lunes, 29 de noviembre de 2010

El lobito mentiroso - Daniel Frini


A la quinta vez que el lobito gritó «¡Viene el hombre! ¡viene el hombre!» la manada, furiosa, decidió ignorarlo. Diez minutos después, el lobito era huérfano y no quedaba nadie vivo en su clan. Pasó toda su vida arrepentido de aquella mentira que creyó sólo un juego, y despreciado por sus semejantes. Al final de sus días tuvo la oportunidad de revindicarse cuando atacó a un gran rebaño que pastaba en la ladera de la colina. Satisfecho consigo mismo, todo manchado de sangre y somnoliento, descansando a la sombra de un grupo de álamos después de haber matado más de cuarenta ovejas, se preguntó porqué los hombres no protegieron a sus animales, a pesar de que el pastor que actuaba de vigía gritó varias veces «¡Viene el lobo! ¡viene el lobo!»

Sobre el autor: Daniel Frini

Triángulo criminal - Raúl Brasca


Vayamos por partes, comisario: de los tres que estábamos en el boliche, usted, yo y el "occiso", como gusta llamarlo -todos muy borrachos, para qué lo vamos a negar- yo no soy el que escapó con el cuchillo chorreando sangre. Mi puñal está limpito como puede apreciar; y además estoy aquí sin que nadie haya tenido que traerme, ya que nunca me fui. El que huyó fue el "occiso" que, por la forma como corría, de muerto tiene bien poco. Y como él está vivo, queda claro que yo no lo maté. Al revés, si me atengo al ardor que siento aquí abajo, fue él quien me mató. Ahora bien, puesto que usted me está interrogando y yo, muerto como estoy, puedo responderle, tendrá que reconocer que el "occiso" no sólo me mató a mí, también lo mató a usted.

La piña prohibida - Gilda Manso


El Tanque Alonso, el mejor peso pesado de su generación, con tres victorias, dos empates y ninguna derrota, llegó a su casa y vio a su mamá con —otra vez— un ojo morado y la boca cortada; un hilo de sangre corría por su mentón y llegaba al cuello. A su lado, el marido de la madre del Tanque Alonso tomaba mate.
—Acordate, pibe: tenés la piña prohibida. No me podés lastimar —dijo el tipo, con sorna.
El Tanque Alonso sacó el revólver que guardaba en su bolso y lo descargó sobre el pecho del marido de su mamá, mientras pensaba que si tenía que ir preso, que fuera, al menos, por algo definitivo.

Brújula de Trewell - Esteban Dublín


La brújula creada por Miles Trewell tiene una característica única. Quien la tiene en sus manos no ve hacia dónde queda el Norte, sino la dirección en la que se encuentra su alma gemela. No siempre –valga la aclaración– la brújula de Trewell apunta a la pareja actual del que la sostiene, factor determinante para finiquitar relaciones que, incluso, estaban a punto de llegar al altar. Ante el misterio de la brújula, un grupo de fanáticos la ha resguardado como un oráculo sagrado en un recóndito pasaje de la República de Saharui, al noroccidente de África. Allí, se permite sostener la brújula por un par de segundos, pero los saharuis cobran con la vida la consulta del visitante,. Riesgo que, a la fecha, miles de miles han corrido con tal de saber en dónde se encuentra el amor.

El último vuelo - Patricia Gloria Oyola


Amanecía. El anciano se revolvía en su cama con los ojos cerrados. ¿Soñaba? Una mano joven, enérgica, lo sacudió y, entre dormido, escuchó el zumbido de un avión en vuelo. Tardó en reaccionar. A su alrededor, otros estaban como él, adormecidos… y, unos jóvenes encapuchados los ponían en fila… el sol le estallo en la cara y el aire con olor a río, lo despertó.
Solo pudo ver las aguas marrones y sintió el empujón, que lo despidió hacia el agua. Quiso gritar y se ahogó.
—¡Doctor, doctor! ¡El paciente se ahoga!
Con un último estertor, el anciano se quedo quieto… con los ojos abiertos. El médico movía la cabeza incrédulo.
¿Era de verdad un ACV? Porque de la boca del anciano brotaba un barro verduzco y maloliente.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Tiempo Loco - Daniel Frini


—Tiempo loco, ¿no cree vecino? —dijo la oruga desde una rosa.
—Hoy llueve, mañana hay viento, pasado nieva, y después nos fríen cuarenta grados a la sombra —acotó el ciempiés, desde un aloe—. La culpa es de la mariposa del gladiolo del otro cantero. Cada vez que mueve sus alas, la muy estúpida estropea el fin de semana.

