miércoles, 31 de diciembre de 2008

Tragón - Sergio Gaut vel Hartman


—Este ogro se traga cualquier cosa —dijo la rata—. Ni siquiera me masticó.
—Es verdad lo que usted expresa —dijo un trozo de escoria ensartado en la punta de una espina de esturión—. Estoy aquí desde hace meses, no avanzo ni retrocedo, me limito a pudrirme.
—Pero yo la saqué barata —siguió el roedor, nadando en la corriente de jugos gástricos— y hasta es posible que logre sobrevivir.
—Si se deja llevar sin ofrecer resistencia y, por sobre todas las cosas, si no abre los ojos y contiene la respiración cuando se produzcan las miasmas…
—Lo voy a intentar, señor…
—Puede llamarme Podredumbre… —Iba a seguir, pero el ogro se tragó una pinta de cerveza negra como tinta china y el líquido arrastró a la rata lejos de la vista de la carroña—. No hay caso; así no puedo hacer amigos.

Cena - Héctor Ranea


CENA
Héctor Ranea

—Anotemos —dijo Lucrecia.
—¡Dale! —acordó la hermana Lurdes.
—¿Huevos negros? —pregunta Lucrecia.
—Tenemos —contesta Lurdes.
—¿Ojos de camarones, de hortelanos, de canarios, de lechuzas?
—Sí. ¿No vas a servir colas de gato este año? —dice Lurdes.
—¡Claro! ¿Cuántas necesitamos?
—Unas cien. Algunos las rechazan.
—¡Con el trabajo que cuesta armarlas!
—Sigamos… Sesos de mono conseguimos, ¿no?
—¿Cuántos hicimos la última vez?
—Doscientos —contestó Lucrecia.
—¿Uno por cabeza? (Ríen las dos).
—Y… a nadie le gusta compartir el postre.
—No. No vamos a conseguir semejante cantidad. No quedan monos.
Ambas se miran desoladas.
—Decime, Lurdes: ¿aún conservamos vivos los monos de la cena del año pasado?
—Sí. Claro.
—Entonces consigamos testículos humanos. Licuados y congelados son lo que más se le parece a los sesos de mono.
Lurdes sonrió, cómplice.

Hambre III - Carmen Courtaux



Salieron del galpón empujando sus carritos y se dirigieron al norte de la ciudad. Fueron a varios centros de salud privados a los que acudía sólo gente rica. Su objetivo: las bolsas de grasa, producto de las “lipo”, que algunas señoras se habían sacado de nalgas, panzas y piernas. Juntaron casi treinta kilos.
Volvieron al galpón donde todo estaba organizado: un fogón con una gran cacerola, bidones de agua, bolsas de harina, sal, enormes mesas improvisadas con tablones y diez personas esperándolos.
Se pusieron a amasar.
A la mañana siguiente, muy temprano, se dirigieron a la zona cercana a la cancha de River Plate y empezaron a distribuir su mercancía.
Cerca de sesenta y cinco mil personas que acudieron a ver el clásico “Boca-River”, en octubre del 2008, comieron las tortas fritas y el pan con chicharrón, fruto del sudor de su trabajo.

Fiesta - Patricia Kieffer


FIESTA
Patricia Kieffer

—¿Cómo estuvo la fiesta?
—¡No sabés lo que te perdiste!: el gerente bailando en cuatro patas de la mamúa que tenía...
—¿En serio?
—Lo mejor fue el papelón de la gorda de Cómputos. Imaginátela: vestido violeta, con los pechos saltando del escote, pasaba el brazo por las fuentes, cazaba de todo y se lo metía en la boca sin mirar, con los ojos cerrados de placer. Se devoró canapés de anchoa, bombas de crema, salchichas, pizzas, flanes... ¡la asquerosa embuchaba sin parar! Mientras, con la otra mano metía tragos para pasar los bocados. Hasta que... no sabés: Gómez le puso dos caracoles vivos —¡vivos!— en el platito. Y la gorda los embuchó. Casi pudimos oír el crujido en su boca, vimos la baba resbalando de su boca, abrió los ojos como huevos y ¡el alarido que pegó! Justo antes de vomitar sobre el traje del jefe...

Falsos dioses - León Levín


FALSOS DIOSES
León Levín

Oh, sumo sacerdote, envía a tus jamás-vírgenes vestales, ayuda a los asqueados, consola a los vomitados, evita el regurgitamiento maligno, tráeles el destilado de escepticoides para que en un completamente destapado píloro se cumplan los cometidos de las fermentaciones. Gelatiniza sus glóbulos gran Señor.
La fase dos de la iniciación se acerca y para los que hayan superado la prueba, llega el momento del sacramento del eyaculado. Que los humanos mamen las pústulas sanguinolentas de los miembros viriles de nuestros divinos sementales. Que el jugo pestilente de la fertilidad llegue a los coágulos enquistados en sus estómagos.
Que la nueva generación nazca con el desgarramiento de las próstatas y los úteros de los elegidos y que las larvas se devoren unas a otras en un baño de sangre verde con el fin de que sólo quede uno. El Elegido, el Redentor, el Gran Gourmet Universal.

