sábado, 26 de septiembre de 2009

Victorio - Antonio Cruz


A pesar de la forma y la velocidad con que Victorio baja las escaleras, puede comprobar los deterioros en el viejo edificio. Las paredes dañadas reclaman a gritos revoque y pintura. En los descansos la humedad es tan espantosa que hasta da mal olor. Los pisos cerámicos están deslucidos y la madera de la baranda totalmente descascarada.
Deberían haber hecho mantenimientos más frecuentes y no todo de una sola vez. Si lo hubieran contratado antes, en un plazo aceptable habría solucionado todos los problemas sin demasiado esfuerzo, pero ahora está seguro de que jamás podrá terminar su trabajo. Cuando termine de rodar por las escaleras, cinco pisos más abajo, el tiempo se habrá extinguido para él.

2 comentarios:

Ogui dijo...

Me gustó!!!!

Nanim dijo...

No me esperaba semejante final, me gusta cuando un cuento me sorprende.