Sobre el autor: Daniel Frini

Regresión - Alberto García-Teresa


El ruido del camión de la basura no podía amortiguar la monótona cantinela del serrucho atravesando la carne y los huesos.
Inmerso en su tarea, se embelesaba contemplando la libertad que adquirían los elementos al descuartizarlos, al desparramarse, descomprimidos, sobre la mesa.
Ya había forrado por completo las paredes de las habitaciones, y también los muebles. De hecho, estaba a punto de terminar de encuadernar todos los volúmenes de su biblioteca. Y aún le sobraban los cadáveres de cinco personas.
De esta manera, rodeado por completo de carne, vísceras y huesos, aspiraba a sentirse protegido, en calma; igual que dentro del útero materno.


Acerca del autor:
Alberto García-Teresa

Metaterrestres - David Baizabal


Al principio todos teníamos una idea en común: la nave aterrizaría, se abriría la compuerta y tres siluetas aparecerían en el umbral. Así lo hicieron. Aquí la opinión se dividió, unos creíamos que dispararían un arma desintegradora y otros que darían un mensaje de paz. Ninguna de las dos cosas: todos caminamos hacia la nave. Ahí dentro, unos pensamos que harían crueles experimentos con nosotros, otros que nos torturarían y los más realistas que destruirían el planeta. Nos llevaron a una sala de conciertos. Vimos la sinfónica bien formada y pensamos que tocarían maravillosamente, que sería un asco, que harían malabares con los instrumentos, que se burlaban de nosotros o que querrían que les enseñáramos. Eso habría sido mejor que ver a Stravinsky, a Mussorgsky, a Mozart y a Mendelssohn junto con otros muchos quitarse los disfraces.

Fantasma - David Moreno


Mi primera vez no se puede decir que fuera la mejor, no me resultó fácil. Me habían instruido bien, llevaba la teoría bien aprendida en mi cabeza pero claro, la práctica era otra cosa. Recuerdo que bebí un par de whiskys previamente y casi de trago. A los preparativos, con suavidad, le siguió irremediablemente el momento culmen. La penetración se complicó en exceso aunque finalmente lo logré. No imaginaba que me provocaría tanta excitación. Y es que atravesar las paredes te permite visualizar las vidas ajenas sin ser visto.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Noche de brujas - Alvaro Ruiz de Mendarozqueta


Mi hija fue invitada a una fiesta de "halloween". Como estaba harto de escuchar a mucha gente quejarse de la fiesta pagana sin saber mucho del tema, investigué un poco y encontré que hay una relación muy interesante con fiestas cristianas y de otras religiones. Mientras leía alguna de esas cosas por internet, mi esposa maquillaba a mi hija tratando de que pareciese un zombi. Cada vez que miraba encontraba a la transformación más avanzada. Y sorprendente. La última vez que miré, me impresioné mucho pero no pude reaccionar: mi hija ya me había agarrado la mano y arrancado tres dedos de un mordisco.
Ahora espero mi turno en la guardia del hospital para que me curen la herida. Diré que fue un perro callejero. Miro el reloj y calculo que mi hija debe haber llegado a la fiesta.


Acerca del autor:

Filología - Carolina Fernández G.


Lo nuestro rompe con la gramática tradicional, viola las leyes de la sintaxis y supera la lingüística clásica. La elipsis ya es explícita y el sujeto tácito salta a la vista. Tus ganas riman con las mías y aunque no seamos unimembres, nada separa nuestros núcleos que se fundieron en el contexto narrativo del asunto. Las acciones son infinitivas, imprecisas, sin pretéritos. Y menos los futuros, que se empeñan en quedarse para siempre en el presente o viceversa. A veces confundo los pronombres, sin saber hasta dónde llego yo, sin ser vos o nosotros, y me brotan los posesivos celosos, dominantes, autoritarios, aplastando con dureza cualquier sinónimo imprudente, para que seas mío, solamente mío sin ningún circunstancial de compañía.

