Era experta en despiojar querubines, coleccionaba infartos y vendía almohadas de plumas crepusculares para dar de comer a fakires.
El niño ciego cruza la avenida, lleva a su lazarillo atado a la muñeca. Con los ojos como chicozapotes y más piojos que plumas, el arcángel casposo conduce al pequeño con tal destreza y candor que cualquiera diría que la señorita Macutta regresó a las andadas...

Colección - Héctor Ranea


La primera mosca que maté la anoté en mis cuadernos de escuela elemental, certificando peso, color, longitud y envergadura. Con el tiempo, llené libros de contabilidad, de investigación, de hojas que yo mismo encuaderné. Todas las moscas eliminadas por mí, con las mismas características de cuando tenía siete, figuraban en mis notas. Tuve que alquilar un departamento para tener las bibliotecas pues mis padres no querían que les tapara con semejantes datos. En todos estos años llevo muertas la friolera de trescientos cincuenta y tres mil veintisiete moscas. Hasta el año pasado no había encontrado ninguna mosca blanca y ahora llevo, sin embargo, la cuenta de trescientas una en los últimos once días. Ojalá entendiera qué está pasando.

Ese árbol - Ana María Shua



Es falso que tragarse el carozo o la semilla de una fruta pueda provocar el crecimiento de un árbol en el vientre, un árbol que hundiría sus raíces en los riñones, en los intestinos. Esa rama florida que emerge poco a poco entre mis dientes amenazando con cargarse de fruta en el verano debe tener, entonces, otra explicación.

martes, 21 de abril de 2009

De logros II - José Luis Vasconcelos



En Liliput las noches son minúsculas y las mañanas breves. Sus habitantes desdeñan al futuro y trazan metas a corto plazo. Desde antes de la llegada de Gulliver a sus tierras ya eran famosos por sus rebaños de pulgones y cultivos de plancton.
Practican la concisión como una de las Bellas Artes; evitan las discusiones prolongadas y las novelas-río, por eso conquistan —con frecuencia— galardones en certámenes de haikús y relatos breves.

Satisfaction - José Luis Vasconcelos



—Anda, come; nutre ese organismo, le dijo una amiga.
—Recuerda que ya no eres una sola persona, debes pensar por dos, terció la tía.
—Por favor, hija, mira cómo te estás poniendo, refunfuñó su madre.
—No, gracias, respondió María, mientras se frotaba el vientre. Me siento satisfecha, estuvo delicioso. Además, estoy llena de gracia.

Curiosidad - Héctor Ranea




Enciendo el televisor, como siempre, en el canal de noticias y encuentro una mujer llorando al camarógrafo. No sigo, paso al de películas nacionales y veo una mujer llorando. Pienso en las casualidades. Entonces paso a tres canales más allá y había mujeres llorando en cada uno de ellos. El canal condicionado tenía la escena de una mujer llorando. Los tres canales de música, el de audio estéreo, todos con mujeres llorando. Salté a los programas infantiles y todas las niñas lloraban en cada uno de ellos. Volví al canal de noticias y lloraba la señora. Fui al de comidas, la cocinera lloraba. Ya no consideré más la presunta casualidad, pues hasta la monja del canal cristiano lloraba. Así, sin explicación, las mujeres habían sincronizado su llanto.

La casa de Pala Labra - Esteban Dublin



Basta despojarse de la lógica para encontrar, en medio de Medellín, una casa construida con palabras. Su arquitectura desafía la sensatez y como recubrimiento, en lugar de ladrillos, se encuentran sustantivos sostenidos entre sí que se pueden leer a medida que se recorre la casa. Las puertas están compuestas de preposiciones que funcionan de antesala al interior de las habitaciones y los muebles, hechos de adjetivos que cambian de acuerdo al estado de ánimo. Para entrar, sólo hay una condición: dejar a la entrada un verbo en infinitivo que luego se pueda convertir en un deseo. El mío fue soñar.

Tomado de http://estebandublin.blogspot.com/

Inmortalidad - Eduardo Gotthelf



Su obsesión era salir del anonimato y quedar para siempre en el recuerdo de la gente. Tal vez alguien le contó lo de Alejandría, pero en el pueblo lo más parecido a una biblioteca era el Juzgado de Paz, frente a la plaza. Una noche de invierno de 1922 entró con una lata de kerosén y una caja de fósforos. Por descuido o por suicidio, murió entre las llamas.
Sus datos de filiación se quemaron en el incendio.