Robo en la pastelería - Christian Lisboa


ROBO EN LA PASTELERÍA
Christian Lisboa

—Así que no sabes nada del robo.
—No, oficial.
—¿Qué hacías entonces en la pastelería a esa hora?
—Compraba pasteles de crema, oficial.
—Pasteles. Bueno. Gómez, compre crema.
—¿Crema, jefe?
—Sí, Gómez. Varios litros.
El detenido, amarrado a la silla, chorreaba crema y saliva. Dos hombres le sujetaban y le obligaban a tragarla. El tipo intentaba rehusarse apretando los dientes, pero le apretaban la nariz y se la hacían tragar a bocanadas.
Estuvieron toda la tarde en eso. Con la camisa bañada en vómito, el detenido se quejaba por sus derechos.
—¿Cuáles derechos, desgraciado? Di lo que sabes y podrás descansar.
—¡Me están torturando! —gritó, entre espasmos. El solo olor de la crema le producía interminables arcadas, y un insoportable dolor en el bajo vientre.
—¿Tortura? Este será tu único alimento, hasta que decidas contarnos todo. Aquí no pasarás hambre, infeliz.

Operación - Susana Duré


OPERACIÓN
Susana Duré

El cirujano practicó la incisión y observó el rostro de la joven paciente. Le pareció ver una imperceptible mueca de dolor, y de inmediato clavó sus ojos en el anestesista, que se negaba a aumentar la dosis.
El útero de la jovencita era una maraña de coágulos y demás sustancias menos identificables…
Extirpó el órgano y lo ubicó en la bandeja porta objetos. Lo estudió con unas pinzas y el microscopio. Había, entre los coágulos palpitantes, restos de uñas y pelo negro y duro.
Un dedo pequeño, untado en algo gelatinoso, aferró el escalpelo.
Las miradas de todo el equipo del quirófano se cruzaban con gesto nervioso y sorprendido.
La joven se inclinó y murmuró:
—Tuve que comérmelo. Lo vomité antes de tiempo.

Propuesta indecente - Jorge Martín


PROPUESTA INDECENTE
Jorge Martín

—Yo también estoy cansado de comer carne todos los días. Por eso le ofrezco comenzar con un aperitivo de pústulas reventadas y bilis regurgitada —se me hace agua la boca con solo decirlo—, y un plato para compartir de vomito sanguinolento con bolitas de desechos y pedacitos de órganos infectos. El postre es imperdible, heces sazonadas con ojos recién saltados ¿No la tienta un banquete tan diverso?
—Puede ofrecerme los más deliciosos manjares pero no puedo salir con usted, soy una mujer casada —dijo la recién muerta al zombi.
—¿Y si llevamos a su marido para comer?, todavía está fresco.

Saludable naturaleza - José Ramón Vila (Txerra)


SALUDABLE NATURALEZA
José Ramón Vila (Txerra)

Nunca pensé que no sentir nada, que incluso morir, me haría absolutamente feliz.
Paseaba por la montaña disfrutando de la naturaleza cuando, de pronto, caí en una sima traicionera rompiéndome los brazos y las piernas. Durante horas, o días, no lo sé con exactitud, pedí auxilio, pero fue inútil.
Luego llegaron ellos.
Primero fueron esos malditos cuervos que picotearon mis ojos. Después, los gusanos rebañaron las cuencas. Los sentí avanzar con fruición hacia mi masa encefálica. Pero lo peor estaba por llegar: una pequeña comadreja se me acercó tímidamente; supongo que mis alaridos harían lo suyo. Más tarde, al verme totalmente indefenso, se envalentonó. Comenzó con unos inseguros y tímidos mordiscos de sus filosos dientes en mi vientre. Poco a poco fue penetrando en mis entrañas hurgando en mi interior con voraz decisión.
¡Por Dios, qué dolor! ¡Que esto acabe pronto!

Perra - Lucía Coria


PERRA
Lucía Coria

El tipo semidesnudo, parado en medio de la cocina y con el paquete en la mano era repulsivo.
Y ella, la muy perra, en cuatro patas a sus pies, lamiéndoselos. Podía sentir el ruido de su lengua sobre el líquido blancuzco. Podía ver sus caderas moviéndose con placer.
Vi en sus ojos una invitación. Pero yo los ignoré por completo. A él por la torpeza de romper el sachet de leche y a ella por ser una cachorra abandonada.
Me fui por la ventana. Yo soy un gato con clase.

Gusano tornillo - José Vicente Ortuño


GUSANO TORNILLO
José Vicente Ortuño

Dedicado a Miguel Gila

El gusano tornillo entró por la nariz. Intentó sacárselo hurgando en sus fosas nasales con unas pinzas, pero el insecto se adentró veloz en su cráneo, dejando a su paso unas babas verdosas que fluyeron cual molesto resfriado.
Los primeros días el insecto se abrió paso taladrando el hueso, lo que le produjo constantes dolores. Cuando llegó a la bóveda craneana y comenzó a devorar el cerebro, el dolor se hizo insoportable. Además, la pérdida de masa encefálica, que manaba por su nariz junto con las babas verdes, le provocó desorientación y pérdida de memoria.
Al vigésimo día el gusano se instaló en el hipotálamo y desarrolló miles de zarcillos, finos como cabellos, que se extendieron por su cerebro durante los siguientes días.
El trigésimo día el parásito se miró al espejo y comprobó que el cuerpo que había ocupado le satisfacía.

Ilustración: Fotomontaje del autor.

Un verdadero deleite 2 - Miguel Dorelo



La rutina siempre termina por hastiar.
Lo que en estos meses había deleitado a Ana, ya no la satisfacía. Su participación en “Bulímicas Unidas”, se volvía anodina.
Por cierto, las técnicas de las participantes habían alcanzado picos de perfección sublimes; aún recordaba con alborozo la paella a la valenciana que había enviado Vicenta esa mañana gloriosa y que surgió a raudales por el extremo del orificio de admisión G-Force x 47 que había instalado esa semana en su PC, pero decidió que aceptaría la invitación para incorporarse al nuevo sub-grupo.
“Degustadoras”. Conciso y adecuado, un nombre con la extensión lógica y necesaria para aquellas que necesitaban nuevas emociones.
Esta semana sería “receptora”, así que siguiendo los consejos que le habían enviado, había ayunado desde la mañana.
Llegado el primer envío, devoró ansiosa el contenido.
—Delicioso —susurró. Y comenzó a mandar su informe.