Lobos marinos – Fernando Puga


No tropecé, no me empujaste. No me distraje ante la belleza del luminoso cielo nocturno. No notaste que era la oportunidad para deshacerte de mí. No. Yo quise volar y tú no descreíste de mi deseo.
Sobre la playa, ladran los lobos marinos y se disputan los pedazos de carne esparcidos sobre la arena. 
No te asomarás; la altura del acantilado no deja lugar a dudas. Desandarás el camino hasta el hostal y mientras repasas la velocidad de mi caída te alegrarás de tener los pies en la tierra.

Paradoja, si las hay – Héctor Ranea


Ayer vi cómo seré, cómo moriré. Es raro ver en las retinas y saber qué es lo que verán cuando no vean o ver en ellas el futuro que no podrán ver. De alguna forma —pienso— es como ver el futuro (paradoja, si las hay) o suponer que en ese futuro hay un pasado posible implícito, que es hoy. Que fue ayer, precisamente, cuando vi cómo seré y cómo moriré. Porque vi pasar al hombre, a su mujer, enlazados por las manos.
Ella iba enseñándole a caminar en la oscuridad total de sus ojos. Entonces recordé esas fotos que tomaron de mis retinas resquebrajadas como una pintura al óleo abandonada y mugrienta, manchada de un sol oscuro que la va desvaneciendo en la nada.
Ayer —decía— vi el futuro con mis ojos que no verán.

Escalada – Sergio Gaut vel Hartman


Cansado de escribir microficciones decidió empezar una novela. El título elegido fue de por sí elocuente: Escalada. Y la técnica para realizarla, original y novedosa: el primer capítulo tendría dos palabras, el segundo cuatro, el tercero ocho y así sucesivamente, duplicando la cantidad de palabras en cada capítulo subsiguiente. Pero el defecto de la técnica estribaba en que el capítulo 19 tenía 524.288 palabras, el 20 superaba largamente el millón y el 30 andaba por arriba de los mil millones. No obstante el escritor no se desanimó. En un reportaje concedido al canal de la Mancha, confesó: —Menos mal que lo mío son las palabras; imagínense si se me hubiera ocurrido aplicar este sistema a la invención de un juego como el ajedrez, pidiendo como recompensa muchachas de 23 años o diamantes sudafricanos.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Senderos 2 - Miguel Dorelo

Alternativa. Siempre la hay, aún en aquellos intrincados laberintos de frondosas y altas paredes que dificultan la visión, que confunden y ahogan. Sólo es necesario un momento, muy breve, en el que nuestra mente (o nuestro corazón, si así lo prefieren), vislumbra la salida. Puerta. Allí está, donde menos la imaginábamos, dispuesta y accesible, al alcance de nuestros pasos, tan cerca. Meta. Hasta es probable que no sea la primigenia, la buscada; quizás sea nada más, y nada menos, que la adecuada.

Desde hace una semana - Samanta Ortega

Desde hace una semana, salgo todos los días al jardín por la mañana y al atardecer.
Lleno la regadera con agua fresquita.
Las semillas no se ven pero hay miles.
Utilizo las dos manos porque la regadera es de 5 litros y tengo los brazos finos.
Echo toda el agua en mi cabeza.
Ahora hay que esperar.

Tisana – Héctor Ranea

Esta pócima la preparó Bernardo d’Apoteca en 1030 en la Abadía de Uderzi. Ésta pasó al poder del Conte de’Federighi in Montevelcro en 1259 y desde entonces formó parte de la dote de varias princesas de la casa hasta que una criada que después pasó a casa Alighieri la llevó consigo a Firenze en 1298. Bebida con moderación beneficia los hígados, pero lo transforma a uno en poeta visionario si se ingiere en exceso.

