sábado, 20 de marzo de 2010

Al séptimo día - Mario Capasso


Mi mundo está acabado, dijo. Enseguida pensó, con un dejo de satisfacción, que por única vez en su vida, la siesta de los domingos estaría justificada. Así que se acostó nomás. Pero no logró conciliar el sueño. Abandonó la cama. Se asomó a una de las ventanas y vio lo que había hecho. Entonces abrió bien grandes los ojos y así continúa, con los ojos abiertos, inmóvil, en silencio.

1 comentario:

Baizabal dijo...

Vaya, increíble: este mini nos permite varias interpretaciones. Genial, felicidades.