Miguel Dorelo

Homeopatía casera - Patricia Kieffer


HOMEOPATÍA CASERA
Patricia Kieffer

Después de años de sufrir por el acné que azotaba su cara y su cuerpo con miles de pústulas diseminadas en su piel, iba a terminar con él. Sentada frente al espejo, pellizcó con dos uñas la punta sanguinolenta de un volcán de pus sobre su ceja, que reventó escupiendo el contenido amarillento. Lo recogió con el dedo y se lo llevó a la boca, paladeándolo. No sabía tan mal. Antes de continuar, recordó la mejor respuesta a su pregunta en Yajú: ¿Cómo curar el acné?
...que la homeopatía trata las enfermedades por semejanza. Se trata de combatirla de adentro hacia afuera y de arriba a abajo, con algo similar a lo que padeces.
Sonrió. Haría exactamente eso: se comería todo el maldito pus de cada grano de su cuerpo, empezando desde el cuero cabelludo hasta los dedos de los pies.

Ojito con el niño - Santiago Eximeno


OJITO CON EL NIÑO
Santiago Eximeno

—Oye, me marcho un momento —dijo el hombre—. Échale un ojo al niño.
La mujer movió la cabeza, intentó gritar, pero la mordaza que cubría su boca no se lo permitió.
El niño se acercó a ella con la cuchara en la mano, mientras el hombre sonreía.
—Está bien, está bien, olvídalo —dijo el hombre—. Ya se sirve él solito.

Un verdadero asco, che - Saurio


UN VERDADERO ASCO, CHE
Saurio

Esta ficción breve, además de autorreferencial, es totalmente repugnante. Podría decirse que es la más repugnante del mundo, la más asquerosa, la más vomitiva de todas. Por ejemplo, es una coprófaga sibarita que ha compilado y experimentado más de quinientas maneras ―algunas realmente sofisticadas y retorcidas, otras brutales y sin adornos― de comer eses. También se dice que ha sodomizado a “espectáculo”, “verano” y “exhorto”, por lo que otras palabras con las mismas sílabas finales se ponen contra la pared cuando la ven pasar. Esta ficción breve es tan pero tan repugnante que, a pesar de tener ciento cuarenta y un palabras, en realidad sólo contiene tres, repetidas cuarenta y siete veces. Estas palabras son “coma”, “esputos” y “purulentos”.
Realmente, sin lugar a dudas, no encontrará en todo este blog una ficción breve más repulsiva.

Escape - León Levín


ESCAPE
León Levín

Jorge abrió la puerta para escapar, sus dedos se desprendieron y chorreó un líquido verde con un olor nauseabundo, quiso gritar pero al abrir la boca, la mandíbula cayó al piso partiéndose en pedazos. Se sentó contra la pared y babeando un líquido sanguinolento, se desintegró mientras escuchábamos un largo lamento.
Corrimos, pero Samanta lanzó un grito sordo y su cuerpo se cubrió de pústulas gigantes; la abandonamos convertida en un charco de bilis violeta. Sergio, en un largo vomito, murió cuando sus órganos internos regurgitaron por su boca. A Claudio no se lo escuchó, pero de sus brazos se descarnaron, quedando los tendones y los huesos expuestos. Su mirada nos pidió que acabemos con su miseria.
Sólo somos dos y escondidos en una trinchera temblábamos de miedo. Aceptamos con nuestras miradas que fue una mala idea declararles la guerra a los extraterrestres.

Exploradores - Christian Lisboa


EXPLORADORES
Christian Lisboa

Oteado a través de millones de kilómetros, el planeta había develado sus secretos a los instrumentos. Imaginaban grandes vegetales, animales fantásticos. La inmensa masa de materia orgánica revelada en los espectrogramas aseguraba comida y agua suficiente. Al entrar en la atmósfera, no habría retorno por seis meses, al regreso de la nave madre.
La humedad densa les envolvió, el aterrizaje fue difícil. Los sensores indicaban una calidad del aire adecuada para los humanos. Descendieron atentos al peligro, enfundados en trajes protectores y con armas desenfundadas. Ningún ruido, salvo el producido por la brisa. Se desprendieron de las máscaras. El aire podía respirarse, pero… un olor nauseabundo, inaguantable, lo impregnaba todo. Caminaron por la selva, vomitando. Gigantescos cadáveres de animales de veinte metros de largo se descomponían entre la vegetación. Obligadamente, acamparían entre masas descomunales de carne putrefacta. Quizá sería necesario alimentarse de ella. Por seis meses.

Xenofobia - Beatriz Mingo


XENOFOBIA
Beatriz Mingo

Aún podía verlos, en sus pesadillas. Primero aparecían a lo lejos, en el horizonte, con esas siluetas fofas y desarticuladas que parecían a punto de deshacerse, siempre gesticulando. Después podía oírlos: todos esos sonidos húmedos y chasqueantes que hacían para comunicarse. Esto aún era tolerable. Pero entonces se acercaban, lentamente, regodeándose en su blanda existencia. Y entonces los veía, oh, no, otra vez, los veía. Todos esos poros... ¡Todos esos poros! Sintió una oleada de náuseas y se incorporó, aferrándose con fuerza a su irisado caparazón quitinoso. Sus superiores agitarían sus lustrosas pinzas en agradecimiento al saber que había barrido el planeta con radiación gamma, erradicando toda la vida blanda, inteligente o no. Sobre la superficie de la Tierra, las cucarachas se daban un festín de fin de año.