Amistad - Ramón Colmenares

Desolada, llorosa, no atinaba siquiera a articular pensamiento u acción para salir de su desánimo. Así estaba cuando él la encontró y sin hallar las palabras que le sirvieran de bálsamo a su adolorida alma. Con ternura la abrazó, la tomó suavemente de los cabellos y le enseñó que en el espacio justo entre su hombro y cuello, cabe perfectamente un rostro, cuando requiere consuelo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cosa’e Mandinga - Jorge Ariel Madrazo


Tanto poder. Y para qué. Si ella, la diabólica, no lo amaba.
Dijo: “Deshágase el cielo”. Y se deshizo.
Y tanto sol, ¿para qué?
Ordenó: “Apáguese el Sol”.
De pronto: la súbita noche absoluta. El hielo helándolo todo. El diablo se congelaba.
Quiso rogar: “Hágase el fuego…”. Pero el frío lo paralizó.
Se oyó, arriba, la burla del Gran Lamparero : “¿Queriendo imitarme, eh? Ahora, a bancársela”.
Satán comprendió que debía resolver de otro modo sus problemas de pareja.

http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/jorge-ariel-madrazo.html


A fin de cuentas, lluvia - Rita Vicencio


Sales de casa a caminar. El dia es triste, gris, como siempre. Sin ella nada tiene sentido, y las humedades de otras no logran sino acrecentar su ausencia. De nada sirvió sacar el colchón y reemplazarlo con uno nuevo. No es tan fácil sacarla de tu mente, de tu sangre...
Te cansaste de la humedad de tus lágrimas lloviendo sin descanso y, mientras miras a la gente correr a ocultarse, tomas la decisión y sales al descubierto. Tu rostro arde mientras la lluvia ácida lo deshace, pero ya no importa. A fin de cuentas, es solo lluvia.


Tomado del blog: http://saborajenjo.blogspot.com/


Los domingos – Daniel Sánchez Bonet


Los domingos son días para pasarlos con la familia o entre amigos. Se puede ir a comer a la montaña, a dar una vuelta en grupo por el centro de la ciudad, a seguir un partido de fútbol o a ver una película en el cine. Los domingos son esos días para pasar en compañía con los seres más queridos ¡Para eso se crearon los domingos! Pero, como cada fin de semana, aparto la sábana, veo la hora –¡qué tarde es!- miro a mi derecha y ella, hoy rubia, se viste para irse ¡Otra vez!

Tomado de: http://www.microrrelatosapeso.blogspot.com/

Una noche de buen sexo - Miguel Dorelo


—Hola, ¿como andás? No, no me agradezcas, amor; sabés que para vos, todo. Te había prometido una noche de buen sexo y al fin pude cumplir. Me alegra que el taxi boy que te mandé haya sido de tu agrado. Si, después te paso su celular.
Yo también te quiero mucho. Un beso.



Miguel Dorelo

Mujer trabajadora - Fernando Puga


No tengo ganas pero iré. Me levantaré con prisa. Bajo la ducha me enjabonaré mecánicamente y cepillaré mis dientes con urgida firmeza. Me vestiré sin elegir, con lo primero que venga a mi mano. No voy a maquillarme. Me secaré el pelo y bajaré la escalera. De un trago tomaré el café con leche recalentado y masticaré una insulsa galleta untada con queso blanco. Tomaré la cartera y me dirigiré al garaje. Encenderé el auto y me iré. No voy a llegar tarde ni a esquivar mis deberes. No voy a descuidarme.
Él la abraza de atrás. Con amable firmeza le ofrece un juego mañanero, envuelta en calor masculino.
Cuando a las once encienda el celular, se habrán juntado unos cuantos mensajes de texto y llamadas perdidas. Sonreirá, con esa sonrisa que él conoce, mientras calibra la temperatura del agua antes de meterse bajo la ducha.


lunes, 15 de noviembre de 2010

Prêt-à-porter - Víctor Lorenzo Cinca


Las persianas bajan a las nueve en punto de la noche, ocultando el interior a las miradas curiosas e insomnes de la calle. Entonces, cuando se queda sola en la tienda tras una interminable jornada laboral de la que no puede quejarse pues carece de contrato, ocupa las horas probándose vestidos, faldas, blusas y bolsos, soñando con una vida mejor, más libre. Al amanecer, después de una noche de fantasía y quimeras, vuelve a enfundarse la ropa de trabajo y se coloca en el escaparate, adoptando la rígida postura forzada de cada día, esperando que suban de nuevo las persianas.


Tomado de Realidades para Lelos

Imagen: Grove 2, de sesfitts en deviantArt

Estreno – Héctor Ranea


A decir verdad, ya caminaba bastante errático para ser lo que era, así que quienes vimos cómo caía no fue una sorpresa. Lo penoso fue que justo el bondi le pasó por encima de la cabeza. Se escuchó feo, el ruido a huesos rotos y eso.
De pronto, el tipo se levanta y desde un lugar cercano al cogote dijo
–¡Carajo, justo hoy que estrenaba cabeza de humano!
Recogió lo que pudo de su cráneo y no lo vimos más.

