domingo, 7 de febrero de 2010

El insólito despertar de Arturo Monteblanco - Jazmín Martínez


Esa mañana, cuando Arturo Monteblanco abrió los ojos llenos de lagañas, amodorrado aún, no notó el cambio. Se levantó de su cama y se metió a la ducha, como todos los días. Cuando quiso enjabonarse la cabellera, descubrió que su pelo había desaparecido. En ese momento, cual Buda iluminado, Arturo se dio cuenta de una cosa: jamás volvería a tener piojos.