Arcadas - Lucía Coria


ARCADAS
Lucía Coria

Varias arcadas.
En la última su estómago le indicó que no podía más. Se detuvo.
Un líquido caliente y espeso le llegó a la boca. Se quedó mirándolo asombrado. No podía creer lo que veía. Algo verdoso en lo que flotaban trozos de carne, algunas arvejas, algo parecido a gusanos con manchas rojizas, restos de pan tostado. Y un olor…
El albañil tomó la cuchara y empezó a tomar su sopa.

Piscolabis - Sergio Gaut vel Hartman


Mi experiencia como embajador entre los aldanos no fue feliz. El bernadol de Escuerna tuvo la mejor intención al invitarme a compartir su cena de Transición, pero mi entrenamiento especial no pudo con los manjares de estos seres. El piscolabis de marras estaba compuesto, entre otras exquisiteces, por unas almendras de textura suave y sabor aterciopelado que después de ser tragadas se abren y liberan unas criaturas similares a cucarachas que corretean por el aparato digestivo mordiendo los tejidos y provocando hemorragias internas. Los aldanos disfrutan este proceso, ya que al regurgitar los fluidos orgánicos y mezclarlos con una sustancia que producen sus glándulas submaxilares, se obtiene una mezcla alucinógena de gran poder de ensoñación. Pero yo no soy aldano y los equipos de emergencia no llegaron a tiempo para salvar mi cuerpo, por lo que mi cerebro flotará para siempre en esta pecera.

Frustración - Antonio Mora Vélez



Los tripulantes de la nave no alcanzaban a explicarse las razones de la equivocación. Creyeron en un principio que se trataba de un planeta con aire, como el de ellos, con mares y montañas. Pero aterrizaron en una masa pastosa de color marrón que no les permitió movimiento alguno por fuera de la nave, por mucho que lo intentaron, y en la cual vieron unos reptiles translúcidos que no eran fieros pero que aterrorizaban por su gran tamaño.
El enfermo del sanatorio tampoco pudo explicarse ni pudo convencer a sus médicos, por mucho que lo intentó, cómo pudo salir un haz luminoso de sus heces y perderse en el infinito del cielo.

Licores - Héctor Ranea


LICORES
Héctor Ranea

Los Baluchitherium Nobilis tienen una singular anatomía. Lejos de sus parientes del Oligoceno, estos no pastan sino que procesan minerales y emanaciones gaseosas de flujos piroclásticos. En la superficie de cualquier planetas a los que los llevamos, su forma especial de digerir los alimentos producen exquisiteces dignas de las mejores mesas gourmet del mundo. En efecto, la ingesta de los Baluchiterios es más variada que la de los míticos avestruces ya extintos, pero lo asombroso de esta especie son sus excrementos deliciosos. Numerosas recetas gourmet tienen como base, por ejemplo, su baba, pastosa y tan salada como lamer un yak. Otras piezas muy apreciadas son sus ojos que, como les vuelven a crecer, sirven una permanente y variada gama de sabores y texturas similares a las del afamado moco de sapo. Pero es extraordinario el licor que se extrae de su vesícula. Sabe a mil demonios.

I wish you nothing - Gabriela Baade


I WISH YOU NOTHING
Gabriela Baade

Desde el 29 de diciembre, en las cercanías de esa casa se sentía el olor fétido de un ser que se estaba gasificando desde sus entrañas. La auto digestión había comenzado y los jugos viscosos que escurrían por rajaduras de la piel y orificios naturales, eran los que advertían a los vecinos; estos no sabían cómo avisar a los hijos de don Carlos, suponían que él era el podrido, un disparo confundido con un petardo...
El 31 a las once y cincuenta, unos minutos nada más antes de que el año muriera, se escuchó un crujido luego un estruendo, como anticipación de los festejos.
Los vecinos salieron a los jardines justo para ver el cadáver de Papá Noel expulsado como un globo de año nuevo chorreante, hinchado y hediondo de la chimenea de la casa de Carlos con un orificio de bala entre ambos ojos.

Venusinos - Francisco Costantini


Querido Mroffg:

Mañana, cuando estemos solos, voy a embadurnar con jalea cada una de tus cientos de verrugas y las voy a lamer hasta que no puedas más del placer. Luego, cubriré con miel tus cinco axilas y la misma se mezclará con tu sudor, y beberé de ese elixir hasta saciarme. Finalmente, con mis dedos hurgaré en tus ocho orificios nasales y extraeré de ellos esa pastosa sustancia verdosa y la misma será mi alimento, hasta que ya no quepa más en mis bocas, y entonces nos unamos en el beso que desatará por completo nuestra pasión.

Te espero ansiosamente y siempre tuya, Lirprefg.

Conversión - Rosana Poe


CONVERSIÓN
Rosana Poe

Devorarme una ración doble de tallarines no fue el problema, sino que, de nuevo, un pedazo de camarón se había colado a mi plato. Me cubrió un sudor frío y mi estómago comenzó a contraerse; apenas podía mantener la boca cerrada. Busqué la mirada del gordo y sudoroso chino, quien preparaba más tallarines. Aquel mosaico de tonalidades, que minutos antes me había parecido tan apetitoso, potenció mi tortura: cubitos de zanahoria, pedazos de brócoli, trozos de cerdo bañados en aceite... Al correr hacia mí con un balde en la mano, el chino golpeó la olla y provocó una cascada de tallarines que se escurrió lentamente hasta el piso. No pude más. Mi propia cascada interna, burbujeante paleta de colores, buscó una salida. Un agudo retortijón me dobló en dos, me llevó a diez centímetros del piso y me abrió la boca por completo.