Imagen: Little Blue Tree, de sesfitts en deviantArt

Realidades - Juan Manuel Valitutti


Mi mujer me dijo: “O nosotros, tus hijos y yo, o lo otro”. Cabe aclarar que, con “lo otro”, mi esposa se refiere a la otra realidad en la que por afición o necedad me sumerjo: un mundo donde los problemas domésticos no existen y donde los placeres son vastos. Aún no me decido, y mientras escribo estas líneas pensando en las realidades en tensión, sé que una puerta se cierra indubitablemente a mis espaldas.

Imagen: The Journey - Green Dragonfly, de sesfitts en deviantArt

Rutina diaria - Javier López


Como cada día, haciendo gala de una puntualidad paradigmática, el director del Museo Británico se dirige personalmente a la puerta principal para supervisar la apertura al público.
El Big Ben da el aviso. Son las diez de la mañana. Con su flema característica, abre las puertas del Museo. Utiliza una llave inglesa.

Imagen: Crow Between, de sesfitts en deviantArt

Tú - Carlos Rodríguez Arévalo


Lejana te fuiste de tu vida para volver a encontrarla, y dejaste lo bueno y lo malo, pero sobretodo, lo que te estorbaba. Después de eso te elevaste, te perdiste y te encontraste, te tomaste de la mano y aterrizaste y te fuiste caminando sin mirar atrás y lograste verte de espaldas después de darle la vuelta al mundo.

Sobre el autor: 
Carlos Rodríguez Arévalo

Imagen: Air Ship, de sesfitts en deviantArt

sábado, 13 de noviembre de 2010

Amor adolescente - Eduardo Mancilla


Ellos habían consensuado hacer el amor por primera vez tras un fogoso debate sobre intereses y prejuicios. Inmediatamente, el joven se sumergió en el mundo instantáneo de la pornografía. Su desvelo era ofrendarle una maestría de amor. Ella lo consultó con su madre. La lluvia de la siesta los acompaño hacia el lugar oportuno. Él dejó evidencias de su remolino de pasión. Ella le cobró doscientos pesos.


¡A comer! - Samanta Ortega


Como de niño no había manera de que comiera y en la casa la mayoría de las veces había puré, la madre desesperada transformaba la bola de patatas en una niña. Si hacía hamburguesas o cualquier otra cosa, también le daba la misma forma porque era la que mejor le salía: Y ahora, le comemos la pierna, ¿ves, qué rico?
El problema fue cuando empezó a manejar los cubiertos solo.

Necropsia - Alejandro Ramírez Giraldo


Entré a la sala de necropsias y el cadáver me esperaba sobre la mesa. ¡Ay!, me sobresalté al ver tanta belleza. Observé, medí y anoté los datos técnicos necesarios. Luego, cuando empezaba a quedarme perplejo sobre esos senos prominentes, firmé el informe y dije listo. Se levantó rápidamente y se encerró en el refrigerador de un portazo.


Tomado del blog: http://www.minicuento.com/

Sobre el autor: Alejandro Ramírez Giraldo

jueves, 11 de noviembre de 2010

Turista - Héctor Ranea & Javier López


Estuve con Ann Boleyn en el momento de su último suspiro en forma de chorro de sangre de dos metros de longitud. No me salpicó de suerte, nomás. Algunas cabezas dicen cosas una vez extraídas violentamente de los torsos. La de ella dijo apenas un suspiro en el que podíamos adivinar la palabra Henry, sólo porque sabíamos la historia que la había llevado allí. Sin embargo, sus manos ligadas no dijeron nada. Como muchos viajeros del tiempo, lloramos su triste final, pero seguimos viaje. El tour del tiempo no perdonaba retrasos. El castigo era la guillotina anónima, el retorno imposible.


Sobre los autores:
Héctor Ranea
Javier López

Un día de pesca - María Brachetta

 
En el mar de la vida podemos pescar infinitas cosas. Pero no hay vueltas, el día que pesques una traición te ahogas. Te caes a las profundidades del océano, y sin bien muchos dicen que se puede volver a la superficie, la presión que ejerció aquella sumergida es muy difícil de curar y olvidar.

