sábado, 19 de julio de 2008

Dieta - Héctor Ranea


DIETA
Héctor Ranea

Encontré a Celia en el supermercado, hecha una furia. La cosecha de algodón había fracasado y casi no quedaban semillas en la verdulería. Tampoco habían andado bien los cantos rodados, esos que traen del Sur. No tenía qué comer, la pobre, según me dijo. —Eso pasa —le dije—, por ser tan enferma por las comidas vegetarianas.
—Si las piedras no lo son —me dijo casi indignada.
—¿Pero no las usan para comer sino para moler, no es así? —le pregunté. Me miró fijo como si no comprendiera o como si yo fuera tan estúpida como para no entenderla y me dijo, con un tono de desprecio típico de los de su barrio:
—Nena… ¿De qué planeta venís? —Me dio vergüenza contestarle que de la Tierra.

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