El primer beso - Ricardo Bernal


EL PRIMER BESO
Ricardo Bernal

Ella vivía cerca de mi casa. De cada poro de su cuerpo brotaba un pelo largo, rubio, muy sedoso al tacto. Sus enormes ojos destellaban con tonalidades violetas, pero su mirada era muy triste. Nunca conocí su voz, nunca. Lejos de asustarme, me enamoré de ella irremediablemente. Pedí permiso para visitarla, y aunque con reservas, me fue concedido. Gastaba todo mi sueldo en comprarle obsequios para alegrarla, pero ella los guardaba sin abrirlos y se quedaba seria, mirando al vacío como esperando algo. La única vez que nos dejaron solos, entrelazamos nuestras manos, también sus palmas eran peludas. Cerramos los ojos, lentamente acercamos nuestras bocas… nos besamos. Su lengua peluda invadió mi boca como una gruesa oruga, me bebió por dentro, trituró mi lengua, se amontonó esponjosa en mi garganta. Desperté en mi casa, aturdido, apestando a vómito. Ella jamás quiso volver a verme.

El resfriado - Yvonne Denis-Rosario


EL RESFRIADO
Yvonne Denis-Rosario

Soplo mi nariz. Cada restregón esporádico tras los estornudos lastima y tengo que recibir lo que se asoma blando o sólido. La saliva viscosa avisa de la sequedad de mi garganta. Los sonidos provenientes del estomago me gritan: hambre.
Así, enfermo, espero a Ronald en un cuarto al final de la cocina del hotel cinco estrellas. Me ha dejado, mientras va tras su profesor de artes culinarias a pedirle que firme las calificaciones del semestre. Lo espero sin tocar nada, pero este lugar está lleno de comida.
He tomado todo lo que he querido, aunque no identifico sabores.
—Ya terminé —dice sonriente Ronald, mi amigo practicante de chef, mientras trago—. Te dije que no tocaras nada. Aquí, damos rienda suelta a la creatividad practicando en la presentación de alimentos. Utilizamos lo desechado por los huéspedes a diario.

Confusión - Antonio J. Cebrián


CONFUSIÓN
Antonio J. Cebrián

Los médicos y sus ayudantes habían celebrado la Nochevieja en el trabajo. El jefe de sección, visiblemente ebrio, se acercó hasta el laboratorio para hacer una comprobación. Con el estómago repleto y el regusto de los cócteles en la boca, alzó la botella de vino blanco espumoso que había entre los tubos de ensayo y, en dirección a la otra sala, gritó:
—¿Qué hace aquí esta botella? ¿Dónde está el frasco que había aquí con los esputos y orines de los pacientes terminales?

Sobre el autor: Antonio J. Cebrián

Estornudo - José Vicente Ortuño


ESTORNUDO
José Vicente Ortuño

Estornudó. Le dijeron que era imposible hacerlo con los ojos abiertos, pero lo hizo porque nunca se resistía ante una apuesta por tonta que fuese.
Al principio no se dio cuenta de lo sucedido, luego, cuando vio que aunque levantase la cabeza seguía mirándose los pies, se palpó la cara. Un escalofrío le recorrió la espalda, seguido de sudor frío y nauseas. Los ojos, fuera de sus órbitas, le colgaban sobre el rostro. Trastabillando fue al cuarto de baño, pensaba colocárselos en su sitio con ayuda de un espejo, pero no pudo llegar. Al caminar los ojos, que se bamboleaban cada cual para un lado, le produjeron un mareo atroz, que le hizo perder el equilibrio y caer de bruces al suelo, donde los ojos se llenaron de pelusa.
Cuando lo hallaron había enloquecido y reía chupándose alternativamente uno y otro ojo con gran deleite.

Ilustración: Fotomontaje del autor.

Un verano en Texas - Iván Olmedo


UN VERANO EN TEXAS
Iván Olmedo

Mientras me servía mi segunda copa de tinto, el padre Maurice removía las brasas con la mirada perdida en el otro lado de la calle, donde unos niños jugaban a lanzarse globos llenos de agua.
—Lo único importante es que no estén bautizados. Y la salsa adecuada, por supuesto —dijo, enmarcando la frase con una sonrisa de experto—. Pero ya seguiremos hablando de esto en la sobremesa. Ahí viene Paula con la ensalada…
Manejando diestramente la pinza, dio la vuelta sobre la parrilla a un costillar que desprendía un agradable aroma grasiento. Mis intestinos se retorcieron de ansia y emitieron un rugido que no fui capaz de disimular.
—Le incomoda hablar de estos temas —sentenció con resignación, indiferente a mi impaciencia.
—Cosas de mujeres —espeté yo, al tiempo que regalaba a mi pobre estómago un trago de aquel excelente vino.