Al origen - Raúl Sánchez Quiles


Salió un día de un lugar cálido y cercano y ahora lucha cada noche por regresar, al menos en parte, a algún barranco acogedor que le resulte vagamente familiar; a alguno de esos despeñaderos que le recuerden los precipicios húmedos de su origen. Las noches en que no logra su objetivo, opta entre reencontrarse con otras cinco partes de sí mismo o cruzar la frontera, pagar el canon y recorrer con los ojos cerrados alguna de esas gargantas sin nombre que surgen en pleno corazón de las ciudades.

Tomado de Hiperbreves, S.A.

Tabú - Enrique Anderson Imbert


El ángel de la guarda le susurra a Fabián, por detrás del hombro:
—¡Cuidado, Fabián! Está dispuesto que mueras en cuanto pronuncies la palabra zangolotino.
—¿Zangolotino? —pregunta Fabián azorado.
Y muere.

¡Clic! - Daniel Sánchez Bonet


Mi hermano es un tipo extravagante de esos que se encierran en la habitación mientras filosofean sobre nuevos conceptos. Talento tiene, de eso no hay duda y según dice, uno de sus mayores logros es un original lenguaje que permite expresar con exactitud fenómenos poéticos e indescriptibles. No suena nada mal, la verdad. Así, en su diccionario, la alegría experimentada tras una larga espera equivale a un ¡Din-don!, el paso del tiempo a un ¡Tic-tac!, un bello amanecer a un ¡Quiquirikiiii!, la muerte a un ¡Ssssss! eterno, el odio a un ¡Bum! y los orgasmos a un efusivo ¡Mmm!…
Lástima que haya olvidado incluir también el que define su triste soledad.

Tiempo perfecto - Nicolás Ferraiolo



Mi ingenuidad comenzó cuando antiquísimo estudiaba gramática en el profesorado, y me resignaba a que sí existía el contradictorio tiempo verbal “futuro perfecto”. Me invadía la idea de que si había una posibilidad mental de nombrar perfectamente lo que pasaría en el futuro, yo debía tener un proyecto armado: una esposa, amantes, hijos, muchos nietos… El sueño americano se filtraba sobre mis deseos libertarios. Conseguí una novia, nos casamos y tuve todas esas cosas.
Hoy, divorciado, viejo y arruinado, mi gran satisfacción es el Esbozo del Diccionario de la Real Academia, donde el "futuro perfecto", que me arruinó la vida, no existe. No existirá más. En consecuencia, voy todos los días a los piringundines de todo el país, tomo fernet con coca, entre otras cosas. Se preocupan por mi salud. Los muy ingenuos no saben que ya no pueden afirmar ni que vamos a morir.

Nicolás Ferraiolo

martes, 9 de noviembre de 2010

Objetos en el aire – Betina Goransky & Sergio Gaut vel Hartman


Al finalizar cada sesión, el terapeuta se daba diez minutos para calzarse los anteojos de visualizar traumas y conflictos y seleccionaba los resabios materiales que quedaban adosados al sillón, la lámpara y el gomero. Los rastros más interesantes, sin embargo, eran las fantasías sexuales que los pacientes no se animaban a contarle; esos se ocultaban detrás del Manual Ilustrado de Terapia Sexual de Helen Kaplan. Una vez a la semana, el terapeuta los juntaba, los metía en una bolsa, y se los regalaba al dueño del sex shop de la esquina.


Acerca de los autores:
http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/betina-goransky.html
http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/sergio-gaut-vel-hartman.html

Demografía del otro lado – Sergio Gaut vel Hartman



—¡Es inadmisible! —El lujoso personaje, envuelto en una capa roja protestaba ante la taquilla de admisión.
—¿Usted o quién? —replicó, aburrido, el tipo que revisaba las credenciales—. ¿No le debo permitir el ingreso o quiere decir que es inaceptable que hayamos organizado esto?
—¿Se da cuenta? Usted no registra la realidad que lo circunda.
—¿No? ¿Usted sí?
—Yo sí. Veo a Ahab, Obama, Sandokán, Samsa, Saramago, Joe Silver, Bufalo Bill, Stallone, Raskolnikov, y ni le digo de los otros, que no conozco o no registro.
—¿Es estúpido o qué? ¿No leyó el cartel?
—¿Qué cartel? —dijo el de la capa roja.
—Ese. —El admisor apuntó con el dedo hacia arriba. Rezaba: I CONGRESO UNIVERSAL DE METAFICCIÓN.


