sábado, 10 de octubre de 2009

Espantosa agonía lenta de Pardiez Monamour, escritor de pluma fructífera – Héctor Ranea


Estaba nuestro héroe escribiendo un larguísimo poema de amor, cuando al sacar punta a la pluma de ganso inadvertidamente se hizo un tajo en la yema del índice de la mano izquierda. Tan largo fue su poema, tanta la pasión que Pardiez puso en él, que la sangre que manaba se hizo primero un charco, luego un río que, mezclado con la tinta y las barbas de la pluma, fue a llenar la tina del baño, luego, en hilos salió del apartamento, para aparecer en las cloacas y fue bebidos por inmundas ratas que tuvieron camadas de mutantes. Pardiez falleció exangüe después del último verso en el centésimo quincuagésimo nono folio, a poco de poner su firma en él. Las ratas ahora veneran ese poema que robaron del escritorio del poeta y conservan su cadáver momificado.

1 comentario:

Mery Larrinua dijo...

pero la palabra, su poema, ahi quedo plasmado, iclusive aunque no lo haya firmado con su propia sangre.
un abrazo