viernes, 12 de agosto de 2011

Guardián - Hernán Dardes


Se llevó de su compañera la tibieza de la yema de unos dedos a los que rozó lánguido y recién soltó cuando fue arrastrado por la inercia que provenía desde sus pies descalzos. De su suelo se llevó el frío de las baldosas que rasgaron sus mejillas curtidas. Los aromas y los sabores de su jardín persistieron en su boca en un puñado de tierra amarga que tragó sin remedio. La robustez de un portazo y el rechinar de unos neumáticos en el empedrado fueron las primeras formas en las que el silencio inició su reinado. Y mientras las horas y los días empezaban un conteo interminable, su perro tan fiel como precavido, se acercó a la cuna inadvertida, le gruñó a los fantasmas y se recostó alerta junto a la cabecera.

(Este cuento formó parte de la propuesta “Minicuentos por la identidad”, del sitio Cuentos y más).

Tomado del blog: Calle Fascinación
Sobre el autor: Hernán Dardes