Niños envueltos - Jorge Martín


NIÑOS ENVUELTOS
Jorge Martín

El estomago del sapo que se lo había tragado mientras escapaba de la bruja Baballagas hervía de ácidos digestivos, pero por el momento estaba a salvo parado sobre una protuberancia. De pronto, se escuchó la voz estruendosa de la malvada bruja.
—Envuélvete en hojas y te dejo salir.
—¿Por qué iba a creerte? —replicó Hans.
—Porque los niños indigestan a mi sapo —dijo la pérfida mujer—. Ahí van las hojas. —Y cayeron un montón de hojas olorosas—. Envuélvete por completo que el sapo va a vomitarte; no le gustan los olores delicados.
El niño lo hizo y sintió que una corriente lo arrastraba. Mientras salía disparado, Hans pudo espiar y se dio cuenta de que caía directamente en las fauces de la bruja.
Ella rió satisfecha. —Al sapo le hacen mal, pero los niños crudos con laurel y albaca son mi locura.

Un verdadero deleite - Miguel Dorelo


Ana encendió su computadora.
“Tienes una invitación en tu muro”, leyó. Ansiosamente, siguió el enlace.
La lista parecía muy prometedora y acorde a la fecha.
Vitel Thone, por Maria.
Mouse de jamón y salmón ahumado, por Carla.
Aspic de crustáceos, por Ariadna.
Pierna de cordero con salsa de frambuesa, por Carolina.
Isla flotante, por Josefina.
Vinos varios, confituras, pan dulce, sidra y champagne, por el colectivo.
Ana estaba encantada con su nuevo grupo; más ahora que le habían terminado de instalar el hardware necesario y podía interactuar con sus amigas.
Comenzaron a llegar los primeros envíos; primero fueron los exquisitos aromas y casi simultáneamente el inmenso caudal prometido.
Extasiada hasta lo indescriptible, Ana recordó aquel instante sublime en que decidió incorporarse a “Bulímicas Unidas”.
Introdujo el dedo mayor en su garganta y se dispuso a enviar su humilde aporte: peras al vino tinto.

Miguel Dorelo

Hasta el fondo - Sergio Patiño Migoya


HASTA EL FONDO
Sergio Patiño Migoya

Era una mujer de cuerpo diez salvo por la arracimada, insoslayable, protuberante verruga en medio y medio de su entrecejo. Lo había probado todo, incluso la cirugía. A las pocas semanas, volvía a estar ahí. Hasta que una mañana, la mujer que de niña soñaba con ser princesa, se encara con su trauma frente al espejo.
—Hasta aquí llegamos.
En su mano las tijeras de las uñas, que atacan en un primer corte quirúrgico. Su enemiga responde con un chorro de sangre a borbotones. Siente como laten las raíces en su carne, dispuestas a regenerarse, así que vuelve a la carga, desollando, rebanando, horadando hasta tocar hueso. Con el índice, hace una comprobación final recorriendo el agujero. Segundos de gloria. Hasta el momento en que, justo en la punta del dedo, siente un pálpito.
En la otra mano, las tijeras de las uñas...

Hambre II - Carmen Courtaux



Es mediodía y Juan se cruza hasta la panadería frente a su trabajo; hacen muy buenos sandwiches en ese lugar. Compra uno de jamón y queso con huevo, tomate, lechuga y mucha mayonesa. De regreso y sentado frente a su PC, da el primer bocado enorme y mastica, mastica sin parar. Traga y se prepara para el segundo bocado. Cuando se está llevando el sandwich a la boca se detiene. Mira perplejo el sandwich y lo abre. Una cucaracha descabezada esta sumergida entre la mayonesa y el jamón.

Tártaros - Héctor Ranea


TÁRTAROS
Héctor Ranea

—Tenemos una defensa contra los tártaros, Señor —señaló el suboficial principal.
—¿En qué consiste? —preguntó el teniente.
—Odian el olor del vómito de perro. ¿Lo ha olido usted alguna vez?
—Sí, por cierto y a fe mía que es un mal olor, pero no veo cómo podría eso detenerlos.
—Ellos adquieren su fuerza en la batalla manteniendo un feto de camello entre los dientes. Como odian el olor a vómito de perro y, al tener la boca entreabierta por el bicho muerto sus capacidades olfativas se incrementan, el olor se les hace aún más nauseabundo.
—¡Pero qué tonterías dice! Nada hay que se compare con metralla de grueso calibre.
El suboficial hizo derramar el vómito de perros guardado en la cantina. Más tarde, todos fueron pasados a degüello por los tártaros. Al teniente lo ahogaron en vómito de perro.

Lo que no te mata, ¿te hará más fuerte? - José Ramón Vila (Txerra)


LO QUE NO TE MATA, ¿TE HARÁ MÁS FUERTE?
José Ramón Vila (Txerra)

¡Dios! ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
¿Horas? ¿Días? ¿Meses, tal vez?
Recuerdo vagar por solitarias calles, la inesperada caída a plomo en las cloacas. Algún gusano maloliente retiró la tapa de una alcantarilla. ¿Resultado? Dos piernas fracturadas, un dolor intenso, la inmundicia y el detritus que vomita nuestra refinada civilización pasando por mi boca...
Perdí el sentido.
Desperté entre fuertes náuseas y una profunda oscuridad.
Ya no había dolor. Me levanté —sí, pude ponerme de pie— con una fuerza sorprendente.
Me sentía eufórico, invencible. El repugnante caldo de residuos me había hecho invulnerable.
Busqué a tientas una salida hacia la civilización.
Trepé por una escalera y empujé la pesada tapa.
Cualquier mínima luz de la calle resultó cegadora. Escuché un insistente claxon, la estridente frenada...
Recibí un golpe violento, vomité mi preciado caldo y el dolor regresó.