Reproducido con permiso del autor de Cuentos Pendientes. Editorial Ruedamares (2007).

domingo, 19 de abril de 2009

El pantano - Miguel Dorelo


El pantano
Miguel Dorelo

Te hundes. Inexorablemente, lentamente, te hundes.
Tienes que agarrarte de algo, si no estás muerto.
Buscas ansiosa, desesperadamente, a que aferrarte.
(La orilla parece tan lejana a veces).
Pantano. Vida.
Vida-pantano.
Buscas en el sentido equivocado y te hundes un poco más.
Vuelves a intentarlo. Todo es en vano.
Desesperado y confuso, ya sin esperanzas, comienzas a resignarte.
La cuerda salvadora, a esta altura ya deberías saberlo, no está allá afuera.

Miguel Dorelo

Publicidad engañosa - Jordi Cebrián


Publicidad engañosa
Jordi Cebrián

Desde que se implantaron las leyes contra la publicidad engañosa, la gente se fue volviendo más crédula. Cómo las leyes prohibían mentir, pensaban que todo lo que salía en los anuncios era verdad, y confiaban en sus políticos y en las instituciones financieras. Ni qué decir tiene que esa credulidad fue utilizada en beneficio de unos cuantos, que compraron coches nuevos y gastaron montones de dinero en juergas. Así que ahora las tendencias han cambiado, y autorizarán de nuevo la publicidad engañosa, especialmente la dirigida a los niños, a ver si aprenden a no fiarse, y no se vuelven tontos.

Galería - Héctor Ranea


Galería
Héctor Ranea

De noche, cuando el Museo cierra, la estatua de Perseo encerrada para su restauro, parece llenarse de voces dentro del bronce hueco. La cabeza de Medusa, tomada de una bella italiana del Sur y acondicionada para el rol, recrimina al héroe su falta de cariño. Al parecer, esas voces surgen de un secreto de Cellini ganado durante una partida de dados en una taberna de mala muerte en un pueblo vecino al Vesubio. Ahora, las figuras sólo pueden debatir su existencia cuando el Museo está vacío. A cambio de eso, son eternas.

Atrapada - María Elena Lorenzín


Atrapada
María Elena Lorenzín

La mujer intentó con mucho esmero construir un enorme cazador de sueños. El suyo sería diferente de todos los que había conocido en su larga vida. Consumió años en la búsqueda de sus preciados materiales, plumas quetzal, de cacatúas, de kiwuis, pero le faltaba la imprescindible: la pluma de águila. Su cazasueños aguardaba ahí, en el centro, incompleto. Un día, debilitada, decidió terminarlo aún sin la pluma de águila. Desde entonces, en algunos de estos atrapasueños se puede vislumbrar en el fondo, la silueta de la mujer.

De reversa - José Luis Vasconcelos


De reversa
José Luis Vasconcelos

Intimar entre crustáceos es un acto de fe, masculló Mr. Archibald aquella noche de verano. Lo embarazoso estriba —prosiguió— en que el tris-tras-trus de sus tenazuelas impide conciliar la lucha de contrarios. Acto seguido, caminó rápidamente en reversa con su orbe a cuestas, ante la bucólica mirada de un par de caracoles cuyos hogares habían sido expropiados al alba.

miércoles, 15 de abril de 2009

El valor de la experiencia- Eduardo Gotthelf


El primer dictador de la República de Equis mandó a matar a los ciudadanos que lo criticaban. Cuando ese cruel período terminó, los artistas contaron cómo habían propagado sus diatribas, vestidos de símbolos y metáforas.
El siguiente dictador de Equis mandó matar a los ciudadanos que lo criticaban y, por si acaso, a todos los artistas.

Reproducido con permiso del autor de Cuentos Pendientes. Editorial Ruedamares (2007).

Gato con hambre- Héctor Ranea


Estaba tirada en el piso. Había muerto unos segundos antes. El veneno fue más rápido que lo que esperaba y no alcanzó a llegar al baño, como hubiera querido, a encerrarse para hacer más dramático el encuentro de su cuerpo. El gato barcino se acercó al cadáver de su proveedora y maulló. Tenía hambre. Maulló unos segundos y lamió la mano de la muerta. Pasaron unos segundos y lamió las mejillas. Maulló. Se montó sobre el pelo de la muerta y maulló. Lamió sus ojos muertos y maulló. Al cabo de un rato de maullar y amasar sus senos, ella se levantó, ictérica, le sirvió una buena ración de comida como para que le quedara hasta cuando llegue él y retornó a su muerte. Esta vez, se encerró en el baño. Los gatos tienen poderes, sólo hay que esperar momentos adecuados.