Acerca del autor:
http://grupoheliconia.blogspot.com/2010/11/sergio-gaut-vel-hartman.html

Morgue - Héctor Ranea


—Entendí la causa del deceso —dijo el Jefe de Terapia Intensiva Alimenticia.
—¿Sólo porque dejó esos garabatos que ella llamaba escritos? —dijo la escultura viviente que venía de Guardia e Incertidumbres del mismo Hospital.
—¡Qué generoso soy —exclamó el Jefe— que no la despido!
Todos callaron, ocultando su cobardía. El Jefe siguió: —Verán al lado del cuerpo de la difunta una bolsa de supermercado. Esa blanca de ahí —señaló—. En ella, la occisa separaba los restos para comerlos en un festejo regado con licor generoso que compraba a treinta por caja.
Maribel comentó por lo bajo al experto en Alimentación Alternativa: —Depende. Yo, por ejemplo, encuentro seductora a la persona que bebe esos licores.
—El problema —concluyó el Jefe— estribó en que, aparte de seguir la dieta antropófaga que le recetamos, comerse las uñas de sus víctimas por separado le causaba tanto placer que no pudo parar, hasta morir.


Acerca del autor:

Tomen y beban - Francisco Costantini


Marty McFly y el doctor Emmett Brown recobraron la conciencia prácticamente al unísono. De manera automática cada cual se palpó el cuello, buscando las temidas heridas, pero no hallaron nada. Brown convirtió en palabras las preguntas que también podían leerse en los ojos de su compañero:
—¿Y Drácula? ¿Y el De Lorean?
No tardaron en encontrar un papel que contenía, con la inconfundible caligrafía del conde, el siguiente mensaje: “Disculpen, muchachos, tuve que dormirlos, sabía que no iban a aceptar mi propuesta. Pero este es el sueño de mi vida… ¡Año 33! ¡Jerusalén! ¡Debo probar esa sangre!”


Epicureísmo - Claudia Sánchez


El festejo estaba por comenzar. Ni bien terminó de limarse las uñas, sirvió un vaso generoso de sangría helada, encendió las velas aromáticas y puso esa música seductora que tanto le gustaba. En terapia había llegado a la conclusión que tenía que hacerse tiempo para el placer. Era difícil, porque el tiempo escaseaba. Pero ahora disponía de media hora antes de que llegaran los chicos y la aprovecharía al máximo aunque dudaba  en superar el tercero. Igualmente era un buen número. Se acomodó en el sillón, abrió su  laptop y comenzó a leer los escritos químicamente impuros. Murió de placer.

Enojo libresco - Saturnino Rodríguez Riverón


Un libro rebelde y contestatario que al abrirlo cualquier lector desaprensivo en una página determinada —digamos la 53— todas las letras le saltan a la cara y comienzan a entrarle por la nariz, los oídos, mientras otras le aprietan el cuello fuertemente y le gritan enojadas: “¿Por qué, por qué vienes a pasear tus ojos intrusos precisamente aquí en nuestro mundo?” y aprietan, aprietan hasta asfixiarlo. Después ellas mismas se encargan de cerrar el libro y borrar las huellas del crimen.

Flashback - Rosa Delia Guerrero


Las luces del escenario en el Olympia comenzaron a parecerme dardos encajándose en mi pupila. Aquel verano en París una semioscuridad inesperada se trasladó a las calles y lo subterráneo. Sólo era mi percepción, el mundo antes claro se diluyó de golpe.
Las mariposas imaginarias flotan en vuelos sobre mi mente. La vaguedad de mil posibilidades unida al dramatismo de mi incapacidad para poder ver la tenue luz y el viento al caminar me provocan una sensación de dolor ácido. El eco de mis pasos estalla dentro de los pasillos del metro. El mapa sigue colgado del mismo lugar, también la torpeza de mi ojo izquierdo para adivinar el camino. La ubicación de la realidad comienza a borrarse.
Días de oscuridad llenos de luz al interior de la memoria. Fragmentos del rompecabezas quedan sobre la traslúcida pátina de piel.