Dar la campanada - Jorge X. Antares


DAR LA CAMPANADA
Jorge X. Antares

Se pusieron su traje de realidad virtual para recibir el Año Nuevo, una tradición añeja del exclusivo Club de la Buena Gente Piadosa con los Pobres de Espíritu y Demás Chusma. En todo el universo, a la hora acordada, millones de personas de esta selecta congregación celebrarían la Fiesta Definitiva. Dentro del universo virtual, viajarían a la Plaza del Principio del Tiempo, comerían pantagruélicos manjares ricamente sintetizados según el programa culinario del Chef de moda, después brindarían con licores espirituosos al sonar la última campanada y comenzaría el desenfreno total... Todo hubiera sido perfecto, a no ser por un detalle minúsculo: un programador resentido con el Club introdujo un pequeño cambio en la composición de la síntesis de la comida, convirtiéndola en un potente laxante vomitivo. Metidos en sus trajes, ajenos a tal circunstancia, millones de socios del Club esperaban la última campanada...

Un plato Gongon - Walter Böhmer


—¿Lo prefiere frío o caliente?
Suspiró hondo, muy hondo.
—Frío, por favor
Lázaro clavó los ojos al plato al ver esos pequeños bichos parecidos a crustáceos todavía pataleando en ese viscoso jugo.
El dealer de los Gongons lo miró atento. Lázaro intentó acomodarse dentro del disfraz de Teros, molesto y sudoroso.
Se llevó una cucharada a la boca mientras se le formaba un núcleo de nauseas en el estómago.
Mordió.
Primero oyó dentro de su boca el crujido de algunos bichos en sus dientes, después sintió como otros aún vivos se agarraban a los costados de la boca, lengua y encías. Y lo peor, no contó con el ácido de las entrañas de esos bichos que tenían el sabor a sudor rancio.
Vomitó.
El disparo se le instaló en el pecho y cayó hacia atrás mientras agradecía no seguir comiendo.

Hambruna - María del Pilar Jorge


No fue nuestra culpa. Estábamos famélicos. Por eso, comenzamos a devorar todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Nuestros bocados favoritos eran los viejos, los niños y todo aquel que fuera poco ágil para buscar un rápido refugio. Ahítos, complacidos, recorríamos las calles como grandes señores, exhibiendo aquellos merecidos trofeos: brazos, piernas y alguno que otro miembro pequeño de olor excitante. Los humanos son ingeniosos, pronto recurrieron a las prótesis. Nos llevamos más de un chasco con las piernas ortopédicas. Afortunadamente, algunos lucían su flamante pata de palo. Es bueno afilar los dientes en la madera, mientras uno escucha los chillidos del portador de semejante preciosura. La única forma de callarlo era arrancarle la otra pierna, o, mejor aún, la cabeza. Como lo bueno dura poco, nos quedamos sin provisiones.
Pero… no me mires con esa cara, ¿no tendrás algo para darme de comer?

Extinción perruna en Judea - Carmen Carrillo


EXTINCIÓN PERRUNA EN JUDEA
Carmen Carrillo

En la habitación flotaba una nube de vapores tóxicos, provocada por las purulencias verdosas emanadas por las partes pudendas del rey, que al ver llegar a Rivkha sonrió y sin más, le ordenó desnudarse. La chica palideció de nausea y temor. Recordaba al tal Jesús de Nazareth.
—Liberaré a tu padre sólo si obedeces —dijo mientras luchaba por controlar el temblor de su obeso cuerpo.
Al desnudarse, Herodes notó que el pus seco había pegado la túnica a su miembro.
—Ayúdame —exigió.
Venciendo el asco, Rivkha, tomó en su mano la masa purulenta para liberarla. Un grito agudo la sacó de su estupor. Había empleado demasiada fuerza y el real órgano, completamente desprendido, se retorcía sobre su mano como un gusano. Mientras corría lo arrojó a los perros, que murieron uno a uno hasta extinguirse por completo.

Sobre la autora: Carmen Carrillo
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Contracciones - Andrea Victoria Álvarez


CONTRACCIONES
Andrea Victoria Álvarez

La sala de parto estaba repleta de pacientes aquella madrugada. Todas, menos la extranjera, soportábamos el ramalazo de las contracciones en silencio. La susodicha, que estaba al frente de mi cama, emitía unos alaridos pavorosos, como si sus dolores fueran aún más punzantes que los nuestros.
Más tarde, el obstetra de guardia se acercó a la extranjera.
—¡A ver, déjame revisarte! —Al decir esto se colocó justo delante de las piernas abiertas de la mujer e hizo un gesto intuitivo de mirar, justo la parturienta pujó con todas sus fuerzas. El bebe venía en expulsión, pero antes, un chorro de líquido sanguinolento fue a dar justo en la humanidad del médico, le bañó la cara y parte de la bata. Pude observarlo escupir y limpiar sus labios, en el mismísimo instante que el deseo de pujar me anunciaba que mi bebe estaba coronando.

Miedo - Adriana Alarco de Zadra


En la oscuridad, a veces me vienen convulsiones cuando las hormigas me llenan la boca, las orejas, la nariz. Me he mordido la lengua y el piso junto a mí está lleno de sangre, saliva y orines. Creo que si no tuviera convulsiones, mi padrastro me dejaría salir a respirar el aire fresco. Me da de comer pero ni veo lo que como de tan hinchados que tengo los párpados. Quizás la gente que está afuera piensa que soy un animal en vez de un niño. En esta oscuridad, tan lejos de todo, en una bodega bajo el suelo, llena de bichos que me muerden, ya casi no puedo ver, ni oír, ni hablar, ni caminar, ni moverme mucho. Pero no debo tener miedo. Quizás algún día pueda ser feliz y ver de nuevo un rayito de sol, aunque sea un ratito.