Indecisión- Jorge Oropeza


Como cada noche, corre desnuda al encuentro del hombre amado tan pronto pone su cabeza en la almohada. Sin embargo, hoy no ha llegado el ideal, sino el hombre real.
Sorprendida, despierta. El hombre amado duerme a su lado.
Aterrada ha abierto los ojos. El hombre real sigue dormido. Y sin saber porqué, llora, llora larga y silenciosamente como cada noche.

Tomado de http://ficcionminima.blogspot.com/

Sobre el autor: Jorge Oropeza

Charlas pendientes- Jordi Cebrián


Si yo fuera más valiente, me sentaría junto al vagabundo con quien siempre me cruzo al volver del trabajo. Leyendo siempre alguna novela de Karl May o Zane Grey, se sienta al sol junto a un carrito de supermercado repleto de bultos y bolsas. Es un anciano de edad indeterminada, del que sólo conozco ese momento diario de enfrascada lectura, entre buscadores de oro y algún sheriff peleón. Cada día reduzco el paso junto a él, le observo de reojo, e imagino que hablamos de indios y cuatreros. Y algún día descubriré apenado que ha muerto, y que nunca le hablé.

Inutilidad de los puentes - Cristian Mitelman


Por fin construyeron el puente que uniría a los dos poblados.Una mañana apareció el cadáver de un hombre en la mitad de la calzada de piedra. Nadie lo conocía, pero los del poblado A endilgaron el crimen a los del poblado B y –como es lógico- los del poblado B hicieron lo mismo para con sus vecinos.Una semana después ya nadie cruzaba el puente.Las mujeres decían a los niños:-Ni se te ocurra acercarte; mira que los del otro lado son la mala gente.

lunes, 13 de abril de 2009

Mamá nos dejó - José Luis Vasconcelos


Mamá huyó de casa una tarde aceituna. La mostaza flotaba sobre la ciudad y nuestros esfuerzos para recuperarla blanquearon la pimienta.Gritamos desde la cuchara, pero ella jamás volteó para mirarnos. Dejó gran vacío en el cucharón de mi padre.Hoy, dentro de este salero, nos arden perejiles y nuestras uñas sazonan su recuerdo con trozos de cebollas.

La esquina - Francisco Costantini


Ayer llegué trotando al lugar de nuestro encuentro porque sé la importancia que le das a la puntualidad y llevaba ya cinco minutos de retraso. Cuando me detuve en la esquina esperando que cambiara el semáforo, me sorprendió mucho ver que, a escasos metros de mí, en la vereda de enfrente, te ibas tomada del brazo por un muchacho que se vestía exactamente como yo, caminaba como yo, y parecía yo. Quise gritarte para advertirte que ése con el que vos —tan visiblemente feliz— te marchabas era un impostor. Pero, entonces, sentí una mano apretando mi hombro hasta el dolor y tuve que girar. Fue otra sorpresa ver tu rostro en una mujer que con tu propia voz se lamentaba por el retraso y, rauda, sofocaba de un beso suave y dulce como los tuyos un grito de terror que me nacía de las entrañas.

5000 - Héctor Ranea


A 5000 años luz de nuestro Sol, hay una débil estrella que apenas parece sostener su actividad. Los planetas se alejan ya de ella pues otras estrellas han competido por su masa y han ganado. La humilde estrella guarda un secreto, sin embargo pues un día se convertirá en un asombroso vínculo entre dos hojas del Universo y juntará el Sol con su defunción a través de un túnel inmensamente masivo que deglutirá todo el Sistema Solar. En algunos monasterios de El Tíbet, han calculado que eso acaecerá cuando en la rama QI de Internet se alcance el micro cuento número 5000. Sigamos, entonces, escribiendo, para verificar cuanto antes esta leyenda.