Miseria - José Luis Vasconcelos


Llevarse algo a la boca, tras días de no hacerlo, fue tan doloroso como el hambre. Los labios de la pareja estaban cuarteados. Lloraron, tal vez de gusto, rabia o resignación. La saliva era una masa espinosa que raspaba sus gargantas. Jamás olvidarían esa comida; sólo tomaron lo que estaba a su alcance. Instantes después masticaban tenazmente esa carne rancia y blanquecina. La mujer alzó los hombros, y él dijo: —Tu hija iba directo a la fosa común, qué más da; además, las ratas tienen mejor sabor.

Círculo vicioso – João Ventura


Sentí un placer intenso cuando lo vi. Un cuerpo escultural, uñas de color rojo, un escote generoso, era la imagen perfecta de la seductora entrado al bar cuando terminaba la tarde.
Leo estas líneas escritas, y vuelvo a escribirlas, una y otra y otra y otra vez todavía. Una parte de la terapia a la que me condenó el tribunal, es recordar continuamente el comienzo de los acontecimientos que me llevaron a torturar y matar a esa mujer.
Mientras escribo, me imagino el festejo que haré el día que salga del hospital: volver a aquel bar, sentarme junto a la barra, pedir una cerveza y esperar... esperar a que aparezca una mujer que me lleve a empezar todo de nuevo...

Traducido del portugués por Sergio Gaut vel Hartman

El dentista - Gonzalo Santos


Había llegado el momento. El dentista preparó el torno, pensó esbozando una sonrisa siniestra que si el diablo existiera lo tendría como arma predilecta, después se acercó hasta el molar problemático y empezó a hacer su trabajo. Cuando llegó al nervio, el paciente contorsionó salvajemente los músculos de su cara y comenzó a patalear, a retorcerse, a revolcarse. En ese desorden corporal sufrió también, casi sin darse cuenta, una conversión involuntaria a la fe católica y vio su vida pasar como en una película, aunque tampoco se dio cuenta de ello. 
Finalmente, cuando el torno se apagó y el paciente abrió los ojos, el dentista todavía estaba allí.

Blanca y radiante - Víctor Lorenzo Cinca


La de hoy me recibe como todas las anteriores, seductora, desnuda, indefensa, entregada por completo a mi voluntad. La observo, la acaricio, clavo mis uñas en su pálida piel... y ella aguarda sin palabras. Me encantaría colmarla, como he hecho con otras, pero no, hoy no puedo ser generoso con ella, no puedo prodigarme. Nada de preliminares. Debo darme prisa, alcanzar rápido esa sensación de placer que siento siempre después de la descarga. La situación lo exige.
Terminada la contienda, aliviado, la dejo encima de las otras hojas, con nueve renglones escritos y el punto final colocado, y me fumo un cigarrillo a modo de festejo. La escritura es mi única terapia.

Cerdo - Patricia Nasello


Era una mujer. La vi venir desde lejos, bajaba la cuesta a tropezones. Se caía, se volvía a levantar. Intentó volverse un par de veces, trepar la sierra. No pudo. Continuó desbarrancándose.  Hasta que se topó con el chiquero. Entró temblando, de cansancio, supuse. Y se acostó entre nosotros, en el barro. Sus piernas, sus brazos, estaban cubiertos de moretones; el pelo en desorden; la blusa y la falda, rotas. Viene cayendo desde hace mucho, pensé. Durmió varias horas. Cuando reaccionó caminó hasta el comedero. Una chancha llorando no conmueve a nadie. Es patético. Grotesco. Ella debe saberlo, porque da vuelta la cara, esconde las lágrimas.
Ahora está en mi manada. Tarde o temprano tendrá que entrar en celo. Si todavía llora, será su problema.

Muñeca – Fernando Puga


Dobla las rodillas con una elegancia superlativa; sin permitir que su cuerpo pierda la vertical. Un movimiento estudiado sin duda, pero tan bien aprendido que sorprende con su naturalidad a los galanes que clavan los ojos en su estilizada figura.
Con la bolsita que acaba de sacar del estuche enganchado en la correa del caniche, levanta el excremento que el can dejó sobre la acera.
El caniche es macho.
El único macho que no la abandonó luego de conocerla un poco.