OLFATO
Liliana Mabel Savoia
Una larga fila de jóvenes ingenieros se apiñaba afuera de la obra en construcción. El arquitecto con más sentido innato de la geometría y el volumen estaba contratando a su futuro ayudante. De hecho, pocas veces realizaba planos detallados de sus obras, prefería recrearlos sobre maquetas tridimensionales; uno de ellos tendría la oportunidad de demostrar sus habilidades.
El arquitecto señaló a un muchacho, Italo, que acababa de terminar su examen de prueba. —No Gaudí —gritó el capataz—. Ni se te ocurra darle la obra a ese loco; está convencido de que crea ciudades invisibles.
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