La pena - Héctor Ranea


El batallón del despene pasaba por las ciudades una vez por semana. Colectaban los cadáveres y los enfermos y se los llevaban. Era difícil saber qué hacían con ellos, pero lo cierto es que jamás volvían, ni unos ni otros. Sólo regresaba el batallón. Los coraceros del batallón vestían un vistoso uniforme, marchaban con ánimo, se acercaban a su objetivo sin disimulo y nadie les oponía resistencia ni parientes ni deudos, aun sabiendo que no volverían a saber nada de sus enfermos y muertos.
Pasaban en silencio o apenas acompasados por el frufrú de las vestimentas. Sin gritar quitaban la pena de las casas. Una vez por semana, hasta agotar el stock.

Ave negra - Carmen Carrillo


De vez en vez siento ganas de escribir. Entonces abro la cortina y ahí está. El muy maldito se cree capaz de dominarme transfiriéndome sus deseos.
Al principio graznaba y picoteaba en la ventana, intentando despertar lástima por su condición de animalejo a la deriva. Luego, ofreció dejar las cosas como estaban, siempre y cuando yo aceptara escribir sus estúpidos relatos.
La culpa es suya, primero por alimentarme y luego, por creer que respetaría el acuerdo. Ahora que vivo en un sitio seguro, seco y abrigado, no pienso volver a lo de antes. El día que se metió en mi cuerpo y yo en el suyo, firmó su sentencia de muerte. Se lo debe a ese deseo malsano de querer volar. Como ya me ha fastidiado suficiente, hace tres días dejé de alimentarlo. Como dice el refrán: “Cría cuervos...”

Sobre la autora: Carmen Carrillo

domingo, 12 de abril de 2009

Tiburón - Carmen Carrillo


El cardumen de jovencitas que se forma en torno suyo, serpentea por entre las mesas del salón. Él se mueve salvajemente, como un verdadero tiburón, enseñando sus afilados dientes apenas intuye el estallido de un flash.
Agitando los hielos que flotan en mi escocés, no puedo más que sonreír.
Esta noche, tras darme alguna excusa inverosímil, subirá a una de esas chiquillas en su convertible, llevará a nuestra casa de Cuernavaca y le hará el amor. Ella descubrirá lo mismo que descubrí yo hace un par de años sobre esa misma cama: él es, a lo sumo, un manatí.

Sobre la autora: Carmen Carrillo

Estirpe - Gilda Manso



Te asustó mi condición tricéfala, lo noté en tu expresión; creyéndote el cuento, sacaste la espada de la piedra y de un tajo limpio y experto me despojaste de una cabeza. Te preparaste para degollar la segunda y te sentiste perdido al ver que del hueco primero me crecían tres cabezas más. No hace falta ser un matemático para entender que no te convenía insistir en tu manía segadora. Yo quise serenarte, quise explicarte que jamás te haría daño, que cada una de mis cabezas piensa en vos noche y día con terquedad amorosa, pero no hubo forma: te quebraste en un llanto aterrado y corriste a refugiarte en los brazos y en la cabeza única de una mujer normal, cuyo árbol genealógico está libre de extravagantes animales mitológicos.

Ilustración: "Medusa", Peter Paul Rubens, 1617

Mi tía es un robot - Álvaro Ruiz de Mendarozqueta



Dicen que decía el loco del barrio. Caminaba por el bulevar y cuando se cruzaba con alguien, no a todos, le decía ‘mi tía es un robot’. Algunas personas que dicen haber hablado con él, cuentan que cuando le preguntaban por qué decía eso, él contaba que era porque tenía una tía robot. Los más osados seguían preguntando, eso cuentan, y el loco les decía que su tía tenía un clavo en el brazo, dos dientes metálicos, una prótesis en una rodilla y una tijera en el abdomen que se habían olvidado los cirujanos. Pobre loco, decían: esa tía es una persona de verdad con algunas piezas metálicas. Pero había una persona que no decía eso, decía que cuando el loco estaba internado, su tía lo visitaba y le daba una cerveza que sacaba de un compartimiento en su abdomen.

