miércoles, 20 de octubre de 2010

Sucesión hereditaria - David Moreno


Éramos como dos gotas de agua, pero el destino quiso que fuera él quien se coronase emperador. Tan sólo unos minutos nos separaban.
Esta noche, cuando el último rayo de sol desaparezca, cuando todo el pueblo aún aclame su nombre, mi sangre teñirá de escarlata el linaje azul de nuestra familia.


Tomado de http://nocomentsno.blogspot.com/

2 comentarios:

Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia dijo...

Hola David muy bueno tu cuento.Un saludo grande Neli :)

Elèna Casero dijo...

Buen micro. Contundente.

Un saludo