Sobre la autora: Adriana Alarco de Zadra

Concurso - Patricia Kieffer


CONCURSO
Patricia Kieffer

Damián iba a concursar en “Quién come más...” (el producto se conocería durante el programa). Para entrenarse engulló huevos crudos con crema, salchichas embadurnadas de miel y mostaza, bizcochuelos semicrudos de chocolate, kilos de dulce de leche, sopas cremosas con tocino y docenas de bananas podridas. Por las dudas probó a comer insectos, gusanos que se retorcían en su boca, y aprendió el secreto de ingerir ranas vivas: primero arrancaba de un mordisco la cabeza; el resto era fácil.
Cuando supo de qué se trataba se quiso morir: manteca. Al principio fría, luego derretida, resbalando por la garganta mientras la boca pastosa chorreaba saliva y la lengua patinaba en pantanos de grasa blanda y pegajosa. No lo soportó. Sintió la primera contracción intestinal y la arcada le subió a la garganta. El vómito cuajado de amarillo dio por terminada su participación en el programa.

En mi memoria - Santiago Eximeno


EN MI MEMORIA
Santiago Eximeno

La superación del dolor exige que éste sea concreto, tangible, medible. Cuando permitimos que el tiempo convierta el dolor en algo abstracto, que no se puede definir, la superación, y con ella la reconciliación entre verdugo y víctima, se convierte en un imposible.
Por ese motivo he utilizado el cuchillo de cocina para amputarle el dedo meñique a tu hija después de violarla. Así, cuando crezca, recordará, y vendrá a buscarme. Sé que lo hará.
Rezaré a Dios durante años para que rehaga su vida, se case con un hombre joven y atractivo, tenga descendencia.
Y cuando venga a buscarme para culminar su venganza, cuando me encuentre, la degollaré tal y como he hecho hoy contigo y con tu marido, y después comprobaré si el sabor de la entrepierna de su hija, de tu nieta, es similar al que permanece grabado a fuego en mi memoria.

Hambre - Carmen Courtaux




La perra estaba famélica y deambulaba por el basural. Husmeaba unos restos cuando empezó a gruñir satisfecha. Otro cusquito se acercó para pelearle el botín pero la perra ya le había ganado. Una bolsa de plástico llena de pañales sucios, bien pesados, había sido la presa.

Jíbaro - Ricardo Juan Benítez


JÍBARO
Ricardo Juan Benítez

—El caso del “cazador de cabezas” se cerró hace cinco años.
—Parece que nos toca reabrirlo —dije sin el más mínimo dejo de ironía.
El galpón estaba casi vacío. El tipo había huido dejando sus útiles de taxidermia. Diferentes tipos de bisturís y escalpelos. Algunas pinzas y fórceps. Recipientes de uso quirúrgico y frascos oscuros con variadas sustancias: cloroformo, arsénico y otras más difíciles de inventariar.
Dentro de un caldero de cobre se divisaba una parte de su última presa. El trofeo tenía los ojos desorbitados a causa del estupor y la sorpresa.

El banquete - Héctor Ranea


EL BANQUETE
Héctor Ranea

Trimalquión es un fanfarrón ignorante. Más le valdría cuidarse para que no lo empalen con carne. Siempre que va al vomitorio, algún osado le birla la mujer. Esa sí que sabe retozar con hombres. Si el osado le quitara las ganas, ella le retribuye con francas caricias a boca llena durante el resto de la comida. Y Trimalquión, en su estulticia, sigue creyendo que le reserva a él ciertos placeres venéreos. Pero lo principal, lo que más me obnubila, lo que menos placer me causa, lo que me hace enloquecer de rabia y peores horrores me produce incluso referirlos, es que el deshonesto Trimalquión se las dé de conocedor, cuando no es capaz de distinguir el vino de Grecia del de Sicilia, las lenguas de alondras de las de gallina, ni el guisado de hígados de halcón de un vulgar guiso de rata.

martes, 30 de diciembre de 2008

Cofradía - Edilberto Aldán, Ricardo Bernal


COFRADÍA
Edilberto Aldán, Ricardo Bernal

El azar y una noche lluviosa los reunió. Descubrieron que soñaban lo mismo, también que esos sueños eran resultado de los libros que estaban leyendo.
Establecieron sitio y fecha para los encuentros siguientes. El grupo y su poder crecieron. En un principio seleccionaron los libros que hacían surgir los sueños compartidos. Lentamente aprendieron a domar los sueños, a convertirlos en augurio: lentamente su poder fue creciendo.
Hoy saben que para estar en todos los hombres sólo falta el libro que los transforme en sueños. Hoy saben que el lector de ese libro ha de morir. Este párrafo es el final de la historia.

Ilustración: Salvador Dalí

Fotografía - José Luis Zárate


FOTOGRAFÍA
José Luis Zárate

Abres el periódico, ves una foto de tu horrible muerte, un dolor inmenso te atraviesa el corazón. Caes sobre la mesa. El espectro no eras tú, que agonizas, era la foto que, cumplida su misión, desaparece.

Ilustración: Salvador Dalí

La secretaria - Juan Yanes


LA SECRETARIA
Juan Yanes

Es alta la secretaria nueva y bien parecida. Los de la oficina dicen que está buena, pero que es entenada del jefe. Esos no piensan más que en follar. A mí me parece una chica triste y callada. Lleva ya un mes. Nadie habla con ella, ni la saludan ni se despiden. Poco a poco se ha hecho invisible, no la ven. Ya nadie habla de ella. Ha dejado de existir, es un mueble.

Ilustración: Salvador Dalí

Publicado en: http://mquinadecoserpalabras.blogspot.com/