Volver al cine - Sergio Gaut vel Hartman




Recorro una ciudad desconocida. Mumbai, parece; ni siquiera conozco la ciudad en la que viví toda mi vida; tampoco entiendo lo que ocurre en la pantalla. La cinta se desliza: los paisajes muertos se retuercen como culebras. Un indigente revuelve la basura, separándola por especies. Un chico cubierto de mierda hace flamear la foto de un actor de moda y un mafioso muere acribillado a balazos. Lloro en una parte triste del film, cuando la chica le dice al muchacho que el amor entre ellos es imposible y río cuando todo se resuelve y se besan. El público aplaude. Saldría a saludar, como en las óperas, bailaría en los andenes, flotaría en el aire. ¿Quieren saber por qué? Bien. Esta película es la primera que veo en muchos años: he estado muerto y acabo de resucitar. Siento, lato, vibro. ¿Les parece poco?

sábado, 11 de abril de 2009

Sabor intenso - Jorge X. Antares


El torneo de tartas de carne del condado de Ghoulistown se celebró como cada año el primer domingo de primavera. Como ya venía siendo costumbre, lo ganó la viuda Ruth Bell Cognaghy. El éxito de su sabor era uno de los secretos mejores guardados. Ella sonrió al recibir el galardón. Aun le quedaban en el congelador muchos de esos pulpos con seis ojos que encontró en el contenedor con forma de platillo que cayó del cielo.

Confrontación política - Jordi Cebrián


El presidente y el jefe de la oposición, se lamentan ahora de haber aprobado esa estúpida ley, pero ya no pueden echarse atrás. En su momento pareció un buen sistema para solventar las discrepancias políticas cuando las votaciones no fueran suficientes. Ahora que debe aplicarse, hay gran expectación, y todas las televisiones lo transmitirán en directo. Ambos están en el centro del hemiciclo, ante las miradas atentas de los diputados. Espalda contra espalda, avanzarán ocho pasos cada uno, y podrán girarse y disparar, y dejar claro de una vez quien tiene razón y quien será enterrado con todos los honores.

Nudo gordiano en las trincheras - Jorge X. Antares


Jonah Fry apuntó a la cabeza del alemán al mismo tiempo que éste apuntaba a la suya con la Luger. Eran tablas. ¿Qué hacer? ¡Maldita guerra! De repente, vieron al pequeño demonio risueño que apareció en medio de ellos y que les arengaba para que apretasen el gatillo. Apelaba a sus instintos patrióticos y a sus ansias de venganza. Al cabo de un rato incitándoles, los dos soldados se miraron y con una sonrisa cómplice dispararon cambiando el blanco.

Meteorito - José Luis Vasconcelos



Ayer, justo antes de que chocaran los vientos del norte y del sur, un enorme meteorito cayó sobre una granja vetusta ubicada en medio de los grises campos de Kansas.
No hubo sobrevivientes. Sólo se hallaron los restos calcinados de los presuntos propietarios —un par de ancianos grises que nunca sonreían y que respondieron a los nombres de Em y Henry—, su sobrina —una pequeña insufrible conocida como Dorothy— y un perro pulgoso —mascota de la menor, llamado Totó—.
Tras enterarse de la tragedia, la Bruja Mala del Este tuvo un ataque de risa que le duró 10 años; en tanto, los mascones —sus esclavos— lloran a diario y continúan bajo su yugo.

Noche de reyes - Jordi Cebrián



Le aterraba que pudieran entrar en su casa mientras dormía. Por eso nunca les había pedido ningún regalo, ni escrito ninguna carta, y pese a todo cada año descubría obsequios que tiraba a la basura sin abrir, muerto de miedo de saber que habían estado allí. Era su casa, y no tenían derecho a entrar así, con nocturnidad, forzando la ventana. Al año siguiente les mandó una carta, por primera vez, amenazándoles para que no volvieran nunca más. Unos días después, otro regalo. Pero se acabó, esta noche les espera, despierto y silencioso en la oscuridad, con el arma preparada.

Equivocación - José Luis Vasconcelos


Resucitó y un gruñido bestial salió de su bocaza. Esperaba ver a su asistente pero sólo miró a un niño con los cabellos de oro.
—Hoy se cumple la profecía. Soy el Comandante y desde este lugar retomaré, apoyado por mi ayudante, la aplicación correcta de la ley en esta colonia penal para que todos entiendan que mi manera de ejercerla es inmejorable.
El torvo militar se acercó al pequeño y le dijo:
—Fui soldado, juez, químico, ingeniero y dibujante. La Ley se aplicará nuevamente al ritmo justiciero del “Desmenuzador”, la máquina que inventé: la cama, el diseñador, el rastrillo y las agujas cumplirán su misión y escribirán la frase precisa sobre la piel del infractor.
—Usted en verdad logra asustarme, señor, respondió el chaval. Creo que su máquina lo ha domesticado, pero sólo sé que estamos en el asteroide B612; tenemos tres volcanes —dos de ellos activos y otro no—, y nunca hemos sido una colonia penal.